ADVERTENCIA PRELIMINAR.


Hace mucho tiempo que la obra intitulada El Cortesano, que compuso y publicó el caballero valenciano D. Luis Milan, es tenida entre los bibliófilos por un libro de los más raros de nuestra antigua literatura; tanto que uno de los más entendidos, el Sr. D. Vicente Salvá, decia en 1826: «Es uno de los más escasos de cuantos hay en idioma castellano; Ximeno no tuvo ocasion de ver ninguna de las dos ediciones que menciona de 1561 y 65, tal es su rareza: este ejemplar es de la primera edicion, y está completo áun cuando aparenta carecer de portada, pues nunca la tuvo. Perteneció á don Gregorio Mayans»[1]. A incluirla en nuestra coleccion nos ha movido, no sólo su extraordinaria rareza, sino tambien su indudable mérito, pues áun cuando la obra de Milan no admite comparacion con la de Castiglioni, que le sirvió de modelo, tiene más interes para nosotros bajo el punto de vista español, porque al hacer una exacta descripcion de las costumbres y manera de vivir de aquella época en el palacio del duque de Calabria[2], pinta tambien, y admirablemente por cierto, la sociedad de entónces haciendo figurar en su libro, no personajes ficticios, sino lo más escogido de los nobles y poetas valencianos; es, en una palabra, la resurreccion del siglo XVI, y hace pasar ante nuestra vista los saraos, fiestas y trajes de su tiempo.

Más afortunados nosotros que el señor Salvá, tenemos noticia de seis ejemplares de El Cortesano[3]; todos los cuales tienen, como ya advirtió aquel distinguido bibliófilo, la página primera en blanco, empezando al reverso el libro, de modo que éste no llegó á tener portada; rareza que en sentido inverso se encuentra en otro del mismo Luis Milan, titulado: El Maestro ó música de vihuela[4], pues hemos visto en los ejemplares que de él se conservan en la Biblioteca de Palacio y en la de nuestro querido amigo el Sr. D. Pascual de Gayángos que en la portada tienen el fólio 2, lo cual parece indicar debieron tener otra anterior ó al ménos una ante-portada; porque de no ser así, no se concibe empiece la numeracion en ese fólio, siguiendo luégo correlativa.

Ximeño asegura[5] que de El Cortesano se hicieron dos ediciones, una en 1561, y otra cuatro año despues, ó sea en 1565; pero creemos se equivocó en esto, pues todos los ejemplares que se conservan y hemos podido ver son de la primera, que es la que debia ser más rara, así como se equivocó tambien al citar dos ediciones (1534 y 1535) del libro El Maestro ó música de la vihuela, siendo una sola, con la fecha en la portada de 1535 y en el colofon la de 1536, que es cuando concluyó de imprimirse.

Hubiéramos deseado dar en esta advertencia algunas noticias de D. Luis Milan, ademas de las que sobre él traen Ximeno, Rodriguez, Fuster, Cerdá y demas autores que han escrito sobre bibliografía valenciana, pero nuestros esfuerzos para procurárnoslas han sido inútiles, así como tambien los del distinguido bibliófilo Sr. D. Manuel Cerdá, que á instancia nuestra se prestó á hacer investigaciones en Valencia con el mismo objeto, y con una eficacia que le agradecemos vivamente; ni en el Dietario del Ayuntamiento de dicha ciudad, ni en otros papeles de aquel tiempo que ha examinado aparece hasta ahora el nombre de D. Luis Milan.

En cambio, nuestros lectores verán hoy reimpreso otro libro de este autor, del que no da noticia alguna, que sepamos, ninguno de sus biógrafos, tan raro es. El único ejemplar que se conoce del Libro de motes ó Juego del mandar se conserva en la Biblioteca Nacional y procede de la del Sr. D. Serafin Estébanez Calderon; fáltanle dos hojas, cuya falta, que nos ha sido imposible subsanar, indicamos en la reimpresion con puntos suspensivos. Tambien publicamos un exacto facsímile de su portada, que creemos verán con gusto nuestros lectores.

Lugar oportuno nos parece éste para hacer mencion de otra obra titulada El Cortesano, inédita, desconocida, y cuyo autor no sabemos quién fuese. A la buena amistad del Sr. D. Manuel de Goicoechea, entendido Bibliotecario de la Academia de la Historia, debimos la noticia de existir en la Biblioteca de esta corporacion un manuscrito de letra del siglo XVI que se titula El Cortesano, y á cuyo título se veia añadido de letra de Don Bartolomé José Gallardo el nombre de D. Luis Milan. Examinado por nosotros el citado manuscrito, nos hemos convencido no ser de D. Luis Milan, ó al ménos no ser igual ni parecido al que corre impreso con el nombre de este autor, ignorando el motivo que tendria persona tan competente como el Sr. Gallardo para atribuírselo: desgraciadamente el libro nos parece incompleto; pero así y todo, creemos no merece el olvido en que hasta ahora ha estado sepultado.

F. del V.————————————————J. S. R.


LIBRO
INTITULADO
EL CORTESANO.

DIRIGIDO Á LA CATÓLICA REAL MAGESTAD DEL INVICTISIMO DON FELIPE, POR LA GRACIA DE DIOS REY DE ESPAÑA, NUESTRO SEÑOR, ETC.; COMPUESTO POR DON LUIS MILAN. DONDE SE VERÁ LO QUE DEBE TENER POR REGLAS Y PRÁCTICA; REPARTIDO POR JORNADAS. MOSTRANDO SU INTINCION POR HUIR PROLIXIDAD DEBAXO ESTA BREVEDAD; SIRVIENDO DE PRÓLOGO Y DIRECCION, Y UTILIDAD ESTA PRESENTE CARTA.

C. R. M.

Hállase por escrito que en una plaza de Roma, nombrada Campo Marcio, se abrió la tierra, y por la abertura salian grandes llamas de fuego, y crescia cada dia de manera que toda la ciudad fuera consumida en poco tiempo si no se remediára; y preguntado por los romanos al oráculo, su ídolo, qué remedio ternian, respondió que echasen por aquella abertura la mejor cosa que debaxo del cielo fuese criada. Y determinaron que era el hombre, y de los hombres el caballero armado de todas armas buenas. Eligieron al valeroso Curcio romano, pues él, de muy bueno, voluntariamente quiso perder la vida porque su patria no se perdiese; y así vino, acompañado de toda Roma, muy ricamente armado, y puso á su caballo una venda en los ojos, porque rehusaba la muerte que su señor no temia, y en haberse echado Curcio en el fuego cerróse luégo la abertura; por donde se determina que el caballero armado virtuoso es la mejor criatura de la tierra, y para tener perfecta mejoría debe ser cortesano, que es en toda cosa saber bien hablar y callar donde es menester. Las armas de este caballero han de ser un yelmo de consideracion, que sea bien considerado en dichos y hechos, y una goleta de temperancia, que no coma sino para vivir, y no viva para comer, porque el hombre destemplado de comer y beber:

Quien de sí fuere vencido
Nunca bien podrá vencer;

y un peto animoso, que ofrezca su pecho á cualquier contrario para reparo de quien justamente lo habrá menester, con un volante diligente, porque no se pierda lo bien hecho, por negligencia, y un espaldar de sufrimiento, para, que traiga á sus espaldas la carga que debe el caballero; y la doble pieza de esperar para que espere qualquier encuentro que fuere obligado; y unos brazales de esecuciones para que esecute, defendiendo lo bueno y ofendiendo lo malo, en su caso y lugar; y unos guardabrazos defensivos para defender á los brazos de su República, militar, eclesiástico, real, conforme á justas leyes; y unas manoplas liberales para que tenga manos abiertas para dar la vida á quien debe; y un arnés de piernas bien andantes, para que anden por pasos mostrando el paso para pasar á él y á otros á la verdadera vida, pues el caballero debe pasearse por este mundo dando exemplo y leyes de bien vivir. Sabido que hube el mayor presente que á un príncipe se podia hacer, segun la determinacion de los romanos, que es un caballero bien armado cortesano, viendo que éste representaba á vuestra Real Magestad, dije: Muy bien será presentar quod Cæsaris Cæsari, y así presento al César lo que es de César, pues por lo que vemos se espera lo que se cree de vuestra católica Magestad. Este caballero armado cortesano que por presente doy, hice de la manera que diré: hablándome con ciertas damas de Valencia, que tenian entre manos el Cortesano del conde Baltasar Castillon, dixeron qué me parescia dél, yo dije:

Más querria ser vos conde
Que no don Luis Milan,
Por estar en esas manos
Donde yo querria estar.

Respondieron las damas: Pues haced vos un otro, para que allegueis á veros en las manos que tanto os han dado de mano. Probé hacelle y ha allegado á tanto, que no le han dado de mano, sino la mano para levantalle. Tiene estas partes que diré: Dá modos y avisos de hablar sin verbosidad, ni afectacion, ni cortedad de palabras que sea para esconder la razon, dando conversaciones para saber burlar á modo de palacio. Representa la córte del real duque de Calabria y la reina Germana, con todas aquellas damas y caballeros de aquel tiempo, habilitando algunos que para dar placer fueron habilitados por el Duque, haciendo que hablen en nuestra lengua valenciana como ellos hablaban, pues muchos que han escrito usaron escribir en diversas lenguas, para bien representar el natural de cada uno. El principio deste libro comienza representando una caza que hacen la Reina y el Duque, donde fuí mandado que pusiese por obra el Cortesano, que las damas mandaron que hiciese y que lo dirigiese á vuestra Real Magestad, pues con mucha razon se le debia, y así tuve por muy buena ventura ser tan bien mandado como está dirigido. Suplico á vuestra Real Magestad reciba este presente como dice el filósofo, quel menor servicio, con voluntad, vale más que el mayor sin ella.


JORNADA PRIMERA
DEL
PRESENTE CORTESANO.


En el tiempo deleitoso de la hermosa primavera, cuando todo el mundo, para conservacion de la vida humana, saliendo del estremo invierno, entra en estos dos suaves hermanos Abril y Mayo, enramados con guirnaldas de flores y frutos, se hizo una real caza de monte de las damas y caballeros que aquí verán.

Salió el real duque de Calabria y la reina Germana, muy ricamente vestidos de terciopelo carmesí, broslados de hilo de oro, por invincion muchas matas de retama, que los granos dellas eran muy gruesas y finas perlas orientales de gran valor, diciendo á todas las damas: Mi invincion traigo por mote. A esto respondió la Reina con unos celos cortesanos, y dixo:

La retama es mi amor,
Y vos della el amargor.

Dixo el Duque sonriendo:

Mi amor es la retama,
Por mostrar sobrado amor,
Que en mí no está el amargor,
Sino en mi dama.

Gilot salió, que el Duque le habia vestido, de terciopelo verde, con una mona en la cabeza encima de una montera, y el mote que sacó decia: Por remedar, y y dixo á la Reina: Vostra altesa adevine qué vol dir la mona que yo he tret per invincio, que la retama clar parla que lo Duch mon senyor diu que no sols la ama, mas la reama. Respondió la Reina: Gilote, yo te adevinaré tu invincion: El Duque, mi señor, es lo verde que traes, que está en verdor, que se madurará su amor, y la mona por remedar, que en amor quiere engañar, como suelen todos los falsos hombres; y tú sales por majadero, que majarás en este banquete, por alcahuete. Gilote respondió: Seynora, vostra altesa es exida huy ab lo peu esquerre, y tot lo dia va coxo qui ab mal pensament hix de casa. Nom veurá mes en tota sa vida en jornades de plaer, que los celosos son gasta festes. Si de aci avant no acomana los cels á la cambrera don Ana de Dicastillo quels hi guarde en la cambra, que estes navarres son tan guardoses, que perzo he posat nom Navarra á una goza mia, per ques bona guardaroba. A esto respondió la camarera y dixo: Gilote, á la Reina, mi señora, no le pesa que seas alcahuete del Duque, mi señor, que pues no se puede escusar por haber tantos dese oficio, más vale que tú lo seas que no el Reverendo canónigo Ester. Respondió á la camarerael Canónigo, diciendo: Donos reverent ab tal sobrescrit, seynora don Ana, ¿qui li ha dit que yo so alcabot? Dixo la camarera: Señor canónigo Ester, en verdad que no se lo alevanto, que Gilote me lo ha dicho, y no sé qué me crea. Tomóse á reir como quien regaña el Canónigo, y dixo: La dob es bo pera uns guants, diu que no me alleva; allevantmo ab un no sé qué me crea, Senyora don Ana, yo li diré per quen diu alcabot lo bellaco de Gilot: En dies passats porti unes mendacions á la sua Beatriz de part de don Luis Vich, pera yo tenir entrada en sa casa, y Gilot haguen sentiment que estaba amagat escoltantme, y feuse á la finestra cridant com un orat: Veyns, veyns, socorreume, que un lladre tinch en casa. Y venint tot lo veynat diguerenli: ¡Á hon es lo lladre: Y ell dix: Vel vos aquí; lo canonge Ester es quem vol robar la honra, portant alcaboteries á la mia Beatriz, que pijor es que lladre un alcabot. Prenguérense á riure y dexárenlo tots pera qui es, que tal es com ell qui creu al orat.

