Reseña Histórica

La historia de la isla de Mindanao constituye para las armas españolas su más gloriosa página desde la ocupación del Archipiélago filipino por nuestros antepasados.

Esta sintetiza la no interrumpida epopeya que coronó de inmarcesibles lauros al Ejército y la Marina, al sostener aquella heróica lucha de siglos contra fiero enemigo, cuyo valor indomable les dió si, justo renombre, pero que también fué ocasión á que el honor preclaro de las armas españolas alcanzara en la Oceanía, por sus hechos, la misma fama que inmortalizó á los bizarros tercios de Flandes.

Mindanao fué también hollada, primero que ninguna otra, en Filipinas, por las plantas españolas: y en las orillas del caudaloso Butuan, celebróse por vez primera el sacrificio de la misa ante las atónitas miradas de sus incultos moradores, que desde aquella fecha anhelaron conocer los dogmas del cristianismo que no tardaron en abrazar.

Pero veamos cómo el padre Juan de la Concepción describe la llegada á Mindanao de las distintas expediciones, hasta que el insigne Miguel López de Legazpy consolidó la dominación de España en las Filipinas ó islas de los Luzones, como las llamaban los naturales.

«Partió el general de estas islas, que llamó de las Velas latinas ó el archipiélago de San Lázaro, que es el que conservan, aunque se les añadió el de las Marianas: navegó 300 leguas con las proas al Occidente; descubrió muchas islas abundantes en mantenimientos, entendía su lengua un indio que llevaba Magallanes, que fué un total alivio: lo primero fué el cabo de San Agustín, punta austral de la gran isla de Mindanao: costeó la provincia de Caraga; entró por el estrecho de Siargao, que le forma la punta Banajao con la isla de Leyte; reparó en la isla de Limasaua, que está en la boca: á la novedad de gente y navíos acudieron pacíficos los naturales, y sabida su necesidad la socorrieron con un buen refresco; mostráronseles muy favorables, y les dejaron papeles en gratificación de sus agasajos; con ellos adquirieron cédulas reales que honran á su principal con el magnífico título de Príncipe... Con el buen rendimiento de los de Limasaua, descansaron y se refocilaron de sus pasadas miserias: tuvo noticia aquí Magallanes del río de Butuan, cuyo Datto ó Régulo era más poderoso: resolvió ir á su boca con las esperanzas de la fama: correspondió á ellas el Príncipe: envió una embajada con diez hombres á inquirir ¿qué navíos y qué gente? Por su intérprete respondió Magallanes ser vasallos del grande y poderoso Rey de Castilla: sólo solicitaba paz y el comercio libre: que le suplicaba le abasteciera de víveres por su precio justo: respondió el Régulo que no tenía para tanta gente con abundancia: que de lo que hubiese se repartiría: llevaron á bordo cuatro puercos, tres cabras y algún abasto de arroz; era día de Pascua de Resurrección (8 de Abril de 1521); mandó hacer el general en tierra una enramada é hizo salirse toda la gente á oir misa, que se celebró con gran devoción de los asistentes dando gracias á Dios por tales beneficios; fué ésta la primera que se dijo en estas islas: mandó después elevar una cruz en un alto montecillo; á todo asistieron los naturales con mucha atención y ternura, tratando á los extranjeros afablemente y con docilidad; tomó posesión de aquella isla por la corona de Castilla en nombre de Carlos V, Emperador y su Rey, adjudicándole estos dominios con solemne acto».

«Pero ya se había visto que al N. de las Molucas había un grande archipiélago, y no pasaron muchos años sin que se pensara en asegurarle á la Corona de Castilla. El Virey de Nueva España D. Antonio de Mendoza, cumpliendo las órdenes de la Corte, dispuso una escuadrilla de tres buques al mando de Ruy López Villalobos, que salió del puerto de Juan Gallego, en las costas del Pacífico, el día 1.° de Noviembre de 1542, en dirección á las islas del poniente, con orden expresa de no tocar en las Molucas. Después de una larga y penosa navegación arribó Villalobos, lo mismo que sus dos antecesores, á la parte oriental de la isla de Mindanao.» Por ser su costa puerca «dice Fr. Juan de la Concepción», la llamaron de los arrecifes: á 2 de Febrero surgieron en un puerto de ella que denominaron Málaga, en altura de siete grados: detuviéronse refrescando en ella un mes; quiso poblar aquí Villalobos, que no lo hizo por haberla experimentado de intemperie grave; tomóse con los acostumbrados actos posesión de ella por la corona de Castilla: pusieron al lugar determinado para la fundación Cæsarea Caroli: por los vientos contrarios y fuerza de las corrientes fueron forzados la vuelta del Sur: arribaron á Sarragan: asentaron con los naturales paces, de que se arrepintieron muy pronto; pusiéronse en armas, y aunque se les importunó á que les vendiesen bastimentos, no hubo modo de reducirlos: usóse primero de todos aquellos medios que dicta la benevolencia: hizo la fuerza lo que no pudo el agrado: acometióse el pueblo: hicieron resistencia, pero se dieron á la fuga; no fueron seguidos pensando se reducirían con el escarmiento; no fué el vencimiento sin costa de sangre: fueron heridos algunos de los nuestros, de los que murieron seis».

