SECTION VI

Los médicos que asistían á Lola, comprendieron bien pronto que la terrible enfermedad se incubaba en su vida.

La ciencia creyó que lo mejor para la enferma sería el campo y las puras y frescas brisas.

Doña Luisa poseía un magnífico cafetal en las vertientes del Banajao, y tan luego fué prescrito á la enferma la vida del campo, su solícita madre dió órdenes para que se alojara y dispusiera la casa que se alzaba en el centro de la hacienda.

Nada de cuanto constituye lo necesario y representa lo supérfluo faltaba en la finca. Hábiles tallistas de Paete, inteligentes artistas de Lucban, y activos personeros de Manila, cambiaron en pocos días el aspecto de la granja agrícola en mansión señorial. No se olvidó ni un detalle en el pequeño santuario de la coquetería, que constituye el tocador de una dama, ni se dejó de indagar hasta encontrar un excelente piano de cola, construcción belga, que con grandes cuidados, quedó instalado en la casa, pronto á llenar de armonías las fragosas faldas del Banajao.

A doscientos metros de la casa se destacaba cual centinela avanzado, el sombrío Puente del suspiro, conocido por entonces, por el del Capricho, nombre que tuvo su origen en el informe que se emitió al ser reconocido y en la extraña y atrevida concepción de su único arco.

Registrando crónicas he podido adquirir algunas curiosas noticias respecto al puente que nos ocupa.

Un respetable escritor, virtuoso y docto, hijo de la orden de San
Francisco, dice en sus escritos:

«Dicho puente fué construido por el reverendo padre Fr. Victoriano de Moral. Se halla sobre el río Olla, basado sobre dos montes y cuyo arco tiene sobre noventa piés de cuerda, sin haber usado más amarras ni maderas para la formación de la colosal cimbra que bejucos, cañas, cocos y bongas; entrando en su construcción solo argamasa; su único ojo mide de luz cincuenta y dos pies de alto por cuarenta y ocho de ancho, construcción casi milagrosa, por lo cual sin duda alguna el arquitecto mayor de Filipinas en su informe al Superior Gobierno, fechado en 7 de Diciembre de 1852 decía entre otras cosas lo que literalmente copiamos.»

«Si se tratase de un puente levantado con estudio y bajo las reglas del arte, la prueba hecha con el de Majayjay era ya suficiente para manifestar su estabilidad. Por desgracia se trata de una obra sin principios: que los aplicados en su ejecución han sido caprichosos, y si bien el arco se mantiene sin desprenderse, como no puede hallarse en la ciencia una regla que manifieste la causa de este procedimiento, ó mejor diré fenómeno, no es la opinión del que suscribe, sino de toda la ciencia junta la que lo condena.»—A cuyo informe, donosamente dice un cronista de la orden del constructor. «Hete aquí un puente, tan asaz atrevido, que á pesar de estar condenado por toda la ciencia junta, tiene la desfachatez de mantenerse firme, de sufrir temblores como los del 16 de Setiembre de 1852 y el 3 de Junio de 1863 sin resentirse; fuertes avenidas como las que se desprenden del gran monte Banajao, sin descimbrarse, estando dispuesto y con pensamientos quizás de decir después de algunos siglos: yo fuí construido por un fraile franciscano sin principios. Sabed que los principios aplicados en mi construcción fueron caprichosos, y más caprichoso aún, el empeño de construirme sin gastar un solo maravedí y llevar á cabo su empeño.»

Muchos más datos poseemos entre nuestros apuntes tomados unos del análisis del mismo puente y otros de documentos particulares y oficiales; pero como nuestra misión ni es arquitectónica, ni histórica, ni más que ligeramente descriptiva, basta con que nuestros lectores sepan que dicho puente existe, como existen diferentes consejas que á él se refieren.