INTRODUCCION.

La buena descripcion de un viaje, aunque requiere ciertas condiciones poco vulgares, es un trabajo ménos laborioso de lo que generalmente se piensa. Pero viajar, ó saber viajar es un arte mas delicado y difícil de lo que á muchos parece. Cuando se viaja puramente por gozar y sacudir el fastidio, no se hace otra cosa que vagar en un país ó vegetar moviéndose. El pseudo-viajero, impelido por una curiosidad sin consecuencias, se parece entónces á la hoja que flota en el torbellino de un huracan, sin tendencia propia ni significacion.

El viaje es un arte complejo de investigacion metódica al mismo tiempo que de capricho inteligente. Él requiere, por una parte, cualidades de viva impresionabilidad, imaginacion poética, severo criterio, curiosidad de observacion y libertad de espíritu, conjuntamente; y por otra, tiempo, dinero, paciencia, conocimiento de las lenguas y ciertas ventajas aplicables al país que se visita.

Por eso, al emprender una serie de excursiones, mas bien que viajes, en Europa, he comprendido bien, sin alucinarme, las desventajas de mi posicion personal. Colombiano de nacimiento, aunque cosmopolita por mis convicciones, le pertenezco ante todo á mi patria colombiana, de la cual no puedo estar por largo tiempo ausente. Pero ansioso de buscar la verdad, siguiendo y comparando el movimiento vario de los pueblos mas adelantados en civilizacion, he tenido que conciliar dos necesidades igualmente imperiosas.—No pudiendo disponer de mas de cinco años en Europa, he tenido forzosamente que reducirme al estudio atento de las dos sociedades mas adelantadas—Francia é Inglaterra,—y en cuanto á las demas, hacer rápidas excursiones que me permitan palpar y comprender apénas los hechos mas característicos y sobresalientes, las formas ó los fenómenos mas visibles de la civilizacion europea. Es del conjunto de esas grandes formas que un hijo del Nuevo Mundo, ansioso de luz pero sin experiencia, puede obtener la nocion sintética del giro y de la índole de esa civilizacion.

Si hubiera de dirigirme á lectores europeos, ó no escribiria la relacion de mis modestos viajes, ó habría procurado darles á estos otras proporciones, trazándome un método que me permitiese emprender estudios de alguna seriedad ó trascendencia, dentro de la medida de mis débiles fuerzas. Pero no: viajo por mi patria, es decir con el solo fin de serle útil, y escribo para mis compatriotas y hermanos los Hispano-Colombianos. He creido que lo que importa mas por el momento no es profundizar ciertos estudios, sino vulgarizar ó generalizar nociones. A los pueblos de Hispano-Colombia no les ha llegado todavía el momento de los estudios fuertes, por la sencilla razón de que la inmensa masa popular no tiene aún la nocion general del progreso europeo. Hasta tanto que esa masa no haya recibido la infusion elemental de luz y fuerza que necesita para emprender su marcha (porque hoy no se marcha sino que se anda á tientas) el mejor servicio que se le puede hacer es el de la simple vulgarizacion de las ideas elementales. Despues vendrá el tiempo de los trabajos laboriosos y profundos.

La inmensa mayoría de los Hispano-Colombianos no conoce, por falta de contacto íntimo con Europa, los rudimentos ó las verdaderas condiciones del juego general de la política, las letras, la industria, el comercio y todos los grandes intereses vinculados en Europa. De ahí provienen graves errores de apreciacion, de imitacion ó de indiferencia, que se revelan en la política, la literatura, la legislacion y las manifestaciones económicas de Hispano-Colombia.

Desvanecer, si puedo, esos errores, dándole á la expresion de lo que me parece la verdad las formas simpáticas de lo pintoresco y el atractivo de una rápida, fiel y animada narración, tal es el objeto de estas páginas de impresiones.

Hasta ahora no han llegado á Colombia, relativamente á Europa, sino dos géneros de escritos: ó memorias novelescas, escritas con un fin de especulacion literaria, como las de Alejandro Dumas y muchos otros escritores franceses, que desnaturalizan las cosas, á fuerza de ingenio, exageracion y fantasía, y prescinden de los hechos sociales, ocupándose solo de lo pintoresco y divertido; ó estudios especiales y científicos, que presuponen el conocimiento de las situaciones generales. El primero de esos géneros de narracion ó de estudio es pernicioso en Colombia, porque propaga las mas falsas nociones. El segundo es incompleto y árido, incomprensible para los que no conocen la fisonomía general del país de que se trata.