«Para socorrer la extremada necesidad en que estaban, le pareció á Ruy López era conveniente hacerse amigo con el señor de Mindanao, 50 leguas de distancia, isla más abundante; preparó un navío con 50 hombres á cargo de Bernardo de la Torre; prevínole de rescates y mercaderías; llegaron á surgir á la boca de un gran rio; era gente indómita, desabrida por los malos tratamientos de los portugueses; y así sólo hallaron engaños y traiciones; la necesidad les obligó á los nuestros á aprovecharse de las armas; acometiéronlos en un elevado fuertecillo en que, no queriendo rendirse, mataron á los defensores; dando libertad á mujeres y muchachos volvieron á Sarragan con algún bastimento. En estas estrecheces convinieron despachar un navío á Nueva España que diese noticia de lo hasta allí operado, solicitando órdenes y socorros; también despacharon una galeota á unas islas que son las que se llaman Filipinas; después, y con este nombre, las marcaron los de esta armada en honor del príncipe heredero de la Corona»..... Quiso Dios que la embarcación que fuese á las Filipinas volviese con copia de víveres: habilitados así, resolvieron ir á aquellas islas, especialmente á la de Abuyo, de que tuvieron noticia que era la más abundante; que los naturales lo deseaban y serían bien recibidos en ella: acomodáronse en un navío grande: en dos bergantines que habían construído y en otras embarcaciones menores; salió esta escuadra á la mar, el tiempo les fué tan contrario que les fué preciso entrar en una bahía ensenada de Cesárea; despachóse embarcación que solicitase víveres: volvió con el mal despacho de que al tiempo de los rescates les habían asaltado los indios y les habían muerto 11 hombres, quedando los restantes muy flacos y fatigados: la escasez era ya tal que sólo se racionaban cuatro onzas de arroz, y esta estrecha economía sólo diez días podía entretenerse».

La suerte desgraciada que acompañó siempre á Villalobos le produjo pesadumbre tan intensa, que murió en Ambonia (Malucas) después de hecho prisionero por los portugueses.

A pesar del desaliento que infundió en la península el éxito desgraciado de estas expediciones, se ordenó lo conveniente para organizar la quinta expedición á los mares del Poniente. Se organizó ésta por Miguel López de Legazpi, que se encontraba en Nueva España, con encargo de que le acompañase el sabio marino Urdaneta.

Componían la escuadra cinco buques, tripulados por 400 hombres, que salieron del puerto de Natividad el día 21 de Noviembre de 1564.

Después de tocar en Samar y Leyte despachó Legazpi una embarcación á fin de que buscase víveres en Butuam, regresando á los quince días con provisiones y la noticia de que los naturales recibirían bien á los españoles.

A pesar de las buenas disposiciones del Régulo de Butuam, Legazpi hizo rumbo para Cebú, donde quizá pensara vengar el asesinato de los españoles que acompañaban á Magallanes, pero vientos contrarios lo arrojaron á la costa de Dapitán, cuyos habitantes, boholonos en su mayor parte, agasajaron á los españoles con abundancia de provisiones y los proveyeron de prácticos que les guiasen á las islas inmediatas.

En 1578 el Gobernador general «Sande», á su vuelta de una expedición que hiciera á Borneo, destacó al Capitán Rodríguez de Figueroa á la isla de Mindanao á fin de que la redujese á la obediencia de la corona de Castilla.

Sus habitantes, amedrentados por el prestigio que nuestras armas adquirieron en aquellos mares, cedieron á cuantas condiciones les impusiera Figueroa, formalizando acta de vasallaje que estuvo en vigor el tiempo que tardaron en zarpar las naves; que el moro nunca se distinguió por la observancia de los pactos que realizara.

Deseando Figueroa dominar en absoluto á Mindanao, solicitó y le fué concedido como encomienda y por dos vidas, todos los terrenos que en la isla sometiese.

Este caudillo no llegó á disfrutar del beneficio que le fué conferido, puesto que en el primer desembarco contra los buhayanes murió de un golpe de campilán.

A éste sucedió la Jara en el mando de la expedición, que por abusos que cometiera fué relevado por Ronquillo, que ejerció en Manila las funciones de Maestre de campo. Su segundo, García Guerrero, derrotó al Sultán de Mindanao Buhisan y á los 600 auxiliares que le habían sido facilitados en Tarnate, los cuales murieron casi todos en aquel sangriento combate.

