NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano cuando la presente edición de esta obra fue publicada, en 1909, eran diferentes a las existentes cuando se realizó la transcripción. Palabras como vió, fué, dió, lo mismo que la preposición "á", y las conjunciones "é", "ó", "ú", por ejemplo, en esa época llevaban acento ortográfico. Eso ha sido respetado.

El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.

Por otra parte, las reglas de la Real Academia Española establecen que el acento ortográfico en las mayúsculas debe colocarse si es que un vocablo lleva acento ortográfico. Sin embargo, por una cuestión pragmática, en las imprentas ese criterio normalmente no era respetado. En la presente transcripción se decidió adecuar la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas establecidas por la RAE.

Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.

El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final, ha sido trasladado al principio por el Transcriptor.


UNA EXCURSIÓN Á LOS INDIOS RANQUELES
TOMO I

BIBLIOTECA DE «LA NACIÓN»


LUCIO V. MANSILLA

UNA EXCURSIÓN
Á LOS
INDIOS RANQUELES

OBRA PREMIADA EN EL CONGRESO INTERNACIONAL
GEOGRÁFICO DE PARÍS (1875)


TOMO I


BUENOS AIRES
1909


Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.—Buenos Aires.

UNA EXCURSIÓN Á LOS INDIOS RANQUELES

ÍNDICE

Cap. Pág.
I.Dedicatoria.—Aspiraciones de un tourist.—Los
gustos con el tiempo.—Por qué se pelea un padre
con un hijo.—Quiénes son los Ranqueles.—Un
tratado internacional con los indios.—Teoría de los extremos.—Dónde están
las fronteras de Córdoba y campos entre los Ríos 4.º y 5.º.—De
dónde parte el camino del Cuero
[5]
II.Deseos de un viaje á los Ranqueles.—Una china
y un bautismo.—Peligros de la diplomacia
militar con los indios.—El indio Linconao.—Mañas
de los indios.—Efectos del deber sobre
el temperamento.—¿Qué es un parlamento?—Desconfianzas
de los indios para beber y fumar.—Sus
preocupaciones al comer y beber.—Un
lenguaraz.—Cuánto dura un parlamento y qué
se hace en él.—Linconao atacado de las viruelas.—Efectos
de la viruela en los indios.—Gratitud
de Linconao.—Reserva de un fraile
[13]
III. Quién conocía mi secreto.—El Río 5.º.—El paso
del Lechuzo.—Defecto de un fraile.—Compromiso
recíproco.—Preparativos para la marcha.—Resistencia
de los gauchos.—Cambio de
opiniones sobre la fatalidad histórica de las razas
humanas.—Sorpresa de Achauentrú al saber
que me iba á los indios.—Pensamiento que me
preocupaba.—Ofrecimientos y pedidos de
Achauentrú.—Fray Moisés Álvarez.—Temores
de los indios.—Seguridades que les di.—Efectos
de la digestión sobre el humor.—Las mujeres
del fuerte Sarmiento.—Un simulacro
[21]
IV. Idea á que nos resignamos.—La partida.—Lenguaje
de los paisanos.—Qué es una rastrillada.—El
público sabe muchas mentiras é ignora
muchas verdades.—Qué es un guadal.—El caballo
y la mula.—Una despedida militar.—La
Laguna alegre
[29]
V. El fogón.—Calixto Oyarzábal.—El cabo Gómez.—De
qué fué á la guerra del Paraguay.—Por
qué lo hicieron soldado de línea.—José Ignacio
Garmendia y Maximio Alcorta.—Predisposiciones
mías en favor de Gómez.—Su conducta en
el batallón 12 de línea.—Primera entrevista con
él.—Su figura en el asalto de Curupaití.—La lista
después del combate.—El cabo Gómez
muerto
[37]
VI. Regreso de Curupaití.—Resurrección del cabo
Gómez.—Cómo se salvó.—Sencillo relato.—Posibilidad
de que un pensamiento se realice.—Dos
escuelas filosóficas.—Un asesinato que nadie
había visto.—Sospechas
[47]
VII. Presentimientos de la multitud.—Un asesino
sin saberlo.—Deseos de salvarle.—Averiguaciones.—Un
