Situación del Ejército en Mindanao.

Los complejos problemas que envuelve la ocupación y reducción total de la isla de Mindanao, no se resolverán ciertamente con honra y provecho de la Patria por el sólo concurso de tiempo, recursos y constancia, como há poco afirma un General de nuestro Ejército, en memoria que á dicha isla se refiere.

En la reducción de Mindanao, necesítase por parte de los encargados de asegurar su dominio, una gran dósis de desinteresado patriotismo, extraordinaria energía y conocimiento de aquellos ardides de la guerra, que aunque anticuados y relegados al olvido por el tecnicismo moderno, tan admirablemente se adaptan para combatir con ventaja á la clase de enemigo con que allí se lucha.

A ésto debe agregarse un criterio independiente y libre de coacciones en cuanto se refiera á los problemas político-religiosos, que sin detrimento de la riqueza actual de aquel país, más que el esfuerzo de las armas determinarán una sumisión completa en los naturales adictos al mahometismo.

Si después de tres siglos de lucha, hoy, que por la superioridad del armamento contamos con ventaja para combatir al enemigo, empleásemos los dilatorios elementos de tiempo y constancia, sería delatar una impotencia que estaría muy lejos de representar los enérgicos latidos de patriotismo que hoy repercuten en todo pecho español, anhelando á toda costa el engrandecimiento nacional.

Y es lógico que no creamos en el resultado de tres factores enunciados con tanta vaguedad, en cuanto á su clase ó cantidad se refiere.

Tiempo es, y no poco, los tres siglos ya transcurridos desde que por vez primera se derramara sangre española en demanda de la conquista de Mindanao.

Recursos cuantiosos, tanto en hombres como en dinero, van invertidos desde fechas remotas sin resultado positivo y Constancia bien probada fué siempre necesaria para mantener cruenta lucha con los piratas malayo-mahometanos que nos disputaban el territorio, agobiados como estábamos por los luctuosos contratiempos que en el exterior derrumbaban el poderío español, sosteniendo en estrecho bloqueo á nuestras provincias ultramarinas, aisladas y faltas así de todo recurso emanado de la metrópoli.

Por eso, ante el temor de nuevos entorpecimientos internacionales que ocurrir puedan, condenamos el dicho incierto y de vaguedad tan sospechosa como el lanzado á la opinión en la ya citada memoria:

Que tiempo, recursos y constancia van derrochados en Mindanao, y sólo cuando un destello de patriotismo, ayudado de valor á toda prueba, aunque haya sido con falta de recursos, se han conseguido allí ventajas positivas. Escasos eran los recursos de Corcuera, escasísimos los de Ferrater y Méndez Núñez en Pangalungan, y exíguos ante la magnitud de la empresa los empleados por San Feliú por orden de Seriñá para la destrucción de Talayan, terror de nuestras expediciones en el río Grande, y en todos estos casos el éxito más completo coronó el esfuerzo de aquellos héroes, que antes que de sus propios intereses y de propagar prestigios aún no conquistados se ocuparon sólo de enaltecer y rendir un justo tributo al nombre venerado de la Patria.

Enorme sería la responsabilidad de los hombres de gobierno si dejando al tiempo la obra de reducir á Mindanao, quedase ésta incompleta por los obstáculos que pudieran originar trastornos imprevistos de nuestra política exterior.

En todo lo que á Filipinas se refiere, debe obrarse con rapidez y energía, poniendo aquel Ejército en condiciones de que el nombre español sea respetado en las sangrientas luchas llamadas á derrumbar la rutinaria civilización de aquellos pueblos, nuestros vecinos en el extremo Oriente, pues si bien es verdad que dadas las condiciones especiales del natural de aquel país y su numerosa población, no sería obra difícil reunir crecido número de soldados cuando las circunstancias lo exigiesen, no es menos cierto que allí se carece en absoluto de armamento y de personal directivo, cosas ambas que no se pueden improvisar, y mucho menos teniendo en cuenta la rapidez con que hoy se ejecutan las operaciones de guerra y la enorme distancia que separa á las Filipinas de la Península.

En las actuales operaciones, como en otras anteriores, se dará el caso de que numeroso Cuerpo de Ejército, regido por un Teniente General, no cuente con Jefe alguno de la categoría marcada para el mando de sus divisiones.

