ACTO PRIMERO.

Entran FABIO, FABRICIO, TANCREDO, FULGENCIO y otros, de acompañamiento, y FELICIANO, con luto, y detras de todos GALINDO, lacayo, con otro luto á lo gracioso.

Fab.

Téngale Dios en el cielo,

Que juzgando por sus obras,

Mejor padre, muerto, cobras

Que le perdiste en el suelo:

Tales fueron sus costumbres,

Que pienso que desde aquí

Le puedes ver, como allí

Se ven las celestes lumbres.

Fulg.

En mi vida supe yo

Dar un pésame, Tancredo.

Tanc.

No me dió cosa más miedo,

Ni más vergüenza me dió,

¿Cómo diré que, en rigor,

De consuelo le aproveche;

Vuesa merced le deseche

Por otro padre mejor?

Fulg.

Eso fuera desatino;

Óyeme y imita luégo.

Tanc.

¿En fin vas?

Fulg.

Temblando llego;

Como el gran Padre divino

Lo es de todos inmortal,

Consuelo podréis tener

Que os ha de favorecer,

Feliciano, en tanto mal;

Su falta se recupera

Con poneros en su mano.

Fab.

No es posible, Feliciano,

Que en vos Everardo muera,

Quedando tan vivo en vos,

Que sois su traslado cierto,

Pero guárdeos Dios, y al muerto

Téngale en su gloria Dios.

Fulg.

¿Aún no llegas?

Tanc.

No he podido

Sujetar mi mal humor,

Dar el pésame es mejor

Á este hipócrita fingido,

Á este alcahuete bellaco,

Á este Parmeno fiel,

Que yo me avendré con él.

Fulg.

¿Va el pésame?

Tanc.

Ya le saco:

Señor Galindo, ya es muerto

Su padre de Feliciano,

Que vos quedais, es muy llano,

Por su padre...

Gal.

Sí por cierto.

Fulg.

Sacad del capuz la cara.

Gal.

Mejor está en el capuz,

Pues ha faltado salud,

Que hoy nos deja y desampara.

¡Ay, mi señor Everardo,

Dónde hallaré tal señor!

Tanc.

Su hijo tiene valor,

Y es caballero gallardo;

Mejor amparo teneis,

Buen dueño habeis heredado.

Gal.

Todo á todos ha faltado.

¡Triste de mí!

Tanc.

No lloreis.

Gal.

Yo lloro con gran razon,

El pan á llorar me mueve.

Tanc.

(Ap.) Mejor el diablo le lleve,

Que lo siente el bellacon.

Fab.

Quedad con Dios, Feliciano,

Y pues que sois tan discreto,

Con sentimiento secreto

Dad al público de mano:

Prudente sois, esto basta.

Fulg.

Adios, Feliciano.

Fab.

Adios.

Fel.

Con todos vaya.

Tanc.

Y con vos

Quede.

Gal.

Lindo humor se gasta.

(Vanse.)

Fel.

¿Fuéronse esos majaderos?

Gal.

Ya la escalera trasponen.

Fel.

Los hábitos me perdonen.

Gal.

Todos nacimos en cueros;

Estas son borracherías

Que el loco mundo ha inventado.

Fel.

El lutazo me he quitado.

Gal.

Yo las mortíferas chias,

Salgo de la negra tumba

Como espada de la vaina.

Fel.

Aquí la tristeza amaina.

Gal.

El retintin me retumba

De un poquito de chacona.

Fel.

No bailes, Galindo, tente,

Que no quiero que la gente

Murmure de mi persona.

Gal.

Calla, señor, ¡pesiamí!

¿Es la ventura que ves

Para que puedan los piés

Tener sufrimiento aquí?

Cuando tiene un enemigo

Un hombre, y se muere ó va,

¿No se alegra?

Fel.

Claro está.

Gal.

Pues si está claro, eso digo.

¿Qué enemigo capital

Como el viejo que hoy te falta?

Baila, brinca, tañe, salta.

Fel.

Fué padre, y hacemos mal.

Gal.

¿Qué más quieres que viviera?

¡Ojalá llegues allá!

Con cuatro sietes se va,

Mira si es mala primera.

Es bueno, yo lo confieso,

Pero que hoy vive imagina,

Y por tus gustos camina,

Verás lo que siente en eso;

Ni tendrás sólo un real,

Ni de libertad un hora,

Mira si truecas agora

En tanto bien tanto mal.

Treinta mil ducados deja,

Que si va á decir verdades,

Treinta mil necesidades

Te lastimaban la oreja,

Y éstas todas las remedias.

¿Era mejor, Feliciano,

Ser por puntos cirujano

De los puntos de tus medias?

¿Era mejor no tener

Qué gastar con Dorotea,

Para que quien la desea

La pueda á tus ojos ver,

Y áun gozalla, como sabes?