Estas ventajas fueron mal aprovechadas por Ronquillo que atraído por la vida regalada que se hacía en Manila, propuso y fué aprobado el abandono del fuerte de Tampacan, quedando sólo en Mindanao un pequeño destacamento en el puerto de la Caldera al O. de Zamboanga (1589).

El desprestigio en que por esta retirada cayeron las armas españolas alentó á los de Mindanao, que armando una numerosa escuadrilla con 3.000 tripulantes recorrieron las costas de pintados, asolando los pueblos playeros, cuyos moradores huyeron á los montes, de donde se hizo difícil convencerlos bajasen á sus antiguas viviendas, por haber propalado una vieja agorera que los españoles estaban de acuerdo con los moros para exterminarlos.

En 1602 Bravo de Acuña organizó nuevas expediciones contra los Sultanes de Mindanao, pero el resultado no correspondió á las esperanzas por la tenaz resistencia de los fuertes que éstos tenían, los cuales no fué posible rendir.

Silonga, Régulo de Buhayen, solicitó paces de Acuña, mandando de embajadores á los principales prisioneros castellanos que en su excursión hiciera.

En 1609 D. Juan de Silva visitó la costa N. de Mindanao á fin de reprimir las excursiones de los caragas á pintados, fundando el fuerte de Tandag, donde dejó artillería y numerosa guarnición.

Ejerciendo el cargo de Gobernador general D. Fernando de Silva, el astuto y valiente Sultán de Mindanao, Corralat, ofreció por medio de una embajada la libre entrada de los misioneros en sus Estados y lugar donde más conviniese para construír fortaleza y pueblo de cristianos. Desechadas estas proposiciones, pronto se dejó sentir en el resto de la isla la influencia del hombre temido que arrancó de Mindanao el poder é influencia de nuestras armas.

Los caragas que ocupaban las inmediaciones de Tandag se sublevaron en 1629, y en 1631 dieron muerte á Bautista, castellano de aquella fortaleza, que fué asesinado, y á continuación alanceados los pocos españoles que le acompañaban. La insurrección se hizo general, y en Tandag, Surigao y Baucag fueron asesinados los religiosos. El jefe del alzamiento «Mangobo» fué después indultado á instancia de otros religiosos que fueron respetados por él.

En esta época se pone de manifiesto de modo escandaloso las rivalidades de las distintas órdenes monásticas.

Las no interrumpidas excursiones de Mindanaos y Joloanos á las Visayas, levantó clamoreo general en aquellas islas, haciendo presente la necesidad de construir un fuerte que contuviese á los mahometanos, para lo cual contribuirían cada tributo con una ganta de arroz; contribución que después tomó el nombre de donativo de Zamboanga.

Celosas las demás corporaciones de la preponderancia de los jesuitas, combatieron tenazmente esta idea; pero el Gobernador general, comprendiendo su utilidad, comisionó al Capitán Juan de Chaves, quien pasó á Mindanao con 300 españoles y 1.000 visayas. En 23 de Junio de 1635 se construyó la fortaleza de Zamboanga, dirigida por el padre jesuita Melchor Vera, quien ya traía los planos extendidos de antemano.

D. Sebastián Hurtado de Corcuera sucedió en el Gobierno de las islas á D. Juan Cerezo, que ejercía el cargo interinamente. La llegada de este caudillo coincidió con las excursiones piráticas más devastadoras hasta entonces realizadas por los moros en las provincias cristianas. El esforzado genio del nuevo caudillo y su carácter emprendedor, á que ayudaba un valor temerario, le sugirieron la idea de conquistar á Mindanao y Joló, á fin de terminar de una vez con el feroz enemigo que asolaba las ricas provincias de Visayas y S. de Luzón. A este efecto organizó una expedición que se componía de cuatro compañías de soldados españoles, tres de marinería y cerca de 2.000 indios de Pampanga y Visayas.

Esta fuerza salió de Manila el 2 de Febrero de 1637; el 22 llegó á Zamboanga, donde fué reforzada con tres compañías de españoles y algunos naturales que en aquella fecha empezaron ya á distinguirse por su lealtad y patriotismo: ultimados los preparativos é impaciente Corcuera, se adelantó con cuatro caracoas al río Grande; tomando, tras rudo combate, el pueblo de Lamitan, donde residía el temido Sultán de Mindanao Cachit Corralat.

Este huyó después de la derrota de su ejército, cuyo número no bajaba de 2.000 hombres, cayendo en poder de los españoles ocho cañones de bronce, 27 de pequeño calibre, 100 arcabuces é infinidad de armas blancas. No contento con ésto, Corcuera mandó ahorcar 72 moros, quemar infinidad de pueblos y destruir cuantas embarcaciones apresaron.