En cuanto al personal de Jefes y Oficiales, se encuentra en idénticas circunstancias, puesto que no sólo es insuficiente para atender á la formación de nuevas unidades orgánicas, si así lo exigieran las necesidades y seguridad de la colonia, sino que las bajas ocurridas en campaña difícilmente pueden cubrirse, y eso dejando desatendidos otros servicios, que aunque secundarios no son menos importantes.

Si esta economía en el personal del Ejército estuviese justificada por estrecheces del Tesoro filipino que restringiesen también el aumento de personal en otros servicios, no seríamos nosotros ciertamente los que clamásemos pidiendo el racional aumento que reclama el Ejército en aquel Archipiélago si ha de garantir la seguridad del territorio; pero ni aquel Tesoro demanda economías, tan injustificadas como peligrosas pueden ser en momento dado, ni en otros ramos de la Administración se paran en ninguna clase de consideraciones para aumentar el alto personal directivo.

Y si los compromisos y exigencias de la política de baja esfera que hoy predomina en nuestro país, encontraron en el Archipiélago filipino ancho campo donde cebar su apetito por medio de empleos perfectamente inútiles en un territorio aún no dominado, en las esferas gubernamentales debe procurarse dotar á aquel Ejército del número de Generales, Jefes y Oficiales que fueren necesarios para la movilización de fuerzas capaces de hacer frente á las eventualidades que en el exterior pueden presentarse, y que en el interior terminen de una vez la unidad de dominio, con tanta gloria allí iniciada por nuestros antepasados.

La situación de las fuerzas que hoy guarnecen y operan en los territorios de Mindanao, es la que se expresa en el Mapa adjunto, salvo los nuevos campamentos establecidos para atender á las necesidades de la actual campaña.

De la «Memoria de Mindanao» escrita por el General de brigada D. Julián González Parrado, extractamos los datos consiguientes á las condiciones locales y guarnición de cada destacamento, rancherías moras á ellos inmediatas, número de sus habitantes, armamento de que disponen y todos aquellos cuyo conocimiento pueda ser de interés en el transcurso de las operaciones emprendidas.

Primer distrito.—En la memoria de referencia se relacionan 46 rancherías enclavadas en el territorio de este distrito, asignándoles en total una población de 6.271 personas.

Desde luego puede asegurarse que en estos datos se padece error de mucho bulto.

Al establecerse la trocha de Tucuran, se perseguía como objetivo principal el impedir que los moros de Lanao sacasen elementos de resistencia del rico y poblado territorio de Sibuguey, y fácilmente se comprenderá que no puede considerarse como país bien poblado y susceptible de suministrar á otro medio de resistencia, el que teniendo más de 12.000 kilómetros cuadrados de extensión, no cuenta con otros pobladores que los 6.271 ya mencionados.

Destacamentos.—San Ramón.—Se estableció para custodiar la colonia agrícola del mismo nombre: consta de un Oficial y 12 individuos de tropa. La colonia está dirigida por un Capitán. El terreno es feraz, dando con profusión los más ricos productos del país. Como toda la extensa porción comprendida entre el Polombato y el mar, disfruta de clima benigno y saludable. En sus inmediaciones hay una pequeña ranchería de moros.

Santa María.—En el puerto del mismo nombre; el fuerte se encuentra situado en la cima de un monte, estando constituído por una estacada rectangular y dos torres de mampostería. En el interior del recinto se encuentra el cuartel, que es de dos pisos, construído de madera y techumbre de zinc. La playa está defendida por un blokaus, en el que dan guardia un cabo y seis soldados. La guarnición total del destacamento es de un Oficial y 34 individuos de tropa. En sus inmediaciones habitan algunos moros pacíficos que han prestado sumisión.

Margo-sa-tubig.—En la costa oriental del puerto Dumanquilas, en una buena ensenada formada por la isla Igat y la costa de Mindanao.

El fuerte está á media ladera de una colina poco elevada; está compuesto de un recinto cuadrado, formado por muros de piedra seca en unas caras y empalizada en las otras.

Dentro de éste se encuentran los alojamientos de tropa, pabellones de Oficiales y almacenes, todo de materiales ligeros.

