ACTO TERCERO.

FABRICIO, DON TELLO, indiano, Y JULIO, criado.

Fabr.

Este, Don Tello, es Madrid,

Cuya alma, cuando espiró

Su cuerpo, se la llevó

El cielo á Valladolid.

Este lugar es aquel

Que te alababa en Sevilla

Por única maravilla.

Tello.

¡Qué majestad vive en él!

Desde Lima hasta la Habana,

Y desde Cádiz aquí,

Lugar más bello no vi.

¡Qué calle espaciosa y llana!

¡Qué edificios! ¡qué alegría!

Fabr.

Cuarenta años huésped fuí

De la córte.

Tello.

Bien se ve

Que aposentarla podia.

Fabr.

Por el camino te dije

Que entre el bien que le ha quedado,

Es cierto mozo heredado

Que por su gusto se rige;

Donde es la conversacion

De la gente del lugar,

Y que le has de visitar.

Tello.

Por eso y porque es razon,

Digo que le quiero ver,

Y le soy aficionado

Por lo que de él me has contado.

Fabr.

Si aquí te has de entretener

Miéntras á la córte vas,

No hay donde puedas mejor,

Porque fuera de su humor

Notables cosas verás.

Aquí hay juego, aquí comedias,

Aquí esgrima y valentía,

La música todo el dia

Y noches que llaman medias;

Aquí viene el alcahuete,

La dama busca al galan,

Aquí los celos se dan,

Aquí se muestra el billete;

Canonizan de discreta

Á la que está en buen concepto,

Aquí registra el soneto

El siempre pobre poeta;

Aquí se trata de Flándes,

Hay nuevas de todo el mundo,

Y dél y del mar profundo

Se cuentan mentiras grandes.

Aquí, en efeto, verás

Un oráculo de Apolo,

Y un mozo que gasta él solo

Por cuatro grandes, y áun más.

Sólo entiende en hacer gusto

Á cualquiera que conoce.

Tello.

Mil años el humor goce,

Y que los viva es muy justo;

Muchos amigos tendrá.

Fabr.

No falta un hombre en Madrid.

Tello.

¿Es noble?

Fabr.

Vendrá del Cid,

Miéntras gasta.

Tello.

Sí vendrá.

Fabr.

Si los que tienen dineros

Los dan en toda ocasion,

¿Quién no jurará que son

Hidalgos y caballeros?

Tello.

Dices bien, sólo el tener

Es la perfeta hidalguía:

¿Está muy léjos su casa?

Fabr.

Ántes estamos en ella.

Tello.

Hermosa portada.

Fabr.

Es bella;

Todo aqueste balcon pasa

Á la otra parte que ves;

Milagro es estar cerrada,

Porque es de todos posada

Y casa de todos es.

¡Válame Dios, á estas horas!

¿Si se ha mudado de aquí?

¡Ah de allá!

JULIO, FABRICIO, DON TELLO Y GALINDO, muy triste, en lo alto.

Gal.

¿Quién está ahí?

Tello.

Pienso que la casa ignoras,

Llama tú, Julio.

Jul.

Parece

De las ya desamparadas,

Responde á las aldabadas

Eco, y la casa estremece.

Gal.

¿Quién está ahí?

Jul.

Aquella voz

Debe de ser de algun düende.

Fabr.

Ya de más cerca se entiende.

Tello.

Torna á tocar.

Fabr.

Da una coz.

Gal.

¿Quién llama? ¿quién está ahí?

Fabr.

¿Es Galindo?

Gal.

El mismo soy.

Fabr.

¿Qué tienes?

Gal.

Enfermo estoy.

Fabr.

¿No vive tu amo aquí?

Gal.

Hay gran mal.

Fabr.

¿De qué manera?

Gal.

Luégo que á Sevilla fuiste,

Que pienso que me dijiste

Entónces que te ibas fuera,

Sobre dar un bofeton

Feliciano á una mujer,

Quiso Ricardo poner

La mano en él á traicion;

Mas súpolo Feliciano,

Y desde allí á pocos dias,

Poniendo á Ricardo espías,

Le asentó tan bien la mano,

Que se partió de esta vida

Para dárnosla tan mala,

Que solamente la iguala

Alguna en Argel sufrida.

Prendieron á mi señor,

Y apretáronle de suerte,

Que el escapar de la muerte

Fué del dinero favor;

Del cual tanto se ha gastado,

Que estamos los dos en cueros,

Porque en faltando dineros,

Los amigos han faltado.

Mas cuando salir queria

Por concierto de la parte,

Forzándola á que se aparte

Con lo que quedado habia,

Por no sé cuántas fianzas,

De gran suma, le embargaron,

Porque sus dueños quebraron,

Rompiendo sus esperanzas.

No le quedó de su hacienda

Cosa que no está perdida,

Embargada ó consumida,

Ó que á desprecio se venda;

Hasta la casa que ves,

Dicen que hoy han de tomar,

En acabando de echar

Un colchon, y dos ó tres

Sillas que nos han quedado,

Y la mesa del tinelo.

Fabr.

¡Desventurado mozuelo!

¡Jesus, en lo que ha parado!

¿Y está preso?

Gal.

Y de manera

Falto de todo favor,

Que del amigo mayor

Ni le tiene ni le espera.

Todos se le han retirado,

Un hombre no le visita,

Y el triste al pródigo imita,

Que áun no le falta el ganado,

Porque se le han atrevido

Chinches, mosquitos, pïojos,

Que le comen á los ojos

Las carnes desde el vestido.

Tello.

Movido me ha á compasion.

Fabr.