Fel.

Calla, no me digas eso,

Perderé, Galindo, el seso

Ántes que de hablar acabes.

Diez años ántes quisiera

Que fuera muerto el que ya,

Como tú dices, se va

Con tan hermosa primera.

Si un hijo del viento gasta,

Y no hay más que la comida.

En el juego desta vida

Á un padre rico bien basta,

Que á seis y siete entre un as;

Que es lástima envejecer

Un hijo mozo, y tener

Muchas veces treinta y más.

Pero gente suena, toma

El capuz. ¡Pesia mi mal!

Gal.

¡Otra vez tumba mortal!

Fel.

Son chapines.

Gal.

Manto asoma.

LEONARDA.

Leon.

Aunque no era, Feliciano,

Esta ocasion para verte,

Al pésame de la muerte

De un padre noble y anciano

Bien puede venir Leonarda,

Con la justa pretension,

Que más de tu obligacion

Que de sus prendas aguarda.

Cuanto á ser tu padre el muerto,

Dios sabe que me ha pesado,

No cuanto á haberle culpado

En nuestro justo concierto,

Del que sospecho que agora

Tendrás memoria, y de mí,

Que por darte gusto fuí

Á iguales padres traidora.

Que si él, como tú decias,

Tu casamiento estorbaba,

Cuando con él se trataba,

Y su aspereza temias,

Ya no podrás, Feliciano,

Huir el rostro á mi honor,

Muerto aquel cuyo rigor

Fuera combatido en vano.

Ya quedas libre, señor,

De tu hacienda y tu persona,

Mi causa quien soy te abona,

Tu deuda mi propio honor

Que en efeto...

Fel.

No prosigas:

¡Qué locas sois las mujeres!

¡Que agora me case quieres!

¡Aquí me fuerzas y obligas!

¡No está del muerto la cama

Fria del calor que tuvo

Cuando en ella enfermo estuvo,

Y ya á la boda me llama!

¡No está libre el aposento

Del humo de tanta cera,

Y ya quiere que la quiera

Para fiesta y casamiento!

¡Áun cantan kiries allí

Sobre tumbas y memorias,

Y ya quiere que haya glorias

De desposorios aquí!

¡Apénas allí tan triste,

Cesa de requiem la misa,

Y aquí con tal gusto y prisa

Á la de fiesta se viste!

¡Apénas lugar he dado

Á que el pésame me den,

Y ya me da el parabien

Del para mal de casado!

¡Veme de luto cubierto

Y ya me obliga á bailar!

Leon.

Siendo mujer fuera errar,

Mas no, siendo padre el muerto;

¿Qué importa que esté caliente

La cama en que no dormias,

Y en cuyas sábanas frias

Durmió un padre impertinente?

El humo de tanta cera

¿Qué importa? Mas estás ciego

Del humo, infame, del fuego

Que abrasar tu honor espera;

Que, segun van las historias

Que de Dorotea oí,

Cantarán kiries por tí,

Y ella en tu hacienda las glorias.

Ésta sí, será la misa

De requiem y de dolor,

Á la muerte de tu honor

De que ya el luto te avisa.

Sigue la vil Dorotea,

Vuelve á mi deuda la cara,

Pues ya tu amor no repara

En que de otros muchos sea;

Los hombres eso quereis,

Lo que es de otro siempre amais,

De lo que solos gozais

Poca estimacion haceis;

Celos os hacen querer,

Lágrimas mucho os enfadan,

Lo que las libres agradan

Cansa una honrada mujer.

Espero en Dios que ese luto

Traerán tus deudos por tí,

Para que yo coja ansí

Como la esperanza el fruto;

Que con sólo verte muerto

Podré yo quedar vengada,

Viuda sin ser casada,

Y tú, infame en el concierto,

Que de él y tus juramentos

Allá me pienso vengar,

Que á fe que irás á lugar

Donde juzgan pensamientos.

(Vase.)

Fel.

¿Fuése?

Gal.

Por las escaleras.

Fel.

Ojalá por las ventanas,

¡Qué de maldiciones vanas!

¡Qué de soñadas quimeras!

¡Qué de cansadas razones!

¡Qué de locas vanidades!

¡Cómo pondera verdades

Y cómo culpa traiciones!

Basta, que ya las mujeres,

Sólo que los labios abras,

Quieren trocar á palabras

Sus mal gozados placeres.

Dame medias de color,

Iréme á desenfadar.

Gal.

La noche dará lugar,

Vé, por tu vida, señor,

Á que el pésame te dé

La gallarda Dorotea.

Fel.

Cree que el pláceme sea

Del dinero que heredé,

De que ya se juzga dueño.

Gal.

Que ya le sabrá sacar.

Fel.

Yo me sabré reportar.

Gal.

¿Tú?

Fel.

¿Pues no?

Gal.

