ESCENA XIII.
DON JUAN, DON FÉLIX.
Félix.
Extraña ventura ha sido
haber yo a tiempo llegado.
Juan.
¿Que en efeto me he engañado?
Félix.
Sí.
Juan.
¿De quién lo habeis sabido?
Félix.
Súpelo de un escudero
de Lucrecia.
Juan.
Decid, pues,
cómo fué.
Félix.
La verdad es
que fué el coche y el cochero
de doña Jacinta anoche
al Sotillo, y que tuvieron
gran fiesta las que en él fueron;
pero fué prestado el coche.
Y el caso fué que a las horas
que fué a ver Jacinta bella
a Lucrecia, ya con ella
estaban las matadoras,
las dos primas de la quinta.
Juan.
¿Las que en el Carmen vivieron?
Félix.
Sí, pues ellas le pidieron
el coche a doña Jacinta,
y en él con la obscura noche
fueron al río las dos.
Pues vuestro paje, a quien vos
dejastes siguiendo el coche,
como en él dos damas vió
entrar cuando anochecía,
y noticia no tenía
de otra visita, creyó
ser Jacinta la que entraba
y Lucrecia.
Juan.
Justamente.
Félix.
Siguió el coche diligente,
y cuando en el Soto estaba,
entre la música y cena
lo dejó y volvió a buscaros
a Madrid, y fué el no hallaros
ocasión de tanta pena;
porque yendo vos allá
se deshiciera el engaño.
Juan.
En eso estuvo mi daño;
mas tanto gusto me da
el saber que me engañé,
que doy por bien empleado
el disgusto que he pasado.
Félix.
Otra cosa averigüé,
que es bien graciosa.
Juan.
Decid.
Félix.
Es que el dicho don García
llegó ayer en aquel día
de Salamanca a Madrid,
y en llegando se acostó
y durmió la noche toda,
y fué embeleco la boda
y festín que nos contó.
Juan.
¡Qué decís!
Félix.
Esto es verdad.
Juan.
¿Embustero es don García?
Félix.
Eso un ciego lo vería;
porque tanta variedad
de tiendas, aparadores,
vajillas de plata y oro,
tanto plato, tanto coro
de instrumentos y cantores,
¿no era mentira patente?
Juan.
Lo que me tiene dudoso
es que sea mentiroso
un hombre que es tan valiente,
que de su espada el furor
diera a Alcides pesadumbre.
Félix.
Tendrá el mentir por costumbre,
y por herencia el valor.
Juan.
Vamos; que a Jacinta quiero
pedille, Félix, perdón,
y decille la ocasión
con que esforzó este embustero
mi sospecha.
Félix.
Desde aquí
nada le creo, don Juan.
Juan.
Y sus verdades serán
ya consejas para mí.
(Vanse.)
Calle