Pero no fué éste el hecho más sangriento y glorioso realizado por el Ejército en Mindanao. Refugiado Corralat en un fuerte inexpugnable, en el que se hallaba en crecido número su gente más aguerrida y fiera, es atacado de nuevo por Corcuera, dispuesto a ultimar la empresa que había meditado, sin arredrarse por la posición inexpugnable del enemigo; 26 muertos y 80 heridos le costó al Ejército el primer ataque sin conseguir ventaja alguna.

Este contratiempo no amengua el valor del soldado, y al siguiente día, tras terrible asalto, es tomada la fortaleza realizándose para ello prodigios de valor temerario; en esta jornada modelaron nuestros soldados con ríos de sangre generosa la más gloriosa página que registra la historia militar de la dominación española en Mindanao.

Después de penosa marcha por áspera pendiente, donde se hacía necesario trepar con el arcabuz colgado y entre los dientes la espada, ancho y profundo foso corta el paso á las trincheras enemigas; la daga y los crispados dedos substituyen á la escala al trepar por los escalpes; numerosos soldados pagan con la vida su arrojo; el Capitán Ugalde recibe dos balazos; el Mayor Corcuera, acribillado de heridas, hinca la rodilla en tierra y así continúa la defensa de su puesto; el temerario abanderado Amerquita logra plantar su enseña sobre el parapeto enemigo, pero cae cubierto de heridas en la cabeza y garganta; Castelo ataca briosamente por el lado opuesto á los mahometanos, que amedrantados ya, son derrotados y huyen precipitándose por un derrumbadero, donde muchos pierden la vida; y cuando un numeroso cuerpo de moros, conducidos por el mismo Corralat, atacan con furia salvaje, por la espalda, á fin de proteger a los del fuerte, el Capitán Becerra que cubierto de heridas se hallaba postrado, se presenta en la lucha sobre los hombros de dos soldados, arenga á su tropa y acorrala al enemigo con tal coraje, que Corralat quedó herido, salvando la vida en fuga precipitada.

Esta victoria, aunque costó sensibles pérdidas, elevó en alto grado nuestro prestigio, aparte del rescate de infinidad de cautivos y el cuantioso botín que se recogiera.

La fama del triunfo repercutió á las islas más lejanas, y desde Joló doscientas familias solicitaron y obtuvieron establecerse en Zamboanga, donde fundaron el pueblo de Magay.

No fué suficiente castigo el que queda relatado para que depusieran su actitud belicosa los Mindanaos, ni tampoco para hacerles desistir de sus expediciones pirateras; lo que sabido por «Almonte» á la vuelta de las Molucas se entró por la Sabanilla (bahía Illana) en 1639 con tropas escogidas sacadas de Molucas y escogido contingente de españoles é indios, mas los auxilios que les prestaban los de Sibuguey.

Después de penosas operaciones, por lo fangoso del terreno de Buhayen, la fortaleza de Moncay, Régulo del país, que era el que provocara la campaña, sufrió estrecho cerco hasta que los defensores de ella, comprendiendo que era inútil la defensa, la incendiaron y abandonaron á media noche; para ésto atacaron con furia nuestras líneas á fin de escapar y facilitar la huída de sus familias. Tan porfiado y sangriento fué el combate entre los moros y los manobos aliados defensores de aquel punto, que el campo quedó cubierto de cadáveres y gran número de combatientes perecieron en los pantanos.

Por aquellas fechas nuestras armas realizaron hechos gloriosos en la costa N., por más que el resultado en definitiva no resultase satisfactorio.

Los recoletos, establecidos de antiguo en aquella parte, proseguían con éxito sus trabajos, extendiendo su influencia á pesar de la oposición que encontraban en los naturales, sugestionados por el astuto Corralat.

Hacia el año 1624 el padre San Agustín, hombre valeroso y emprendedor que ejercía el curato de Cagayan, levantó el fuerte de Linao para poder rechazar los contínuos ataques de Corralat, que ambicionaba posesionarse de la costa N. ayudado por los Malanaos á quienes se había impuesto.

En una de las algaradas de éstos, el padre San Agustín, irritado por los daños causados á sus feligreses, los persigue derrotándolos en sus mismos pueblos, que fueron saqueados y destruídos; siendo aquella la primera vez que los españoles llegaran hasta la laguna.

A ruegos de los jesuitas, que creían tener mejor derecho que los recoletos al territorio de Lanao, el Gobernador general comisionó al Capitán Atienza para que pasase á la laguna y la tuviese por España, empresa que este valeroso Capitán realizó cumplidamente, conquistando y destruyendo cuanto se opuso á sus designios, Atienza dió la cura de almas á los recoletos por la eficaz ayuda que prestaron á la empresa.

Las intrigas que entre los mismos naturales se pusieron en juego por ambos bandos, motivó entre aquellos grande desprestigio de cuanto fuese patrocinado por el nombre español; así es que en la expedición de Pedro Fernández del Río, y posteriormente la de Bermúdez de Castro, fueron suficientes para evitar que los malanaos levantados en armas nos hicieran abandonar en definitiva su territorio.