La aguada se hace en el mismo recinto, surtiéndose de un claro y limpio arroyo que lo atraviesa.

La guarnición la constituyen dos Oficiales y 60 individuos de tropa.

En opinión del General Parrado, todas estas instalaciones de materiales ligeros debieran substituírse por edificios de sólida construcción y en buenas condiciones de defensa. Para realizar ésto recomienda el proyecto formulado en 1892 por el Comandante de Ingenieros D. Fernando Recacho.

Mientras esta reforma no se haga, nuestras tropas prestarán penosísimo servicio de vigilancia, que nunca será suficiente para ponerlas á cubierto de las celadas de aquel astuto enemigo. Estas construcciones de materiales ligeros son muy fáciles de incendiar, y tanto en el N. de Luzón como en el S. de Mindanao, donde los naturales manejan admirablemente la flecha, las fuerzas que habiten esta clase de viviendas estarán expuestas á sangrientas sorpresas, inevitables en la confusión que produce un incendio durante la noche.

Segundo distrito.—En el territorio de este distrito, teatro de las actuales operaciones, es donde hoy se halla reconcentrado el poderío mahometano de Mindanao; cuentan con más de 200 pueblos repartidos en las márgenes de la laguna de Lanao y en las orillas de los ríos Tarana, Laput, Daghsan, Agus y otros menos importantes.

Para atender á las necesidades del Ejército se creó en este distrito la Comandancia militar de Mumungan, que se halla comprendida en el territorio que media entre Iligan y la laguna.

El fuerte Veyler, en Mumungan, está situado á unos 16 kilómetros de Iligan, sobre la elevada meseta que separa la laguna de la costa y en la orilla derecha del Agus, río profundo y caudaloso que tiene en aquel punto más de 100 metros de anchura.

El primitivo fuerte ha sido ampliado á fin de formar en el interior de su recinto un amplio campamento que sirva de base en las futuras operaciones. Hoy consta de un gran recinto defendido por una sólida estacada de 4 metros de altura con banqueta de 1′20 de ancho, excepción de unos 60 metros que tienen de 2′50, con objeto de utilizar la parte inferior para Caballerizas. Esta banqueta está á 2′80 metros del suelo, teniendo varias escaleras para ascender á ella. Adosada á la estacada hay una torre de dos pisos con cubierta de zinc.

En el interior del recinto existen: tres edificios de tabla con cubierta de zinc, capaces para 160 hombres, Oficiales, enfermería y almacenes.

Un camarín de materiales ligeros de 56 metros de largo por 10 de ancho y 4 de altura.

Otro paralelo al anterior y de iguales dimensiones y construcción. Entre los dos anteriores, y dejando entre cada uno un pasadizo de 3 metros de ancho, hay otro de 30 de largo y 10 de ancho.

Los dos primeros, tienen cada uno dos dormitorios con camastros de caña, perchas y armeros, capaces para 200 hombres cada dormitorio. El camarín pequeño sirve para almacén de maderas y taller de aserrado.

Otro edificio de 8 x 10 con ocho mesas y un diván corrido, que sirve de comedor.

El edificio destinado á la Comandancia Militar, construído de caña y nipa.

Caballeriza con cubierta de zinc capaz para 30 plazas y las cocinas, hornos y demás dependencias.

En el exterior del recinto hay baños para Oficiales y tropa, lavaderos y letrinas; todo sobre el río Agus.

Un pozo de agua potable, corral para ganado, cerca para acotar una huerta y otra más extensa para el terreno destinado á pastos del ganado.

Las fuerzas de guarnición en este punto, son en tiempo normal:

Un Comandante Jefe de la demarcación.

Un Capitán, seis subalternos y 321 individuos de tropa de infantería.

Un Teniente, un cabo y 17 artilleros.

Un Capitán, un Teniente y 112 individuos de tropa de Ingenieros.

Un Oficial y 30 individuos de tropa de Caballería, y

Un Capitán, dos subalternos, 15 individuos de tropa y 143 confinados del batallón Disciplinario.