Quisiérale remediar,

Yo le veré si hay lugar,

Que es mi amigo y es razon.

Digo lugar, porque vengo

Con aqueste hidalgo indiano,

Que es en amistad hermano,

Y como huésped le tengo.

Galindo, adios.

Gal.

Si podeis,

Pues es de hombres principales,

Acordaos de dos mil reales

Que á buena cuenta teneis.

Fabr.

Yo haré lo más que pudiere,

Buen Galindo, adios.

Gal.

Adios.

(Vase.)

Tello.

¿Qué, éstos son aquellos dos?

¡Quién hay que en el mundo espere!

Fabr.

Por Dios, Don Tello, que es justo

Que así los castigue el cielo;

Bueno es que viva un mozuelo

Con las leyes de su gusto,

Que dé como un gran señor,

Que triunfe, gaste y que estrague

La juventud: muera, pague.

Tello.

Favorecelle es mejor.

Fabr.

Favorézcale el que puede,

Dejemos melancolías

Y pasemos estos dias,

Que el tiempo alegre concede,

Con buena conversacion.

¡Pesiatal, qué grande olvido!

Si éste está preso y perdido,

Habrá una linda ocasion.

Tello.

¿Cómo?

Fabr.

Sabed que servia

Una cierta Dorotea,

Que es naturaleza fea

Con ella, en la opinion mia,

Discreta, pícara, grave,

Decidora, limpia, vana,

Cuanto en una cortesana

De Plauto ó Terencio cabe:

Por Dios, que la habeis de ver,

Que está rica de este loco,

Y esto de indiano es un coco

Que espanta á cualquiera mujer.

Yo os quiero ser buen tercero.

Tello.

Y yo quiero regalalla,

Si es tal que pueda ocupalla

Un mes, mi gusto y dinero.

Fabr.

Á su casa hemos llegado,

Clarilla sale al portal.

Tello.

¿Qué es Clara?

Fabr.

Un claro cristal

De aquel ángel luminado.

FABRICIO, DON TELLO, JULIO Y CLARA.

Fabr.

¡Clara mia!

Clara.

¡Oh mi Fabricio!

Seas bien venido.

Fabr.

Creo

Que merece mi deseo

Ese cortesano indicio.

Clara.

¿De dó bueno?

Fabr.

De Sevilla.

Clara.

Gran tierra.

Fabr.

No tiene igual;

Diz que hay por acá gran mal.

Clara.

¿Mal, por tu vida, en la villa?

Fabr.

¿Tan olvidada estás ya

De Feliciano?

Clara.

Ya, hermano,

Murió en casa Feliciano;

Luégo muere el que no da.

Fabr.

¡Qué, está preso!

Clara.

Y tan perdido,

Que no hay hombre que le vea.

Fabr.

¿Y cómo está Dorotea?

Clara.

Quiero decir que has venido;

Pero dime tú primero,

¿Quién es quien viene contigo?

Fabr.

Es un indiano mi amigo,

Muy rico y muy caballero,

Á quien hemos de poner

Como queda Feliciano,

Que es una bestia el indiano

Y adora en cualquier mujer.

Clara.

Pues, Fabricio, si este pez

Nos trujeses hasta el cebo,

Porque parece algo nuevo

Quedará como una pez

Y tú no lo perderás;

Voy hablar con Dorotea.

(Vase.)

Tello.

Haz que esta Clara lo sea

Porque se declare más.

Fabr.

¿Qué claridad, pues afirma

Que está sin moros la costa?

Tello.

De que vengo por la posta,

Que el hábito lo confirma,

Porque no tome de asiento

Mi amor como escribanía.

Fabr.

En viendo su bizarría

Te dará extraño contento.

Tello.

¡Qué presto sale!

Fabr.

Es discreta

Y no es música en rogar.

Jul.

Ya Clara la fué á llamar.

Tello.

¿Qué hay, Julio?

Jul.

¡Linda estafeta!

FABRICIO, DON TELLO, JULIO, CLARA Y DOROTEA.

Dor.

Acá me obliga á salir

Clara; seais bien venidos.

Jul.

¡Qué de bajeles perdidos

Aquí se deben hundir!

Fabr.

Vos seais muy bien hallada,

Que ya con el bien que estais

En lo gallardo mostrais...

¿No es bizarra?

Tello.

(Ap.)Es extremada.

Fabr.

Partí, por acompañar

Al señor Don Tello.

Dor.

¿Á quién?

Tello.

Á quien os da el parabien

De la flor de este lugar.

Fabr.

De Sevilla habrá ocho dias;

Quiso ver aquesta villa,

Y á vos, que sois maravilla

Suya.

Jul.

¡Qué lindas arpías!

Dor.

¡Yo maravilla, Fabricio!

Maravíllome de tí,

Don Tello habrá visto en mí...

Jul.

Que le quitará el juicio

Despues de muchos doblones.

Dor.

¡Qué injustamente me estima

Vuestra opinion!

Tello.

Hasta en Lima,

En antárticas regiones,

Dicen que el tiempo no alcanza

Lima que pueda romper

Prisiones de tal mujer,

Si no la da su mudanza,

Y que sois de la hermosura

Reina y de la discrecion.

Dor.

¡Que allá tenga esa opinion!

¡Válame Dios, qué ventura!

Tello.

Harto más lo será mia

Si vos me quereis mandar.

Dor.

Ya es tarde, hay poco lugar,

Que es cerca del mediodia,

Venidme á la tarde á ver.

Fabr.

¿Para qué nos hemos de ir?

Dor.

¿Pues en qué os puedo servir?

