ESCENA XII.
DOÑA FRANCISCA, RITA, DOÑA IRENE, D. DIEGO.
Rita.
Señora.
D.ª Fca.
¿Me llamaba usted?
D.ª Ire.
Sí, hija, sí; porque el señor D. Diego nos trata de un modo que ya no se puede aguantar. ¿Qué amores tienes, niña? ¿A quién has dado palabra de matrimonio? ¿Qué enredos son estos?... Y tú, picarona... Pues tú tambien lo has de saber... Por fuerza lo sabes... ¿Quién ha escrito este papel? ¿Qué dice?... (Presentando el papel abierto á Doña Francisca.)
Rita.
Su letra es. (Aparte á Doña Francisca.)
D.ª Fca.
¡Qué maldad!... Señor D. Diego, ¿así cumple usted su palabra?
D. Die.
Bien sabe Dios que no tengo la culpa... Venga usted aquí... (Asiendo de una mano á Doña Francisca, la pone á su lado.) No hay que temer... Y usted, señora, escuche y calle, y no me ponga en términos de hacer un desatino... Deme usted ese papel... (Quitándola el papel de las manos á Doña Irene.) Paquita, ya se acuerda usted de las tres palmadas de esta noche.
D.ª Fca.
Mientras viva me acordaré.
D. Die.
Pues este es el papel que tiraron á la ventana... No hay que asustarse, ya lo he dicho. (Lee.) «Bien mio: si no consigo hablar con usted, haré lo posible para que llegue á sus manos esta carta. Apenas me separé de usted, encontré en la posada al que yo llamaba mi enemigo, y al verle no sé como no espiré de dolor. Me mandó que saliera inmediatamente de la ciudad, y fué preciso obedecerle. Yo me llamo D. Cárlos, no D. Felix... Don Diego es mi tio. Viva usted dichosa, y olvide para siempre á su infeliz amigo.—Cárlos de Urbina.»
D.ª Ire.
¿Con que hay eso?
D.ª Fca.
¡Triste de mí!
D.ª Ire.
¿Con que es verdad lo que decia el señor, grandísima picarona? Te has de acordar de mí. (Se encamina hácia Doña Francisca, muy colérica y en ademan de querer maltratarla, Rita y D. Diego procuran estorbarlo.)
D.ª Fca.
Madre... Perdon.
D.ª Ire.
No señor, que la he de matar.
D. Die.
¿Qué locura es esta?
D.ª Ire.
He de matarla.