Numerosas rancherías inmediatas á este emplazamiento militar han prestado sumisión, según consta en la memoria de que tomamos los anteriores datos; pero los sangrientos sucesos últimamente desarrollados en sus cercanías, son prueba evidente del poco valor que estas gentes dan á sus compromisos, los que sólo cumplen cuando puede convenir á sus intereses.

Iligan.—Antiguo pueblo cristiano: tiene un fuerte antiquísimo de piedra que encierra un cuartel de materiales ligeros; en sus inmediaciones hay una buena enfermería, donde vienen á parar los enfermos y heridos del camino militar de la laguna.

El fuerte está guarnecido por un Oficial y 30 soldados del tercio civil del distrito.

Almonte.—En la bahía de Iligan, próximo á la entrada del seno de Panguil, en la meseta de una estrecha lengua de tierra formada por el río Liangan y el mar.

El recinto lo forma un muro rectangular de mampostería de 25 x 30 metros y uno de espesor; foso á 10 metros del parapeto y una doble estacada. En los ángulos E. y O. del parapeto tiene dos baterías á barbeta y en los N. y S. dos torres de flanqueo, que al mismo tiempo sirven de pabellones para Oficiales.

En el recinto interior hay dos edificios de madera con cubierta de zinc, destinados á cuartel de tropa, enfermería y otras dependencias.

Está guarnecido por un Capitán, un Oficial y 58 individuos de tropa de infantería, ocho artilleros peninsulares y un Oficial y 20 disciplinarios.

Las rancherías moras de las inmediaciones han prestado sumisión, habiéndose mantenido en paz durante el curso de las operaciones emprendidas.

Tangok.—En el seno de Panguil, muy próximo á Misamis, con quien tiene comunicación terrestre. El fuerte, que se compone de una estacada y dos torres en muy mal estado, está guarnecido por un Oficial y 20 individuos de tropa de infantería.

Balatacan.—En las orillas del seno de Panguil, se encuentra en el mismo caso que el anterior y guarnecido por idénticas fuerzas.

Lintogud.—De este punto arranca la importantísima vía militar, llamada trocha de Tucuran, que uniendo las contracostas de la isla sólo alcanza un desarrollo de 28 kilómetros. Lintogud se halla emplazado en las márgenes del río del mismo nombre, á unos cinco kilómetros de su desagüe en el seno de Panguil; está constituído por un recinto formado con maderos rollizos que resguarda al cuartel de materiales ligeros que sirve de alojamiento para Oficiales y tropa.

El Sultán de Bolinson ha establecido su ranchería cerca del fuerte y se halla en las mejores relaciones con nosotros.

La guarnición está compuesta por un Oficial y 50 individuos de tropa.

Lubig.—Está situado en el centro de la trocha, en admirables condiciones topográficas para dominar á ésta en una y otra dirección.

La guarnición la compone un Oficial y 40 hombres, alojados en un mal cuartel de materiales ligeros que se halla defendido por una estacada y dos torretas, formadas una y otras de troncos rollizos.

Tucuran.—En el extremo S. de la trocha, en la ensenada de Pagadian y sobre el río del mismo nombre. El cuartel se halla situado á media ladera de una colina inmediata á la playa, formado de materiales ligeros y defendido por una estacada. La playa está defendida por un blokaus, al que guarnecen un cabo y seis soldados, y la aguada por otro, que guardan un cabo y ocho soldados.

En las inmediaciones del cuartel se encuentra una edificación de madera con cubierta de zinc y tabique pampango que sirve de enfermería, á la que guarnecen un cabo y cuatro soldados. En la meseta de la colina hay un mal llamado fuerte, compuesto de una estacada con dos torretas, y un alojamiento con techo de zinc, guarnecido por un sargento, un cabo y ocho soldados, siendo de notar que para atender á esta serie de recintos independientes, separados por distancias considerables, existe sólo un destacamento de 60 hombres.

Este abandono se agrava por la circunstancia de tener en sus inmediaciones numerosa población mahometana que cuenta con 1.000 hombres de guerra, dos cañones, 54 lantacas y 162 fusiles, mas sus armas blancas, de que ninguno carece.