Fabr.

Merced nos podeis hacer.

Cuando en cas de un gran señor

Se hallan...

Dor.

Quedo, ya entiendo.

Comida están previniendo

Y tendrélo á gran favor;

Pero no sé si es bastante.

Tello.

Julio, toma este dinero,

Serás hoy mi despensero.

Jul.

Traeré asado un elefante.

Dor.

Entrad entre tanto á ver

La casa.

Tello.

¡Qué limpia y fresca!

Dor.

¿Es de provecho esta pesca?

Fabr.

Un Feliciano ha de ser.

Dor.

¿De dónde es?

Fabr.

De este lugar,

Aunque desde niño falta;

Ten la caña firme y alta,

Que es barbo de allende el mar.

FELICIANO, en la cárcel, en hábito de pobre.

Fel.

Cárcel, prueba de amigos y venganza,

Como dicen, de tantos enemigos,

Que bastaba decir prueba de amigos,

Si un preso y pobre algun amigo alcanza.

Si es falsa hasta las trojes la esperanza,

Díganlo el tiempo y mis granados trigos,

Pues eran todos de mi bien testigos

Cuando estaban mis cosas en bonanza.

Como otro Job me veo perseguido,

Y áun mucho más, porque si Job vivia

En aquel muladar tan abatido,

No vió la cárcel, que de solo un dia

Que hubiera sus desdichas conocido,

Trocára su paciencia por la mia.

FELICIANO, GALINDO.

Gal.

Todo va de mal en mal,

Por no decir en peor.

Fel.

¡Galindo!

Gal.

Por Dios, señor,

Que es la desvergüenza igual;

Hablo á muchos á quien diste

Caballos, joyas, vestidos,

Y tápanse los oidos

Al eco de tu voz triste,

No hay hombre que dé un real,

Ni áun una buena respuesta.

Fel.

Prueba de amigos es ésta,

Pero todos prueban mal;

Cuando en mi casa tenía

Dineros, bullicio, juego,

¡Qué humilde que andaba el ruego

Y la adulacion servia!

¡Qué de amigos me sobraban!

¡Qué lisonjero tropel!

¡Qué de moscas á la miel

Del dinero se allegaban!

Entónces era yo bueno,

Entónces era yo honrado.

¡Qué truje de gente al lado!

¿Qué meson se vió más lleno?

Parecí meson en feria;

Ya la feria se acabó

Y solamente quedó

La casa con la miseria.

¿No responden esos hombres

Á mis papeles siquiera?

Gal.

Tres traigo, mas no quisiera

Que leyeras ni áun sus nombres,

Que son muy grandes...

Fel.

No digas

De nadie mal en ausencia.

Gal.

Hazte santo, ten paciencia.

Fel.

¿Qué quieres? han sido hormigas;

Á la parva se llegaron,

Lo que el Agosto duró

Cargaron de lo que yo

Les dí y en mi casa hallaron.

Murióse el fuego en la fragua,

Y entrando el invierno fiero,

Cada cual en su agujero

Se cerró, temiendo el agua.

Yo soy madera de toros,

Que estoy en el suelo echada

Porque es la fiesta pasada.

Gal.

Arrojabas flujes de oros

Como si fueras fullero;

Mas como el ganar cesó,

Todo miron se cogió

Con parte de tu dinero.

Ésta lee, que es de Evandro.

Fel.

Ésta leo, que es de quien

Recibió de mí harto bien.

Gal.

Tú fuiste, en necio, Alexandro.

(Lee.)

«Á nadie de los amigos de vuesa merced ha cabido tanta parte de su desgracia. Las que estos dias he tenido, no me han dado lugar de enviarle lo que pide, ni á visitalle mis ocupaciones; si me acudieren, lo haré como lo debo. Dios le dé libertad á vuesa merced.—Evandro.»

Fel.

¿Qué te parece?

Gal.

Muy mal;

Yo no tengo de mentir.

Fel.

¡Que aquesto pueda escribir

Un hombre tan principal!

Á éste dí cuanto tenía,

Regalé, estimé y amé,

Quien esto que pasa ve,

Necio será si confia.

Gal.

Lee aquesta de Tancredo,

Que de la cárcel sacaste

Cuando la vida salvaste.

Fel.

Tal estoy que apénas puedo.

(Lee.)

«Galindo me dió el de vuesa merced y representó su necesidad; pero es tanta la mia y están mis cosas en disposicion, que escribo esto mismo á personas que me deben, de quien en cobrando acudiré como es mi obligacion.—Tancredo.»

Fel.

¡Puédese aquesto sufrir!

¡Puédese en el mundo hacer!

Gal.

Muy bien se puede leer,

Pues que se pudo escribir.

Fel.

¡Que vine en persona yo

Á la cárcel y saqué

De ella este hombre, y que me ve

En ella y esto escribió!

Gal.

Par Dios, si ése no es tacaño,

Yo estoy agora hecho un cuero.

Fel.

Ya te he avisado primero

Que hables bien.

Gal.

No seas extraño

Ni te hagas santurron,

Que el perro muerde con rabia.

Fel.

Mal hace el que ausente agravia

Á los que tan buenos son.

Gal.

Por los pïojos yo sé

Que no lo dices, que es gente

Que siempre muerde al presente

Aunque á veces no lo ve.

Par Dios que estás hecho un santo:

Lee este papel.

Fel.

¿De quién?

Gal.

De Oliverio.

Fel.

¡Qué de bien

Me debe!

Gal.

Haráte otro tanto.

(Lee.)