Salió á esta caza don Luis Vique y la señora doña Mencía Manrrique, su mujer, con unas ropas de terciopelo morado, pasamanadas de oro y plata, llenas de unos ojales con un ojo en cada uno dellos, y el mote decia Vi que vi; y como la señora doña Mencía oyó al canónigo Ester, que habia traido á Beatriz de Gilote encomiendas de parte de D. Luis Vique, su marido, dixo: Señor canónigo Ester, si no hubiera emprestado mis celos á la señora doña Violante Mascó, mi vecina, que los ha bien menester, yo me hiciera celosa por haber traido vuesa reverencia encomiendas á Beatriz de Gilote de parte de D. Luis Vique, mi señor; y áun que os amparastes del nombre de mi marido para entrar en su casa, más me siento deso que si fuérades tercero, que no es bien tomar nombre honrado para hacer deshonras. Respondió el Canónigo, y dixo: Señora doña Mencía, Gilot es lo cornut, y vosa merced la celosa, y yo lo alcabot; parme que danzan los furios los tres, y lo señor D. Luis Vich, son marit, sen riu; dexen esta danza, que en jornades de plaer lo furios no sa de fer. Don Luis Vique, confirmando la razon del Canónigo, dixo á su mujer: Señora, el señor canónigo Ester dice bien y obra mal; disimúlense los celos en esta jornada y no gastemos la fiesta, pues yo disimulo la reverenda traicion que se me ha hecho, que entre en casa de Beatriz de Gilote el Canónigo, como alcahuete mio, para alzarse con ella.

Vino á esta caza D. Luis Margarite y la señora doña Violante, su mujer, con ropas muy bien divisadas y ricas, de terciopelo, aforradas de tela de oro; y entre unos recamos y brosladuras de cañutillo estaban unas medallas, y en las del marido los rostros dél y su mujer que se miraban el uno al otro, y el mote decia: Viola ante mi deseo que la veo.

Y en las medallas que la señora doña Violante traia estaban unas manos con el puño cerrado, y el dedo más pequeño alto, que se nombra el margarite, y el mote decia:

Mi mano muestra con razon
Quién está en mi corazon.

Llegóse riendo la señora doña Violante Mascó, y dixo á la señora doña Mencía: Yo vuelvo los celos que vuestra merced me ha emprestado, que más los ha menester que yo, segun va embeatrizado el Sr. don Luis, su marido, de Beatriz de Gilote, y no lo tome por mote; pues le he oido decir aquí que el canónigo Ester le ha hecho una reverenda traicion, que no se puede adevinar si son burlas las que pueden ser véras. Respondió la señora doña Mencía: Señora doña Violante Mascó, yo quiero cobrar mis celos, y de aquí adelante no me los ampreste más que no se los emprestaré, pues burla dellos, sino á la señora doña Castellana Belvis, su cuñada, que me han dicho que por no ser celosa dice su marido que no es amorosa, y va á buscar el amor de fuera de casa; y porque sea más casero no debe dexar un dia en la semana de ser celosa, que á maridos que se desmandan los celos los enfrenan, y si muerden el freno como á caballos desbocados, y pasan la carrera hasta á donde quieren, quando se cansarán ó alcanzarán volverán á su casa, y conoscerán que su mujer les mostraba con los celos los recelos que tenian de su perdicion; que no hay amor sin celos, ni cordura sin recelos. Dixo don Luis Margarite: Señora doña Mencía, beso las manos de vuestra merced de los celos que ha emprestado á mi mujer, que yo lo deseaba, diciéndole cadal dia: mujer, haceos celosa porque no engordeis, que si más engordais, yo me buscaré un festejo flaco y unos amores éticos. Y desparóme un dia con unos celos rabiosos que bien parescen emprestados, pues se lo rie en ser yo fuera casa con una castellana, camarera suya, que se nombra Mariseca.

Dixo la señora doña Violante: Señor marido, pues quereis que hagamos la tortilla de celos que hacen Joan Fernandez y su mujer, séanos juez la señora doña Mencía; y diga si tengo de ser celosa de marido que cadal dia va de boda en boda festejando toda Valencia, dándome á entender que festeja por competir de burlas con el comendador Montagudo, por ver cómo se hace celoso, y he caido en la cuenta que suelen con las burlas encubrirse las véras.

Vino á esta caza don Pedro Mascó y la señora doña Castellana Belvis, su mujer, con unas ropas de terciopelo encarnado, todas brosladas de unos manzanos al natural, las hojas verdes y la fruta colorada, con unos letreros de oro colgados dellos, y tenian unas letras que, haciendo de cada una dellas sílaba, dicen: Él es de ella y ella es de él, como dice este letrero:

L. S. D. L. A. Y. L. A. S. D. L.;

conformando á esta voluntad el manzano y la manzana, quel uno procede del otro. Fué tan buena esta invincion como la burla que la señora doña Castellana pasó diciendo: Señora doña Mencía, yo recibo la merced que me hizo cuando dixo á la señora doña Violante, mi cuñada, que me emprestaria celos para que un dia en la semana sea celosa, porque le han dicho que por no tener celos don Pedro, mi señor, me tiene por desamorada y vase á buscar nuevos amores fuera de casa; suplico á vuestra merced me los empreste, que para luégo es tarde lo que mucho es menester. Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Castellana, tome vuestra merced, que con un abrazo se debe emprestar y volver lo que es para bien hacer. La señora doña Castellana dixo: Agora que soy celosa verá mi marido qué cosa son jinetes, por más que él sea buen jinete. Respondióle su marido: Señora mujer, si como dixo jinetes dixera jinetas, que son raposas, guardára mis pollos que no me los coma. Dixo la señora doña Castellana: Pues por mucho que los guardeis yo comeré dellos. Su marido se rió y dixo: Eso sería la comida que hizo una mujer de Hierusalen, que, estando cercada por Vespasiano, emperador de Roma, y su hijo Tito, teniéndola en gran aprieto, al fin de diez años que duró la guerra, vinieron los cercados en tan gran rabia de hambre, que una viuda hebrea, de las que estaban dentro la ciudad, dió la muerte á un solo hijo que tenía mochacho, haciéndolo quatro quartos y comióselo. Dixo la señora doña Castellana: ¿Esos son los pollos? ¿y de qué gallina los habeis sacado? que si son vuestros hijos y de buena casta, no los comeré como la mujer hebrea, sino criarlos he para que no se pierdan, que los celos de la mujer no han de ser para hacer receloso á su marido.

Salió Joan Fernandez de Heredia y la señora doña Hierónima, su mujer, con unas ropas de terciopelo azul, recamadas de hilo de plata y oro, broslados unos ruiseñores, que son páxaros que no cantan ni muestran alegrarse sino en la primavera, y el mote decia:

Gozan del que yo quisiera
Cantar en la primavera.

Doña Hierónima dióse cata que su marido habia sacado la invincion y el mote por una prima suya, y con un zuño dijo:

Señor marido,
Hablemos un poco al oido.

Y él respondió:

Señora mujer,
Guárdeme Dios de tal hacer.

Dixo la señora doña Hierónima:

Vos temeis que yo os dixera
Quién es vuestra primavera,
Ques tan falsa para vos,
Como sois falsos los dos:
Decidle ques por demas
Quella me vesite más,
Pues que vuestros ruiseñores
Cantan que me sois traidores.

Dixo Joan Fernandez:

¿Quién os hizo trovadora,
Mi señora,
Quién os hizo trovadora?

Dixo la señora doña Hierónima, su mujer:

Por trovar vuestras maldades,
Digo en versos las verdades.
Que meresceis que yo diga
Que vestis mujer y amiga;
Pues dos jaulas parescemos,
Destas aves que traemos;
Ya nos dicen farsa es ésta,
Paxareros son de fiesta;
Yo me voy, quedaos con Dios,
Que corrida voy con vos.

La Reina, viendo que se iba, le dijo: doña Hierónima, por me hacer placer, y pesar á quien os quiere mal, que volvais, que nunca se debe hacer lo que el enemigo quiere. La señora doña Hierónima volvió á la Reina y dixo:

Señora, con tan gran favor
Yo seré tan socorrida
Que no me veré corrida
Sino por mi corredor.

Dijo Joan Fernandez, su marido:

¿Quién os ha mal enojado,
Mi buen amor,
Que me hicistes corredor?

Respondióle su mujer:

¿Quién os hizo pajarero,
Caballero,
Quién os hizo pajarero?

La Reina le dijo: Señora doña Hierónima, más querria ser vos que yo, que muy gran cordura es saber enojarse y desenojarse cuando es menester.

Vino á esta caza don Diego Ladron y la señora doña María, su mujer, y por lo que le pareció, él no salió vestido de fiesta y ella sí, con una ropa de terciopelo negro, toda broslada de unas sierpes, muy al natural, que tenian cortado del pescuezo un tercio y de la cola otro tanto, y en una montera que de lo mismo traia estaba este letrero:

En el medio está lo bueno;
Que en los estremos
Se pierden los que perdemos.