¡Cosa de sueño!

Pues, á fe, que te importára

Irte poco á poco en esto.

Fel.

Aconséjasme muy presto,

Lo de adelante repara,

Que agora, por Dios, que quiero

Gastar por un año ú dos

Pródigamente.

Gal.

Por Dios,

Que es lindo amigo el dinero,

Gasta, cobra amigos, da,

Sé liberal, noble, honrado;

Quien da sólo es estimado,

Cercado de amigos va,

Estos son mayor riqueza

Que el dinero.

Fel.

Ya verás

Mi virtud.

Gal.

¿Pues cuál tendrás?

Fel.

Contra avaricia largueza.

(Vanse.)

DOROTEA Y CLARA.

Dor.

¿Qué me cuentas?

Clara.

Lo que vi.

Dor.

¿Qu’es ya muerto?

Clara.

Está enterrado.

Dor.

¡Bravo suceso!

Clara.

Extremado.

Dor.

Y mucho más para mí.

Clara.

Bajaba de aquella calle

Que han hecho un palacio en fin,

Los monjes de San Martin,

Á darle el papel y hablalle,

Cuando veo á San Ginés

Acercarse un largo entierro,

Honra del final destierro,

Que de la tierra lo es;

Veo mil hachas ardiendo,

Pobres vestidos, contentos

Que heredan los avarientos,

Que no pudieron, viviendo;

Gozan el vestido y hacha

Que no les dió la virtud.

En fin, un negro ataud,

Seis de gerga y de capacha

Veo que en los hombros llevan,

Tras mil clérigos y cruces,

Frailes, cofradías, luces,

Cuantas á un noble se deban;

Miro el acompañamiento,

Hábitos y gente ilustre,

Y entre este adornado lustre,

Polvo en tierra y humo en viento,

Veo á nuestro Feliciano,

Entre un capuz y un sombrero,

Muy triste, porque el dinero

No estaba todo en su mano.

Tras él iba aquel bellaco

De Galindillo, fingiendo

Que lloraba, y componiendo

Su tumba; á un teñido saco

La falda llevaba, y creo

Que iba diciendo entre sí:

¡Oh si llevára yo aquí

Los escudos que deseo!

Fuera preguntar en vano

Quién era el muerto; ya ves,

Rico entierro en San Ginés,

Y enlutado á Feliciano.

Dor.

Por tu vida que te diera,

Si las hubieras pedido,

Albricias.

Clara.

Buenas han sido,

Del interes que me espera

No doy mi parte.

Dor.

Detente,

Que siento gente en la puerta,

Entraránse, que está abierta.

OLIVERIO Y FERNANDO.

Oliv.

Sí harán, que es segura gente,

Pero si estás ocupada,

Tambien atras volverán.

Dor.

Nunca estas sillas lo están

Para gente tan honrada.

¿Qué hay de nuevo en nuestra aldea?

Fern.

Así la puedes llamar;

Por acá comer y holgar,

Y juventud que pasea.

Si no es que tienes que hacer,

Tuyos somos este rato.

Dor.

Miéntras se tarda un ingrato

Me podeis entretener.

Oliv.

¿Qué, le quieres todavía?

Dor.

¿Es milagroso?

Oliv.

En tu mudanza...

Dor.

Pues hay mudanza que alcanza

Á quien de mudanzas fia.

Fern.

¿No te trata bien Ricardo?

Dor.

Sospecho que quiere bien.

Oliv.

Si no le muestras desden,

Mayor libertad aguardo.

Fern.

Dale celos.

Dor.

No aprovecha.

Fern.

¿Trágase estas balas?

Dor.

Sí.

Fern.

¿Es diestro?

Dor.

Cuanto lo fué.

Fern.

Bien hace, tu amor sospecha;

Un hombre no ha de saber

Que es querido.

Dor.

No es licion

Que puesta en ejecucion

Le está bien á una mujer,

Que tratalle sin amor

Mucho desdora.

Fern.

Templalle,

Y dalle para gozalle

Con recatado favor.

Oliv.

La puerta suena.

Dor.

¿No cierras?

LISELO, JUSTINO, OLIVERIO, FERNANDO, DOROTEA Y CLARA.

Lis.

En tiempo de tantas paces

No la cierres, que bien haces,

Y si bien haces, no yerras.

Dor.

Seais los dos bien venidos.

¿Dónde Ricardo quedó?

Just.

Aquí pensé hallarle yo.

Dor.

¿Ya soy centro de perdidos?

Lis.

Si lo están todos por tí,

Que aquí se busquen es bien.

Clara.

¿Quereis que naipes os den?

Just.

¿Hay algo que rifar?

Clara.

Sí.

Fern.

¿Qué, por tu vida?

Clara.

Unos guantes.

Oliv.

¿Son de olor?

Clara.