«Bueno fuera haber guardado para las necesidades como ésta. Dios quiere que vuesa merced pague sus locuras, y que le sirva de escarmiento la prision y la necesidad, que son los dos verdugos de su justicia.

»Él quiera que se enmiende y le guarde para que imite el buen padre que tuvo.—Oliverio.»

Fel.

Éste, Galindo, confieso

Que casi, casi me obliga

Á que atrevido le diga...

Gal.

¿Quién tendrá con esto seso?

Habla, dí, quéjate al cielo

De estos amigos fingidos.

Fel.

Á sus divinos oidos

De estas sentencias apelo;

Y si no considerára

Que toma por instrumento

De mi castigo y tormento

Su desvergüenza tan clara,

Dijérale lo que he hecho

Por estos que me han dejado.

Gal.

¿El haberlos obligado

Te ha sido de este provecho?

¡Ah, traidores!

Fel.

Dios maldice

Al hombre que en hombre fia.

¡Que un hombre no entre aquí un dia

De muchos á quien bien hice!

¡Hay tal crueldad en el mundo!

¡Hay tan fiera ingratitud!

Gal.

¿Qué dirás de la virtud

De otro Bellido segundo,

De otro Aquila y más infame?

Fel.

¿De quién dices?

Gal.

De Fabricio,

Que tras tanto beneficio

No sé qué nombre le llame.

Fel.

¿Pues está aquí?

Gal.

De Sevilla

Ha venido.

Fel.

¿Cierto?

Gal.

Cierto,

Con un Don Tello ú Don Tuerto,

Indiano, aunque de esta villa;

Veníase á entretener

Á casa, contéle el cuento

De tu extraño perdimiento...

Fel.

¿Y ofrecióse?...

Gal.

Á no te ver.

Fel.

¡Válame Dios!

Gal.

¡Qué! ¿te espantas

Que los dos mil reales niega?

Fel.

Ó el tiempo conmigo juega,

Ó testimonios levantas.

Gal.

Yo te he dicho la verdad.

Fel.

Hombres, quien tiene un amigo

Bueno, mire lo que digo,

Conserve bien su amistad.

FELICIANO, GALINDO, ALBERTO, procurador.

Alb.

Albricias puedes darme.

Fel.

Buenas sean,

Que yo las mando tales.

Alb.

Ya la parte

Se ha concertado y se ha bajado.

Fel.

El cielo

Te pague, Alberto, beneficio tanto.

Gal.

Si algun procurador, si algun causídico

Merece estatua en bronce, en mármol paro,

Sois vos, Alberto, y miéntras tenga vida,

Galindo cantará vuestra alabanza.

Fel.

¿En cuánto este concierto habemos hecho?

Alb.

En quinientos ducados.

Gal.

¡Oste, puto!

Alb.

¿Esto te espanta? yo lo juzgo poco.

Gal.

Si fuera en aquel tiempo felicísimo

Que reinaba el dinero y la bambarria,

Y se daba á rameras y alcahuetas

Lo que agora lloramos en las cárceles,

No dices mal, Alberto, pero agora

¿Adónde se hallarán quinientos pesos?

¿Quién nos los ha de dar? que son al justo

Cinco mil y quinientos, niños todos

De á treinta y cuatro años.

Alb.

¡Eso dices!

Cómo, ¿no habrá de solos remanentes

De una hacienda tan grande más dinero?

Gal.

No le ha quedado cera en los oidos,

Están todas las cosas empeñadas,

Mil tercios recibidos sin cumplirse,

Todo hurtado, perdido y de manera

Que á las calzas parece nuestra hacienda

Del escudero de Alba, que al calzárselas,

Él solo y solo Dios las entendian.

Alb.

Pues remedio ha de haber.

Fel.

Vamos, Alberto,

Que quiero dar un tiento á Dorotea

Prometiéndole darle mil ducados

Porque me preste agora estos quinientos.

Alb.

Escríbele un papel.

Fel.

Tú tambien habla

De camino á Fabricio.

Gal.

¡Dios los mueva!

Mas cree que ara en viento y siembra en agua

Quien bien espera, advierte lo que digo,

De mujer baja y de fingido amigo.

(Vanse.)

FABRICIO, DON TELLO, DOROTEA Y CLARA, con mantos.

Dor.

Ésta es la calle Mayor.

Tello.

¿Es léjos la platería?

Dor.

No, mi señor.

Tello.

Reina mia,

Poco á poco el mi señor.

Fabr.

Gatazo le quiere dar

Al indiano Dorotea.

Clara.

Pues ántes que la posea

Dineros le ha de costar;

Pensó que tras la comida

Se le esperaba esta fiesta.

Fabr.

Calle de Amargura es ésta,

Tiembla aquí la cortesía.

Mirando va los manteos,

Alguno le ha de pedir.

Clara.

¡Oh qué mal sabes medir

Dos entendidos deseos!

Ella el suyo ha conocido,

Y él juega ya de picado,

En más estará empeñado,

Pasar tiene del vestido.

Yo te digo que le hable

En su lenguaje.

Fabr.

Eso ignoro.

Clara.

Pedirá al que trata en oro,

Oro.

Fabr.

El indiano es notable,

Porque se precia de agudo,

Y le han de dar por el filo.

Clara.

¿Ya no sabes tú el estilo

De este medusino escudo?

Transformarále en su gusto.

Fabr.

Será piedra si ella es piedra.

Clara.

Quien éstas sirve no medra,

Sino pobreza y disgusto.

Fabr.

¡Pues tú lo dices ansí!

Clara.

Sábeme bien murmurar.

Tello.

¿No acabamos de llegar?

Dor.

