XV

DE LA TEMPLANZA Y MEDIO QUE HA DE OBSERVAR LA PERFECTA MUJER EN SU CONDICIÓN Y TRATO.

Fortaleza y buena gracia su vestido,

reirá hasta el día postrero.

PROVERBIOS

Aunque esta buena casada ha de ser para mucho, que es lo que aquí Salomón llama fortaleza, no por eso tiene licencia para ser desabrida en la condición, y en su manera y trato desgraciada; sino, como el vestido ciñe y rodea todo el cuerpo, así ella toda y por todas partes ha de andar cercada y como vestida de un valor agraciado y de una gracia valerosa. Quiero decir, que ni la diligencia, ni la vela, ni la asistencia á las cosas de su casa la ha de hacer áspera y terrible, ni menos la buena gracia y la apacible habla, ni el semblante ha de ser muelle, ni desatado. Sino que templando con lo uno lo otro, conserve el medio en ambas á dos cosas, y haga de entrambas una agradable y excelente mezcla. Y no ha de conservar por un día ó por un breve espacio aqueste tenor, sino por toda la vida, hasta el día postrero della. Lo cual es propio de todas las cosas que, ó son virtud ó tienen raíz en la virtud, ser perseverantes y casi perpetuas, y en esto se diferencian de las no tales; que éstas, como nacen de antojo, duran por antojo; pero aquéllas, como se fundan en firme razón, permanecen por luengos tiempos. Y los que han visto alguna mujer de las que se allegan á esta que aquí se dice, podrán haber experimentado lo uno y lo otro. Lo uno, que á todo tiempo y á toda sazón se halla en ella dulce y agradable acogida; lo otro, que esta gracia y dulzura suya no es gracia que desata el corazón del que la ve, ni le enmollece, antes le pone concierto y le es como una ley de virtud, y así le deleita y aficiona, que juntamente le limpia y purifica; y borrando dél las tristezas, lava las torpezas también; y es gracia que aun la engendra en los miradores. Y la fuerza della, y aquello en que propiamente consiste, lo declara más enteramente lo que se sigue: