SÉPTIMA LECCIÓN
LOS ELEMENTOS TERRESTRES
Á cada uno de los cambios de estado del movimiento que engendra el espacio de tres dimensiones, corresponde, como hemos visto, una clase de electricidad, una clase de formas, una clase de luz. En la Tierra corresponde también á cada uno un elemento.
En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo primordial; en el líquido, la expansión horizontal del segundo estado; en el sólido, el equilibrio del tercero que es la tensión eléctrica convertida en gravedad—la electricidad neutra.
Prototipo de todos los líquidos, el agua es una permutación del hidrógeno, cuyo nombre significa, como es sabido, generador del agua. El agua viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno es electricidad gaseosa[29]. Á esto se debe que las leyes de distribución de la electricidad y de los líquidos, sean las mismas; aunque éstos se hallen sometidos á la gravedad y aquélla no; pero tensión y gravedad son una misma cosa como hemos visto. Lo líquido es, pues, dado nuestro punto de vista, más vivo, es decir más próximo al estado de energía pura ó éter, y por esto el agua es la fuente de la vida orgánica. Los alquimistas decían que el mercurio es el más vivo de los metales (en francés vif argent) y debe notarse que los vehículos esenciales de la vida orgánica,—sangre, savia, leche—son líquidos.
Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, la forma poliédrica de los átomos continúa siendo el prototipo, y esto se encuentra asaz bien demostrado por las fórmulas químicas, para que debamos insistir; no obstante, en el estado líquido, los poliedros son ya cristales prototípicos de los futuros sólidos en que se manifestará el máximum de inercia de la materia.
La Tierra era una especie de océano esferoidal, denso y glutinoso, en el cual los átomos se agruparon bajo formas cristalinas, es decir poliédricas, según su modelo fundamental. La ciencia produce cristales semifluidos en el seno de un líquido, por medio del calor y de la electricidad, y estos cristales se portan como seres vivos, no sólo por su estructura semejante á la de las células, sino porque poseen propiedades tan notables como la de reparar sus mutilaciones. Esto bastará, según creemos, para demostrar que el estado líquido no es un estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente derivar de él. De aquí la tendencia de todos los sólidos á cristalizar, es decir á modelarse bajo el patrón originario.
Cuando un planeta[30] ha organizado toda su materia en los tres costados, ó en términos más generales: cuando la materia de un planeta ha alcanzado su máximum de estabilidad, comienza el proceso de desintegración de esta materia. Ella se ha de efectuar en un tiempo equivalente al que empleó para formarse, conforme á la ley de periodicidad, y en estados semejantes, bien que inversos[31].
La función vital preponderante, que era condensar éter, es reemplazada por la de “eterizar” la materia, aunque esto no quiere decir que haya sustitución completa de un proceso por otro. El equilibrio entre ambos persiste por mucho tiempo, exactamente como ahora lo vemos en nuestro mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia progresiva hacia la eterización. Á esto último responde la aparición de los seres orgánicos.
NOTAS:
[1] “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente á sombra, es decir á una diminución de luz. Son la “no-luz” en absoluto.
[2] Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, tiene un símbolo admirable en el paganismo. Queremos hablar del destino (ó sea el determinismo de las causas anteriores) que era superior á todos los dioses, sin ser él mismo un dios.
[3] Conviene tener presente siempre que esta electricidad es la del rayo γ, y no la que conocemos habitualmente.
[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la verdadera definición carecen de la propiedad substancial única de la materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces, diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica obliga á esta conclusión.
[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior: materia es todo lo objetivo.
[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso decimos que el rayo es unidad absoluta como manifestación vital.
[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de las ideas.
[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida absoluta (Dios) por estados de conciencia.
[9] Recuérdese nuestra definición de la vida.
[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros, son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización.
[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales.
[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular.
[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar.
[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que sabía á qué atenerse.
[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto de hexaedros.
[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común es la arbitrariedad.
[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de ésta (las zonas 1a y 9a abarcarían sus polos) resulta la siguiente relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6, 6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras lentejas no son, pues, pura fantasía.
[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable. En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él?
[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente expresará en detalle estos movimientos.
[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo; las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de Júpiter...
[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia, reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún el que la docena y la decena, también números sagrados, estén significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo.
[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque los organismos individuales acaben.
[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.
[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.
[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.
[26] No damos á la palabra gravedad, su acepción corriente. Para nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes, existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola (materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la gravedad tiene contradicciones harto serias.
[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio milímetro.
[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de las nebulosas.
[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua primordiales, eran estados generales de materia: lo gaseoso y lo líquido.
[30] Como el nuestro.
[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos, ¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso (gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.