Comandancia militar de Dapitan.—Comprende la porción de costa entre Zamboanga y Misarais, estando á cargo de un Capitán de Ejército; de ella depende el destacamento de Sindangan, en la bahía del mismo nombre; el fuerte lo forma una estacada cuadrangular con garitones en los ángulos, que defiende un cuartel de materiales ligeros; está guarnecido por un Oficial y 32 individuos de tropa. Esta fuerza debiera ser del tercio civil.

Comandancia militar de la Bahía Illana.—Está enclavada en territorio del 1.º y 5.º distritos, comprendiendo desde Punta Flechas hasta el río Nituan. Parang-Parang, emplazamiento militar importantísimo que se halla situado en el gran puerto de Pollok, sobre una pequeña colina que ocupa posición admirablemente ventajosa. Al abrigo de los fuertes se vá formando un pequeño poblado, llamado á adquirir gran desarrollo; las defensas y construcciones militares las constituyen: en la orilla del mar un fortín de mampostería que protege el muelle, y un almacén de madera y techo de zinc. En el pueblo el cuartel de Infantería y pabellones de Oficiales, de madera y techo de zinc; á la salida, hacia el interior, se encuentra el fuerte de María Cristina, de mampostería, con buenos alojamientos; un magnífico hospital de madera y zinc y algunos barracones de materiales ligeros para albergue de tropas. La guarnición está compuesta de unos 500 hombres de infantería; un Oficial y 12 individuos de tropa de artillería; una compañía de ingenieros y otra disciplinaria. La Comandancia militar está desempeñada por el Teniente Coronel Jefe del regimiento que dá la guarnición.

Las rancherías moras inmediatas son numerosas y fuertes y de las más aguerridas de Mindanao. Se les calculan más de 2.500 hombres de guerra, dos cañones, 29 lantacas y 117 fusiles é infinidad de armas blancas.

Malabang.—Próximo á Parang-Parang, á quien se une por un regular camino, situado en una mala rada que no proporciona abrigo alguno á los barcos. El fuerte está emplazado en la misma playa, en la desembocadura de un estero que rodea tres de sus lados. Consta de una doble empalizada que cierra un extenso recinto, donde se encuentran todas las dependencias de la guarnición, construídas de tabla y techo de zinc. Las rancherías inmediatas son numerosas y tienen más de 3.500 hombres de armas, un cañón, 342 lantacas, 265 fusiles é infinidad de armas blancas. La guarnición se compone de un Capitán, tres subalternos y 200 hombres de infantería y 10 artilleros para el servicio de dos piezas de bronce, que dominando el estero se encuentran emplazadas en la empalizada exterior.

Malabang.—Es punto importantísimo para cuantas operaciones se emprendan sobre la laguna, con la que se comunica directamente por un camino que tiene cerca de 50 kilómetros de desarrollo, terminando en la ranchería de Ganasi. A corta distancia del actual emplazamiento, existen aún las ruinas del fuerte de la Sabanilla, construído en 1639, emplazamiento que bien pudiera servir para construír un fuerte definitivo aprovechando los cimientos y los materiales allí acumulados por nuestros antepasados.

Baras.—Está situado este destacamento en la misma bahía Illana y á unos 10 kilómetros del anterior; también se comunica con la laguna por un camino áspero y pedregoso, pero de menos trayecto que el anterior; es el principal mercado que tienen los moros en la bahía Illana; ésto le dá singular importancia como punto de ocupación. Su guarnición actual es de un Capitán, tres subalternos y 200 hombres de infantería y 10 artilleros para el servicio de dos piezas. Tanto este punto como Malabang son los que están más expuestos á los ataques de los moros, por cuyo motivo deben ser renovadas sus actuales defensas por otras más estables y sólidas que pongan á la guarnición á cubierto de cualquier golpe de mano.

Las rancherías inmediatas cuentan con cerca de 2.000 hombres de armas, cuatro cañones, 19 lantacas, 23 fusiles y las armas blancas, que poseen en gran número.

Comandancia militar de Buluan.—Está enclavada en el tercer distrito: el objeto de esta Comandancia, que desempeña un Teniente de Ejército, es la inspección de los puestos que en el curso del río del mismo nombre tiene establecidos el tercio civil de Surigao. La reducción de los habitantes de esta región se hace de un modo pacífico, sin tener que recurrir al empleo de las armas.