¿Es léjos?

Tello.

Señora, sí;

Grande es Madrid.

Dor.

Y espacioso.

Tello.

Despacio estaré yo en él

Si vos no me sois cruel,

Que soy tierno y soy celoso.

Dor.

Hay en las Indias amor

Mucho más que por acá,

Que hay mucha verdad allá

Y no hace poco calor,

Que, como es niño y desnudo

Y amigo de oro, he pensado

Que á las Indias se ha pasado.

FABRICIO, DON TELLO, DOROTEA, CLARA, Y GALINDO.

Gal.

Aquéstos son, ¿qué lo dudo?

Que habrán, despues de comer,

Bajado á la platería.

Basta que Fabricio es guía,

¿Qué queda ya que temer?

¡Oh traidor! ¿no te bastó

Negar la deuda debida

Á quien te diera la vida

Cuando la hacienda te dió,

Sino que á la misma dama

De tu amigo traes galan?

Fabr.

Hácia los plateros van.

Clara.

Hallarán joyas de fama,

Que áun eso tiene de córte.

Gal.

Quiérolos llegar á hablar,

Miéntras da el tiempo lugar

Que á este vil los pasos corte.

¡Oh señor Fabricio!

Fabr.

Clara,

Galindillo nos ha visto.

Clara.

¿Qué temes?

Fabr.

Quedar malquisto

Si esto á su señor declara.

Clara.

Jamas estimes perder

Hombre que esté tan perdido,

Ni temas al ofendido

Cuando no puede ofender.

Pues, Galindo, ¿dónde bueno?

Gal.

Vengo á pedir á Fabricio

La paga de un beneficio

De que pienso se está ajeno:

Suplícale mi señor

Le dé los dos mil reales

Que de ocasiones iguales

Le quedó una vez deudor,

Que á su padre le llevaban

Preso, y él por él los dió.

Fabr.

No pensaba entónces yo

Que dádivas se pagaban,

Y si lo dado de gracia

Se pide, págueme á mí

Lo que le ayudé y serví,

Si ya estoy en su desgracia;

Malas noches que pasé

En invierno y en verano

Tras su pensamiento vano.

Gal.

Basta, yo se lo diré.

Fabr.

¡Lo que da, muy caballero,

Para fama voladora

Lo pide en secreto agora!

¡Gentil treta de escudero!

Gal.

Paso, Fabricio leal,

Los presos presos estén,

Ya que no les hagas bien,

No es justo que digas mal.

Fabr.

¿No le daba una cadena,

Y por ser tan fanfarron

No la tomó?

Clara.

Cosas son,

Galindo, que el tiempo ordena;

Escote aquellos placeres.

Gal.

Demonios sois las mujeres.

Clara.

¡Demonios! alguna no.

Gal.

Que como él hace pecar

Y luégo culpa al que peca,

Así la mujer se trueca

Desde el placer al pesar.

Hablar quiero á Dorotea.

Clara.

No vas á buena ocasion.

Gal.

Si tiene luz de razon,

Cualquiera es bien que lo sea.

Á tu casa iba á buscarte,

Dorotea, este papel

De quien un tiempo con él

Quisiera el alma enviarte;

¡Así las cosas se mudan!

Dor.

¿Qué quiere aquí tu señor?

Gal.

Dirálo el papel mejor,

Ya que tus ojos lo dudan.

(Lee.)

«La parte se ha bajado de la querella por quinientos escudos; yo estoy tan pobre, que hoy no tengo que comer; ó ellos, ó parte de ellos te suplico me prestes para salir de la cárcel, que dentro de dos meses te ofrezco mil por ellos, por ésta firmada de mi nombre.—Feliciano.»

Dor.

¡Gracia tiene el papelillo!

Tello.

¿Quién es éste?

Dor.

Un cierto preso.

Tello.

¡Quinientos!

(Leyendo el papel.)

Dor.

Está sin seso.

Dile que me maravillo

Que tenga este atrevimiento,

Pero que cuando perdió

El seso, no le quedó

Vergüenza ni sentimiento;

Dile que no soy mujer

Que pecho á ningun galan,

Que otras mil se lo darán,

Si es que lo saben hacer;

Y no te burles, Galindo,

En venir con esto aquí,

No piense nadie de mí

Que á dar á nadie me rindo,

Que haré que te cueste caro.

Gal.

¿Es dar á quien tanto dió,

Género de afrenta?

Dor.

No,

Mas lo que es no lo declaro.

Gal.

¿Á quien te dió tanta hacienda

Tratas así?

Dor.

Dile, hermano,

Que te venda Feliciano,

Si ya no tiene otra prenda,

Pues te precias de leal.

Gal.

¡Pluguiera á Dios que pudiera,

Y que en tanto me vendiera

Que remediára su mal!

Dor.

Dinero dado á mujer

Es echar hacienda al mar,

Que él bien se puede aplacar,

Mas no la puede volver;

Teneis buen tiempo, y comeis

La mitad de lo que dais,

Y luégo entero cobrais

Lo mismo que dado habeis.

Vén, don Tello, por aquí;

Sígueme, Clara, tambien.

Tello.

(Ap.) Tú respondistes muy bien,

Y no muy bien para mí.

¡Yo os conoceré por Dios!

Dor.

¿Qué dices?

Tello.

Que voy contigo.

(Vanse.)

Gal.

¡Qué buena dama y amigo!

Para en uno son los dos.

¡Ah falsa! ¡Plega á los cielos

Que llegues á tal edad,

Con la misma liviandad,

Que mueras de rabia y celos,

Seas vieja enamorada

De un mozo tan socarron,

Que le pagues á doblon

La coz y la bofetada!