Paresció esta invincion y mote muy bien á todos y alabáronselo mucho, y don Diego dixo: Señores, todos pienso que me engañais, si no me desengaña la señora doña Hierónima, que del señor Joan Fernandez, su marido, desengañado estoy, que las más veces burla alabando el que va lisonjeando. Dixo la señora doña Hierónima: Señor don Diego, pues yo no soy lisonjera, dice mi marido que tengo mala condicion, yo tengo por mal acondicionado el corazon falsificado, que por eso se dice: vé con él y guarte dél. Lo que yo siento de invincion es, que á nosotras habeis hecho sierpes y á vos apoticario, que para que nos puedan comer, que no emponzoñemos, nos habeis hecho sacar á la señora, vuestra mujer, cortadas las cabezas y colas, mostrando que las mujeres tenemos la ponzoña en la cabeza y en los piés, de mal parleras y muy andariegas, y encobris esta malicia con el aviso que dais en el mote, diciendo: En los extremos se pierden los que perdemos. Vos y mi marido sois en esto médico y apoticario, que ordenais contra mujeres. Yo creo que tan poca paz tiene su mujer en casa como yo en la mia, pues no son portapaces los maridos que son desplaces. Dixo don Diego: Señora doña Hierónima, yo no pensé decir tanto, ni he dexado de tocar mucho, mas yo, de lo mucho que dixe, no he querido decir tanto de lo malo que vuestra merced ha sacado; y por esto se dice: no hay nada mal dicho si no es mal tomado, como ha hecho agora vuestra merced, que ha sospechado que para decir mal de mujeres hice sacar á mi mujer doña María las sierpes por invincion, y no ha sido sino por la semejanza que tiene la sierpe á lo que dice el mote, y es que así como tiene en el medio gran virtud, y en los estremos, que son la cabeza y cola, ponzoña, así se ve que en el medio está lo bueno, donde consiste la virtud para bien obrar, que en los extremos, que hacen perder, se pierden los que los siguen. Mi intincion no fué hacer sierpes á las damas, mas vuestra merced, para hacernos médico y apoticario, á vuestro marido y á mí, contra mujeres, habeis hecho esta glosa, y lo demas, dexo á Joan Fernandez, su marido, que lo dirá mejor que yo. Armóle á Juan Fernandez ir á la mano á la señora doña Hierónima, por vengarse de las que ella le habia dado y dixo: Señora mujer, quien tiene la cola de paja, del fuego se teme; como vos sois una sierpe para mí, habeis sospechado que el señor don Diego Ladron las hizo sacar para motejar á las mujeres, y cuando por esto lo hubiese hecho, no teneis que enojaros, pues se dice: sed prudentes como serpientes, esto tienen por quien las crió, que es la prudencia, y la ponzoña por la serpiente, que á la primera mujer engañó; ya veis qué mal os viene porque os hayan acomparado á serpientes, diciendo la mesma verdad que son de su naturaleza sábias, y cuando no lo quieren ser es por creer á Lucifer, que les dice que hagan lo que les vedan. Respondió la señora doña Hierónima y dixo: Señoras, preicador es mi marido y yo no lo sabía, sepamos dónde preica la cuaresma y vamos á oille, yo creo que será á casa de don Anton Vilaragut, que por lo que allí hace y dice le hizo don Luis Milan una obra, donde le hace en ella Adan y á doña Antona Vilaragut y de Heredia Eva; que no se cazaria mejor cosa en esta caza que don Luis Milan la hiciese correr por aquí como á liebre, á ruego de todas las damas, que yo creo que lo hará si una dama de las que han salido aquí se lo manda, que nadi puede mandar si no es bien mandado. Dixo Joan Fernandez: Señora mujer, si tales liebres levantais contra mí en esta caza, yo las haré correr á mis galgos. Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si la dama que la señora doña Hierónima, vuestra mujer, ha dicho, lo manda, mis coplas saldrán, y no serán vuestros galgos tan corredores que las corran, pues nunca las mias quedaron corridas de las vuestras.

Salió don Francisco Fenollet á esta caza, y la señora doña Francisca, su mujer, vestidos de monte, con ropas y monteras de terciopelo amarillo, aforradas de tela de plata, con muchas guchilladas y prendederos de oro, y el mote decia:

Sus ojos son prendederos
Que los mios aprendaron;
Amarillo me dexaron,
¿Cómo pude meresceros?

Dixo don Francisco: Bien habeis escaramuzado con la señora vuestra mujer, señor Joan Fernandez.

Caballero de frontera
Sois en todo, mi señor,
Siempre escaramuzador
Por de dentro y por de fuera.

Respondióle Joan Fernandez:

Don Francisco, ballestero,
Con virote habeis tirado,
Que muy mal está encarado
Quien hiere su compañero.

Don Diego Ladron, que vió escaramuzar á motes á don Francisco y á Joan Fernandez, entró en la escaramuza y dixo:

¿Jugais á pasa Gonzalo?
Señores, decídnoslo,
Que tambien jugaré yo,
Si Joan es el Gonzalo.

Don Luis Milan atravesó como á valedor de Joan Fernandez, y, mostrando defendelle, le hirió sin sacar sangre y dixo:

Dexad vos ese mi Joan,
Que no sufre papirote,
Sino á quien le da en el mote
Más del palo que del pan.

Joan Fernandez revolvió sobre don Diego y don Luis, y con una piedra mató estos dos páxaros y descalabró á don Francisco, diciendo:

Mirad qué Milan y Diego,
Para competir conmigo;
Don Francisco, nuestro amigo,
Sedles vos mozo de ciego.

Vino á esta caza don Miguel Fernandez y la señora doña Ana, su mujer, con ropas de monte de terciopelo naranjado, llenas de muchos oidos broslados, que estaban entre unas obras, que hacian muy buen matiz, de cordoncillo de hilo de plata y seda verde; y los motes que en sus monteras traian, decia el del marido:

Todo estoy hecho oidos
En sentiros, por oiros.

Y el de la señora doña Ana, su mujer, decia:

Toda estoy hecha oidos,
Del que oigo de maridos.

Dixo don Miguel Fernandez: Señora mujer, vuestros oidos querria ser, por oir si os dice algunas mentiras contra mí vuestra Castellana Marinuevas, que por vuestra autoridad no la debríades escuchar, que mujer novicholera, nunca fué buena casera. Dijo la señora doña Ana: Señor marido, vos querríades ser mis oidos, yo querria ser los vuestros, por saber si es verdad lo que decis en vuestro letrero, que os volveis todo oidos en sentirme por oirme, que yo creo lo debeis decir por huirme, segun huis muchas veces de casa; que el marido mal casero canta en otro gallinero.

Salió á esta caza don Baltasar Mercader y la señora doña Isabel Ferrer, su mujer, vestidos de terciopelo verde, con muchas flores de jazmil, brosladas de hilo de plata, y el mote decia:

Como flor es de jazmil
El amor de poca fe,
Que entre manos secasé.

Dixo don Baltasar Mercader: Señora mujer, ¿cómo le paresce este nuestro letrero que hice para decir una gran verdad? Respondió la señora doña Isabel: Señor marido, mucho querria saber en quién ha probado vuestra merced esta verdad, que por mí no se puede entender. Dixo don Baltasar: Señora, muy poco há que se probó con la vida de mi hermano don Berenguer Mercader, que murió de amores por una dama que se le casó, pensando que estaba tan casada en la voluntad dél como no lo fué, pues pudo casar con otro y descasar á quien tan casado estaba de amor con ella; no digo que por ser mujer tuvo poca fe, sino porque no fué hombre en agradescer, que tan de véras es el amor que mata, como es de burlas el que no da vida; pues piensan que todo le es debido á la dama que matando pone en fama. Dixo la señora doña Isabel, su mujer: Señor, dicho me ha la señora doña Ana Mercader que le ha parescido muy bien todo lo que vuestra merced ha dicho, sino tacharnos á las mujeres de poca fe, y alabar á los hombres de agradescidos, que no quedan desculpados los que culpan á mujeres, si ellos quedan infamados; y lo más dirá la dama que he nombrado, pues lo siente mejor que yo. Respondió la señora doña Ana Mercader: Señora doña Isabel, no tengo parescer sino el de vuestra merced; aquí está don Luis Milan, que, yo creo, segun ha escuchado á vuesa merced, que guarda muy bien esta razon que ha dicho, y ella es tan avisada que descubrirá el parescer de algunos para mostrar lo que sienten, pues hay razones que no debrian hablar en ellas, sino el que puede entendellas. Entendamos por qué trae las víboras en el vestido que ha sacado, que bien viene invincionado, y dígalo, por vida de quien las sacó.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Ana, lo que se debe callar no es de decir, y lo que se puede decir no es de callar. Las mejores invinciones son las que ellas mismas hablan sin letrero, y éstas apénas las hallan sino los bien invincionados cortesanos, como fué el Almirante de Castilla, que traia un corazon de piedrazufre, que nombrándole, dice la intincion del que le trae; y don Fernando de Torres, baile general de nuestra Valencia, que sacó la vela de la nave que nombran contramesana, que claro dice: contra mí es Ana; y nuestro caballero valenciano don Baltasar Romani, que traia un sino de libra, que es uno de los sinos del cielo, que esta invincion quiere decir: si, no, delibra; como es verdad que si ó no delibra al que espera. Y un otro que por Ana traia una partesana, que claro dice: parte es Ana, queriendo decir que Ana es parte para matar ó dar la vida; y ésta que yo he sacado, que son las víboras, que ellas mismas son el letrero, pues dicen por el que las trae, vivo horas, que bien se puede decir que en esta vida no se vive sino horas;

Que las horas del pesar
Más son que las del reposo,
Pues que se puede mudar
Lo venturoso.

Y el que se acordáre desto no estará sin sintir,

Que las horas del pesar,
Que es el morir,
Más son que las del placer,
Que es el vivir.

Salió don Berenguer Aguilar y la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, con unos vestidos de terciopelo leonado; y el marido traia unos círculos redondos de plata, con un leon de oro dentro dellos, que tenian este letrero:

Leonor de oro es mi invincion,
Como muestra este leon.

Y la mujer sacó unas águilas volando, brosladas de hilo de oro, y en una montera traia el mote que decia: Tras águilas fué mi volar.

Dixo don Berenguer á la señora su mujer: Una dama me ha dicho que por haber casado con vuestra merced me pueden decir el marido de la gala y que no me faltaba sino que me dixesen Martin, pues ya tenía la gala. Dígame cómo se ha de entender esto, que yo no lo entiendo.

Respondió la señora doña Leonor: Señor, pregunte vuesa merced al señor Joan Fernandez, qué quiso decir esta dama, que no la entiendo, por qué queria que le dijesen á vuestra merced Martin, si ya no es ella por quien se dixo esta cancion,

¿Por qué no tramas tela,
Di, Berenguela?

Respondió Joan Fernandez: Señora doña Leonor, pues vuestra merced lo manda, y el señor don Berenguer se lo rie, digo que esa dama quisiera ser Berenguera, y como no lo ha sido, se burla de lo que ella quisiera ser burlada, y quiere decir que pues el señor don Berenguer alcanzó renombre de marido de la gala, que si le dixesen Martin le dirian Martingala.

Don Berenguer se corrió de la risa que este apodo levantó, y dixo: Señor Joan Fernandez, ese nombre mejor sería para vuestra merced, pues un tiempo usó la martingala en las calzas, quando se iba de cámaras de baxas coplas, que contra don Luis Milan trobó, que pullas las llamo yo. Respondió Joan Fernandez: Si el Milan dice que son pullas, yo lo otorgaré, y de otra manera no. Dixo don Luis Milan: Pues el Sr. Joan Fernandez se fia de mí, yo no digo que son pullas, sino repullones, y dígalo su excelencia, si fueron coplones lo que respondió á mis coplas, y séanos juez.

Respondió el Duque: Si yo tengo de ser el juez, para bien juzgar he de oir las dos partes cuando yo daré audiencia, que será mejor despues de haber cazado, porque los monteros traen los sabuesos que no los pueden tener de sentir los puercos, que no deben estar léxos; y en esto levantaron un gran puerco, y maltrató los perros que le asieron, y el Duque demandó una porquera y mató al puerco, y presentóle á la Reina con este requiebro:

Un muerto presenta á otro;
Que el amor
Mata y hace matador.

La Reina respondió al requiebro del Duque con una risa, y dixo, á mí me dicen: Je vus entendo ben. Y el Duque respondió: Y á mí me nombran Sans mal pensier; y porque es así como digo, qualquier de la compañía que mate caza, preséntela á quien quisiere y no á mí, por quitar de sospecha á vuestra alteza que la tomo para presentalla á damas; pues no quiero hacer presente sino á quien no soy ausente, que es á la Reina, mi señora. Levantóse un otro puerco muy fiero, y matóle don Luis Vique, y presentóle á la señora doña Mencía su mujer, con este requiebro:

Presento de lo que dais,
Muerto, pues que vos matais.

Dixo la señora doña Mencía: No sabía yo que fuese matadora, por esto el médico de nuestra casa no sabía decirme el otro dia qué mal era el de vuestra merced; agora veo que mejor están los amadores enfermos que estando buenos.

Dixo el Duque: Señora doña Mencía á esa razon no se le puede responder estando á las manos, sino á las lenguas en conversacion de damas, y no entre puercos. Yo me acordaré della á su tiempo, porque vuestra merced nos la haga de dárnosla á entender. Salió un puerco muy bravo que puso espanto á todas las damas, porque iba entre las mulas, y mató la de la señora doña Violante Mascó; y don Luis Margarite, su marido, saltó del caballo y púsose á las espaldas su mujer, y el puerco vino para ellos, y este galan le puso la espada por la boca hasta la empuñadura, y muerto el puerco, dixo este requiebro:

Cuando en vos me vi salvar
De la muerte que moria,
Nunca llegaré á pagar
Con esta muerte la mia.

