INVOCACIÓN

Dixit autem Dominus: si habueritis fidem, sicut granum sinapis, dicetis huic arbori moro: Eradicare, et transplantare in mare: et obediet vobis.

Evang. seg. Luc., cap. xvii

Fe, de toda virtud inspiradora,

Manantial del valor y el heroísmo,

Del tiempo y de la muerte vencedora,

Espanto de los genios del abismo,

El sér en quien tu fuego se atesora

Lleva el poder de Dios consigo mismo:

Los prodigios, las glorias, las hazañas,

Herencia son de los que tú acompañas.

Nada en el mundo tu poder resiste;

Á la luz de tu antorcha luminosa

El Edén á los mártires abriste:

De Oriente á la región caliginosa

Las legiones de Cristo condujiste,

Y, á través de la mar tempestüosa

Alumbrando su espíritu profundo,

Descubriste á Colón un nuevo mundo.

Nada hay grande sin ti, nada completo;

Desde Nembrod á Napoleón, tu esencia

Del genio ha sido el talismán secreto:

Nadie logró sin ti grande existencia,

Ni fué grande sin ti ningún objeto:

Polvo fué cuanto fué sin tu asistencia:

De la fuerza de Dios tu fuerza viene

Y en tus hombros el orbe se sostiene.

Tu soplo es impetuoso torbellino

Que, al alma ardiente á quien su impulso lleva,

Hasta la eternidad abre camino

Y sobre el polvo terrenal la eleva.

Del fuego santo manantial divino

Que en el fuego de Dios sus fuentes ceba,

Tú das irresistible atrevimiento

Á sér á quien inflamas con tu aliento.

Para ese son efímeras empresas

Las más peligrosísimas hazañas:

Disípanse á su voz como pavesas

Las torres, las ciudades, las montañas:

Las marcas de su pie conserva impresas

La tierra para siempre, y sus entrañas

Cobran fecundidad bajo su paso,

Y un reino brotan donde había un raso.

Alma del universo, cuanto existe

Con tu poder se crea y robustece:

Cuanto á tu influjo creador resiste,

Como leve vapor desaparece:

Á la nación do tu favor no asiste

Sorbe otra á quien tu mano favorece:

Y así es como del tiempo en los misterios

Pasan unos sobre otros los imperios.

¡Desdichada nación la que te olvida!

Su esencia mina la carcoma lenta,

Y no siente que se hunde carcomida

La débil base que su pie sustenta;

Otra nación que aguarda su caída

La empuja al fin y en su lugar se asienta:

Y así Castilla, por su fe amparada,

Pasó como un turbión sobre Granada.

Dame ¡oh potente fe! tu auxilio santo:

Tú por quien pudo rescatar á España

La ilustre Reina cuya gloria canto,

Dame su fe para ensalzar su hazaña:

Y, el himno rudo que en su honor levanto

Al entonar, mi espíritu acompaña,

Porque me escuche en la celeste esfera

La augusta sombra de Isabel primera.