Como lo dices,

Favor para las narices.

Oliv.

¿Sabes por cuántos instantes?

Lis.

¿Son de ámbar ó perfumados?

¿Olerán hasta salir

De la calle?

Clara.

Eso es decir

Que estais de rifar cansados;

Pues ya por los naipes voy.

Dor.

¡Qué necia que estás, Clarilla!

Just.

Lo acuchillado acuchilla.

Oliv.

¿Teneis vos?

Fern.

Sin blanca estoy.

Oliv.

¡Qué fria es aquesta treta

De dar luégo que rifar!

Just.

Viejo modo de pescar

Es esta necia receta.

Fern.

¿Para sacar seis escudos

Qué sirven estas bajezas?

Repártanse por cabezas

Y hagamos señas de mudos.

Lis.

No perderán estas damas

Esta costumbre ó traicion,

Como el pedir colacion.

Oliv.

Pues es andar por las ramas.

Clara.

Una palabra al oido.

Oliv.

¿Hay vision? ¿hemos de huir?

Dor.

Acábalo de decir.

Clara.

Los guantes y naipes pido

Á la mulatilla, y ella

Me dice que Feliciano

Está á la puerta.

Dor.

Su mano

Me da amor, mato con ella.

¡Perdido mozo!

Clara.

¡Jesus!

Cuéntale por rematado.

Dor.

(Ap.) Despedirlos me es forzado

Miéntras que le llamas tú.

Clara.

(Ap.) Echa esa inútil caterva

En tanto que voy.

Dor.

Mis reyes

Ya sabrán de nuestras leyes,

Que este lugar se reserva

Para cosas de provecho;

Otra venta, abajo piquen.

Oliv.

¿Hay pesca?

Dor.

No me repliquen.

Lis.

Es mal hecho.

Just.

No es mal hecho,

Que aquí se ha de dar lugar.

Fern.

Con tal condicion se alquila.

Lis.

Vamos á ver á Drusila,

Que hoy acabó de llegar.

Oliv.

¿Adónde estaba?

Lis.

En Toledo.

Oliv.

¿Y no se vende el caudal?

Lis.

¿Cómo le ha de ir bien al mal?

Oliv.

Estoy por...

Fern.

Hablemos quedo.

Oliv.

Vive Dios, que le he de dar

Una matraca.

Fern.

Eso sí.

Oliv.

Callad y echad por aquí,

Oiréis á Fabia cantar.

(Vanse.)

CLARA, FELICIANO Y GALINDO, de noche, Y DOROTEA.

Fel.

¿Podré verte?

Dor.

Desemboza

Esa cara, que Dios guarde.

Fel.

No pude venir más tarde.

Clara.

Quedo, ¿él tambien me retoza?

Gal.

¿No puedo tocar la mano?

¡Aunque en aquesta ocasion

Fueras cuenta de perdon!

Clara.

Lo es siempre la mano, hermano.

Fel.

¿Quién son éstos que se van?

Dor.

No hay cosa que importe en ellos.

Fel.

¿Es acaso alguno de ellos

Ricardo?

Dor.

¿Quién?

Fel.

Tu galan.

Dor.

Donde tú vives, mi bien,

¿Qué Ricardo, ó qué riqueza

Mayor para mí?

Fel.

¡Oh belleza

Divina! ¿ya sin desden?

Dor.

¿Desden para tí, mis ojos,

Si eres la luz con que veo?

Ya me mataba el deseo

De celos, ánsias y antojos.

¿Dónde has estado? ¿en qué andas?

¡Desde ayer sin verme, ay cielos!

¿Por qué me matas con celos

Cuando servirte me mandas?

No estoy bien con tus ausencias,

Trazando vas mis disgustos,

Ó tienes allá otros gustos,

Ó acá pruebas mis paciencias.

Á fe que alguna dichosa

Esta noche tuvo el lado

Más discreto, más honrado,

Que ha visto esta alma envidiosa;

Muestra la mano, el color

Se te ha trocado, esto es cierto

Una noche, tú me has muerto.

Clara.

¡Qué extraña señal de amor!

Gal.

¿Desmayóse?

Fel.

¿No lo ves?

Gal.

¡Vive Dios que es de lo fino!

Ved qué de presto le vino

De la cabeza á los piés.

Fel.

Trae, por tu vida, Clara,

Un poco de agua de azahar,

Si no la puede tomar

Echarásela en la cara;

¡Hay tales celos!

Gal.

Por Dios

Que es lástima, está mortal.

Fel.

¿No vas?

Clara.

Voy.

(Vase.)

Gal.

Mala señal.

Fel.

¿Para quién?

Gal.

Para los dos.

Fel.

¿Cómo?

Gal.

Porque es mal agüero

Entrar aquí con azahar,

Y estas dos sotas hallar

En el encuentro primero.

Fel.