¡Plega al cielo que al espejo

Te mires un diente solo,

Y más que luces el polo,

Arrugas en el pellejo!

¡Plega á Dios que estés tan calva,

Que nadie te pueda asir,

Y que no puedas decir

Á nadie, la edad me salva!

¡Plega á Dios que aquel indiano

Sea algun fino ladron,

Que robe en esta ocasion

Cuanto te dió Feliciano!

(Vase.)

LEONARDA Y FAUSTINO.

Faust.

¿No me dirás á qué efeto

Tantas joyas has vendido?

Leon.

Para algun efeto ha sido,

Pero es agora secreto;

Id con Dios, tio, y callad,

Que á la noche lo sabréis.

Faust.

Mucho errais cuantos poneis

El gusto en la voluntad;

Si supiera que querias

Traerme por tu fiador,

Y que joyas de valor

Tan á desprecio vendias,

No dudes que no viniera

Contigo de ningun modo.

Leon.

Juzgáras que es poco todo

Cuando mi intencion supieras.

Véte con Dios.

Faust.

Plega á Dios

Que no resulte en tu daño.

Leon.

Vos veréis que no os engaño.

Faust.

Adios.

(Vase.)

Leon.

Él vaya con vos.

He visto á Galindo allí,

Y estábame deshaciendo;

Darle la caja pretendo

Con el papel que escribí.

Quiero taparme. ¡Ah, galan!

Gal.

¿Llamaisme?

Leon.

Sí.

Gal.

¿Qué quereis?

Leon.

Que á Feliciano le deis

Ciertas cosas que aquí van.

¿No sois su criado vos?

Gal.

El mismo.

Leon.

Dalde esa caja.

Gal.

Mucho pesa.

Leon.

No es de paja.

Galindo, adios.

(Vase.)

Gal.

Dama, adios.

¿Es aquesto encantamento?

Mucho el rostro me escondió,

¿Si veré lo que me dió?

Pero será atrevimiento,

Y viene la caja atada;

Mejor es llevarla presto.

¡Divinos cielos, qué es esto!

Mas era mujer, no es nada.

FELICIANO Y LISENO.

Fel.

Híceos llamar con este pensamiento,

Y que sobre ese juro me prestásedes

Los quinientos ducados que suplico,

Que si de la prision por vos saliese,

No lo dudeis de que en mayor os quedo.

Liseno.

Feliciano, si fuera en Madrid nuevo

Lo que yo suelo hacer por mis amigos,

Yo os diera aquí satisfacciones largas;

Pero como es notorio, las excuso.

Á Tancredo sacastes de la cárcel,

Á Rodulfo y Albano, ¿cómo os niegan

Lo que es tan justo al beneficio mismo?

Fel.

Por la misma razon pensé obligaros,

Que si no de la cárcel, de otras cosas,

Si la necesidad es harta cárcel,

Os he sacado yo cuando lo tuve.

Lis.

Y yo si lo tuviera os acudiera.

Fel.

Dadme doscientos reales solamente

Para el procurador que anda en mis pleitos,

Que he pagado estos dias tres fianzas.

Lis.

No los tengo por Dios, que estoy tan pobre,

Que me presta un amigo, y áun pariente,

Para lo que es el gasto de mi casa.

Fel.

Dadme un doblon siquiera, que yo os juro

Que desde ayer no ha entrado ni un bocado

De pan en esta boca, que en su vida

Negó cosa que nadie le pidiese.

Lis.

Aquí traia cosa de ocho reales,

Estos tomad, y el cielo, hermano, os libre,

Que sabe Dios lo que me pesa.

(Vase.)

Fel.

¡Ah cielos!

¡Á un hombre como yo dan ocho reales!

¡Ocho reales le faltan á quien tuvo

No há siete meses treinta mil ducados!

Ved que se cuenta más del mismo Pródigo,

De Comodo, Neron y de Eliogábalo.

¡Ay si sirviese mi lloroso ejemplo

De espejo á los mancebos que me miran,

Y se guardasen de mujeres tales

Y de tales amigos!...

FELICIANO, GALINDO.

Gal.

No lo digas de burlas.

Fel.

¡Oh Galindo! ¿aquí escuchabas?

Gal.

Oyendo estaba tus lamentaciones,

De que colijo que ninguna cosa

Hizo por tí Liseno.

Fel.

Sobre el juro

Le pedí los quinientos, pero mira

En qué se resolvió.

(Enseñándole los ocho reales.)

Gal.

¡Que esto te ha dado!

Guárdale, y clavarémosle á la puerta

Con una letra al rededor que diga:

«Barato que me ha dado la fortuna

De treinta mil ducados que he jugado

Con los amigos falsos que se usan.»

Fel.

Bien dices; pero dime, ¿qué responden

Fabricio y Dorotea?

Gal.

Entrambos dicen

Casi una misma cosa.

Fel.

¿Estaban juntos?

Gal.

Sí, que para pagarte el beneficio

De librar á su padre de la cárcel,

Sirve ya de llevar á Dorotea

Galanes que la sirvan, y han comido

Todos, que segun supe era un indiano;

Fabricio dice que le diste dados

Los dos mil reales, y que agora pides

Lo que le diste entónces por fanfarria.

Dorotea responde que los hombres

Quieren cobrar de las mujeres luégo

Aquello con que compran sus placeres;

Que no da nada, y que me guarde.

Fel.

Dice

Muy bien, guárdate de ella. ¡Á Dios pluguiera

Que me guardára yo!

Gal.