Si en Malanao nuestros asuntos no andaban muy prósperos, por desgracia no era tampoco muy satisfactorio el aspecto de la lucha no interrumpida que sosteníamos contra Corralat, el que al frente de sus aguerridas tropas mermaba contínuamente, unas veces por la astucia y otras por su valor, nuestra influencia y poderío en Mindanao.

En esta época el valeroso Marmolejo, que marchaba con refuerzos al fuerte de Buhayen, retó al Sultán de Mindanao, el cual, si bien no aceptó el combate personal á que éste le citaba, esperó con más de 200 embarcaciones á la única que montaba Marmolejo. Tras tremenda lucha, en la que los moros iniciaron varias veces la retirada, y cuando no quedaba un solo hombre útil en el champán, Marmolejo fué hecho prisionero por Corralat; admirado este caudillo del valor temerario del castellano, le concedió la vida y la libertad sin exigirle rescate; liberalidad que contrasta con la orden de Corcuera para que Marmolejo fuese inmediatamente decapitado en Zamboanga.

En 1646 los holandeses intentaron la ocupación de Zamboanga, y vista la imposibilidad de ésto, el puerto de la Caldera, pero de ambas partes fueron rechazados con grandes pérdidas.

En 19 de Enero del 1659 Esteibar, que recorría las aguas de la Sabanilla con dos caracoas, ataca y rinde un gran navío holandés que protegía á una escuadrilla de mahometanos. A continuación, y aprovechando el entusiasmo que este hecho produjo en su gente, cargó sobre Buhayen, obteniendo completa victoria, sin conseguir que el temido Corralat admitiese combate.

La medida más impolítica que registra la historia de Mindanao se realizó en 1663, al efectuar el abandono de la fortaleza de Zamboanga bajo la presión de miedo que en el ánimo del Gobernador general produjo la amenaza del pirata chino Kue-Snig.

Engreído éste, por haber arrebatado á los holandeses la Formosa, exigió parias á los españoles del reino de Filipinas bajo pena de exterminio.

Manrique de Lara, arredrado ante el peligro, ordenó la retirada de las fuerzas que guarnecían las provincias más remotas de la capital, medida funestísima que dió origen a nuevas y más devastadoras incursiones de los piratas en las provincias cristianas, que con ésto sufrieron gravísimos daños.

Desde el abandono de Zamboanga disminuyó grandemente la importancia de los pueblos cristianos, que á costa de tantos sacrificios habían conseguido formar los jesuitas, y ante la inminencia de perder el fruto de tan rudos trabajos y de tanta sangre que había ésto costado, la Compañía recurrió á la Corona, obteniendo Real Cédula, que ordenaba la ocupación del antiguo fuerte, á fin de poder atender á la reprensión de la piratería.

Fueron necesarias dos nuevas Cédulas Reales y que el Gobernador general desatendiese el parecer de la Junta de autoridades para que los jesuitas viesen conseguidos sus deseos en 1718, medida que en aquella ocasión era la que demandaba la seguridad del país y exigía el decoro nacional.

Zamboanga se mantuvo aunque con mucha dificultad; concluído de reedificar el fuerte, 5.000 moros le pusieron estrecho sitio, faltando poco para que cayera en su poder, librándolo de tamaño desastre su gobernador Amorrea, que fuerte de ánimo supo vencer los muchos contratiempos que acarreaban la falta de víveres y bastimentos.

En 1726 se concluyó un tratado de paz entre nuestro Gobierno y los sultanes de Joló y Mindanao, el cual fué ratificado por el Rey al cabo de algunos años.

En 1744 las reiteradas protestas de amistad de aquéllos y á instancias de los jesuitas, el Rey Felipe V les dirigió afectuosas cartas reconociéndoles su soberanía, puesto que al de Mindanao llamaba Rey de Tamontaca por nombrarse así el pueblo que aquél habitaba, exhortando á ambos á que admitieran misioneros en sus estados y abrazasen la religión católica, permitiendo asimismo que se construyeran iglesias; proposiciones que sirvieron de pretexto al de Tamontaca para pedirnos bastimentos de guerra, pero esquivando la admisión de misioneros para así evitarse el odio de sus súbditos; y en verdad que reveló en aquel caso el mahometano, mejor sentido que los padres, porque si no habían de hacer prosélitos, como de ello estaban persuadidos, no tenía objeto alguno su estancia en la corte de Tamontaca, á menos que allí pensaran dedicarse á más lucrativas ocupaciones.

En esta época el poderío de los mahometanos llegaba á su mayor apogeo en Mindanao: nos habían arrojado de la Sabanilla, del río Grande y de Tamontaca; el abandono de Lanao les había hecho dueños de aquellos ricos territorios, de los que extraían grandes riquezas en productos de su fértil suelo, y entre las razas montesas, á quienes hicieron creer que nos habían exterminado, hacían prosélitos y reclutaban gente de guerra.

