JORNADA SEXTA.
Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.
Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar, si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:
Carta mia, pues que vas
En pasos de tanta gloria,
Si no son en mi memoria,
No te acuerdes de mi más;
No vuelvas de tal manera,
Que me hagas más mortal
De lo que yo ántes era,
Porque no seas mensajera
De mi bien para mi mal.
Y en llegar delante aquella,
Do mi voluntad te envia,
Para conocer si es ella,
Conocerás que no es mia;
Y despues de conoscida,
Para que quiera leerte,
Di que sólo fué tu ida
A mostralle con mi vida
Un traslado de mi muerte.
Preséntale mi corazon,
Donde siempre se verá
Quien bien retratada está,
Segun es su condicion;
Muy perfeta al natural
El amor la retrató,
Pues le soy en todo tal
Para sufrir tanto mal,
Cuanto yo contento estó.
Lévale mi entendimiento,
Porque vea en lo que entiendo,
Que velando ni durmiendo,
No le busco descontento;
Basta lo que le he buscado,
Aunque no soy de culpar,
Que si estoy enamorado,
Téngame por desculpado,
Pues es para enamorar.
Mi memoria le presenta
Por espejo que se vea,
Como está en mí su idea
Muy hermosa y mal contenta;
Es tan grande su hermosura,
Que aunque no me quiera ver,
Contemplando su figura,
Todo gusto de tristura
Se me convierte en placer.
Muéstrale mi voluntad
Cuanto está llena de fe,
Aunque sabe que yo sé
Que no duda la verdad;
La verdad trastrueca y muda,
Nómbrame desamador,
Que para mostrarse cruda,
Pone la verdad en duda,
No dudando de mi amor.
Preséntale mi sentido,
Si es á su contentamiento,
Cuando tengo sentimiento
De verme su aborrecido;
Que si yo no me sentia
De ser d’ella despreciado,
Tan mal le pareceria,
Por lo que no sentiria
Como por demasiado.
Mi pensamiento doliente
De pensar en su dolencia,
Le pornás en su presencia,
Si le terná por presente;
Dile que dentro de mí
Tan presente siempre está,
Que el tiempo que no está en si,
Tanto yo la tengo aquí,
Cuanto no me tiene allá.
Muéstrale mi gran sufrir,
Aunque tú lo mostrarás,
Cuando por mí te verás
Estos tormentos sentir;
Luégo te dará un tormento,
Que es muy recio de pasar,
Tal que en decillo lo siento,
Y es el descontentamiento,
Que ella me suele mostrar.
Y tras este tan cruel,
Luégo un otro te dará,
Que nunca te mirará
Por no mirar mi papel;
Otro tormento de fuego
Te dará mucho peor,
Y será darte gran fuego,
Que te vayas luégo, luégo,
Por ser yo su servidor.
Y por cuanto has de hacer
No seas desacatada,
Sino, tú serás rasgada,
Y rompido mi placer;
Y si vieres sentimiento
De alguna voluntad,
Di con mucho acatamiento,
Ved qué tal es su tormento,
Que vos le tengais piedad.
Bien sé luégo que dirá:
¿Quién te puso en tal locura,
De ponerte en aventura
Por quien ventura no ha?
Di, que piedad de ver
Un dolor de verme tal,
Que podria merescer
Que holgase de leer
Una letra de mi mal.
Dile más, cómo me dejas
Esperando tu venida,
Entre la muerte y la vida,
Dando de mi vida quejas;
Y que son de calidad
Las quejas de mi pasion,
Que pueden poner piedad
A la mesma crueldad,
Ántes que á su corazon.
Y si algo se le antoja
En decille que es cruel,
Dile que lo dice aquel
A quien ya el vivir enoja;
Y á quien ya su mal le tiene
Tal, que dice el que no sabe:
Pues que sabes dó me viene,
Trabaja que más no pene,
Ó que mi pena m’acabe.
FIN.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, no se podrá decir por esta carta: de las cartas placer hube, de las palabras pesar.
Respondió Joan Fernandez: Yo le perdono la confianza que tuvo ántes de cantar, cuando dixo que si á cartas con esta carta jugára, el resto del amor ganára; aunque no me ganaria si en amor fuese mi competidor. Yo le hiciera una primera, que primero en l’amor fuera de bien querido, de mejor haber servido.
Dixo don Diego Ladron: A lo ménos de confiado el resto le teneis ganado, y á las veces lo que engaña desengaña, como muestran vuestros trabajos en amores, que son desengañadores, de esa confianza vuestra como se muestra.
Dixo don Francisco: Más estais vos confiado por haber desengañado á tal Joan, que sus pensamientos van volando como mariposas, que se queman tras hermosas de gran lumbre, por rodar por alta cumbre.
Dixo el Duque: Muy bien habeis discantado sobre la carta que ha cantado don Luis Milan; pues mejor discantaréis si las siete angustias canta, que l’amor hace pasar á quien más siente en amar; y por vida de quien más quereis, que las canteis.
Y don Luis Milan respondió: Por vida de quien lo mandó cantaré, y son estas que diré:
LAS SIETE ANGUSTIAS DE AMOR.
Canten los gozos de amor
Los que sienten alegrías,
Y yo las angustias mias,
Pues que siento su dolor;
Y dirélas lamentando
Con voz de extraña tristura,
Ofreciéndolas llorando
Á la perfeta figura
Que siempre estoy contemplando.
La primera angustia siento,
Causada del desear,
Cuando n’os puedo mirar
Sino con el pensamiento;
Pues si es gran padecer
No veros y contemplaros,
Ved cuán mayor debe ser,
Cuando yo alcanzo á miraros,
Y vos no me quereis ver.
La segunda angustia triste
Siente más el más sufrido,
Porque el gesto va vestido
De lo que l’alma se viste;
Esta es sin comparacion
Por sufrir lo que se siente,
Que si pena el corazon,
Amor escribe en la frente
De que pena la pasion.
La tercera angustia alcanza
El servidor á la hora
Que conoce en su señora
Ser perdida su esperanza;
Pues mi esperanza perdida,
¿Quien la perdió como yo?
¿Quien la tuvo tan sin vida,
Que primero se secó
Ántes que fuese nacida?
La cuarta por mi dolor,
Que mil veces he gustado,
Es aquel cruel desgrado
Que mostrais con disfavor;
Ora ved qué tal me siento,
Si es firme mi firmeza,
Que con tal conocimiento,
No puede vuestra crueza
Estragar mi sufrimiento.
La quinta angustia parezco
De muerto y descolorido,
Que estoy muerto en vuestro olvido,
Y vivo en lo que padezco;
¿Quién se vió tan olvidado,
Que ante vos se halle ausente,
Sino yo desesperado,
En mi mal siempre presente,
Y en su presencia pasado?
La sexta sentí en veros,
Qu’es el temor de enojaros,
Mas quien no puede ganaros,
¿Por qué ha de temer perderos?
Quien nunca tuvo favores,
¿Por qué teme disfavor?
Porque en el trato de amores
Se confia el amador
Con sospechas y temores.
La setena y la mayor
Es la angustia del partir;
¡Oh, cuán grave es de sufrir
Si dejais competidor!
Pues si es cosa conocida
Al tiempo del despediros
Ser gran trance la partida,
Más es no poder partiros
Cuando ella está partida.
Hé aquí, gentil señora,
Las siete angustias d’amor.
Que siéndo’s tan servidor,
Siento cadal dia y hora.
No me perdí, mas perdí
En esta triste jornada
Lo que sentiréis de mí;
Siete años te serví
Sin de tí alcanzar nada.
Dixo el Duque: Si tan poca pena diesen en sentirlas como en oirlas, ántes serian gozos que angustias, pues tanto alegra vuestra música.
