ESCENA SEGUNDA.

Sale SATÁN vestido de negro y rojo; su color es palido.

SATÁN.—¿Será verdad? ¿Será cierto

Que el pueblo que me adoraba,

Ahora de arribar acaba

De la salvación al puerto?

Si navegante inexperto

En el borrascoso mar

Del vivir, ¿qué singular

Fuerza le ampara y escuda

Que consigue con su ayuda

Mis escollos evitar?

¿Quién de la mansión sombría

Do se hallaba sepultado,

Poderoso le ha sacado

A la clara luz del día?

¡Ay! Para desgracia mía

Fuiste sin duda, ¡oh Mujer!

Quien tuvo tanto poder

¡De quitarme mi morada!

¡Criatura privilegiada!

¿Cuándo te podré vencer?

¡Maldición! ... El mismo Averno

Do se engendran los dolores,

Las crueles penas y horrores,

No iguala á mi tedio eterno.

¡Ay! ¿Por qué del gozo tierno

Me privó la triste suerte?

¿Por qué me negó el más fuerte

Que en mi terrible amargura

Encontrase mi ventura

En los brazos de la muerte?

¡Espíritu! ¡Ser sublime!

¡Ser mísero y desgraciado,

Á padecer condenado

Por la mano que le oprime!

Si el hombre en la tierra gime

Y le molesta el vivir,

Se consuela en el sufrir

Viendo la vida tan breve,

¡Mientras el ángel no se atreve

A esperar que ha de morir!

Más ¡ay! fuerza es que, sufrido

Mi triste destino acate,

Ya que en mi sin par combate

Adversa suerte he tenido:

Empero, aunque fuí vencido,

Sigo en mi senda fatal:

Él ama el bien; yo amo el mal...

¡Soberbio! ... Que haga su gusto;

Yo, yo le estorbaré; es justo;

Que es mi enemigo mortal.

¡Comience, pues, nuestra lidia!...

Pensemos recuperar

Antes mi imperio sin par

Con la astucia ó la perfidia.

¡Suelo que me das envidia!

¡Ay! ... ¡Yo te recobraré!

Oculto aquí esperaré

(Se oculta detras de un árbol.)

A algún incauto cristiano:

¡Quiero que caiga en mi mano

la raza que tanto odié!