Luégo tras esto

Me dió cierta mujer aquesta caja,

Que pesa como plomo, aunque es pequeña;

Quísela abrir, y por llegar más presto

Ni sé lo que te envia ni yo traigo.

Fel.

¡Caja! ¿Qué dices?

Gal.

Ábrela y veráslo.

Fel.

Corto el cordel que la cubierta enlaza;

Quedo, por Dios, que todos son escudos.

Gal.

Salto, bailo, ¡Jesus!

Fel.

¡Suceso extraño!

Gal.

Déjamelos besar.

Fel.

¡Quedo, Galindo!

No se te quede alguno entre los labios,

Porque son pegajosos como obleas.

Gal.

Estos sí que podrán llamarse amigos.

Fel.

Aquéstos son amigos verdaderos.

¿Quién será esta mujer?

Gal.

Yo sospechára

Que era Leonarda, á estar mejor contigo,

Mas dicen que trataba de matarte.

Fel.

¡Leonarda! Necio, en eso piensa agora,

Que está amolando espadas, previniendo

Escopetas con pólvora secreta,

Conficionando hechizos y venenos

Para darme la muerte. Vén, contemos,

Donde nadie nos vea, estos escudos.

Gal.

¡Oh amigos verdaderos aunque mudos!

(Vanse.)

JULIO, FRISO, CORNELIO Y LESINO, ladrones.

Jul.

Las armas prevenid todos,

Pues ya la noche se cierra.

Friso.

Yo no sé bien de esta tierra,

Julio, las trazas y modos.

¿Hay ronda?

Jul.

Agora es temprano.

Les.

¿Y ésta es la casa?

Jul.

Sí.

Les.

¿Está el capitan aquí?

Jul.

Fingióse Marbuto indiano

Desde Sevilla á Madrid,

Y hizo amistad con un hombre,

Que apénas le acierto el nombre,

Y pasa á Valladolid.

Llevóle en cas de esta dama,

Que tiene seis mil en oro,

Ha echado el ojo al tesoro

Que está á los piés de la cama,

Y quiérele dar gatazo

Miéntras la cena apercibe.

Corn.

Si ese lance dél se escribe,

Quedárale dulce el brazo.

¿Cómo se ha llamado aquí?

Jul.

Don Tello.

Les.

Gracioso nombre.

Corn.

¿Y está acá tambien el hombre

Que ha venido con él?

Jul.

Sí.

Corn.

Eso es peligroso.

Jul.

No es,

Que piensa que es caballero,

Y hoy gasta lindo dinero.

DON TELLO.

Tello.

Julio.

Jul.

¿Qué hay?

Tello.

¿Quiénes son?

Jul.

Los tres.

Tello.

¿Cornelio, Friso y Lesino?

Jul.

Los mismos.

Tello.

Entro á sacar

El escritorio, aguardar

Podeis.

Jul.

¿Dónde?

Tello.

En el camino.

(Se entra.)

Jul.

Él ha entrado, ya es muy tarde,

Todo hombre advierta á la gura.

FELICIANO, GALINDO.

Fel.

Como hace la noche escura,

Voy, Galindo, algo cobarde,

Que há dias que no he pisado

Las calles.

Gal.

Gracias á Dios

Que ya nos vemos los dos

En esta esquina del Prado.

Presto trujo el mandamiento

Alberto.

Fel.

No hay tales piés

Como el dinero; al fin es

El primero movimiento.

Gal.

¿Cuánto la caja traia?

Fel.

Seiscientos escudos justos.

Corn.

Éstos me han dado mil sustos.

Jul.

Este hombre parece espía.

¡Vive Dios que son criados

De la justicia! Yo vuelo.

Friso.

Yo con el mismo recelo.

(Huyen todos.)

Gal.

Ciertos hombres embozados

Al umbral de Dorotea

Van huyendo de los dos.

Fel.

¿Ya espantamos? ¡Bien por Dios!

¡Qué habrá que un pobre no sea!

¿Parezco fantasma yo?

FELICIANO, GALINDO Y DON TELLO.

Tello.

Ce, ¿qué digo?...

Gal.

Allí nos llama

Un hombre en cas de tu dama.

Fel.

Lleguemos, si nos llamó.

Tello.

Tomad ese escritorillo

Miéntras por el otro voy.

Fel.

(Ap.) Bien, por vida de quien soy.

Tello.

Y nadie se atreva á abrillo.

Fel.

¿Conócenos el ladron?

Tello.

Por otros os he tenido,

Que me dejeis ir os pido.

(Se huye.)

Gal.

Vaya con la maldicion.

Señor, éste es el indiano

Que Fabricio trujo acá.

Fel.

Creo que el cielo me da

Este castigo en la mano;

Bien conozco el escritorio,

Más tiene de siete mil.

Gal.

¡Qué gentil ladron!

Fel.

Sutil.

Mi bien es claro y notorio,

Este es todo mi dinero,

Cuanto á Dorotea he dado;

Ved por dónde lo he cobrado.

Gal.

¿Qué has de hacer?

Fel.

Guardallo quiero.

Gal.

¿Y si nos encuentra alguno?

Fel.

¿Allí no vive Leonarda?

Gal.

Sí, señor.

Fel.

Pues llama.

Gal.

Aguarda.

Fel.

Mira no te oiga ninguno.

Gal.

¿Si querrá abrir?

Fel.

¡Plega á Dios!

Gal.

¿Quién está acá?

Leon.

¿Quién es?

Fel.

Creo

Que oye el cielo mi deseo;

Un preso, y dos hombres.

Leon.

¿Dos?