fiscal confuso.—Juicios contradictorios.—Agustín
Mariño, auditor del Ejército Argentino.—Consejo
de Guerra.—Dudas.—Sentencia
del cabo Gómez.—Se confirma la pena de
muerte.—Preparativos.—La ejecución.—Una
aparición
[55]
VIII. El Palmar de Yataití.—Sepulcro de un soldado.—Su
memoria.—Sus últimos deseos cumplidos.—El
rancho del general Gelly y lo que
allí pasó.—Resurrección.—Visión realizada.—Fanatismo
[65]
IX. La Alegre.—En qué rumbos salimos.—¿Los viajes
son un placer?—Por qué se viaja.—Monte
de la Vieja.—El alpataco.—El zorro colgado.—Pollo-helo.—Us-helo.—Qué
es aplastarse un
caballo.—Coli-Mula.—La trasnochada.—Precauciones
[73]
X. No es posible seguir la marcha.—Civilización y
barbarie.—En qué consiste la primera.—Reflexiones
sobre este tópico.—En marcha.—Manera
de cambiar de perspectiva sin salir de un mismo
lugar.—Asombroso adelanto de estas tierras.—Ralico.—Tremencó.—Médano
del Cuero.—El Cuero.—Sus campos
[83]
XI. Quién había andado por Ralico.—Los rastreadores.—Talento
de uno del 12 de línea.—Se descubre
quién había andado por Ralico.—Cuántos
caminos salen del Cuero.—El General Emilio
Mitre no pudo llegar allí.—Su error estratégico
[93]
XII. Por dónde habían ido los chasques.—Entrada
á los montes.—Derechos de piso y agua.—Recomendaciones.—Despacho
de algunas tropillas
para el Río 5.º.—Los montes.—Impresiones
filosóficas.—Utatriquin.—El cuento del arriero
[103]
XIII. Martes es mal día.—Trece es mal número.—Los
quatorzième.—Marcha nocturna.—Pensamientos.—Sueño
ecuestre.—Un latigazo.—Historia
de un soldado y de Antonio.—Alto.—Una
visión y una mulita
[113]
XIV. Sueño fantástico.—En marcha.—Calixto
Oyarzábal y sus cuentos.—Cómo se busca de
noche un camino en la Pampa.—Campamento.—Los
primeros toldos.—Se avistan chinas.—Algarrobo.—Indios
[125]
XV. La Laguna Verde.—Sorpresa.—Inspiraciones
del gaucho.—Encuentros.—Grupos de indios.—Sus
caballos y trajes.—Bustos.—Amenazas.—Resolución
[135]
XVI. El embajador del cacique Ramón y Bustos.—Desconfianzas
del cacique.—Quién era Bustos.—Caniupán.—Otra
vez el embajador de Ramón
y Bustos.—Un bofetón á tiempo.—Mari
purrá wentru.
—Recepción.—Retrato de Ramón.—Exigencia
de Caniupán.—¡Lo mando al diablo!—Conformidad
[147]
XVII. Un cuerpo sano en alma sana.—El mate.—Un
convidado de piedra.—Pánico y desconfianzas
de los indios.—Historias.—Un mensajero
de Caniupán.—Visitas.—En marcha.—Calcumuleu.—Nuevo
mensajero.—La noche.—Amonestaciones.—Primer
regalo.—Unos bultos colorados
[159]
XVIII. Historia de Crisóstomo.—Quiénes eran los
bultos colorados.—El indio Villarreal y su familia.—De noche
[171]
XIX. El amanecer.—Llegada de las cargas.—El
marchado de la mula.—Achauentrú en el
Río 4.º.—Un almuerzo en el fogón.—Lo que hicieron
las chinas en cuanto se levantaron.—El
cabo Mendoza y Wenchenao.—Enojo fingido.—Se
presenta Caniupán
[179]
XX. El camino de Calcumuleu á Leubucó.—Los
indios en el campo.—Su modo de marchar.—Cómo
descansan á caballo.—Qué es tomar caballos
á mano. No había novedad.—Cruzando
un monte.—Se divisa Leubucó.—Primer parlamento.—Cada
razón son diez razones
[187]
XXI. En qué consiste el arte de hacer de una razón
varias razones.—De cuántos modos conversan
los indios.—Sus oradores.—Sus rodeos para pedir.—Precauciones
de los Caciques antes de celebrar
una junta.—Numeración y manera de contar de los Ranqueles
[197]
XXII. Una nube de arena.—Cálculos.—El ojo del
indio.—Segundo parlamento.—Se avista el toldo
de Mariano Rosas.—Frente á él
[207]
XXIII. Épocas buenas y malas.—En qué cosas
cree el autor.—La cadena del mundo moral.—¿Será