Respondió Joan Fernandez: Señor, el uno y l’otro creo que son, parecen gozos por lo poco que siente angustias de amor don Luis Milan, y no dejan de parecer por lo mucho que muestra sentirlas cantando que de amor se va burlando.
Dixo don Francisco Fenollet: Para saber desto la verdad, cantemos tras las angustias los gozos de amor, que siendo las dos obras suyas, en cantar se verá,
Que si él se alegrára,
Nos dirá su corazon,
Que sus angustias gozos son.
Dixo don Diego Ladron: Si los cantais, sean por don Pedro Milan y gozos nos parecerán, pues su alteza os hará mucho favor cantando por su servidor.
Don Luis le respondió:
Para gozos parecer,
Así lo entiendo de hacer.
Y son éstos:
Siete gozos cantar quiero
Que el amor me hace sentir,
Por mostrar
Que por más y más que muero,
Siento gozo de sufrir
Por amar.
Si por ser vuestro sufrido
Quiere amor que por constante
Valga más,
No me vea tan perdido
Que en lugar de ir adelante
Vuelva atras.
El primer gozo de amor
Que siente el enamorado
Donde ama,
Verse en honra el amador,
Por estar bien empleado
Puesto en fama.
Es tan grande este contento,
Que jamas dejo de veros
No mirándoos,
Porque mira el pensamiento
Con los ojos del quereros
Contemplándoos.
El segundo gozo siente
L’amador cuando recrea
En los amores,
Que de aquello se contente,
Que ninguna cosa afea
Disfavores.
Como yo que siempre quedo
Tan contento de que quiera
Y tan ufano,
Que si me diera su dedo,
Nunca yo el villano hiciera
Con la mano.
El tercero gozo gusta
Quien mostró bien parecer
Do quiere bien,
Que su gusto no desgusta,
Pues en cuanto debe hacer
Parece bien.
Recibir querria engaño,
Que vuestra merced me quiere
Para vos,
Para huir al desengaño,
Porque no me desespere
De los dos.
El cuarto gozo diré,
Que’n veros siempre he sentido
Todo gloria,
Pensar que no moriré
De la muerte del caido
De memoria.
D’este gozo gozará
Quien nació bajo la estrella,
Que ella es él,
Ya veis, pues, si vivirá,
Quien será para ser della,
Y ella d’él.
El quinto gozo contenta,
Pues es cosa muy probada
Ser mejor,
Cuando se remata cuenta
Que se toma d’el amada
Al amador.
Ésta nunca tomé yo,
Que si de vos la tomára
A vuestro grado,
Quien de veros se pagó,
De ménos se contentára
Ser pagado.
El sexto gozo es mirarse
Los amantes muy hermosos
En amar,
Que si son para mostrarse,
Son amores más gustosos
De gustar.
Lo que gusto no gustais,
Señora, de la hermosura
Que teneis,
Porque todo lo matais,
Pues que sois mata figura
De quien veis.
El seteno gozo digo,
Si sois de mi parecer,
Qu’es más gustado,
Si el amiga y el amigo,
Vinieren á poseer
Lo deseado.
Si es muy dulce merecello,
Más y más es el gustallo
Con descargo;
¿Quereis ver qu’es poseello?
Que hace dulce el deseallo
Siendo amargo.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, alegremente habeis cantado los gozos de amor, sepamos por quién los cantastes, que si fué por vuestro primo don Pedro Milan,
Habeis sido muy galan,
Por mostrar
Que gozos sienten en amar,
Aunque tengan disfavores,
Los que rien en amores.
Don Diego Ladron dixo: Señor, no se podrá decir eso por Joan Fernandez, que por tenerlos lloradores, alcatara es en amores, que se dice en valenciano alambique, que destila por sus ojos y nariz lágrimas por Beatriz de don Anton, que agua rosada son para ella; pues en la redoma della, qu’es su engaño, caen para su mal año.
Respondió Joan Fernandez: Don Diego,
Burlas de mozo de ciego
Pareció vuestro burlar,
Cuando para hacer reir,
Pullas le hacen cantar.
Dixo don Francisco:
Bien parece que son gozos
Los que el Milan ha cantado;
Pues nos han regocijado.
Agora os digo
Que de gozos es amigo
En los amores,
Que no sufre disfavores;
Pues que no es de los que lloran,
Sino de quien va cantando.
Buenas obras enamoran,
Malas van desamorando.
Dixo don Luis Milan:
Órganos hacen de mí,
Que mis flautas han tañido
Como les ha parecido.
No faltó buen manchador,
Que’s el Duque, mi señor,
Pues ha dado tan buen aire,
Que me tañió don Donaire;
El Fenollet, nuestro amigo,
Que don Donaire yo le digo
De esta vez;
Que’es mal aire de traves,
Que la mar levanta en puerto;
Pues levanta un desconcierto,
Que jamas sufrí en amores
Disfavores.
Don Francisco le respondió: Si me pagais una verdad, por lo que dicho me habeis, yo sé que lo otorgaréis por lo que sé, y si quereis, la cantaré.
Y es la más linda cancion
Que glosastes con razon;
Y diréla con la glosa,
Que la hicistes muy hermosa.
Y esta cancion por respuesta
Os quiero dar
En este nuestro burlar.
De piedra puedo decir
Que son nuestros corazones;
El mio en sufrir pasiones
Y el vuestro en no las sentir.
Ha causado mi ventura
Lo que más tuve temor,
He topado con l’amor
Haciendo mi sepultura.
En su piedra vi esculpir
Dos contrarios corazones;
El mio en sufrir pasiones,
Y el vuestro en no las sentir.
GLOSA.
Sufro por vos tanto daño,
Cuanto por sufrillo es honra,
Que en su caso no es deshonra
Sufrimiento tras engaño.
De este bien tan mal estoy,
Que estoy cerca d’el morir;
Que por do quiera que voy,
Si me preguntan quién soy,
De piedra puedo decir.
Es ya tanto lo que sufre
Mi sufrido corazon,
Que traigo por invincion
Corazon de piedra zufre.
Vos de no sentir dolor,
Yo de sufrir sus pasiones,
De este amor y desamor,
De piedra dice el amor
Que son nuestros corazones.
Tales corazones dos
En el mundo no se han visto,
Esto hace el Antechristo,
Qu’es l’amor que teneis vos.
Dos contrarios se han juntado
En nuestras dos condiciones,
El vuestro desamorado,
Que no siente ser amado,
El mio en sufrir pasiones.
Tanto siento vuestra culpa,
Cuanto á mí me da gran pena,
Que tenella yo por buena
Del que digo me desculpa.
Entre amor y desamores
Siento muerte en mi vivir;
Pues tengo por valedores,
El mio en sentir dolores,
Y el vuestro en no las sentir.
Sóbrame tanta razon,
Cuanto vos teneis muy poca,
Que no hallo en vuestra boca
Lo que en vuestro corazon.
Ya no tengo á quién quejarme,
Muerto estoy en mi ventura;
Todo bien viene á faltarme,
Qu’este mal para matarme
Ha causado desventura.
Mi mano sintió quién es
Lo cruel de vuestra mano,
Con el pié me dais de mano,
Pues me veis á vuestros piés.
Ya yo estaba temeroso
De caer malo de amor,
Mas es mal contagioso,
Que se pega al más medroso
Lo que más tuve temor.
Mucho milagrosamente
Una vez de amor curé,
Y hartas veces yo juré
De quitar inconviniente.
Viendo causa yo cerraba
Los ojos d’este temor,
Del amor me desviaba,
Cuando más d’él me apartaba
He topado con l’amor.
Yo estaba muy espantado,
Que no estando ya con él,
No pudiese huir d’él,
Y vi ser juego forzado.
Y aunque más miré por mí,
Me mató vuestra hermosura,
Y tan muerto me sentí,
Que luégo al amor le vi
Haciendo mi sepultura.