Á los dos no puedo abrir,

Al preso sí, gloria mia.

FELICIANO, GALINDO Y LEONARDA.

Fel.

Abrevia del alegría,

Que tengo qué te decir.

Leon.

Pues que tú vienes acá,

Alguien te habrá referido

Que mis joyas he vendido,

Ó lo adivinaste allá.

Perdona, que yo quisiera,

Como seiscientos le dí

Á Galindo...

Fel.

¿Tú?

Leon.

Yo fuí.

Fel.

¡Pero quién sino tú fuera!

Débote mi libertad,

El alma misma te debo,

Hoy me obligaste de nuevo,

Mas oye una novedad.

Gal.

Gritos dan, éntrate dentro.

FELICIANO, GALINDO, LEONARDA, y dentro DOROTEA.

Dor.

¡Traidor Fabricio, tu fuiste

Quien á casa le trujiste!

Leon.

¿Qué es esto?

Fel.

Un gracioso encuentro:

De la puerta de esa dama,

Que mi hacienda me robó,

Salió un ladron que le hurtó

El dinero, y no la fama.

Topó con nosotros dos,

Por compañeros nos tuvo,

Y éste nos dió, que no estuvo

En un instante, por Dios,

De dar con los verdaderos.

¡Mira por dónde he cobrado

Cuanto con ella he gastado!

Leon.

Sin duda son tus dineros;

Acá viene gran ruïdo,

Allá le voy á esconder.

Gal.

El dinero has de verter

En otro sin ser sentido,

Y échale luégo en el pozo.

Leon.

Voy; aquí á la puerta aguarda.

(Vase.)

Fel.

¡Qué contenta va Leonarda!

Yo estoy saltando de gozo.

FELICIANO, GALINDO, DOROTEA, CLARA, y un alguacil, y gente que traen asido á FABRICIO.

Fabr.

¿Pues á mí preso? ¿por qué?

Alg.

Porque es muy bastante indicio

Para prenderos, Fabricio.

Fabr.

Vive Dios que no lo sé.

Dor.

Trújole él propio á mi casa,

Y con él se concertó,

¿Y no le conoce?

Fabr.

¡Yo!

Gal.

Ved lo que en el mundo pasa.

Clara.

Yo juraré que es ladron,

Y que á don Tello encubria,

Que desde el Andalucía

Trujo para esta ocasion.

Él sabia del dinero,

Él le dijo dónde estaba.

Fabr.

¿Yo le truje?

Clara.

Y le abonaba

De indiano y de caballero.

Criad.

Gente hay en aquesta puerta.

¿Quién va?

Fel.

Un hombre que ha salido

De la cárcel.

Alg.

No habrá sido

El ladron.

Fel.

Cosa es bien cierta.

Alg.

¿Es el señor Feliciano?

Fel.

Yo soy.

Alg.

Por mil años sea.

Fel.

¿Qué es esto de Dorotea?

Dor.

¿Agora estais cortesano?

Vaya á la cárcel Fabricio.

Alg.

Que Fabricio le ha robado

Un escritorio, ó ha dado

De que fué complice indicio,

Porque él le trujo un indiano

Que ha sido el cierto ladron:

Siete mil escudos son.

Fel.

Esos son de Feliciano.

Alg.

¿Habeis visto esos ladrones?

Fel.

Solo á Galindo y á mí.

Alg.

Juraldo aquí.

Fel.

Juro aquí

Que he sentido esos doblones,

Y áun que los he visto, puedo

Jurar.

Dor.

Que éste se ha vengado.

Clara.

¡Cuál están amo y criado!

Fabr.

¡Yo soy ladron!... ¡Bueno quedo!

Diga Feliciano aquí

Si sabe que soy ladron.

Fel.

Quien paga amor con traicion,

Ladron es, digo que sí;

Quien niega deudas tan claras,

Y no paga el beneficio,

¿De ser ladron no da indicio?

¿Pues, ladron, en qué reparas?

Véte, que lo juro y digo,

Que en esta y toda ocasion

Sustentaré que es ladron

Quien es traidor al amigo.

Y que del dinero hurtado

Á Dorotea, quisiera

Que dos veces tanto fuera

Por la ingratitud que ha usado;

Y que á estar en mi poder,

No me diera más contento,

Y que de mi casamiento

Testigos os quiero hacer.

¿Leonarda?

Dichos y LEONARDA.

Leon.

Señor.

Fel.

Yo soy

Tu esposo, será testigo

Un ladron, infame amigo,

Á quien este ejemplo doy,

Una dama cortesana,

Y una criada fingida,

Que roban toda la vida

Con industria loca y vana,

Para que tras años mil

Vuelvan las aguas á donde

Solian ir, pues ya lo esconde

Cierta mano más sutil;

Y un alguacil tambien sea

Testigo de que me caso,

Y sepa que no hago caso

Del amor de Dorotea;

Porque si algun aire infame

Me quisiere hacer prender,

Sepa que tengo mujer,

Y que así á Leonarda llame.

Doile en dote siete mil

Ducados, que ha recibido,

Testigos, pues que lo han sido

El dueño y el alguacil;

Y á Galindo, por leal,

Toda mi hacienda le doy.

Gal.

Yo, señor, tu esclavo soy.

Fabr.

¡Paga de quien anda en mal!

Dor.

Llevalde á la cárcel luégo.

Alg.

Digo que os goceis mil años,

Pues ya de tantos engaños

Venis á tanto sosiego.

Fel.

Adios, señores testigos,

Aquí dió Belardo fin

Á una historia que es, en fin,

La prueba de los amigos.