Cuarto distrito.—La demarcación de la capital, que es Davao, comprende una numerosa población de infieles aún no sometidos y unos 5.000 moros pacíficos repartidos en 30 rancherías.

Comandancia militar de Matti.—Comprende el extenso territorio de la bahía de Pujaga, no teniendo otro destacamento militar que el poblado del mismo nombre, residencia del Comandante militar, al que guarnece fuerza del tercio civil.

Comandancia militar de Sarangani.—Comprende la bahía é islas del mismo nombre, teniendo bajo su jurisdicción los siguientes puestos militares:

Glan.—En la ensenada de su nombre, lo constituye un cuartel de materiales ligeros, defendido por una estacada: está guarnecido por un Capitán, Comandante militar, un Oficial y 45 individuos de tropa; las rancherías de moros inmediatas se han sometido.

Makra.—En el fondo de la bahía de Sarangani; el destacamento, que lo componen un Oficial y 32 individuos de tropa, se alberga en un cuartel de materiales del país, defendido por doble estacada.

Balut.—En la isla del mismo nombre, como el anterior; el destacamento, que lo forman un Oficial y 20 individuos de tropa, se aloja en un mal cuartel.

Tumanao.—Establecido en la isla de su nombre, está á cargo de un sargento y 15 soldados, que se alojan en forma idéntica que las guarniciones de Balut y Makra.

Estos tres destacamentos, que más que para imponerse á los habitantes del país, se hallan establecidos para cumplir los preceptos del tratado de Berlin, que obliga á ocupar para poseer, debían estar guarnecidos con personal del tercio civil, dando preferencia á los individuos casados, á fin de que por este medio, y facilitándoles elementos para el cultivo de los campos, se formaran poblados de alguna importancia, tan necesarios y útiles en aquellos vírgenes territorios.

Quinto distrito.—La circunstancia de comprender este distrito la extensa cuenca del río Pulangui, centro hasta hace poco y objetivo de nuestras operaciones en Mindanao, hace su estudio de sumo interés. En la memoria del Sr. Parrado se le calcula á este distrito una población mahometana de 44.316 almas; pero como á continuación se hace subir á 10.374 el número de los hombres de guerra disponible, se evidencia el error padecido al computar la población mahometana, que no bajará ciertamente de 80.000 almas cuando menos.

Cottabato.—Es la cabecera del distrito; está emplazada sobre el brazo N. del Pulangui, á tres millas de su desembocadura y á la falda de una elevada colina, que ocupa admirable posición estratégica. El cuartel de tropa es un mal camarín de materiales ligeros, pero tiene un magnífico hospital, antiguo cuartel de Ingenieros, y los Oficiales encuentran cómodas viviendas en la población. La guarnición actual es de un Capitán, dos subalternos y 100 individuos de tropa de infantería y un Oficial y 12 artilleros.

Libungan.—En la orilla derecha del brazo N. y en la desembocadura del estero de los caimanes, á 10 millas de Cottabato. El fuerte, que está defendido por una estacada, es muy reducido; su construcción, de mampostería y madera con aspilleras. Lo guarnecen un sargento, dos cabos y 10 soldados.

Tamontaca.—En la orilla derecha del brazo S. y á seis millas de la desembocadura; está formado por un recinto amurallado, defendido por tambores de flanqueo, que tiene 30 metros de lado; en su interior está el cuartel, pabellón de Oficial y demás dependencias. Está guarnecido por un Oficial y 20 individuos de tropa.

Las rancherías moras inmediatas á estos fuertes no son muy importantes y en apariencia están sometidas.

Taviran.—En la orilla izquierda del brazo S., en la confluencia con el estero de Talayan y á seis millas del vértice del delta. El fuerte lo constituye un reducto cerrado con revestimiento de piedra, terminado por un muro de 1′30 metros sobre la banqueta, flanqueado por tambores; en el recinto se levanta un magnífico cuartel, espacioso y construído en admirables condiciones de defensa. La guarnición es de un Oficial y 22 hombres de tropa.

Inmediatas á Taviran hay numerosas y fuertes rancherías de moros, todas adictas, distinguiéndose entre ellas las del Datto Ayuna, que en la campaña del 86–87 prestó muy buenos servicios, concurriendo con toda su gente á la campaña, donde sufrió sensibles pérdidas.