Necio, ¿este rostro no miras?

Gal.

Discreto, ya estoy mirando

El mismo rostro que cuando

De ver su color te admiras.

Fel.

¿No ves que es color fingida

Y no se puede mudar?

La que es suya has de mirar,

En tantas partes perdida.

Gal.

Cuanto aquí se ve es fingido,

¿Es raton éste?

Dor.

¡Ay de mí!

Gal.

¿Ves qué presto vuelve en sí?

Dor.

¡Qué necio, Galindo, has sido!

¡Qué alteracion me has causado!

Gal.

¿Pues no estabas desmayada?

Dor.

Algo estaba ya cobrada

Y era aquel susto pasado.

Fel.

Maldígate Dios, amén,

¡Qué costosas gracias tienes!

Gal.

Clara es ésta.

Fel.

Tarde vienes,

Mas toma el agua, mi bien.

Dor.

Muestra, que á fe que estoy tal,

Que apénas he vuelto en mí,

Ni sé cómo vivo aquí,

Segun me he visto mortal.

(Bebe.)

Gal.

Agradézcanlo al raton,

Que nuestro médico ha sido.

Fel.

Bebe más.

Dor.

Harto he bebido.

Gal.

¿Confortaste el corazon?

Fel.

¿Es posible que no sabes

Dónde he estado, ni has sabido

Qué es lo que me ha sucedido?

Dor.

Dime palabras suaves,

Regálame, por tu vida,

Que á fe que lo he menester.

Gal.

¡Qué diestra está la mujer!

Toda la pena es fingida.

Fel.

Mi bien, ayer se murió

Mi padre y hoy le enterré;

Si en aquesto me ocupé,

La muerte es quien te ofendió;

Con esta dama dormí,

Un capuz la cama fué,

Que esta noche me quité

Por no entrar á verte ansí.

Dor.

¡Tu padre es muerto!

Fel.

Ya es muerto.

Gal.

¿Ha de haber desmayo agora?

¡Oigan, vive Dios, que llora!

Fel.

Mi bien, que es mi bien te advierto,

Mira que eres hoy el dueño

De sus treinta mil ducados,

Ya no andarán empeñados

Tus desdenes y mis sueños;

Ten, mi señora, alegría.

Dor.

¿Puedo dejar de sentir

Que es tu sangre?

Gal.

¡Hay tal fingir!

Fel.

¿Has cenado?

Dor.

Ahora queria.

Fel.

¿Qué tienes?

Dor.

Poco ó nada,

Mas para entrambos habrá.

Fel.

¡Hola, Galindo! ¿tendrá

Algo aquel tu camarada?

Gal.

No faltará algun capon.

Fel.

Estos cuatro escudos toma,

Trae una gentil redoma

De aquel ramo del canton;

Y de camino Guzman

El luto puede traer,

Que aquí me ha de amanecer,

Y no he de salir galan.

Dor.

Por fuerza lo ha de salir

Quien como vos lo nació,

Si no le marchito yo.

Gal.

¡Qué bien lo sabe fingir!

Voy en un salto.

Fel.

Camina.

(Vase.)

Dor.

Pésame que haya heredado

Quien pobre me ha conquistado.

Fel.

No sé lo que ésta imagina,

Cuando pobre, nunca ví

Su rostro sereno y ledo,

Y agora que ve que heredo

Toda se trasforma en mí.

Pero, pues no lo sabia

Cuando la vi desmayar,

No es justo amor agraviar

Mujer que sin duda es mia.

No se canse más Leonarda,

Ni más me pida su honor,

Si con el mismo rigor

Trescientos años aguarda,

Que ya soy de Dorotea

Muy justamente perdido,

Pues que soy de ella querido,

Que es lo que el alma desea.

Dor.

No seas necia.

Clara.

Acaba ya.

Dor.

Déjame.

Fel.

¿Qués la cuestion?

Dor.

Locuras de Clara son.

Fel.

¿No lo sabré?

Dor.

Bien está;

Vos lo sabréis.

Fel.

¿Por qué no?

Dor.

Porque no puedo sufrir

Á quien quiero bien pedir,

Que doy á quien quiero yo.

Fel.

Daráme, por Dios, mohina;

Declaradme esas razones.

Dor.

Sacastes ciertos doblones,

Y cásase una vecina,

Y conjúrame que os pida

Para las arras.

Fel.

¿Pues eso

Teneis, mi bien, por exceso,

Siendo vos mi propia vida?

En este bolsillo van

Ciento, ménos el que dí;

Serán arras de que hoy fuí

De vuestro favor galan.

Dor.

¡No haréis tal por vida mia!

Fel.

Por la misma lo he jurado.

Dor.

Esta necia lo ha causado.

Clara.

