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Waltzemüller hizo reimprimir en Strasburgo, en 1509, la Cosmographiæ Introductio—Se la apropia y comete el primer acto de falsificación y piratería literaria, conocido después de la invención de la imprenta—Ignorancia de los geógrafos de Saint Dié y de Strasburgo, respecto de los descubrimientos geográficos de la época.

Un hombre audaz, ávido de renombre como Waltzemüller, no podía aceptar tan fácilmente la pérdida de su empleo en Saint Dié, y el desahucio de su nombre como solo autor de la obra de la Sociedad del Gimnasio vosgense. Obstinado y perseverante, á la manera de sus compatriotas del Schwartzwald, no quiso someterse á estos güelfos de los Vosgos, que había creído poder trasquilar sin la menor vergüenza; y dos años después, en 1509, hizo imprimir en Strasburgo, por Jean Grünigen una edición de la Cosmographiæ Introductio, y de las Quatuor Navigationes, tomando la una y las otras, de la primera edición de Saint Dié, con su nombre á la cabeza de la segunda página con este signo Aij.

El título muy visible, puesto con la mira de llamar la atención, dice:

ANTELOQUIUM
DIVO MAXIMILIANO
LESARI (sic) AUGUSTO MARTINUS
ILACOMILUS FELICITATEM
OPTAT.

Tiene algunos cambios ligeros, y trasposiciones—Consta de treinta y dos fojas de las cuales dieziocho ocupan las Quatuor Navigationes, traducción del modesto Jean Basin, cuyo nombre no se encuentra en ninguna parte.

La parte material está ejecutada con más inteligencia que en las tiradas ó ediciones de Saint Dié.

Los encabezamientos de los capítulos, que apenas se notan en los ejemplares de Saint Dié, son muy visibles y salientes en los de Strasburgo. Además, el capítulo IV, marcado por equivocación Caput Quintum en la edición de Saint Dié, está designado Caput IIII, distinguiéndose de todos los otros capítulos de la de Strasburgo, en que está indicado en cifras romanas, mientras los demás lo están en cifras arábigas. Esta distinción debe ser intencionada.

Las signaturas de las Quatuor Navigationes se entrelazan con las de la Cosmographiæ, al contrario de lo que sucede en la tercera tirada de Saint Dié. De suerte que la edición de Strasburgo no está formada de dos partes distintas, que pudieran separarse y formar dos cuadernos diferentes.

Los tipos empleados en Strasburgo son más pequeños, y muy inferiores á los de Saint Dié; nótase además que son muy gastados, dejándose ver en muchos lugares la fuerza de la presión. Las líneas entre sí tienen menor espacio. El papel es de calidad inferior. En suma, la edición de Strasburgo indica un trabajo barato, que nada tiene de común con la obra del aficionado, distintivo característico de las ediciones de Saint Dié.

Waltzemüller tuvo muy en cuenta el gasto: el número de su edición fué muy limitado, si hemos de juzgar por los ejemplares que han llegado hasta nosotros, que es el mismo que los de las ediciones de Saint Dié, aun siendo éstas anteriores á aquella—Waltzemüller debe de haber distribuido la obra á las mismas personas que ya habían recibido las del Gimnasio vosgense, que deben de haberle sido conocidas, sea por sí mismo, ó por medio de su amigo Ringmann; y debe de haberlo hecho así á fin de contrarrestar á los modestos vosgenses, y sostener su primera tentativa de apropiarse su trabajo.

Felizmente Waltzemüller tomó el partido de publicar á su costo, ó por sí mismo, el común trabajo de los asociados de Saint Dié; de otro modo pudiera llegar á considerársele como víctima, y así lo ha considerado d’Avezac. Pero á la vista de esta edición, es imposible dejar de descubrir el espíritu de rapiña literaria que anima á Waltzemüller. En nuestros días le llamaríamos falsificación, y alguna otra cosa más. En 1509, no existían leyes que protegiesen la propiedad literaria. Al apropiarse Waltzemüller la obra del Gimnasio vosgense, se convirtió en un falsificador, un plagiario, un verdadero pirata: y se ve la injusticia de llamar á la Cosmographiæ Introductio, “Cosmographiæ de Waltzemüller,” ú “obra de Ilacomylus.” Hay en eso un golpe grave, dirigido á la propiedad literaria y científica, que es importante señalar.

Próximo á llegar á la consideración de los dos nombres Americus y América, que han hecho tan célebre ese librito, digamos que el pequeño tratado de geografía que forma su introducción ó primera parte, es un trabajo muy mediocre, y que muestra el escaso conocimiento que sus autores poseían del estado en que se hallaban los adelantos geográficos al comienzo del siglo XVI, y cómo, por otra parte, llegaban éstos á los eruditos de un lugar pequeño, perdido entre los Vosgos, y muy distante de los puertos de mar. De Cristóbal Colón, de Cabot, nada sabían, y también ignoraban los descubrimientos de los portugueses. Respecto de las nociones ptolomáicas, procuraban ponerse de ellas al corriente, haciéndose con ejemplares de los textos más completos de Ptolomeo. Nada de original: era aquello un trabajo elemental, cuyo solo mérito consistía en la edición latina de la segunda carta de Vespucci, edición más fácil de leer que la del bárbaro italiano de 1506.