Dixo la señora doña Violante, su mujer: No me ganaréis á requiebros más de lo que ya me habeis ganado, y respondió con este otro:

Si de muerte os he librado,
Fué porque vos me librastes;
Con lo que vos me pagastes
He pagado.

Don Pedro Mascó se fué con los monteros de ciervos, y no tardó mucho á venir con un ciervo que habia muerto, y trúxole con los cantores del Duque que delante dél venian cantando: Sicut cervus ad fontes aquarum, viene el ciervo del marido que su mujer le ha herido.

Dixo la señora doña Castellana, su mujer: Señor don Pedro, el que hizo ese cantar muy gran verdad ha dicho, porque así como el ciervo herido va á las fuentes de las aguas, con el mismo deseo viene el marido á su mujer, si della ha sido herido ántes de casar.

Dixo el Duque: Señora doña Castellana, guardemos esa razon, que hay mucho que decir, para la conversacion que se terná en la comida desta caza, que yo la sacaré por postre, pues á vuestro marido le dió tan buenas primerías.

Dixo la señora doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Señor Duque, su servidor y mi marido he visto de aquí trabado con un puerco al pié de aquel montecico, y parésceme que su caballo está mal herido; mándeme dar un caballo y una lanza, que yo le quiero socorrer. Héle allá, agora le veo, y está á pié, muerto debe ser su caballo. Socorrieron el Duque y todos los caballeros, y hallaron á Joan Fernandez á caballo sobre el puerco, asido de las orejas con la mano izquierda, y con la derecha dándole de puñaladas, que ya le tenía casi muerto, caido entre sus piernas. Levantóse de tierra y vió venir con el socorro á su mujer, con un caballo y una lanza á la jineta; y como su marido Joan Fernandez la vió venir de tal manera, rióse v díxole: doña Hierónima, ¿á quién veníades á socorrer, á mí ó al puerco?

Y ella le respondió: Yo os respondo con lo que dixo el Duque de Ferrara en un socorro que hizo á los franceses contra los españoles en la batalla de Rávena, que viendo los dos campos muy trabados y perdidos, para acaballos del todo, mandó desparar su artillería á todos y dijo: Tutti son inimici.

Rieron mucho y Joan Fernandez respondió: Señora mujer, pues decis que á los dos teneis por enemigos, á mí y al puerco, bien será que yo le presente á la primavera vuestra amiga, que nos terná por amigos, con este mote:

Recebid este presente
Mi seniora primavera,
Que mi mujer le comiera,
Sino por un accidente.

Respondióle doña Hierónima: Sepamos por qué decis que yo comiera el puerco, sino por un acidente, que ninguno tengo para dejar de comelle, sino ser mal casada.

Dixo Joan Fernandez: Pues sabed, señora mujer, que, hablando de véras, el puerco es vuestro, que matándole me dixo: Yo me dexo á tu mujer, y así os le presento con este cantar:

Mal casada, no te enojes,
Que me matan tus amores.

Y ella le respondió con este otro:

¡Ay, señoras, si se usase
Que quien mal marido tiene
Que lo dexase!

Y así se volvieron cantando y riendo, para alegrar á las señoras, que tristes estaban hasta que vieron á Joan Fernandez sin peligro.

No muy léjos deste placer donde estaban, se levantó un puerco muy fiero, y don Diego Ladron tomó una lanza y fué para él, y dióle una lanzada por los costados, que le pasó de parte á parte; y el puerco le rompió la lanza con los colmillos, y le hirió el caballo, y dixo estas palabras: Mahoma, no me faltes.

Joan Fernandez se rió, diciendo: A no decirse vuestro caballo Mahoma, pensáramos que sois moro.

Respondióle don Diego: Mas ántes yo lo soy despues que moro con vuestra amistad, aunque más lo parescistes vos el tiempo que trujistes la turca de grana, que enojastes en traella á dos veranos de caliente y á tres inviernos de frio, que don Luis Milan se acordó desto en una copla que os hizo haciéndoos turquesa quando sacastes una ropa larga, de paño azul, como la que traen los pregonamuertos de la cofradía de Santiago, que si don Luis Milan la quiere decir y vos no os correis, seréis mucho de palacio.

Dixo Joan Fernandez: Sólo por paresceros cortesano sufriré papirotes del Milan, cuanto más coplas.

Dixo don Luis Milan: Bien será decilla, y no os corrais, que de color os mudais.

No se vió mejor empresa,
Ni azuleja más galana,
Tan turco sois con la grana
Como con lazul turquesa.

Azulejo, mi señor.
Turquesa contra caida;
No tengais ningun temor,
Que no caeréis de amor
En vuestra vida.

Dixo Joan Fernandez: Pues habeis empezado la escaramuza de coplas, vos seréis como Moriana, bien servida y mal contenta de mis respuestas; y recebid ésta con perdon que os hace búfalo, por ser animal que aborresce la grana, y á toda cosa que con ella está. Pues mi ropa azul aborrecistes por vos haber sacado tras ella mi turca de grana que me quisistes matar á motes cuando la traia, así como el búfalo quiere quitar la vida á quien la trae; y la respuesta que doy á vuestra copla es ésta:

Nombrar mi ropa azuleja,
De azulejo fué tomado,
Paresce que habeis sacado
Vestido de ropa vieja.

Turco y turquesa me heciste,
Corriste carrera vana,
Búfalo me parecistes,
Que lazul aborrecistes
Por la grana.

Don Francisco Fenollet, como no es muy amigo de cazar puercos, siguió á los monteros de ciervos, y vino con un ciervo cariblanco, que tenía el pié derecho negro, y cuando fueron en vista y oida de la señora doña Francisca, su mujer, venía delante del ciervo cantando Olivarte, cantor del Duque, este romance:

Aquel ciervo cariblanco
Que corre por aquel llano,
Quien fuere mi caballero,
Tráigamelo á la mano.

Dias há que yo ensoñé
Que mi mal no será sano
Si no me traen un ciervo
Cariblanco y rabicano.

Con el pié derecho negro,
Que no es de señal villano
Por la propiedad que tiene,
Que sabella no es en vano.

Quien comiere deste ciervo
De Cupido será hermano;
No le matará el amor,
Que no le dará de mano.

En acabar de cantar Olivarte, don Francisco le presentó á la señora, su mujer, y le dixo: Señora, con el romance que hice por servicio de vuesa merced, ántes de seros marido, os he presentado este ciervo cariblanco, que la ventura me ha hecho cazar, para que se cumpliese mi deseo de presentaros lo que yo represento.

Ciervo cazado del amor
Para ser vuestro amador.

Dixo la señora doña Francisca: Señor, si las señales no mienten, vuesa merced las tiene de buen marido, que hasta agora no tengo de qué quejarme, sino que anda mucho en burlas con Gilot.

Que á las veces salen véras
Las burlas que son terceras.

Dixo Gilot: Señora doña Francisca, totes les celoses son com á cigales, que en cantar una responen molges. La Reina ha comenzat lo cant, que de cels es un encant; y la señora doña Mencía fa lo contralt, que son marit ne stá malalt, y vosa merced es un tenor sospitos, que pijor es que la tos; y la seniora doña Hierónima lo contrabaix, puix son marit va tos temps baix en amors,

Que pijor es que dolor
De mal frances,
Baix amor en caballers.

Don Miguel Fernandez vió un ciervo no muy léjos de donde estaban, y dixo á la señora doña Ana, su mujer: Yo quiero ir á matalle como á servidor, y no como á marido, porque si lo presento á vuestra merced le tomará de mejor gana, pues yo le daré con mejor modo. Y tomó un arcabuz de un montero, y mató el ciervo y presentóselo con este requiebro:

Tenedme por recebido
Ciervo, vuestro servidor,
Y sabráos mucho mejor
Que de marido.

Dixo la señora doña Ana, su mujer:

No le tomára
Si como á marido le presentára,
Y en presentalle como á servidor,
Le tomo con más amor,

que, para conservarse la voluntad entre los casados, siempre ha de saber como á servidor el marido, porque no sea tenida en poco la mujer,

Pues en ser casada es olvidada,
Lo que no debria ser,
Que la guerra en la posada
Peor mal no puede ser.

Dixo el Duque: Señora doña Ana, porque no le responda su marido á esta plática, que ha menester hora más desocupada, dejémosla para despues de la comida por lo que se dice:

Lo que á muchos toca,
Con pocos no se platica.

Levantaron un puerco y vino hácia donde estaba don Baltasar Mercader, y tomó una lanza, y dixo á la señora doña Isabel, su mujer: En nombre vuestro le daré lanzada, porque no se me vaya; y mató el puerco, y dióselo con este requiebro:

Si con vos no le hiriera,
No muriera.

Respondió la señora doña Isabel:

No es tan mortal
Mi lanzada,
Pues que no puedo matar
Vuestro burlar.

Venía don Berenguer Aguilar corriendo tras un ciervo que habia herido al pié de un monte, á vista de todos, y vino á morir delante de la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, y presentóselo con este requiebro:

Por vuestra vista murió
El que os miró.

Dixo don Luis Milan: Basilisco ha hecho el señor don Berenguer á vuesa merced, que mata con la vista.

Díganos en qué está muerto,
Que no lo entiendo por cierto;
Que en la carne está engordando
Y en su espíritu burlando.

Creo que esta muerte debe ser
Que murió de gran placer
Por haber con vos casado,
Y vióse resucitado,
Más sabido
Por habella conoscido.

Ya era mediodia, y el Duque mandó que cesase la caza, y dixo:

Buena caza habemos hecho,
Como hacen en cazar
Los que cazan para dar
A su provecho.

Hora será de comer,
Que ya espero esta comida,
Pues comer es para vida
Gran placer.

Dixo don Francisco Fenollet: ¿Trovador es vuestra excellencia?

Respondió el Duque: No soy sino perdedor.

Dixo don Luis Milan: Nadi pierde por otro sino por sí.

Replicó Joan Fernandez: En el merescer está el tener.

Respondió don Diego Ladron: Nadi meresce sino á quien se le paresce.

Todos allegaron con gran regocijo á la comida, que fué en Liria, y sentados que fueron á la mesa, dieron muy buen tocino con vino blanco y azúcar, y dixo el Duque: Gilot, muy buenos principios son éstos, del tocino de Aragon deben ser, que tú lo debes conoscer.

Respondió Gilot: Señor, gran merces del mot quem habeu donat; juheu me habeu fet, mas no so cobart, á un canonge ne fas part, ques diu Ester, que sé que lin fas gran placer.

El Canónigo le tiró un bofeton, y erró á él, y dió al paje del mal recaudo, y los dos para vengarse trujeron dos halcones muertos de hambre, y soltáronlos al Canónigo, que sin bonete en la cabeza estaba delante el Duque, y asidos dél le picaron en la calva y él gritando, y Gilot y el paje teníanle, porque los halcones estuviesen como en barra asidos con las uñas dél; y quedó tan ensangrentado que si el Duque no le socorriera, muerto fuera, y el paje le apodó, y díxole:

Señor mosen Agron,
¿Cómo os fué con mi halcon?

Y él respondió:

Y á vos, patge del ganget,
¿Cóm vos va ab lo meu bufet?

A ruego de las damas el Duque los perdonó, y mandó que no se desmandasen más de manos.

Sacaron unas aves asadas de tan estraño olor y sabor, que de no conocellas les pusieron nombre las desconocidas. El gobernador Cabanillas, por haber tomado el cargo desta comida, no le vimos hasta la hora del comer y dixo: Ninguno sabe el nombre destas aves sino yo, que de las Indias me han enviado dellas poco há, y en Benizano y Bolbait las hago criar dentro en los castillos, porque son de tan gran sentido que sirven por sentinelas, pues por poco ruido que sientan de noche dan grandes voces, y hace la guardia una dellas despierta, como está la grulla con la mano alta y una piedra en ella, miéntras las otras duermen, porque si se aduerme, al caer de lo que tiene entre las uñas despierta, y desta manera no puede dormir, que por esto no me ha de tener en poco su excelencia de las muchas que yo he traido aquí, teniendo la propiedad que tienen para centinelas, que guarda fuerzas se debrian nombrar, y no el nombre que tienen.