cierto que los padres saben más que los
hijos?—El capitán Rivadavia, Hilarión, Nicolai.—Camargo.—Dilaciones
[ 217]
XXIV. ¡Qué hacer cuando no hay más remedio!—Cuál
era el objeto de esta otra parada.—Pretensiones
de la ignorancia.—Las brujas.—Saludos
y regocijos.—Qué sucedía mientras tenía
lugar el parlamento.—Agitación en el toldo de
Mariano Rosas.—Las brujas vieron al fin lo
mismo que el Cacique.—Cómo estaba formado
éste.—Qué es Leubucó y qué caminos parten
de allí.—Echo pie á tierra.—Vítores
[227]
XXV. Gracias á Dios.—Empieza el ceremonial.—Apretones
de mano y abrazos.—De cómo casi
hube de reventar.—Por algo me había de hacer
célebre yo.—¿Qué más podían hacer los bárbaros?
[237]
XXVI. La enramada de Mariano Rosas.—Parlamento
y comida.—Agasajo.—Pasión de los indios
por la bebida.—Qué es un yapaí.—Epumer
hermano mayor de Mariano Rosas.—Él y yo.—Me
deshago de mi capa colorada.—Regalos.—Distribución
de aguardiente.—Una orgía.—Miguelito
[247]
XXVII. Pasión de Miguelito.—Los hombres son
iguales en todas circunstancias de la vida.—Retrato
de Miguelito.—Su historia
[ 259]
XXVIII. Teoría sobre el ideal.—Miguelito continúa
contando su historia.—Cuadro de costumbres
[271]
XXIX. El gaucho es un producto peculiar de la
tierra argentina.—Monomanía de la imitación.—Continuación
de la historia de Miguelito.—Cuadro
de costumbres.—¿Qué es filosofar?
[281]
XXX. Mi vademécum y sus méritos.—En qué se
parece Orión á Roqueplán.—Dónde se aprende
el mundo.—Concluye la historia de Miguelito
[289]
XXXI. Ojeada retrospectiva.—El valor á media
noche es el valor por excelencia.—Miedo á los
perros.—Cuento al caso.—Qué es loncotear.—Sigue
la orgía.—Epumer se cree insultado por
mí.—Una serenata
[299]
XXXII. El negro del acordeón y la música.—Reflexiones
sobre el criterio vulgar.—Sueño fantástico.—Lucius
Victorius Imperator.—Un
mensajero nocturno de Mariano Rosas.—Se reanuda
el sueño fantástico.—Mi entrada triunfal
en Salinas Grandes.—La realidad.—Un huésped
á quien no le es permitido dormir
[309]
XXXIII.Retrato de Mariano Rosas.—Su política.—Cómo
le tomaron prisionero los cristianos.—Rosas
le hace peón de su estancia del Pino.—Su
fuga.—Agradecimiento por su antiguo patrón.—Paralelo.—De
pillo á pillo.—Voto de un
indio.—Muerte de Painé.—Derecho hereditario
entre los indios.—Los refugiados políticos.—Mareo.—Mariano
Rosas quiere loncotear conmigo.—Apuros.—Una sombra
[319]
XXXIV. Efectos del aguardiente.—Una mano femenil.—Mi
comadre Carmen me cuenta lo sucedido.—Unas
coplas.—La vida de un artista en
acordeón, en dos palabras.—Preguntas y respuestas.—Las
obras públicas de Leubucó.—Insistencia
del organista.—Un baño.—Mariano
Rosas en el corral.—Cómo matan los indios la res
[333]
XXXV. El toldo de Mariano Rosas visto de la enramada.—Preparativos
para recibirme.—Un
bufón de Leubucó.—De visita.—Descripción de
un toldo.—La mesa.—El indio y el gaucho.—Paralelo
afligente.—Reflexiones.—La comida.—Un
incidente gaucho
[343]
XXXVI. Por qué se me presentaba Camilo Arias.—Caracteres
de este hombre y de nuestros paisanos.—El
indio Blanco.—Sus amenazas.—Le
pido una entrevista á Mariano Rosas.—Me
tranquiliza.—Costumbres de los indios.—No
existe la prostitución de la mujer soltera.—Qué
es cancanear.—El pudor entre las indias.—La
mujer casada.—De cuántos modos se casan las
indias.—Las viudas.—Escena con Rufino Pereira.—Igualdad.—Miguelito
intercede por Rufino
[353]
XXXVII. El fogón al amanecer.—Quién era Rufino
Pereira.—Su vida y compromisos conmigo.—Cómo
consiguen los indios que los caballos de
los cristianos adquieran más vigor
[365]

UNA EXCURSIÓN Á LOS INDIOS RANQUELES