Con el duro mármol frio
D’ese vuestro desamor,
Labrando estaba el amor
En este sepulcro mio
Estas letras que decian:
Muerto estaba por morir,
Y matar no le querian;
Y otras más que se leian
En su piedra vi esculpir.
Esta sepultura honrada,
Pues deshonra se me hacia,
Pues que por ella le via
Ser mi vida deshonrada.
Lo que ser vuestro me honraba,
Gastaban dos condiciones,
La vuestra me despreciaba
Y era porque lo causaba
Dos contrarios corazones.
Tan desavenidos fueron
Vuestro corazon y el mio,
Que muy duro mármol frio
L’uno al otro se volvieron.
De vos tengo compasion
Que n’os tengan compasiones,
Porque veo á perdicion,
El vuestro en no sentir pasion,
El mio en sufrir pasiones.
Con tal condicion tan dura,
Hacer paz sería excusado,
Que el amor reconciliado
En ningun tiempo asegura.
Quien no sabe agradecer,
Nunca puede en paz vivir;
Mi corazon veo perder
De pasiones padecer,
Y el vuestro en no las sentir.
Dixo el Duque:
Bueno ha sido el manchador,
Que por manchar ha sonado
La glosa que s’a cantado;
Pues burló como á galan
El Fenollet al Milan,
Que de piedra corazones
Tenian en sus pasiones,
Don Francisco de sufrillas
Y el Milan de no sentillas;
Por lo que le motejó
Que nunca angustias sintió,
Sino gozos en amar;
Diciendo qu’es burlador en amores,
Que todo se pasa en flores;
Y el coge d’este burlar,
Frutos por disimular.
Respondió Joan Fernandez:
¿Qué frutos puede coger?
Camuesas deben de ser
Encamusadas,
De mal frances desnarigadas.
Respondióle don Luis Milan:
Esas vos las conoceis,
Que d’esas camuesas comeis,
Cuando con mosen Rodela
Cenais á lumbre de vela,
Embelesado,
Pues os tiene encandilado
Con una cierta Beatriz,
Que postiza la nariz
La tragais,
Y por coplas alabais
Su gesto; qu’es todo risa,
Que tragueis nariz postiza.
El Duque dixo: Yo sería de parecer que las damas de vuestra alteza oyesen la música de don Luis Milan, que mucho lo desean; mándelas venir,
Que sin damas los galanes
No se muestran lo que son,
Que piedra toque es la ocasion.
Las damas de la Reina vinieron; que la señora doña Leonor Gualvez, que’s guion de la gala, habló á voluntad de todas y dixo: ya que en jubileo de música nos hallamos, pues por jubileo se deja oir don Luis Millan, las damas quieren mostrar:
Que de sabio es no mandar
El mandador,
Que mandado es muy mejor.
Como verémos en vos, que os dejaréis mandar de las damas en dalles cuanto os pedirán; y la primera quiero ser yo, que os mando me canteis sonetos vuestros, porque gustemos de los sonsonetos, que nos harán bien callar y mejor hablar para entendellos.
Don Luis Milan respondió: Señora doña Leonor, si por jubileo me dejo oir, no se maraville vuestra merced, pues por jubileo se dejan ver las damas, y no para sacar almas de penas, por donde, siguiendo yo sus pisadas, no me perderé. Que no es bien dejar pisar lo que debe estar en pié; yo no soy tan desmandado de no dejarme mandar donde soy muy bien mandado. Y pues aquí está mi palomando que mandar me puede, yo me doy por mandado.