Dixo el Duque: Cabanillas, nadi alcanza lo que vos, pues alcanzais hasta las Indias á tener lo que dellas no alcanzan reyes. Decime, por vida de la Reina, mi señora, qué nombre tienen, si es tan bueno como el que vos les habeis puesto.

Respondió Cabanillas: Señor, soy contento; el nombre dellas es perdizajeras.

Dixo doña Hierónima, la mujer de Joan Fernandez: Esto, perdices son con ajos, que el nombre se lo dice, pues nombrando una que se dirá perdizajera, lo dice claro.

Rieron mucho de la burla de Cabanillas, y el Duque le dixo cómo las habian aparejado; y él respondió: Ponen dentro dellas agiaceite, de manera que no pueda salir, y al asar incorpórase todo en la perdiz, y queda tan desconoscida como conoscida de la señora doña Hierónima, por ser muy enemiga de los ajos, que su marido no los osa comer en su casa, porque un dia le corrió con el majadero que los habian hecho y arrojóselo; y él vino huyendo á mi casa, á hora de comer, hediendo á los ajos y díxome: Señor, acógeme en vuestra mesa, que huyendo vengo del majadero, que nunca estuvo más donoso en su vida, por los donaires que aquel dia dixo, y fueron tales, que doña Elena, mi nuera, le puso nombre Joan Donaire.

Dixo Joan Fernandez: Señor Cabanillas, buen sermon habeis estudiado para venir á decirme Joan Donaire. Bien será que sepan lo que á vos os siguió en otra comida que don Guerau Bou estuvo en ella y me dixo que Juan Vilarrasa, vuestro sobrino, convidó á comer á su huerta á fray Palomo, que aquella cuaresma preicaba en Valencia, y convidóle para oirle, que era muy buen decidor. Y al hora que se asentaban á la mesa, vuestra merced entró y dixo: Pax vobis, y sentóse á comer, y don Juan Vilarrasa fuése á la cocina por no oir vuestros cuentos católicos del tiempo del Rey Católico; que fueron tantos, que nunca el fraile pudo envidar con los suyos, y á cada paso vuesa merced decia: Esto que digo en este cuento don Juan Vilarrasa lo sabe tan bien como yo. Y él respondió de la cocina, donde estaba, gritando: Noy sé res de quant diu, puix mal profit me ha fet entrar lo frare que nunca la dexat parlar. Y en irse vuesa merced, el fraile os puso nombre el gobernador Campanillas, porque quando ellas tañen nadie puede hablar.

Despues de las perdices dieron pavones de las Indias y de los nuestros, y dixo don Diego Ladron: Apostaré que al señor Joan Fernandez mejor le parecerán los pavones indianos que los de Valencia, aunque para lo que siempre hace en sus amores, mejor le debrian parescer los nuestros, pues los contrahace estando en rueda como están ellos con las plumas muy hermosas, que son las que don Luis Milan le pasa por la nariz, y son tantas que queda emplumado. Pues digámosle Joan de Rueda, y no lo digo porque sea como Lope de Rueda, que no hace farsas como él.

Dixo don Francisco Fenollet: Si él es más amigo de los pavones indianos, yo le diré Juan pavon indiano.

Joan Fernandez le respondió con esta copla, que de presto hizo:

Cuervos habeis parescido,
Que muy mal habeis picado,
La ropa me habeis rasgado,
Que sangre no m’ha salido.

No seais corveadores,
Qu’es muy malo corvear;
Alquilaos á podar,
Pues sabeis á podadores.

Don Diego y don Francisco, que se oyeron apodar á cuervos, dixeron á las damas si era bueno el apodo, y en qué les parescia que fuesen corveadores, como Joan Fernandez les habia dicho en su copla; y que lo pensasen entre tanto que respondian cada uno á la copla con otra suya, y dixo don Francisco:

Paresce que os enojastes
Por deciros Joan pavon;
Y’os apodo al abejon,
Pues que siempre le jugastes.

En las burlas deste juego
Siempre haceis sentir el palo:
Comenzad á rezar luégo,
De las manos de don Diego
Sed liberanos à malo.

Y tras esta copla de don Francisco Fenollet salió la de don Diego Ladron y es ésta:

Si cuervo os he parescido,
Lagarto me semejais,
Con vuestra cola gastais
Lo que os sale del sentido.

Yo no he visto mejor pieza,
Digámosle Joan Lagarto;
Pues la cola gasta harto
Lo que adoba su cabeza.

Dixeron las damas á don Francisco Fenollet y á don Diego Ladron: Con mucha razon os apodó Juan Fernandez á cuervos por aquello que dice; ántes que dices diga que la señora doña Hierónima, su mujer, lo ha dicho, que si les apodó su marido á cuervo, fué porque no le apodasen primero á él cuervo, que mejor le estuviera, pues siempre la va picando; que yerros son del marido y la mujer, decirse cuentos para quedar descontentos.

Tras los pavones sacaron muy grandes pasteles, y fueron nombrados copos de amor, con muchas aves en ellos, y de todas carnes, que buenos los hacen; y el Duque presentó uno á la Reina con este requiebro:

En este copo de amor
Le presento á su alteza
Una ave, ques mi firmeza.

Don Luis Vique dió otro á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
Por ave mia os presento,
De Mencía es mi contento.

Don Luis Margarite dió otro á la señora doña Violante, su mujer, y dixo:

Este copo del amor
Por ave os presento yo,
Que se nombra, vuestro so.

Don Pedro Mascó dió otro á la señora doña Castellana, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
De vos y de mí está lleno
De un ave, ques gusto bueno.

Joan Fernandez dió otro á la señora doña Hierónima, su mujer, con este dicho:

En este copo de amor
Os presento un ave hermosa,
Qu’es la vuestra mariposa.

Don Diego Ladron dió otro á la señora doña María, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
Os presento un muy gran dón,
Un ave vuestro Ladron.

Don Francisco Fenollet dió otro á la señora doña Francisca, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
Por ave Francisco doy,
Pues que de Francisca soy.

Don Miguel Fernandez dió otro á la señora doña Ana Mercader, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
N’os presentó cosa vana
Por ave la mayorana.

Don Baltasar Mercader dió otro á la señora doña Isabel, su mujer, con este dicho:

En este copo de amor
Doy lo que de vos más quiero,
Un ave qu’es, mucho quiero.

Don Berenguer Aguilar dió otro á la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, y dixo:

En este copo de amor
A mi Leonor se da
Por ave mi aguila.

Tras estos copos de amor sacaron muchas maneras de potajes: manjar blanco de amor en blanco, y mirrauste de mal miraste, y diamante del amante, y aves cocidas de escocidas, y escodillas de salsas de falsas, y salchichones de burlones, y longanizas de falsas risas, y sobreasadas de refalsadas, y pollastres de desastres, y porcellas de querellas, y cabritos de malditos, y cabezas de ternera de parleras, y tortras de mal de otras, y empanadillas de rencillas; y por postres dieron peras de mal esperas, y queso de mal seso, y aceitunas de importunas, y camuesas de feezas, y ragea de mal se vea, y muchas maneras de confituras de amarguras; todo

Fué con tanto cumplimiento,
Que por burla como á cuento
He sacado
Los manjares que he burlado,
Que hablando muy de véras
Sin falsete,
Nunca fué mejor banquete.

Acabada que fué la comida, dixo el Duque: Quien promete en deuda se mete. Yo prometí ser juez para juzgar cuál de los dos, ó Joan Fernandez, ó don Luis Milan, agora podeis decir las coplas que os hecistes, que, oidas las dos partes, yo diré mi parescer.

Dixo don Luis Milan: Pues vuestra excelencia lo manda, y estamos en juicio, tengámosle los que habernos de ser juzgados en ser bien sufridos,

Que en el lugar de las verdades
Decir mentiras, son maldades.

Y tratando muy gran verdad digo, que Joan Fernandez vino al juego de la pelota muy canicular en los dias caniculares, en cuerpo, sin capa, vestido de monte ó de mote, con un sayo y calzas y montera de paño, y un jubon algodonado de fustan; todo tan verde que no vino nada maduro, con tan grandes calores como hacia, que no se podia vivir con tafetanes; y diciéndome don Francisco Fenollet: ¿Qué risa es ésta que se ha levantado tan grande? yo le dixe: Del cielo viene lo que por castigo se hace, ¿no veis cuál ha venido nuestro amigo, un Enero en Juliol hecho un verderol? Y por esto le hice estas tres coplas, que si comienzan con puntos de música, fué por burlar de la suya, pues burla de la de todos, y recíbalo con paciencia.

Que poco enoja
La burla que desenoja.

Dixo Joan Fernandez: Decildas, que las burlas sin dañar nunca obligan á enojar.

Señor, ut, re, mi, fa, sol,
Joan Fernandez sin par,
Ogaño os podrán pescar
En la mar por verderol.

Un tiempo fuistes pajel
Trayendo turca de grana,
Yo no sé por cuál desgana
Dejastes la color dél,
Por una esperanza vana.

Suplicos se os acuerde
Sobre tal caso escribir,
Si no, habrémos de decir,
Adelante los del verde.

Y á refran tan conoscido,
Por quitar murmuradores,
Dad razon á trovadores,
Si de verde os sois vestido
Por ir verde en los amores.

Por mote no lo tomeis,
Pues es pregunta que os pido,
Si no, yo seré el corrido,
Si vos desto os correis.

Y perdone la ocasion
Que lo verde me ha dado,
Que por verderol, pescado
Entre platos y un limon,
Al Duque os he presentado.

Dixo Joan Fernandez: Con un cuento quiero responder al yerro que sintió don Luis Milan, de malas coplas que le hice, por contentar á quien contentando descontenta.

Que peor no puede ser
Que á malos apetitos complacer.

Y siguióse que el Rey de Portugal hizo hacer un exercicio para hacer galanes, y fué que armó un maestro de gala porque amostrase á hacer el galan á quien lo hubiese menester para bien servir á damas, porque no se daba licencia de servirlas sino á quien fuese examinado oficial de la gala, y si el caballero sirviendo á su dama hacia algun nescio pecado, ella le daba la pena que merescia. Y como el mayor de todos los pecados fuese hacer malas coplas, hizo un portugues á un competidor suyo unas, que sabian á pullas por ser mentirosas y de bajo estilo; y la pena que su dama le dió, fué despedirle de servidor, y él iba diciendo:

Por facer malas coplas
Perdí miña amor,
Doleyvos de meu dolor.

Yo soy este portugues, que por lo mismo fuí despedido de una dama que serviamos don Luis Milan y yo, y despidióme con este cantar de muertos:

No me sirvais, caballero,
Ios con Dios,
Que quien hace malas coplas,
Nescio vos.

Yo quedé tan arrepentido, que luégo rasgué todas las malas coplas que pude haber, y de nuevo le respondí á todas las suyas con las que agora le responderé á cuantas me dirá; y respondo á las del verderol, que me ha hecho, con éstas:

Señor: re, mi, fa, sol, la,
Respondo al ut, re, mi, fa, sol;
Vuestro galan.

De vos se queja mi águila,
Que la hizo verderol
Vuestro milan.

En el vuelo se ha mostrado
Vuestro milan, como en caja,
En amor.

Quien tras águila ha volado,
Si por verderol se abaja,
Es pescador.

Vos haceis lo que hacer suele
El milan en su volar
Por vivir sano.

Que por muy alto que vuele,
L’habemos visto abajar
Por un liviano.

Ese milan que teneis
Daltibajo es su gran vuelo
En llano y sierra.

Cantad lo que vos haceis,
Que vuelo hasta el cielo
Y quedo en tierra.