También en aquellas fechas ayudaba á acrecentar el poderío de los moros, las especiales condiciones sociológicas de los míseros habitantes de los pueblos cristianos.

La tributación que estaba obligado á satisfacer el indio súbdito de España era enorme y onerosa: contribución á la Hacienda; prestación personal; diezmo y santorun á la iglesia, mas las contribuciones extraordinarias para las atenciones de guerra, arrebataban al pobre cultivador el total beneficio obtenido en sus industrias. A más de ésto, la aplicación de justicia que se verificaba entre aquéllos como si fuese ya pueblo educado en los progresos de país civilizado; redundaba sólo en desprestigio del principio de autoridad, porque la tramitación lenta no daba en los casos oportunos lugar á la ejemplaridad de un pronto castigo.

El disgusto de los indios al observar que éramos impotentes para contrarrestar á los mahometanos, los usos y costumbres del moro que tanto se asemejaba á las suyas, y los ofrecimientos de éstos, que en aquella época desplegaban policía sagaz é inteligente para atraerse al indio, determinó una grande emigración á las islas del S. con la consiguiente despoblación de las provincias cristianas.

Más de un alcalde justificó esta despoblación con supuestas invasiones piráticas, pero lo que no admitía duda, es que crecido número de cautivos, después de rescatados, volvían de nuevo al lugar de su cautiverio.

Porque debe tenerse muy en cuenta, que la esclavitud que el mahometano impone en Filipinas no es la despótica de la raza blanca sobre la negra; es sólo una especie de obligación en la que el esclavo, si bien obedece ciegamente á su dueño y para él trabaja y por él muere, tiene la compensación de que constituye una parte de la familia, disfrutando en ella de todos los beneficios de la mancomunidad, y en los asuntos de interés general toma parte alternando con el ciudadano libre: á veces con sus mismos señores.

Desde que el Sultán Cachit Corralat con su astucia é indomable valor consiguiera en definitiva ventajas sobre nuestro Ejército, los Mindanaos, que no podrán apreciar las causas internacionales que obligaron á desamparar su territorio, y creyendo que ésto era resultado de su esfuerzo, cobraron nuevos alientos, pudiendo decirse, que desde entonces fué permanente en aquellos mares el estado de guerra.

Si alguna vez los moros se consideraban debilitados para continuar la lucha, ó si se veían en grave aprieto, era para ellos socorrido recurso el de solicitar paces, que se guardaban bien de cumplir una vez repuestos y que se consideraban con fuerzas para emprender nuevas degradaciones en los pueblos cristianos.

En 1749 se retiró la guarnición del fuerte de Tamontaca, encargado de proteger á los misioneros que allí se encontraban.

A poco, los moros pusieron estrecho cerco á Iligan, importante presidio de la bahía de Misamis, que sin el aliento del padre Ducos, encargado de su defensa, hubiese caído en poder del enemigo. Aumentados hasta 3.000, los moros atacaron á los pueblos de la jurisdicción de Misamis, pero los monteses de Tagoloan, Cagayán de Misamis y Lubungan, reunidos ante el peligro, los arrojan del territorio con grandes pérdidas.

La provincia de Caraga fué desvastada por los piratas llegando á saquear á Surigao, que era la capital; Butuan tampoco se libró de esta plaga asoladora, quedando desiertos sus pueblos más importantes.

En medio de tanto desastre se destaca el hecho heróico de Esteban de Figueroa, que mandaba la galera Santiago. Cercado este buque el 2 de Octubre de 1753 por 33 embarcaciones de Mindanaos Illanos, se bate con valor temerario, hasta el momento en que persuadido Figueroa de que la victoria era imposible por haber el enemigo invadido la galera, dió fuego al pañol de pólvora destruyendo así las naves piratas, al mismo tiempo que perdían la vida los 52 bizarros marinos que tripulaban la Santiago. Y no fué aquél el último ni tampoco el más sangriento desastre de aquella época calamitosa que distinguió á los últimos años del pasado siglo.

El fuerte de Tandag, baluarte el más seguro y cabecera de los dominios de la costa N., fué sitiado por mar y tierra en 1754 por todas las fuerzas que pudo reunir el Sultán de Tamontaca, cuyo número pasaba de 3.000 hombres é infinidad de embarcaciones. La guarnición del castillo se componía de una compañía española y otra pampanga, que en junto sumaban 300 hombres.