Dixo el Duque: Bien muestra en su hablar don Luis Milan que los milanes vinieron de los griegos con Hércules en Italia, pues habla con la brevedad d’ellos, como agora ha dicho en este vocablo, palomando, queriendo decir palo y mando. Y en los motes que se dieron el Joan y el Milan para ganar el retrato de su dama, hay otro que dice Encasamalo por abreviar lo que dicen en valenciano: Bell en banch y mal en casa. Y el nombre que agora ha puesto á don Francisco, que dice Dondonaire, queriéndole decir en valenciano Don, dona, aire, haciéndole fuelle, que es mal aire lo que da; y tambien nos ha dicho poco há que la ocasion es piedratoque, queriendo decir que es piedra de toque, que descubre á cada uno de qué metal es; y muchos otros que ha dicho, imitando á los lacedemonios griegos en esta brevedad, que con sólo un vocablo se diga una sentencia, que los latinos muy poco lo acertaron á decir. Fué este modo de hablar en tanto tenido, que Petrarcha recita en su libro De próspera y adversa fortuna, una palabra que solia decir Andromaca, mujer de Héctor, á su marido, y era ésta, Demome, que quiere decir: Buen hombre, tu gran corazon te echará á perder. Es tan cortesano el corto hablar, que vorria sensa parlar eser inteso; y no le estorbemos el gran mandamiento que le han hecho, que cante sus sonetos.
Respondió don Luis Milan: La mejor respuesta que se puede dar, obedecer á buen mandar; y empezó á cantar este
SONETO. 4. 7.
Si voluntad merece ser pagada
Por cual razon, no soy d’esto pagado,
Diréisme vos, pues has mal deseado
Mal desear, pagalle con no nada.
Respondo yo, qu’es muy perjudicada
Mi gratitud, que nunca os ha enojado,
Respondereis que debe ser juzgado
Lo que sin ley no es cosa bien juzgada.
Si fuese yo juez d’esto, aunque soy parte,
Con gran razon daria ley en esto,
Que lealtad gran lealtad merece.
Pues buen amor no tiene ningun arte,
Y en bien amar á todos gano el resto,
Quien meresció jamas no desmerece.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, en pleito habeis traido vuestra dama, y respondistes por ella, haciéndoos procurador de los embargos, respondiendo contra vos, como hizo un portugues que emplazó delante justicia á la que servia, diciendo al juez: Nan deis por muller á meu competidor miña dama, que eu la queiro, ella dice que nan me queire, eu torno á decir que la queiro, que amor primero he casamenteiro. Rieron mucho del portugues, que por pleito queria á quien no le queria.
Dixo don Luis Milan: Don Diego, yo respondo á vuestro bocaje, como respondí á un estorbamúsica, que le dije: Yo tengo un atapabocas, que es éste
SONETO.
Hermosa maya, llena de mil flores
Y extrañas hierbas, de propiedades
Sanais con ellas mil enfermedades,
Que de miraros sanan amadores.
Y á mí no sanan, d’estos mis dolores,
Que hierbas fueron vuestras crueldades,
Que entosicaron nuestras voluntades,
La vuestra y mia para desamores.
La vuestra hicieron de ponzoña llena,
Que emponzoñada voluntad se muestra,
La mia siento desto entosicada.
Y aunque está siempre para amaros buena,
Va muy doliente, por no verse vuestra,
Qu’el rostro muestra voluntad dañada.
Joan Fernandez sospiró, y su mujer le dixo: Vos me par que sou lo que anava venent sospirs per Valencia.
Y él respondió:
Yo no los vendí,
Mas ellos me vendieron
Cuando’s vi.
Díxole ella: ¿Y per que os han venut? ¿Per que yous compri mercat pera mal marit?
Dixo él: No por eso, sino porque habia de mercar brava mujer para sospirar. Que pensando que fuérades una maya, sois una desmaya, que siempre desmayo de vuestra mala condicion, que hierbas son. Que al médico moro fuí que me sanase, y para sanar me hizo estar en su casa ocho dias, acostado en una cama llena de hierbas de montaña, y algunas dellas pinchaban, que me hacian dar voces, y el moro decia: ¿Sufris hierbas en vuestra casa para matar, y no sufrireis para sanar? Yo diciendo no sufriré, y él que sí, yo que no, salvéme dél como de vuestra merced haciendo el puerco espin.