Las damas os desengañan,
Que n’os quieren mirar más
Si las mirais.

Pues vuestras cosas engañan,
Todo es Pedro por demas
Si festejais.

Dicen que os han descubierto
Que sois muy desamorado
En amores.

Qu’el primer dia sois muerto,
Y al tercer resucitado
Sin dolores.

Dixo don Luis Milan: Señor Duque, si estuviese en mi mano, lloraria por no dar en reir de lo que diré, que no sé cómo lo diga, que ya me rio del sayete de paño naranjado que sacó el señor Joan Fernandez para ruar, ó reir á hora de vueltas; y estaba guarnescido con una trepilla, ó tripilla cortesana de tercioperro negro, que tan negro terciopelo nunca vi. Pues fué tan reido por la trepilla, como trepado de todos, por ser tan corto como vizcaíno, y tan estrecho como catalan, que don Diego Ladron, en una copla que le hizo, le dixo que era sayo-paje, y don Francisco Fenollet, en otra, le apodó á sayo-mono, y yo, á cuera-sayo, como en esta copla vuestra excelencia verá:

No caigo bien en la cuenta,
Y he caido de quién es,
Que ese sayo que traés
Á los dos os descontenta.

Para sayo más es cuera,
Para cuera más es sayo,
Librea pensé que fuera;
Digámosle sayo-cuera,
Ó si quereis, cuera-sayo.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

Pues tambien canta estrambotes
Á mi sayo su milan,
Si quisiese ser truhan,
Ganaríale á motes.

Cuera-sayo le decis,
Y no está de vos quejoso,
Que si vos os lo vestis,
Decirle han sayo Luis,
Que se ensaya á ser donoso.

COPLA DE DON DIEGO LADRON Á JOAN FERNANDEZ.

Ya tengo perdido el norte,
No puedo saber quién es,
Ese sayo que traés
Debe ser de vuestro corte.

Ó de vuestra corte traje,
Me paresce, señor Juan,
Dalde luégo á un truhan,
Que paresce sayo-paje.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON DIEGO LADRON.

Pues el norte que perdistes
Os hizo perder la gala,
Don Diego Ginagala
Á mi sayo parescistes.

Sayo-paje le apodastes,
Y él á vos os ha apodado
Á galan Ginagalado,
Pues de Ginagala hablastes.

COPLA DE DON FRANCISCO FENOLLET Á JOAN FERNANDEZ.

Espantados vais los dos,
Vos y el sayo que traeis;
¿Cómo los dos n’os correis,
Vos con él, y él con vos?

Dende agora y’os perdono,
Y podréis os dél servir,
Si me le dejais decir
Que parece sayo-mono.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON FRANCISCO FENOLLET.

Si los dos nos espantamos,
Yo y mi sayo naranjado,
Fué de veros espantado
Por lo que de vos burlamos.

Para hacer una comedia,
Yo le dixe á mi sayete,
Mejor fueras fenollete
Que sayo-mono de Heredia.

Dixo don Luis Milan: Item más, salió el señor Joan Fernandez por la iglesia mayor, sin capa y con el sayo desabrochado, para oir, la oncena qu’es la misa de los perezosos. Y fué tan mortal este pecado, que nadie lo quiso absolver, sino el Obispo de Fez de vuestra excellencia, que perdona de todos los pecados, y porque supo que no pecó en dia de fiesta, ni por mostrar su gentil cuerpo, sino por remedar á un caballero mallorquin que quiso poner este mal uso en nuestra Valencia; y fué tan reido, qu’el señor Joan no osó más volver á pecar en este pecado, y por esto fué de las damas perdonado. Pero no se me fué sin copla, y es ésta:

Dicho me han, señor don Joan,
Que se toma residencia
En la ciudad de Valencia
Del oficio de galan.

El pueblo está alborotado,
Que en cuerpo y desabrochado
Remedais al mallorquin:
Decidme, ¿qu’es vuestro fin,
Que de risa m’he finado?

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

Dicho me han, señor don Luis,
Que os han hecho juez de gala,
Buena será para mala,
Si juzgais como servis.

Rey fué mal aconsejado,
Creo que vos lo aconsejastes,
Á vos y á él ha engañado,
Á él porque á vos l’ha dado,
Y á vos porque lo tomastes.

RÉPLICA DE DON LUIS MILAN.

Yo quiero renunciar
Al oficio de galan,
Mejor será para tal Joan,
Pues sabe tambien juzgar.

De razon me alcanzais,
Que mejor que yo juzgais,
L’ajeno y vuestro decis,
Vos hablais como vestis,
Y vestis como hablais.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

Vos sois muy buen danzador,
Y danzais para reir,
Del són os veo salir
Para ser gran tañedor.

Harto fué salir del són,
Sacarnos, como á desastre,
Á mis vestidos y razon,
Aquel juez sois de Aragon
Que ahorcó tejedor por sastre.

DON LUIS MILAN.

Yo por sastre os he tomado,
Que vos no sois tejedor,
Ordidor ni tramador,
Sino de muy mal cortado.

Y aunque mucho habeis reido,
Del són no me soy salido,
Que despues que os guié,
De tal baja y’os saqué,
Que en el alta os he metido.

DE JOAN FERNANDEZ.

L’alta y baja que nombrastes
Es de vuestra condicion,
Alto sois de presuncion
Y muy bajo copleastes.

Contrabajo sois de tono
Por burlar de bajo traje,
Siendo contralto en linaje,
Quien dixera sayo-mono,
Sayo-cuera y sayo-paje.

DON DIEGO LADRON.

Tened al Rey, trovadores,
Qu’el Rey me ha dado poder
Que presos pueda traer
Á quien son copleadores.

Copleadores paresceis
Porque mucho os encendeis,
Que burlas n’os han de alargar,
Ya os podeis espabilar,
Que gran pábilo teneis.

Dixo el Duque: Tiene razon, don Diego Ladron, que las burlas no deben ser largas aunque sean buenas, que si turan mucho, pueden hacer mal estómago, por ser de mala digestion el burlar, y si son pocas puédense digerir; y pues los caballeros no deben reñir de burlas, no se ha de burlar para que puedan reñir de véras, porque sufriendo muchas, parescen hombres de burlas, y siendo pocas, no apocan á los burladores en sufrillas. Yo doy por tan buenas vuestras coplas, que no sé á quién dar la mejoría, despues que se ha mejorado Joan Fernandez en rasgar las malas coplas, que, por mal consejo, hizo contra don Luis Milan.

Dixo don Francisco Fenollet: Señor, agora le pueden decir, Joan Fernandez adobado como guante, pues ha sido tan bueno el adobo de la dama que le despidió, que ha mejorado de coplas en las burlas. Y vuestra excelencia, para acabar de bien juzgar, no debe atajar que digan las demas que se hicieron, para que vea si son tan buenas las que vernán como las pasadas, que volviéndose á encender, yo los espabilaré y departiré con otra copla, como lo hizo don Diego Ladron.

Dixo el Duque: Don Francisco, bien me parece lo que decis, aguarden tiempo y lugar que venga á buen propósito, y podrán tornar á volar el águila del Joan y el milan de don Luis, y agora tratemos de las muy avisadas y graciosas razones que estas señoras dixeron ántes de cazar, que yo las atajé para que mejor platicásemos dellas despues de la comida. Y agora diga la señora doña Mencía la suya.

Dixo la señora doña Mencía: Señor, lo que yo dixe fué, que mejor están los amadores estando malos que buenos, porque la dolencia de los que aman es salud para la honra de sus damas, pues estando malos sus servidores, muestran no estar sanos de favores, y estar los galanes dolientes, desfavorecidos, es sanidad para ellos; pues no andan atrevidos sino para bien servir y no enojar; que si estuviesen sanos de bien tratados, andáran descuidados en el servicio de sus damas, pensando que no pueden parescer mal, de cualquier manera que sirvan, los que por buenos servicios han allegado á parescer bien y van engañados; que los que se descuidan son los que se pierden. Y como mi señor don Luis Vique tiene bien probado ser esto lo mejor, siendo marido se trata conmigo como á servidor, y á quien tal hace, meresce que nunca le contradiga su mujer.

Dixo el Duque: Señora doña Mencía, no hay más que decir, sino dígalo el señor don Luis Vique, su marido.

Dixo don Luis Vique; Señora mujer, yo ensoñé, quando os era servidor, que os habia de ser buen marido, porque siendo leal la dama cuando es amiga, no puede ser desleal cuando es mujer, que si ántes de casar, cuando ella manda, se dexa mandar de la razon, despues de casada no se puede desmandar para dar pasion. Siempre vi en vuesa merced, cuando os servia, lo que debe hacer la dama á su servidor cuando no merece competidor, pues vió en mí que no lo merescia, ni por desleal para seros traidor, ni por atrevido para mal serviros, ni por confiado para prometerme, ni por descuidado para yo faltaros; que ni yo me confié de meresceros, ni me desconfié para olvidaros. Y así la ventura os hizo mia, pues vió que todo era vuestro, y con el modo que le gané la voluntad, como á servidor, la quiero conservar como á marido, pues vuesa merced se hizo amar como amiga, que habia de ser mi mujer. Que las amigas que son buenas para mujeres, agradan mas que las mujeres que son buenas para amigas.

Dixo Joan Fernandez: Señora doña Mencía, por lo que vuesa merced ha dicho, ha mostrado qu’el señor don Luis Vique, su marido, va tan enfermo de vuestro amor como cuando os era servidor; y á mi parescer no se vió Luis más sano. Díganos en qué está mal, si es dolor de quixal.

Dixo don Francisco Fenollet:

No puede ser mal de muelas,
Que sería gritador;
Más paresce mal de amor.

Dixo don Diego Ladron: Más parece el mal del tordo.

Dixo don Luis Milan: Más será el del gavilan, que, por gentileza, á la mañana suelta la presa.

Dixo la señora doña Mencía: Señores desamorados, como no teneis amor, habeis burlado del mal de mi señor don Luis Vique; Don Francisco Fenollet ha acertado, que deste mal fué oleado.

Dixo don Luis Milan: Y cuán oleado, y áun batizado del agua del palo, que mal frances fué su amor.

Dixo don Francisco Fenollet: Ximeno, por su mal conoce el ajeno.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, vos no quereis acabar de conoscer ese milan; por él se dixo: El mal de milano, las alas quebradas y el pico sano.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, pues quereis que tenga pico, repico. Bien se os acuerda, cuando fuisteis dama de don Enéas Ladron, que os sacó á danzar en el Real, estando en sarao la Reina, mi señora, y su excelencia, y vos no le negastes vuestro cuerpo, que parescistes la reina Dido, que iba danzando con su Enéas troyano, como vos con el vuestro, que parescia Enéas gitano, que por parescernos vos tan feo para dama como él para galan, le apodamos á Camafeo, y á vos á dama fea. Pues fué el caso tan feo, que no hallamos con qué salvaros, sino con Lope de Rueda, que lo quisistes contra-hacer por dar placer á costa vuestra, como esta copla muestra:

Bueno vais, señor don Joan,
Puesto estais en buena fama,
Y’os tenía por galan,
Y hanme dicho que sois dama.

Bien podeis cantar de hoy más
Aquella triste sonada
De Dido, la desdichada:
Enéas, pues que te vas
Y me dejas tan burlada.

RESPUESTA DE JOAN FRNANDEZ.

Cantó l’alba la perdiz,
Más le valiera dormir,
Pues danzastes con Betriz
Para darnos que reir.

Gilot lo supo despues
Que con su Betriz danzastes,
Pues de su casa llevastes
Á la vuestra el mal frances,
Que á don Francisco pegastes.

Don Francisco los departió y dixo:

Tené al Rey, no más burlar,
Que ya dais mucha ocasion,
Como á don Diego Ladron
Quando os quiso espabilar.

No paseis más adelante,
Y de mal frances no hablemos;
Enviémoslo á Alicante,
Que lo embarquen á Levante,
Que los tres harto tenemos.