Cuando transcurridos dos meses del sitio, el hambre había diezmado á la guarnición, una mañana lluviosa, en la que se apagaban las mechas de cañones y arcabuces, los moros toman al asalto el baluarte, barriendo desde aquel punto los almacenes y sala de armas donde se habían refugiado los defensores. Conoce el castellano que no es posible prolongar la defensa, y dando muerte á su esposa se arroja sobre la morisma hasta caer acribillado de heridas, perdiendo la vida como asimismo toda la guarnición; pues los moros, irritados por las enormes pérdidas sufridas en el último ataque, prefirieron el placer de su venganza al valor que en la esclavitud hubieran representado aquellos infelices.

Sin la actividad incansable del padre Ducos, los moros se hubieran enseñoreado de toda la isla: pero éste, ayudado de Afreasio, Capitán entendido y valiente, derrotó á los moros en Panguil, Misamis, Ynitao y otros puntos de la jurisdicción de Ylígan, causando al enemigo una pérdida de más de 300 embarcaciones y muerte de 2.000 mahometanos, sin contar los cautivos que fueron libertados.

Esto amenguó mucho los ánimos de la morisma y á no ser porque la ocupación de Manila por los ingleses obligó al abandono de la activa campaña emprendida, difícilmente hubieran podido los mahometanos reanudar las sangrientas correrías que distinguieron los primeros años del presente siglo, en las que puede decirse que consiguieron la destrucción total de las provincias de Surígao y Misamis, desamparadas por completo por el Gobierno general del Archipiélago.

La preponderancia de los Mindanaos fué en aumento hasta el año 1846 en que la aplicación del vapor á los buques de guerra inició era de tranquilidad para los infelices indios de nuestras provincias, marcando de modo infalible la ruina del poder pirático de los malayo-mahometanos.

Establecidos los pequeños cañoneros de vapor, las embarcaciones piratas perdieron todas las ventajas que por su ligereza y poco calado para navegar en bajos y arrecifes les había dado hasta entonces gran superioridad sobre nuestras fuerzas marítimas encargadas de su persecución.

Méndez Núñez, Malcampo, Barcáiztegui, Apodaca, Madrazo, Ramos Izquierdo y otros bravos marinos que dieran á la patria días de gloria, son los encargados de mandar estas débiles embarcaciones, cuyos acerados cascos, dirigidos por manos expertas, dieran el golpe de gracia á la fiera chusma que durante tres siglos nos disputara el dominio de las Filipinas. Ya no fueron los estrechos canales guarida para el pirata en caso de peligro, ni el río desconocido refugio seguro como antes ocurriera; á los mayores elementos acompañaron hombres de mayor bravura y heroismo; expediciones de miles de piratas y numerosas embarcaciones de gran porte son destruídas por uno sólo de estos pequeños barcos, cuya dotación no excedía de 40 hombres; pero el desastre no arredra á aquellos fanáticos, y á una escuadrilla reemplaza otra, ganosos de renovar sus pasadas correrías, que tan fructíferas les fueran.

Deseoso de asestar el golpe de gracia á los piratas de Mindanao, valido de la superioridad de nuestras fuerzas marítimas, el Gobernador de Zamboanga resuelve la ocupación del delta del río Grande, centro del poderío mahometano en aquella isla. El valor sereno del vencedor del Callao, jefe de las fuerzas de mar, y el heroismo de Malcampo, lanzándose al asalto de la cotta de Pangalungan desde el bauprés de la Constancia, seguido de una compañía de desembarco, reverdecieron las glorias tradicionales de la marina, llevando el terror á nuestros enemigos, convencidos ya de su impotente inferioridad.

A la ocupación de Tumbao sigue la de Tavirán y otros puntos secundarios, que aseguraron de una vez y por completo la dominación de aquella parte de Mindanao.

Este fué el primer plan meditado que desde tiempos remotos se concibiera y fuese puesto en práctica con singular energía para obtener la sumisión completa de la isla.

Para facilitar la ejecución de este proyecto se creó en 1860 el Gobierno general de Mindanao, dividiendo el territorio en seis distritos y dando amplias atribuciones al Gobernador general.

En 1876 la toma y ocupación de Joló por Malcampo concluyó con el más firme baluarte de la piratería, cuyos benéficos efectos se dejaron sentir en Mindanao, por ser éste el punto de donde recibían armas, municiones y cuanto necesitaban para sostener una resistencia tan prolongada como inútil: la hora de su destrucción había sonado, y ellos, fatalistas por temperamento y por religión, si por fanatismo no se entregan, el convencimiento de su impotencia los ha conducido á un extremo que tiene dos soluciones únicas y cuyo desenlace debemos acelerar: ó el exterminio por la guerra, que á más de ser inhumano y antipatriótico nos costaría mucha sangre y dinero, ó la atracción por medio de una bien entendida tolerancia político-religiosa: en este caso se necesita que en algunos puntos se trueque los fuertes en mezquitas, y la consignación cuantiosa de atracción y espionaje no se formalice en parte con haberes de astutos y pérfidos renegados, sino con la asignación fija señalada á sus panditas, puesto que rota la unidad política aquellas gentes no conservan otro lazo ni reconocen otra solidaridad que la religiosa, y ésta es en ellos fuerte é indestructible si no con la vida.