Mi proceder, como narrador de rápidas y modestas excursiones, es muy sencillo: consiste en no dejar en olvido nada de lo que he observado, ó mirado siquiera, interesante por algun rasgo característico; y en no inventar nada, sino relatar con candor cuanto me ha impresionado por cualquier motivo, manteniendo en la exposicion de todos los pormenores, por variados que sean, la armonía de la verdad, de lo bello y lo útil, de lo natural y social. Es así como surge de la narracion la imágen compleja de un país, semejante á una fisonomía humana en que se ven armonizar diversas formas: el ojo ardiente y luminoso, que revela un espíritu; la boca palpitante, que respira pasion, y la protuberancia huesosa ó muscular, donde reside una fuerza.

Aun limitando mis viajes á humildes proporciones, he querido seguir cierto método.—Primero Francia, el gran foco de la civilizacion moderna, de donde irradia toda inspiracion fecunda, en el vasto grupo de sociedades que tuvo su punto de partida en la civilizacion latina.—En seguida España, el país análogo, la fuente europea de las repúblicas Hispano-Colombianas.—Despues la Confederacion Helvética, cuya constitucion política corresponde en sus formas generales á las de mi patria natal.—Luego Alemania, Bélgica y Holanda, donde se asiste, en la primera, á la lucha de instituciones y civilizaciones distintas, revelando una grande y laboriosa transicion; ó se ven en dos pequeños y prósperos Estados los efectos de la libertad política y civil. Mas tarde he estudiado ese gran pueblo de tan peculiares condiciones,—la Gran Bretaña,—que resume en su genio y sus manifestaciones lo que hay de mas cosmopolita, de mas industrial y vigoroso en el juego complicado de la moderna civilizacion. Al fin le llegará su turno á Italia, el país de los grandes recuerdos y de los refinamientos del arte, que representa hoy la aspiracion esencial del siglo: la idea de la unificacion. Y por último, al dejar á Europa, iré á observar las modificaciones profundas que le ha impreso á la vieja civilizacion europea ese pueblo formidable de colonizadores del Nuevo Mundo, que se llama la Union Americana.

Suiza me picaba vivamente la curiosidad por sus especialidades, que la hacen tan singular é interesante en Europa. Su topografía y composicion geológica, su sistema hidrográfico y sus neveras colosales y vastísimas, le dan la prioridad de interes en el estudio de esa maravillosa historia del progreso de la Creacion ó de la fisiología del globo, escrita en grandes y pequeños caractéres en las rocas aglomeradas en el trascurso de millares de siglos, por una serie de revoluciones naturales de la materia orgánica, para ofrecerle al hombre la base de su imperio divino. Las admirables hermosuras de ese inmenso archipiélago de montañas, lagos y nevados que se llama Suiza, excitaban en mí esa irresistible inclinacion hácia lo bello, lo grandioso y poético, que eleva el sentimiento y le da expansion al alma, haciéndole admirar, con éxtasis ó arrebato alternativamente, las obras del Inefable Artífice.

Ademas, yo sentia un vivo deseo de conocer, siquiera fuese someramente, la manera como funciona el espíritu democrático en la sola república importante de Europa, enclavada en el corazon de este viejo mundo de tradiciones formidables y rodeada de poderosas monarquías y aristocracias. Queria observar la yuxtaposicion de dos razas que pasan por antagonistas,—germánica y latina,—esta representada por los cantones franceses é italianos. Queria inquirir ese movimiento ascendente de asociacion que, comenzando en la familia, se condensa en el Distrito, enlaza los distritos en el Canton ó Estado, y fortifica á los cantones en la liga de la Confederacion. Queria buscar el secreto de esa prosperidad que hace de Suiza, relativamente á sus proporciones, el país mas activo y poderoso por su produccion. Queria, en fin, darme cuenta de la relacion en que se hallan respecto de la civilizacion dos de las tres grandes comuniones cristianas de Europa (protestantes y católicos) colocadas frente á frente y en íntimo contacto y lucha permanente, en el terreno comun de la libertad federal.

Mis esperanzas no fueron frustradas. En cuanto era dable obtener nociones importantes, mediante una incompleta y rápida excursion, pude sacar en consecuencia esta conviccion: el estudio atento de la Confederacion Helvética es el que, por las condiciones múltiples y peculiares de ese país, puede ofrecer las pruebas mas perentorias en favor del principio de libertad y justicia, ó de justicia en la libertad, como la base de toda civilizacion fecunda en progreso y bienestar. Tengo la confianza de que algunas de las páginas de esta narracion, sinceramente verídica, justificarán esa conviccion.