Dixo el Duque: Yo quiero poner en medio, para departir como maestro de esgrima, la vara, y es del palo del canónigo Ester.

Dixo el Canónigo: Señor, un dia me diréu lo canonge boix, puix me habeu fet de palo.

Dixo el Duque: Canónigo, por mi vida, no haya más, pues no sois para ménos; y diga la señora doña Castellana Belvis la razon que en la caza le dixe que la dexase para agora.

Respondió la señora doña Castellana: Vuestra Excelencia manda que diga lo que no querrian oir los malos maridos. Yo dixe, quando don Pedro, mi señor, me presentó el ciervo con los cantores, que para conoscer si estuvieron enamorados de véras los amadores, ántes de casar, que siendo casados, siempre han de venir delante sus mujeres, como á servidores, para ser buenos maridos, con mucho deseo á beber de la fuente del deseo de su mujer; porque en perderse los deseos, reinan los menosprecios. Y por esto las menospreciadas son las mal casadas.

Y hombres menospreciadores
Siempre saben á traidores,
Y desleales,
Abren puerta para males.

Vengan pues con el deseo que viene el ciervo herido al agua, y creerá la mujer que su marido no se dice don Olvido, como en este cuento oirán. Una señora amiga mia, siendo mal casada, siempre nombraba á su marido don Olvido, y él le puso nombre á ella doña Olvidada. Hiciéronles esta cancion:

Si quereis saber quién son
Don Olvido y doña Olvidada,
Mal marido y mal casada.

El Duque se rió de buena gana y dixo: Señora doña Castellana, atapado nos ha las bocas, aunque no para reir, que no hay más que decir. Caballeros, sirvamos á nuestras mujeres como amigos, y ellas servirnos han como á mujeres.

Dixo Joan Fernandez: Señor, vuestra Excelencia da unos consejos que saben á conejos casolanos, que son mal sanos; gran trabajo es hacer el siervo para ser señor, por esto rehusó de casar un sabio que en este cuento diré. El Petrarca, siendo canónigo de Padua, dispensaba el Papa que casase con madona Laura, por quien él mostró estar tan enamorado della, como en sus Triunfos y sus sonetos se ve, y consentia que viviese con sus rentas eclesiásticas si se casaba, porque no escandalizase con amor temporal á su hábito eclesiástico; y él, no queriendo casar, respondió al Papa: No quiero trocar los placeres del amiga por los enojos de la mujer.

Dixo doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Senyores, quin preycador de bulles falses es mont marit; non prengau ninguna, que totes les que ell preyca porten al infern.

Respondióle su marido: Mujer, engañada vais, que poco há me aparesció una mujer que murió de amores de su marido, y díxome que era salvada por haber tomado una bulla que yo preyco, y es, que ninguna mujer se puede salvar si no muere de amores de su marido.

Dixo doña Hierónima, su mujer:

De tal marit com vos,
¿Qui pot morir de amors?
Que jaus diuen Joan farcer,
Puix farçes feu de la muller.

La Reina rió mucho y dixo: Doña Hierónima, siempre querria que hablásedes en valenciano, que en vuestra boca es gracioso; las dos podemos cantar:

Mal me quieren mis comadres,
Porque les digo las verdades.

Y diga, Gilot, ¿quién son las comadres?

Dixo Gilot: Senyora, puix vostra altesa ho mana, yo diré qui son les comares ab est cuento. En lo carrer de la Nau dos dones eren grans amigues per ser enemigues de sos marits, baralléuenlos cada dia, y ells deyen: Vosastres no sou dones, sino homens; y elles responien: Homens som, puix vosastres sou dones no fentnos parir, y posárenlos nom, les comares. Nou dich perque sa Excellencia y Joan Ferrandiz ó siem en cara que may han fet parir á ses mullers.

Dixo Joan Fernandez: Gilot, ¿tú no sabes que á su Excelencia y á mí nos han parido dos mujeres? Que este mal de ser estériles no está en nosotros, sino en las rabiosas,

Que por maravilla paren
Las que rabias conciben,
Pues que matan y no viven,

segun dice la regla de medicina.

Dixo doña Hierónima, su mujer: Senyora, ¿qui li par á vostra altesa de mont marit? ¿Quin metge y buller que es? ab bulles falses que preica, diu que posa dones en parais, y ab regles fingides de medisina nos infama que som rabioses, y per ço no parim. No sería mal acusarlo, que l’atre dia tragueren á la scala un buller falsari y un metge no doctorat.

Dixo la Reina: Doña Hierónima, por adúltero meresceria más ser sacado á la vergüenza, pues tiene tan poca que nos dice cara á cara que les han parido dos mujeres.

Dixo el Duque: ¿Vuestra alteza sabe lo que me ha dicho al oido Joan Fernandez? díxome: Mire qué primor diré, que diciendo una gran mentira que nos han parido dos mujeres, diré una gran verdad; que dos mujeres, que son nuestras madres, nos han parido.

Dixo la Reina: Eso teneis los hombres engañadores, que de las verdades haceis mentiras y de las mentiras verdades. Mudemos de nuevas, que en casos hay que es bien mudar para desenojar. Dixo don Miguel Fernandez: Si como dixo vuesa alteza mudemos de nuevas, dixera mudemos de costumbres, las mujeres no serian tan rabiosas, y los maridos serian más caseros, y mi mujer y yo terniamos mejor vida, porque siempre le digo: Mujer, mudemos de nuevas; y ella me responde: Marido, mudavos de costumbres; yo le respondo: Mujer, vos de condicion.

Y la señora doña Ana, su mujer, le dixo: Dexad vos la que habeis tomado de vuestro hermano Joan Fernandez, yo dexaré la que tengo de la señora doña Hierónima, su mujer, pues las dos más tenemos los maridos mozeros que dameros por tener gustos bajos, que no son sino de cortesanos de rameras cortesanas, bien mereceis el nombre que os han puesto las damas, que en veros dicen: Hé aquí los viejos mozos, y dicen bien, pues sois viejos para vuestras mujeres, y mozos para las mozas de vuestra casa, que siempre andais á caza dellas, que peor es que de moxcas.

Tomó la mano don Berenguer, y dixo: Señora mujer, pues á decir condiciones de casados va, yo diré la vuestra y la mia, y su alteza séanos juez cuál de las dos es mejor; yo le digo á doña Leonor, mi mujer, cantando por casa:

Tus ojos, Leonor,
Mis enemigos son;

y ella me responde con este otro cantar:

Quitad el caballero
Los ojos de mí,
No mireis ansí.

Dixo la señora doña Leonor á la Reina: Pues vuestra alteza es nuestro juez, dígame si tengo razon de mirar de mal ojo á marido que viene fuera casa tomado de mala vista, que todo el año tenemos los dos mal de ojos, él de perderme de vista, yo de buscalle con la mia, que sombra está de asombrado de bajos amores, pues siguiéndole me huye, y huyéndole me sigue como sombra; que ya le pueden decir lo que dicen las damas á don Francisco Fenollet, que vuestra alteza lo debria saber de don Luis Milan por un cuento donoso que dél me contó.

Dixo la Reina que lo contase.

Don Luis Milan respondió: Que no convenia decir cuento tan bajo delante su alteza.

Dixo don Francisco: Si lo decis, yo diré otro de vos, mucho peor.

Yo le respondí: Porque vea su alteza quál corrió lança más baja de vos ó yo, quiero decille; sepa vuestra alteza que el cuento es éste: Yo visité á don Francisco, que estaba mal de unos amores bajos, que yo se lo conoscí por este villancico que me dixo:

Herediano es el mi amor,
Herediano es
Quien me le hizo aragonés.

Y contóme que tenía amores con una hermosa cortesana aragonesa, que se decia Herediana; y pensando estar sólo en esta baja que danzaba, supo que un mercader ginoves, nombrado micer Maltevollo, tenía amores con ella, y don Francisco quísola dejar y no pudo de muy herediano. Quedó don Francisco con este concierto que Herediana no diese más de un hora al dia á Maltevollo, y si más se detenia y no se queria ir de casa, salia don Francisco amortajado con una mortaja de tela negra diciendo: Guarda la sombra, guarda la sombra; y Herediana decia: Ios, ios, Maltevollo, que ya viene la sombra de mi padre del otro mundo, que me quiere matar porque sea buena; y no queriendo irse Maltevollo, por comer una buena cena que se habia hecho traer, salió otra vez la sombra diciendo: Vate, Maltevollo; y él decia: Prima vollo manjar. Y él que no, y el otro que sí, y abrazáronse los dos y rodaron la escalera abaxo. Maltevollo huyó con la cabeza quebrada, y don Francisco cerró la puerta y comióse la cena de Maltevollo; y quedó desta caida cojo de reputacion, y por esto le dicen las damas don Francisco Sombra, que sombra es quien de baxos amores se asombra.

Don Francisco dixo: Pues nos habeis resfriado con mi cuento, yo escallentaré con el vuestro de risa. Bien se os acuerda que estando vos enamorado de una criada de una dama que serviades, en pago desta baja traicion burlaban de vos desta manera: La señora hacia con su criada que os hiciese estar en un árbol de su huerta haciendo el mochuelo toda la noche, porque no fuésedes descubierto, esperando que la criada os diese entrada, y cuando hubieron muchas noches burlado de vos, una noche que su marido de la señora era fuera Valencia, subieron ella y su criada al terrado, y decian:

Mal canta este mochuelo,
Matémosle;

y vos deciades:

No tireis piedras,
Que yo cantaré bien.

Y ellas decian: ¿Qué, los mochuelos hablan? vos algun ladron debeis ser; respondíades vos: No soy sino mochuelo de amores; y ellas á tirar piedras y vos hacer el mochuelo, hasta que os derribaron del árbol abajo, y fuístesos apedreado como el gallo de Carnestoliendas.

Que peor es que mochuelo
Quien sirve la señora,
Y pára en ser mozero.

El chiste que hicistes sobre esto quiero decir, pues tan bueno es para contar como para hacer reir, y es éste:

Quéjome de una dama
D’ella á ella.

Que no puedo estar sin vella
Y no la veo.

Vengo yo d’este deseo
Á llorar.

Miedo tengo de cegar,
Mejor sería.

Pues no veo á quien querria,
Que sois vos.

Alabado sea Dios,
Que os crió,

Para que cegase yo,
Que ya lo’stoy.

Pues no veo por do voy
Á las gentes.

Diciendo van entre dientes,
Hélo, hélo.

Vuelto se nos ha mochuelo,
Que tal sería.

Cierto no ve de dia
Y va mirando.

Vémosle estropezando
En sus amigos.

Señales son y testigos
De su muerte.

Dícenme: muy mala suerte
Habeis tenido.

Yo les digo: no ha sido
Sino buena;

Que no ver no me da pena,
Pues no veo

Á la que más ver deseo,
Que’s mi dama.

Dícenme si me defama,
Yo les digo:

Las obras son el testigo
Del amor.

¿Veisme ciego amador
Y burlais?

Plega á Dios que os veais
Como yo.

Mas no de quien me cegó.

Dixo la señora doña Violante Mascó:

Dios lo guarde á mi marido
De mochuelo,
Que no lo está de ser mozero.

Respondió don Luis Margarit, su marido:

Guardado estoy de mozero,
Pero no de ser mochuelo.

Dixo la señora doña Mencía: No temo yo de mi marido que se me haga mochuelo ni mozero desvergonzado viéndose tan bien casado; que cantando va por casa:

Soy mozo y vergonzoso,
Soy mozo.

Respondió don Luis Vique, su marido:

Quien de vos se vió mochuelo,
¿Cómo puede ser mozero?

Dixo doña Castellana Belvis:

Como gavilan en mano,
Tan leal fué mi mochuelo.
Que jamas le vi mozero.

Dixo don Pedro Mascó, su marido: Señora mujer, quien no asegura no prende.

La señora doña Ana Mercader dixo:

Claro se deja entender,
Que no fiemos de maridos
Que aseguran por prender.

Respondió don Miguel Fernandez, su marido:

No me entiendo yo en esto,
Que jamas os fuí travieso.