Tumbao.—En el vértice del delta; su posición es admirablemente estratégica; un parapeto de tierra, defendido por ancho foso, constituyen el recinto donde se emplaza el cuartel, que es de mampostería y entramado, capaz para un Oficial y 60 hombres que constituyen su guarnición actual.

La fuerza de artillería se aloja en una torreta de mampostería independiente del cuartel.

Kudaranga.—En la orilla derecha y frente á la confluencia del estero de Bacat. Está formado por una torre de tres pisos de mampostería y entramado de forma poligonal; unido al lado mayor hay un patio para cocinas y otras dependencias, defendido por muralla de mampostería con aspilleras. Su guarnición es de un Oficial y 20 soldados.

Reina Regente.—A unos 600 metros de la orilla derecha del río se halla establecido un fuerte provisional que encierra y defiende el cuartel, almacenes y demás dependencias, todo ello construído con materiales ligeros; es la residencia del Comandante militar de aquella zona, estando guarnecido por el Comandante militar de la clase de Capitán, dos Oficiales y 100 hombres de infantería y 10 de artillería.

Pikit.—A la orilla derecha del río y á 34 millas de Reina Regente, se encuentra este fuerte, al que pocas veces pueden llegar los cañoneros. El recinto es amurallado, con 38 metros de lado, construído de mampostería y flanqueado por torretas de planta baja en dos diagonales y dos baterías en las otras dos. Dentro del recinto hay un cuartel de dos pisos, de entramado de madera y cubierta metálica, enfermería de tabique pampango y cubierta de zinc. Comandancia, cuartel para los artilleros, factoría, de entramado de madera y nipa, y polvorín de mampostería y cubierta blindada. Está guarnecido por un Oficial y 60 individuos de tropa de infantería y seis de artillería.

Para asegurar la ocupación y dominio de esta importantísima comarca, se tiene en estudio el establecimiento de un fuerte 46 millas más arriba de Pikit, en el límite de influencia de la raza malaya mahometana en Mindanao, y donde principia la población montesa de Misamis. Este fuerte deberá ser guarnecido por un Oficial y 60 soldados de infantería y seis artilleros.

En la costa se encuentran los destacamentos siguientes:

Pollok.—Está guarnecido por un sargento, un cabo y 10 soldados.

Panay.—En las alturas que cierran el puerto de Pollok; su guarnición es igual á la del anterior.

Lebak.—En el puerto del mismo nombre; el cuartel, que se halla situado dentro de un reducto con parapeto de piedra defendido por foso y tambores en los ángulos de la cara anterior y un rediente en la posterior, es de tabique pampango con cubierta de zinc.

Los elementos de combate de que disponen los moros del quinto distrito se calculan en unos 10.000 hombres de guerra, 26 cañones, 1.452 lantacas y 1.600 fusiles, mas las armas blancas.

Sexto distrito.—La isla de Basilan, que lo compone, no tiene más población cristiana que la Isabela, donde además de la fuerza de la división naval del Sur, hay un destacamento de dos Oficiales y 50 individuos de tropa de infantería, que guarnecen un magnífico fuerte, ya descripto al hablar del distrito.

La población mora de esta isla está distribuída en unas 50 rancherías, algunas de ellas bastante fuertes y aguerridas, que reúnen más de 4.380 hombres de armas, por cuya circunstancia no debe por ahora intentarse acción alguna sobre Basilan, á fin de evitar nuevas complicaciones en los asuntos de Mindanao; pero su reducción es ineludible y necesaria, como etapa final en la conquista de Mindanao.

Fácil nos será deducir de los anteriores datos las dos siguientes conclusiones, una de interés local y otra generalizada á todo el Ejército y que ambas revisten importancia suma. En primer lugar se demuestra de un modo irrefutable el abandono en que se tiene el emplazamiento de algunos importantes destacamentos, en los que no se cuenta con obras de defensa que garanticen la seguridad de las tropas, careciendo en absoluto de alojamientos y dejando en el mayor abandono cuantos trabajos se refieren á la salubridad de estos mismos emplazamientos, donde insignificantes obras de drenaje é inteligente dirección en el relleno y desecación de manglares, evitarían una gran parte de esas infecciosas calenturas palúdicas que causan en las filas del Ejército mayores estragos que la fiera morisma con que allí combate.

