V.

Son las diez de la noche: la ciudad está en silencio i sus calles desiertas.

Tres mujeres se ven atravesar con paso ajitado i sin hacer ruido alguno. Pasan el arroyo que separa a San Francisco de la vereda del sur.

Al llegar a cierto paraje, donde se encuentran algunos avellanos silvestres que se empinan jigantescos, robustos e inmobiles, una de ellas se arroja de rodillas a los piés de una de las otras.

—Aquí es, doña Ines, la dice, ¡¡donde debeis darme vuestro perdon!!...

Doña Ines la levanta i sollozando le responde: ¡Dios te perdone!...

En aquel sitio habian caido la noche anterior don Francisco de Rojas, don Juan de Silva i don Miguel de Erauso.

Las tres se arrodillan de nuevo: pasan algunos momentos durante los cuales el aura lleva algunos suspiros ardientes i varias palabras misteriosas, i las tres continúan su camino. Trasmontan la colina en que estaba la Hermita i desaparecen.

En las altas horas de la noche, se ven tres jinetes acercándose al Biobio, que en aquellos momentos está abundante i majestuoso por el flujo de la mar. Cruzan la ancha ribera i llegan a la orilla, en que las aguas jugueteaban silenciosas. Eran las mismas mujeres que ántes habian salido de la ciudad.

Allí está un hombre con un caballo enjaezado i algunas armas en la mano. Una de las mujeres arroja su traje, se ciñe la espada i dando un abrazo mudo i tierno a cada una de sus compañeras, monta el corcel i se precipita a las ondas.

Las dos que quedan en la orilla miran con solicitud a la que se retira...

Ya no se ve mas que un punto negro allá a lo léjos, en la superficie de las aguas, que reflejan las estrellas de los cielos.

El punto desaparece: no se oye mas que el murmurio de las corrientes que juguetean en las arenas. Las dos se postran i rezan...

Despues de una prolongada angustia, se oye en la ribera opuesta un tiro de arcabuz.

Esa señal significa que se ha salvado la Monja Alferez.

ROSA.
(Episodio histórico.)