Conozco yo su hidalguía,

Que de la misma manera

Que esas arras acomoda,

Te diera para la boda

Ropa y saya, ó saya entera:

Mal conoces lo que vale

Aquel hombre que está allí.

Fel.

¿Pues es la madrina?

Clara.

Sí,

Y con saya y ropa sale;

Hazle hacer por vida tuya,

Vestido de tu color,

Porque su gala y tu amor

Honran la belleza suya.

Que ella, como te ama tanto,

No te osa pedir aquello,

Que podrá por no tenello,

Darte algun celoso espanto.

Fel.

Eso no, por vida mia,

Mi sastre mañana venga,

Porque la medida tenga,

Que dél sólo el alma fia,

Y sacaráse la tela

De la color que la agrade.

Clara.

Los pasamanos añade.

Fel.

¿La guarnicion te desvela?

Del más ancho de Milan

Echen juntos cinco ó seis.

Clara.

¿Sin duda?

Fel.

Allá lo veréis.

Clara.

Éste, señora, es galan.

Mal haya Ricardo, amén.

Dor.

¡Ay Clara! á Ricardo adoro.

Clara.

Pues adora agora al oro

Para que el oro te den.

Dor.

¿Cuál oro, triste de mí,

Se puede igualar al gusto?

GALINDO.

Gal.

El dinero vino al justo,

Cuanto me pidió le dí,

Pero hay muy bien qué cenar,

Y mañana qué comer;

Clara, tú puedes hacer

Esos capones pelar,

Y asar aquellas perdices.

Clara.

Oye aparte, mentecato.

Gal.

¿Qué quieres?

Clara.

Óyeme un rato,

Necio, y no te escandalices.

¿Este tonto de tu amo

Ha heredado?

Gal.

Así es verdad;

El tonto y la cantidad

He visto.

Clara.

Aquí hay liga y ramo;

Este es pájaro que viene

Dando en ella, no seas loco,

Sino caiga poco á poco

Con el dinero que tiene.

¿No has leido á Celestina?

Gal.

Á Celestina leí.

Clara.

Pues mira á Sempronio allí,

Y por sus pasos camina,

Deja, Galindo, á las dos

Que este pájaro pelemos,

Y tu parte te darémos.

Gal.

Altamente hablais por Dios;

Armalde, que yo seré

El pájaro compañero:

Traeréle al lazo.

Clara.

Eso quiero.

Gal.

Como parte se me dé,

Y la que espero de tí.

Clara.

Digo que seré tu prenda.

Gal.

Pues quedo, y nadie lo entienda.

Dor.

¿Llamaron?

Clara.

Señora, sí.

Dor.

Mira quién es.

Clara.

En la voz

He conocido á tu hermano,

(Escóndase Feliciano.)

Que es un soldado feroz,

Y no hay hombre más celoso.

Dor.

Véte y vén despues, mi bien.

Fel.

¡Hermano!

Dor.

Y hombre tambien,

Que es un Orlando furioso.

Gal.

¡Clara!

Clara.

¡Galindo!

Gal.

¿Este hermano

No viniera enhorabuena

Ántes de traer la cena?

Clara.

Ya lo previenes en vano.

Gal.

Dame siquiera un capon

Y la redoma del vino.

Dor.

Detenerte es desatino.

Fel.

Así mis venturas son,

Dame esos brazos y adios.

Dor.

Por esta puerta te irás.

Gal.

¡Cena, que no os veré más!

Clara.

Por aquí saldréis los dos.

RICARDO.

Ric.

¿Han acaso ensordecido,

Dorotea, tus criadas,

Ó están acaso bañadas

En las aguas del olvido?

¿Cenaron adormideras?

¿Qué teneis que no me ois,

Y si me ois no me abris?

Dor.

¿Dirás que há un hora que esperas?

Ric.

Poco ménos.

Dor.

Ocupadas

En regalarte estarán.

Ric.

Más en echar al galan

Que hoy hablastes atapadas;

Bien he sentido el rüido.

Dor.

Tarde y celoso, ¡oh qué bien!

Ric.

Dí que de cenar me den,

Que vengo medio dormido.

(Éntrase.)

Clara.

¿Para qué quieres este hombre

Que te juega cuanto tienes,

Si hoy á ser rogada vienes

De un rico tan gentil hombre?

Dor.

Déjame con mi pasion:

Tirano es amor, no es rey,

Y así en el gusto no hay ley,

Ni en la mujer eleccion.

(Vanse.)

LEONARDA, en hábito de hombre, con espada y broquel, y un criado.

Leon.

Aquí me puedes dejar,

Ó espérame por ahí.

Criad.

Si hay necesidad de mí,

Allí me podrás hallar,

Que tengo cierto requiebro

De una platera de perlas,

Más firme que dos cañerlas,

Y más blanda que un enebro;

Silba y vendré por el aire,

Puesto á punto el hierro todo,

En diciéndole un apodo,

Y en oyéndole un donaire.