Dixo Joan Fernandez: Nunca son creidos los que tienen sus mujeres por maridos.

Respondió la señora doña Hierónima, su mujer: ¿Cómo os va de calor? que de frio no digo nada.

Dixo don Diego Ladron: Señora doña Hierónima, habiendo salido el señor Joan Fernandez y vuesa merced una primavera de amor, ni él puede tener frio ni vuestra merced calor.

Dixo la señora doña María, su mujer: Piénsase el ladron que todos son de su condicion.

Dixo la señora doña Isabel Ferrer:

Señora hermana,
No correis carrera vana,
Que ladron tengo yo el mio,
Que mi prima no le fio.

Respondió don Baltasar Mercader, su marido: Si mal es de quien no deben confiar, peor es de quien se debe no fiar.

Dixo don Berenguer Aguilar: nunca pudo engordar mi mujer de no fiar.

Respondió la señora doña Leonor:

Mi señor don Berenguer,
De engordar mucho el marido
Enflaquece la mujer.

El Duque y la Reina se holgaron mucho destas cortesanías destos caballeros y damas, y dixo: Bien sería que don Luis Milan pusiese por obra el Cortesano que le mandaron las damas que hiciese; yo respondí: Si vuestra Excellencia me avisa diciendo las partes que ha de tener el Cortesano,

Yo sabré hacer lo que no sabria,
Que del Rey se ha de tomar cortesanía.

Dixo el Duque: Yo diré mi parescer y esos caballeros digan el suyo:

Que en las cosas de gran sér,
El Rey con los caballeros
Tiene muy buen parescer.

REGLAS DEL CORTESANO.

Comenzó el Duque y dixo: Á mí me paresce que el Cortesano ha de tener estas reglas: saber hablar y callar donde es menester, que no en todos tiempos ni en todo lugar ni á toda persona es bien hablar, sino en su caso y lugar; que si se habla en tiempos que pueden causar algun mal, mejor es callar; ni ménos se ha de hablar en el lugar que se debe tener silencio, que ha de ser en la casa de Dios, cuando se ha de rezar ó tener atencion á los oficios que se dicen, y asimesmo en los lugares y casas reales estando delante del Rey, por la fidelidad y acato que se le debe, sino cuando él lo manda, ó hay ocasion ó interroga que delante dél se hable; ni ménos se debe hablar á la persona qu’es prohibido, como escomulgado con participantes, por no menospreciar la Iglesia de Dios que lo manda; ni con hereje ni moro, sino por necesidad ó conversion dellos, y en este caso es bueno ser amigo del amigo, qu’es Dios, y enemigo de su enemigo, ni en lo temporal nadie debe ser amigo de su enemigo para encender fuego en lugar de matalle, y lo demas diga quien quisiere.

Dixo don Diego Ladron: Pues vuestra Excelencia lo manda, digo, que el Cortesano no debria hablar sino de aquello que él sabe, pues qualquier que habla lo que no comprende, descubre lo que no entiende. Ni ménos debe hacer lo que ignora ó lo que no puede, que muestra saber poco, y poder ménos quien mal se atreve.

Dixo Juan Fernandez: Yo diria que el Cortesano debe hablar siempre á buen propósito, que apénas hay cosa mal dicha á buen propósito ni bien hablada fuera dél, hora sea moviendo conversacion, ó respondiendo á quien la mueve, pues sería conversacion despropositada, como si se hablase de alegría en tiempo de tristeza, si ya no se hiciese para alegrar á uno que se holgase lo sanase de triste un alegre donoso.

Dixo don Francisco Fenollet: Yo digo que el Cortesano siempre debe estar en lo que hace y dice, por no parescer descuidado, como en este cuento diré: Iban camino dos caminantes, y pasando por un pajar dixo el uno: ¡oh qué buena paja es ésta! y de allí á una hora respondió el otro: para albardas. Esta paja se les podria dar á comer á los que no están en lo que están, ni traen cuenta con quien les habla, que no se ha de responder tarde para luégo, ni luégo para tarde. Otros hay que no están en lo que hacen, como hacia un justador portugues que nunca engozaba la lanza sino cuando su contrario lo habia encontrado, y decia que se le hacia gran traicion de encontralle ántes que él engozase; quiso ser juzgado, y el Rey de Portugal, que era el juez, juzgó y dixo:

Descuidado justador,
Nan juste mais en amor.

Dixo don Luis Milan: El Cortesano ha de ser padre de la verdad, hijo del modo, hermano de la crianza, pariente de la gravedad, varon con ley, amigo de limpieza y enemigo de pesadumbre; y por mostrar cómo lo entiendo, digo, que debe ser tan verdadero como el padre á sus hijos, tratando mucha verdad con ellos para que sean verdaderos, mostrando amor y correccion donde se debe, que en casos hay que si mostrase voluntad sería tenido en poco; y porque no lo sea, no le han de ver la cara para ser temido, sino obras para ser amado, que no debe causar menosprecio quien ha de ser respetado; y en todo lo que ha de tratar verdad ha de ser muy verdadero, sino cuando va de burlas placentero.

Tambien ha de ser hijo del modo por lo que diré: Un filósofo, haciendo vida en un desierto, vió una muy hermosa ninfa y demandóle quién era, y ella le respondió: Soy la Justicia; dixo el filósofo: ¿De dónde veniste? respondió: Vine del cielo; prosiguió el filósofo diciendo: ¿Por qué vas por desiertos? dixo la Justicia: Porque donde yo reinaba han muerto mi padre, que do el modo se pierde, justicia no reina. Por donde se ve que el modo es padre de la justicia y del Cortesano, que, para ser justo y llegado á razon, ha de ser su hijo y de su condicion.

Tambien ha de ser hermano de la crianza, como en este cuento mostraré: Topáronse cazando dos cazadores, muy lindos hombres; dixo el uno al otro: Tan bien me paresces, que yo querria saber tu nombre y de qué vives. Respondióle: Á mí me dicen don Venturoso, y vivo de cazar lo que desdichados no alcanzan; yo tambien querria saber lo mesmo de tí. Dixo el otro: Á mí me nombran don Bien-criado, y vivo de cazar lo que mal criados pierden; el Cortesano debe ser el uno que es don Bien-criado y cazará siempre lo que mal criados vienen muchas veces á perder, que es el cielo y la tierra; y puede ser el otro que es don Venturoso, porque el cielo da la ventura á quien trabaja de ganalle con bondades y no parencerias, como debe ser la crianza, que no ha de ser fingida para engañar, sino verdadera para contentar.

Tambien ha de ser pariente de la gravedad, como en este cuento diré: Un caballero de muy gran presencia y gravedad topó con una reina, de gran hermosura y auctoridad, que se paseaba sola por una deleitosa floresta, y díxole: Señora, ¿quién sois, que tanto contentais á quien os mira? respondióle: Yo soy la Reina de la gravedad; dixo el caballero: ¿Y por qué vais sola? respondió ella: Más vale soledad que mala compañía, que la gravedad ha de ir acompañada de virtudes y sola de vicios.

Tambien ha de ser varon con ley, como dixo un valeroso caballero castellano, en la guerra de Granada, nombrado don Manuel de Leon, que siendo muy amado, por su gran valentía, de un moro no ménos valiente que él, que se decia Muza, que fué cativado en una escaramuza, y trabajando el rey don Fernando y la reina doña Isabel que se hiciese cristiano, viéndose muy importunado, dixo: Yo no haré sino lo que me aconsejáre don Manuel Leon, mi gran amigo. Fué á hablalle por mandado de los reyes y díxole: Muça, si tú te pasas á nuestra ley y de corazon no fueres della, ni serás de la tuya ni de la nuestra, y quedarás hombre sin ley; no dexes de serlo, que no debe estar sin ley un momento el corazon para ser todo varon. Muy bien mostró este caballero tener lo que aconsejaba; pues hallándose en Roma, asaltado de malhechores una noche, hizo tan maravillosas cosas en armas, que siendo los contrarios muchos, los hizo pocos, venciendo á todos, huyendo de su gran corazon; y viendo esta hazaña un romano, dixo á su mujer lo que don Manuel de Leon habia hecho, y ella, enamorada de su gran valor, fuese á él y contóle lo que su marido le habia dicho, ofresciéndose para cumplir su voluntad si della se queria servir. A esto respondió él: Ios, señora, que muy mala obra haria yo á quien me la hizo tan buena, que fué vuestro marido; que jamas está sin ley l’agradescido.

Tambien ha de ser el Cortesano enemigo de pesadumbre,

Que si fuere pesadilla
No le cumple ir en Castilla
Ni en córte de Portugal;

que á pesados hacen mal y burlan dellos. Sepan más

Que’l buen galan,
Sus vestidos y ademan
Han de ser buenas razones,
Honestas calzas y jubones,
Capas y sayos.
Que si visten
Como mayos
De colores,

ha de ser

En justas y cañas,
Por amores.

Y al usado, honesto y limpio y adobado de buenos guantes adobados, porque no den mala olor, de cuero de mal servidor:

Que no debe mal oler
El vestido cortesano
Porque no le den de mano

camisas y pañizuelos limpios y de buen olor

Y si fuese servidor,
En la gorra una invincion,
Que el otro monerías son.

Tambien debe tener el Cortesano buen estilo de hablar.

Que á los muy malos vocablos
Gasta bocas digo yo,
Que bocajes engendró.

Y si viene á burlar en conversacion, jugar del vocablo da buen son

Á los muy buenos oidos,
Que nunca serán reidos
Y podrán hacer reir.

Que agudeza muy graciosa, apénas es enojosa, como dixo un cortesano á otro de amor mal sano:

Por demas sois en la gala.

Dixo el otro:

Mas no Pedro por demas,
Como vos en una sala.

Y algunas veces en burlar:

Prosa y verso debe hablar.
Y debaxo esta alegría,
No calle filosofía.
Muy de véras,
Que las burlas hacen véras.

Tambien ha de ser amigo de limpieza el Cortesano, como nos muestra aquel animal nombrado herminio, que por no caer en el lodo que los caçadores le ponen para caçalle, se dexa tomar. Con más razon debe ser limpio el Cortesano, siendo herminio de damas por ir mucho entr’ellas: lo que no son dos medio galanes nuestros amigos. Que no son de los cumplidos los que en bajos aposentos hacen nidos.

Dixo don Diego Ladron: Ya sé por quién preguntais.

Dixo Joan Fernandez: Por Herediano decis.

Dixo don Francisco Fenollet: No lo dice sino por su mochuelo.

Dixo el Duque: No he visto tan grandes véras parar en tan buenas burlas; volvamos á Valencia, que yo daré mucho de mí si dan de sí las damas y caballeros que aquí están para que nazca este Cortesano, que no le faltarán comadres y compadres en esta compañía cortesana, y batizarle ha el canónigo Ester y póngale nombre luégo.

Senyor, yo so content, y de ara li pose nom el Pico, puix piccará mes que una picaraza.

Respondió don Luis Milan:

Armad vuestra giba
Porque no reciba.

Dixo Joan Fernandez:

Yo la armaré
Con lo que sé.

Dixo el canónigo:

Armaula ab vostra muller
Y picau tots á plaer,
Que molt poch y fareu mella
Ab tal rodella.
Y restau pera corps
Picadors,
Que buitrera sou de mors.

Y dió de espuelas á su cuartago, y á más correr de corrido se fué diciendo: Als corps, als corps. Y los pajes tras él gritando al tartugote, canónigo giba, mendrugo Ster, y así se fué, y nosotros tras él finados de risa hasta llegar á Valencia, y determinóse en el camino que los cuatro á quien el Duque dió cargo que traigamos la córte en peso, fuésemos nombrados desta manera:

Que don Diego Ladron se nombrase Diego en él; y don Francisco Fenollet, Francisconio; y Joan Fernandez, Joanin; y don Luis Milan, Milanteo, como nos verán nombrados en las pláticas que pasarémos en esta córte, y aquí se acaba la primera jornada.