Del 70 al 73 nuestras armas vuelven á sufrir nuevos desastres en Mindanao. Careaga se vé obligado á reembarcar en Bohayan, y una fuerte columna que salió de Cottabato para someter á los indómitos habitantes de Talayan, es completamente derrotada por Utto y sus parciales, haciéndose necesario por ésto el abandono de Bonga y otros puntos avanzados del río Grande.

En el año 1883 el General Jovellar, que ocupaba el mando superior del Archipiélago, estudia con detenimiento los graves problemas que envolvía la ocupación de Mindanao. El resultado de la información hecha por este distinguido General, fué disponer un aumento considerable en la consignación que para los gastos de esta isla se incluía en el presupuesto, y venir en conocimiento de que «el sistema de pasividad que se venía observando en Mindanao era el menos á propósito para adelantar en la importante empresa de su gradual ocupación y dominio; que lejos de eso, no haciendo nada en el terreno material, entendía que se había perdido y se siguió perdiendo su autoridad moral, lo que merced al sistema de contemporización ganaban en confianza de su propia fuerza y poder las razas no sometidas, y era de parecer que se debía iniciar un período de actividad sin comprometerse en grandes y costosas operaciones».

El que así piensa y obra es digno del aplauso de sus conciudadanos; el que torpe y abandonado por ambición derrama sangre inútilmente contra los consejos de la experiencia, y por desidia, ya demostrada en épocas anteriores, compromete el prestigio del Ejército y la vida de sus subordinados, no sólo no se hace digno de recompensa, sino que debe, como censura de sus hechos, ser relevado de puestos que exigen más desinterés y mayor conocimiento de las prácticas militares; que si el Gobierno puede ser desorientado en un momento por efecto de su mismo patriotismo, ganoso del engrandecimiento nacional, la masa grande y anónima que se llama país deba mantenerse alerta, haciendo repercutir en el sagrado é inviolable eco del periodismo sus recelos y censuras para desenmascarar ante esos mismos Gobiernos á aquellos hechos cuya corrección y desinterés sean dudosos y no satisfagan las aspiraciones unánimes de aquéllos que todo deben sacrificarlo al prestigio de la patria.

En 1886 Terreros dominó el curso medio del río Grande, sometiendo al temido Datto Utto, ocupando y estableciendo los destacamentos de Bacat, Cudaranga, Lion y Pirámide.

Iniciada esta era de conquista, Weyler en 1891 dá más vigoroso impulso á la reducción de Mindanao, estableciendo los destacamentos de Barás, Parang-Parang y Malabang en la bahía Illana, dificultando las comunicaciones de ésta con Lanao. Balatacán, Tangog y Liagán en Panguil; y penetrando por la costa N. hacia la laguna, estableció la Comandancia militar de Momungan en el trayecto que media desde Iligan á Lanao.

Por último, este General dispuso la arriesgadísima operación de destruír la ranchería de Marahuy, en las mismas orillas de la laguna, operación que se realizó en todas sus partes con el más brillante éxito.

En el año último reanúdanse de nuevo las operaciones con el objetivo de realizar de una vez la ocupación efectiva de la laguna de Lanao. En 10 de Octubre, 25 de Noviembre, 15 de Diciembre últimos y 2 de Marzo del actual, el Coronel D. Nicolás del Toro consigue la ocupación de Pantar tras brillantes triunfos, en los que los moros dejaron sobre el campo de batalla más de 80 muertos.

El 2 y 3 de Junio los moros atacan los convoyes, trabándose sangrientos combates; el mismo día 3 se sostuvo otro combate en las inmediaciones de Cabasaran.

El día 9 el Teniente Coronel O'Dena, que mandaba dos compañías del 7, fué atacado camino de la laguna de Cabangan, impidiendo con su conocimiento del arte de la guerra una sorpresa, al par que conseguía el más señalado triunfo que se registra en esta campaña.

Y si á poco nuestros soldados son diezmados por haber sido mandados á trabajos sin el debido resguardo, el 24 de Julio, cumpleaños de la Augusta Señora que hoy rige los destinos del país, fué celebrado con brillante victoria, en la que los Malanaos han dejado 200 hombres en el lugar de la lucha.

Esto prueba lo que al principio dejamos dicho; el valor de nuestros soldados será suficiente para destruir todo obstáculo que se le oponga hasta conseguir queden por España los territorios de Lanao; pero en cambio, lo que no podrá evitar, lo que es imposible se consiga ni aun con la punta de las bayonetas, es que aquellas gentes, fanáticas por sus creencias religiosas, admitan sin sangrienta protesta la ingerencia de extraños en sus usos y costumbres, y más que nada que se trate de ejercer presión alguna en lo que respecta á las creencias religiosas.