NOTES:

[283] de acuerdo con, in keeping with.

[284] gozar de to enjoy.

[285] entrar en, to enter. Entrar requires en before the noun or pronoun indicating the place entered.

[286] estimarse en, to be estimated at.

[287] estar en proyecto, to be planned.

[288] de ancho, in width. One may also say de anchura.

[289] a la vez, at the same time.


EL ESPANTAJO

¿Hay alguno, entre los que me hacen la gracia[290] de
escuchar este cuento, que no sepa lo que es un espantajo?
¿Hay alguien que, al recorrer nuestros cultivados
campos, no haya fijado su atención en esos
artísticos maniquíes, plantados por nuestros ingeniosos 5
guasos, en medio de sus sembradíos, con el fin de ahuyentar
las aves dañinas? Apenas principia a desarrollarse
el fruto de las huertas, y ya su dueño anda afanoso,
buscando con que fabricar el cuidador.
—¡Mujer! ¡mujer!—dice a su parienta,—¿has 10
visto como los melones están cayendo y los choclos
muñequeando, que es bendición de Dios? Ya es tiempo
de[291] hacer el espantajo para los pájaros... Busca
por ahí unos trapos viejos.
Poco después, marchan ambos para la huerta, el 15
marido con un palo alto en la mano, y la mujer con un
atado de útiles compuesto de lo más inútil que el
rancho encierra. Plántase el palo en el punto más
culminante del sembrado, después de haberlo metido
dentro de una pierna de calzón hecho pedazos, cuya otra 20
pierna queda colgando a merced del viento, semejando
en todo a la vacía pierna de un inválido. Un envoltorio
de fajina forma la caja del cuerpo, el cual se envuelve
en unas tiras que, cuando vivían unidas, tuvieron
el honor de llamarse el fustán de la señora; y a la altura 25
de los hombros se ata en cruz una varilla flexible, para
figurar los brazos, cubriendo todo aquello con unos
jirones de poncho, de un color terro-indefinible. Por
último un manojo de pasto seco, encajado en la punta
del palo, forma con chapeo y todo, la cabeza, sobre la cual 30
se pone a modo de gorro una vieja calceta del patrón.
Hé aquí como el espantajo sale lleno de vida de aquel
informe montón de trapos viejos y de basura, mismamente
cual bajo el cincel de Canova solía salir una 35
estatua de un trozo de mármol. El guaso se retira
entonces, sin quitar los ojos de su maniquí, mientras
éste se anima a impulsos del viento, que mueve las
tiras de la vestimenta. La satisfacción está pintada en
los ojos del artista; es Zeuxis, contemplando por la 40
primera vez su Venus.

Mulas de Carga, los Andes

—¿Qué te parece?[292] —dice al fin a su mujer, después
de haber hecho el último gesto, ese gesto sublime con
que el genio aprueba su propia obra:—¿qué te parece,
hija? ¡Que vengan los pájaros ahora! 45
—Solamente le falta la muleta, para que sea ño
Cucho
el Cojo, en mismita persona,—contesta la
mujer, dando una gran carcajada.[293]
Tal fué la escena que, poco más o menos, pasó un día,
en uno de los vallecitos de la costa de Colchagua. 50
Mes y medio después, cuando las sandías y los melones
estaban pintando, empezó el dueño de la chacra a mirar
de reojo[294] a un vecino suyo, por habérsele puesto en la
cabeza el mal pensamiento de que aquel hombre venía a
robarle la fruta todas las noches. Ya varias veces le 55
había visto rondar en torno de[295] la huerta, y aun
asomarse por los portillos de la cerca, como para elegir
de antemano las mejores sandías. Tales temores obligaban
a nuestro chacarero a pasarse las noches enteras
sin dormir, rondando en torno de su sembrado, para 60
ver si podía atrapar al ladrón.
—¡Bueno!—decía, cuando al venir el alba solía ir a
recogerse, después de su ronda nocturna:—está bien;
no he pillado al ladrón ahora, pero si alguna noche de
éstas le atrapo, prometo no dejarle hueso en su lugar. 65
Una noche que, como otras muchas, salió a dar su
vuelta[296] por la chacra, vió dentro de ésta un hombre
ocupado, según le pareció, en escoger la mejor fruta.
—¡Pícaro bellaco!—exclamó entre dientes.—Yo
veré si te escapas ahora. Es el mismito ño Cucho el 70
Cojo. ¿Por dónde habrá entrado?... ¡Vea no más
como elige de la mejorcita! ¿No parece que le hubiera
costado su sudor y trabajo? ¡Pero yo le preguntaré
luego cuántas son cinco![297]
Diciendo esto, pensó poner en ejecución su premeditado 75
proyecto, para lo cual llevaba siempre un lazo en la
mano; y mientras hacía la armada, se fué arrastrando,
poquito a poquito, hacia el ladrón, quien parecía no
cuidarse del[298] peligro en que estaba, pues lejos de
ocultarse, seguía moviéndose, a vista de su enojado
enemigo. Ya éste se había aproximado bastante
cuando le pareció que el ladrón hacía un movimiento 80
de sorpresa; y temiendo que se le escapase, arrojó
sobre él la armada, y se lanzó corriendo hacia el rancho,
donde estaba su mujer.
—¡Chepa! ¡Chepita!—le gritó,—¡saca el candil,
que aquí traigo al ladrón a la rastra![299] ¡Ven a ver, mujer, 85
qué carita pone a la luz del candil! ¡Los más maduritos
se estaba escogiendo el picaronazo!
—Aquí está la luz,—dijo la mujer, saliendo del
rancho, con un candil de sebo en la mano.—¿Cómo le
pillaste? 90
—Con el lazo... le he traído arrastrando hasta
aquí al bellaco.
—¡Jesús! ¡tal vez le has muerto[300] al pobrecito!—exclamó
la compasiva mujer.—¡Mira como no se
mueve! 95
—¿Quién se ha de morir por tan poco? ¡Esto no
debe ser más que aturdidura! ¡Para que otra vez no
se meta a robar melones!
—Déjame alumbrar.
Mas al acercarse la buena Chepa al ladrón, soltó una 100
estrepitosa carcajada[301].
—¿Por qué te ríes?—preguntó el marido, aproximándose.
—Mira lo que has hecho, hombre de Dios.
—¿Qué cosa?
—Que has traído al espantajo en lugar del ladrón,—contestó 105
ella, sin poder contener su risa.
—No digo yo, pues!—exclamó el chacarero,
medio avergonzado; por eso lo encontraba tan livianito.
—¡Pues, está gracioso! ¡Esto es lo que se llama
armar el espantajo y espantarse de él! 110

—Daniel Barros Grez.