(Vase.)

Leon.

Escura y siempre triste y enlutada,

Gran viuda del sol, noche estupenda,

Cuya lustrosa toca reverenda

De holanda de la luna fué cortada.

Secretaria de amor, noche callada,

Haz que mis pasos ningun hombre entienda,

Y daréte una pieza por ofrenda

De la bayeta en mi dolor frisada.

Noche, aquí vengo en busca de un ingrato,

Ponme con él, hablalle te prometo,

Porque veas su injusto y mi buen trato.

Descanse mi cuidado en tu secreto,

Que es hijo de los dias el recato,

Y de la noche el amoroso efeto.

FELICIANO, GALINDO Y LEONARDA.

Fel.

Sospechas traigo.

Gal.

¿De qué?

Fel.

De que no es aquél su hermano.

Gal.

Pues fué tu sospecha en vano.

Fel.

¿Por qué?

Gal.

Porque no lo fué,

Y en las cosas que conciertas

No hay sospechas.

Fel.

¿Ciertas son?

Gal.

Conozco la condicion

De estas damas con dos puertas.

¡Lindo gatazo te han dado!

Fel.

Quien ama todo lo abona,

Ni es Dorotea persona

De tan vil y bajo estado:

Su hermano será sin duda.

Gal.

¿Su hermano?

Fel.

¿No puede ser?

Gal.

Conoces esta mujer;

Los hombres en bestias muda.

Fel.

En que es su hermano me fundo.

Gal.

Si es su hermano, Feliciano,

Yo sé que hoy no cena hermano

Mejor que él en todo el mundo.

¡Oh hermano el más bien cenado

Que se ha acostado jamas!

¡Qué contento dormirás

Con algun ángel al lado!

Fel.

¿Ángel? ¡Oh qué majadero!

¿Díceslo por Dorotea?

Gal.

No digo yo que ella sea.

Fel.

¿Pues quién?

Gal.

Explicarme quiero.

El que cena y duerme bien,

Ángeles suele soñar.

Fel.

Aquí hay gente.

Gal.

Aquí hay lugar

De tomar la calle, vén.

Fel.

¿Irme tengo?

Gal.

¿Por qué no?

¿Es fuerza el ir por allí

Si hay treinta calles aquí?

Fel.

¿Quién va allá?

Leon.

Yo.

Fel.

¿Quién es yo?

Leon.

(Ap.) Un hombre y una mujer,

Pudiera decir mejor.

Fel.

¿Qué quiere aquí?

Gal.

Qué rigor

Que muestras; habla á placer.

Leon.

¿Téngoos que dar cuenta á vos

De lo que en la calle quiero?

Fel.

Sí, porque lo que yo espero

No nos impida á los dos.

Leon.

No podréis vos esperar

Lo que yo.

Fel.

¿Por qué razon?

Leon.

Porque es libre mi aficion,

Que la puedo yo pagar,

Y aguardo á que de allá salga

Un Feliciano que entró,

Porque he de entrar luégo yo.

Gal.

Muy bien, así Dios me valga;

¡Más que es ésta Dorotea!

Leon.

La misma, y la que á Ricardo,

Un cierto alférez gallardo,

Que agora en Madrid pasea,

Da lo que á los otros quita;

Y agora espera quitar

Á cierto hombre del lugar

Que estas calles solicita,

Y está recien heredado;

Que jura que ha de pescalle

Cuanto pudiere pelalle,

Para este galan soldado.

Gal.

¿Tiene hermano esta mujer?

Leon.

Es flor eso del hermano.

Gal.

¿Qué te dice, Feliciano?

Fel.

Que no lo puedo creer.

Gal.

Pues lo que los ojos ven

Con los dedos se adivina.

Fel.

Grita suena en la cocina.

Gal.

Y cómo cenan muy bien...

¡Que ésta nos tenga al olor!

¡Hay tan gran mentecatía!

Fel.

Aguardar tengo hasta el dia.

Gal.

Vámonos de aquí, señor.

¡Oh bellaca desmayada!

¿Quién se la vió tan fingida,

Más lacia y carilamida

Que gata recien lavada?

¿Quién la vió tras el raton,

Y á tí en su engaño embebido?

Bebe más; harto he bebido.

Confórtasme el corazon.

Dime palabras suaves.

Fel.

Áun hay, Galindo, más mal.

Gal.

Bastará que sea igual,

¿Más mal dices?

Fel.

¿No lo sabes?

Los cien doblones le dí.

Gal.

¿Los de á cuatro?

Fel.

Los contados,

En el escritorio hallados,

Que aquesta mañana abrí.

Gal.

¿Qué me cuentas?

Fel.

Ya no cuento,

Pues ella los cuenta allá.

Gal.

¿Quién eso á una mujer da?

