IV
Amigo... filósofo (repito que no sé su nombre de usted; Fernando le ha engañado): observo con cierta vanidad que es usted mucho más difuso y desordenado que yo al escribir: empieza usted un asunto... se pierde en pormenores, y ¡adiós hilo del discurso! Además, también es usted menos... delicado... ¡Qué pocas galanterías me dice usted!... Hablar así á una dama es enseñar las uñas... antes de limpiarlas. No importa. Los filósofos me gustan así. Los amantes, no. Observe usted que yo no hablaba directamente nada apenas de nuestra impossible flirtation, y usted... apenas habla de otra cosa, aunque sea para negar su posibilidad. Pero vamos á otro asunto. Á lo que hoy me importa. Digo hoy porque otro día, que esté yo más desocupada, hablaremos de otra cosa. Dejo para más adelante lo de su amor de usted en alemán, lo de las ingenuas, su afición á los pimpollitos (señal de vejez). (Ahora la grosera soy yo, ¿verdad?) No haga usted caso. Le comprendo á usted... un poco (hasta donde puede comprender una mujer no extraordinaria) porque..., auch ich war in Arcadien geboren: (yo también nací en Arcadia) (Schiller), y yo también sé alemán y supe querer en alemán. Yo también fuí, si no filósofo ni amigo íntimo, mujer pura, virgen imposible (y con todo, hubo quien pudo). Pero á eso íbamos, antes del paréntesis. Íbamos á mi historia. ¿Conque la sabe usted? ¿Está usted seguro? Usted sabrá la que Fernando le contó; pero, ¿es ésa mi historia? Ésta es la cuestión. Lo primero que exijo es que me la cuente usted... Porque... puede muy bien suceder que yo no la sepa. Ó porque Fernando no le haya contado á usted la misma que yo le conté á él... ó porque yo me haya olvidado de la historia que le conté á Fernando. Veamos. Venga ésa, la que usted sabe, y después yo desembucharé la historia auténtica... si me conviene. Diga usted lo que sabe, criatura. Su amiga y colega en pedantería, Nila. Hoy no hay postdata: no la merece usted.
NOTAS:
[1] Yo amo al que desea lo imposible.—(N. de C.)