En cuanto á la más importante de estas conclusiones, la que se refiere al núcleo total de fuerzas que constituyen aquel Ejército, exige la siguiente comparación. La extensión total del Archipiélago excede de 300.000 kilómetros cuadrados; la población se aproxima á 8.000.000 y el fraccionamiento del territorio en infinito número de islas exige crecidas fuerzas de mar y tierra que garanticen su posesión y mantengan en el interior la tranquilidad pública; y se comprenderá fácilmente que ésto es difícil conseguir con los 11.000 hombres que en Filipinas constituyen el elemento armado, si tenemos en cuenta que la isla de Mindanao necesita durante largo tiempo una guarnición de 4.000 hombres de Ejército cuando menos. Si á esta suma agregamos los refuerzos necesarios en las operaciones emprendidas, que no han de bajar de 3.000 hombres, quedarán plenamente justificados los recelos abrigados por nosotros de que el Ejército filipino resulte insuficiente para garantir en tan lejanas latitudes los sagrados intereses encomendados á su custodia.

De antiguo venimos demostrando especial solicitud por cuanto afecta á nuestros intereses en la Oceanía, y nadie por tanto podrá tacharnos de interesados si recordamos con insistencia á los poderes públicos la imperiosa necesidad de que el Ejército filipino sea considerablemente reforzado en plazo perentorio.

Y no faltan, hoy, por cierto, razones poderosas que abonen sobradamente nuestra campaña. El rápido florecimiento del Imperio japonés, tan próximo á aquel Archipiélago: la indudable preponderancia que sus victorias sobre la China han de proporcionarle en los mares del extremo oriente y su poderosa actividad comercial, son un peligro evidente para nuestra influencia y soberanía en tan remotas comarcas, para conjurar el cual debemos estar prevenidos.

Los Gobiernos españoles han de poner interés preferentísimo en alejar tales riesgos, y sólo de ese modo evitarán unos de esos movimientos de la opinión que una vez iniciados arrastran la voluntad y la acción de los poderes públicos. Estos deben tener muy presente que la isla de Formosa, que geográficamente constituye el extremo N. del Archipiélago filipino, será ocupada en breve plazo por los japoneses, quienes poseerán entonces una parte de nuestra antigua Hacienda, cuya ocupación efectiva para España se realizó el año 1626, y ya no serán, desde que tal logren, vecinos lejanos, de los cuales sólo pueda temerse remoto peligro, sino celosos vigilantes de tradición conquistadora que, arma al brazo, esperarán ocasión propicia para continuar en su empresa.

Al hablar como hablamos no nos guía interés egoísta alguno; sentimos zozobras para lo porvenir, motivadas por los alardes de fuerza y expansión de aquel Imperio, y queremos que la nación española esté, cual nosotros estamos, en guardia y sobre aviso.

Así, pues, si bien es verdad que el Ejército filipino, tal y como hoy está constituído, sería bastante para hacer frente á las eventualidades que puedan presentarse en Mindanao, no es menos cierto que para realizar ésto sería necesario dejar desguarnecidas las más importantes plazas del Archipiélago y sin garantías la seguridad pública, cosas ambas que no sería de cuerdos el fiar al azar en las presentes circunstancias.

En tal sentido y en el del mejoramiento del Ejército de aquel Archipiélago, encaminamos hoy nuestro humilde esfuerzo, seguros de que al hacerlo así pagamos merecido tributo á la justicia y á la razón, á la vez que cumplimos un altísimo deber para con la Patria, anhelando que en día no lejano el himno nacional repercuta unísono desde el vigilante promontorio de Punta de Europa á las lejanas provincias de Oceanía, donde hoy nuestros hermanos derraman su sangre generosa para sostener en todo su esplendor el prestigio de las armas españolas.


[1] El tael pesa próximamente 1¼ onzas.

[2] En lo que respecta á esta raza, tomamos datos de los Sres. Moya y Montero Vidal.

[3] Para más detalles véanse los magníficos trabajos que acerca de este distrito tiene publicados el Sr. Rajal.