¿Á qué cuenta los asiento?

Fel.

Á la del amor.

Gal.

¡Buen fiador!

Cobrar tengo este dinero.

Fel.

Tente, Galindo, no quiero.

Gal.

¿Por qué?

Fel.

Porque tengo amor.

Gal.

¡Pesar del amor, amén!

Llama y dí si ha de salir,

Ó si nos hemos de ir.

Fel.

Bien dices.

Gal.

Tú no haces bien.

Fel.

¡Ah de casa!

Gal.

No responden.

¡Ah de arriba!... Están cenando;

Lo que yo estuve comprando

Entre espalda y pecho esconden,

Á pesar del moscatel.

¡Que aquesto pueda sufrir!

Fel.

Yo haré que vengan á abrir.

Gal.

Pasito, ménos cruel,

Oye un consejo.

Fel.

¿Cuál es?

Gal.

Tú tienes lindo dinero,

No aventures con un fiero

Lo que es de más interes.

Busquemos bravos, y vén

Á esta casa, y sin recelo

De tu vida, da en el suelo

Con cuantos en ella estén.

Fel.

Bien dices, vamos de aquí.

(Vanse.)

Leon.

Ya se fué, contenta quedo,

Que tengo á su vida miedo,

Que es alma que vive en mí.

Gente sale de la casa.

RICARDO, con la espada desnuda, y LEONARDA.

Ric.

¿Quién llama con tal furor?

Leon.

Yo soy un hombre, señor,

Que por estas calles pasa;

Los que llamaron se han ido.

Ric.

Vos sois, y seais cualquiera

Es mal hecho, sacad fuera

La espada.

Leon.

Que oigais os pido;

Advertid que yo no soy.

Ric.

¿Pues quién sois?

Leon.

Una mujer

Que aquí un galan vine á ver,

De quien hoy celosa estoy.

DOROTEA Y CLARA.

Dor.

Tenle, Clara, que estoy muerta

Como una espada se nombre.

Clara.

Hablando está con un hombre

Enfrente de nuestra puerta.

Leon.

Temo que si me halla ansí,

Con el enojo me dañe.

Ric.

¿Quereis que yo os acompañe?

Leon.

Sí.

Ric.

Pues echad por aquí.

(Vanse.)

Clara.

Sin duda, señora, van

Desafiados al Prado;

Por un fanfarron soldado

Pierdes un rico galan,

¿Qué has de hacer?

Dor.

Estoy turbada.

Clara.

Cuatro hombres vienen aquí.

FELICIANO, FULGENCIO, FABRICIO Y GALINDO.

Fel.

Luégo á los dos conocí.

Ful.

¿Y qué es la cuestion?

Fel.

No es nada.

Aquí en cas de Dorotea,

Cierto fanfarron soldado

Pienso que está acompañado,

Y que su respeto sea.

Fabr.

No pienso que piensas mal.

Gal.

Quedo; la puerta está abierta.

Ful.

Dorotea está á la puerta.

¿Qué gente?

Dor.

Cierra el portal.

Fel.

No cierres.

Dor.

¿Quién es?

Fel.

Yo soy.

Dor.

¿Es por dicha Feliciano?

Fel.

¿Está en casa aquel tu hermano?

Dor.

Ya es ido, al diablo le doy;

Entra y cenarás, mi bien.

Fel.

Señores, todos entrad,

Que se ha vuelto en amistad

Lo que imaginé desden.

Ful.

¿Habrá para todos?

Dor.

Sí.

Fel.

¿Ves cómo te has engañado?

Gal.

¡Oh hermano, el más mal cenado

De cuantos hermanos vi!

(Éntranse.)

Clara.

¿Qué haré si vuelve Ricardo?

Dor.

Hazte sorda porque vea

Que soy yo.

Clara.

¿Quién?

Dor.

Dorotea,

Que á ninguno el rostro guardo;

Aguarde hasta la mañana

Y quiébrese la cabeza,

Porque en tiniendo firmeza

Se pierde una cortesana.

Déjame pescar aquí

Donde pican estos peces,

Y ande el interes á veces,

Ya que amor lo quiere ansí:

Y en dar á Ricardo celos,

Yo sé que discreta he sido;

Que importa á un amor dormido

Irle poniendo desvelos.

Clara.

Bien haces, que este mancebo

Es liberal y heredado,

Dale cuerda, que ha llegado

Como pez simple á tu cebo;

Déjale que entre en las redes

Á este pájaro inocente,

Que si Ricardo lo siente,

Picar á Ricardo puedes.

Nunca trata el mercader

Solo un género, que quiere

Ganar si en aquél perdiere,

Y así ha de hacer la mujer.

Dor.

Entra y comienza á pelalle,

Hasta en los cañones velle.

Clara.

¿Y luégo?

Dor.

Entónces ponelle

De paticas en la calle.