Dixo su mujer: Don Luis Milan llanzau de aci aquest porch espi, ó feulo callar á mots, que sols vos lo embozau, quant los dos vos motejau.
Y don Luis respondió: Para hacerle yo callar, á su fumeto será con este
SONETO. 4. 7.
Para mi bien y por mi mal os veo,
Pues me mirais con rostro muy irado,
No siento yo que esté por mí enojado,
Pues que por vos con todas me peleo.
Digo que sois un otra doña Iseo,
Yo don Tristan, de triste desamado,
No digo aquel don Tristan muy amado,
Que desamor lo vuelve todo feo.
¿Quereisme mal, pues mi ventura quiso,
Y no quereis que esté peor que muestro,
Que el bien no sé dónde tiene la posada?
Queredme bien y verm’heis un Narciso
Para probar que tal parezco vuestro;
Que hermosa está la cara qu’es amada.
Dixo don Diego: Señor Joan, tanto os toca este soneto, que á ser silla y vos caballo no lo podríades sufrir, por lo que os siguió cuando dixistes de amores á una cortesana de la córte, que le demandastes como se decia, y ella respondió: A mí me dicen doña Iseo, y vos sospiraste diciendo:
Yo soy vuestro don Tristan,
Que por veros, mi señora,
Pasé yo la mar salada;
Pues que veros enamora.
Y ella os respondió:
Vos no sois mi don Tristan,
Que pasó la mar salada,
Mejor sois para ensalada
De truhan.
Cerró la ventana y entróse, y unos escuchamores que os escucharon os apodaron á don Joan ensalada.
Y don Luis Milan les departió con este
SONETO. 4. 7.
Tan triste estoy, que vivo muy mal sano,
No sé si son mis pensamientos sanos,
Quizá es mejor morir de vuestras manos,
Las que me dais, pues que me dais de mano.
Pues vos sabeis cuál me será más sano,
Mejor será dejarlo en vuestras manos,
Que yo no haré lo que suelen villanos,
Que si les dan toman dedo y la mano.
Yo sé muy bien, si en tal caso se viese
Vuesa merced, si fuese caballero,
Que dedo y más de tal mano quisiese.
Que por mandar aquel César primero,
Tuvo por ley, que ley no se tuviese,
Que por mejor se muda ley por fuero.
Dixo don Francisco: Vengar quiero á Joan Fernandez con este cuento que diré: Una noche estaba en una calle escuchando á don Diego, que decia los amores de Audallá á la criada de una dama que servia, y díxole: Dadme el dedo, que no tomaré la mano, pues no soy villano; y ella fiando dél dióle el dedo y él tomóle la mano, que fué parte para subir donde estaba. El señor sintió ruido, y reconosciendo casa topó con don Diego, que con una sábana se habia envuelto gritando: Alma soy que voy en pena, y el señor le soltó un perro de ayuda diciendo: Cómete esa alma, que un perro comerá otro, y vos saltastes por la ventana y el perro tras vos, haciendo tan gran alborote, que las damas del vecindado salieron á las ventanas con lumbres, y conosciéndoos dixeron: Señor don Diego ensabanado, ¿cómo vais aperreado? y vos respondistes: Quien tras perras va aperreado será; y las criadas d’ellas en veros os dicen, don Diego ensabanado.
Dixo don Luis Milan al Duque: Señor, si más salen cuentos, yo no sacaré sonetos. Y todos dixeron que no dirian más.
La Reina dixo: Don Luis Milan tiene razon, que cuando la música es de caballero, hase de escuchar si ya él no quiere hablar.
Y él dixo este
SONETO. 4. 7.
De bien y mal mi vida se sostiene,
Porque el vivir se vaya conservando,
Con sólo el bien no va el saber reinando,
Pues no es pesar el mal que de vos viene.
Amor, amor, pues mandas que yo pene,
Sostiéneme, que muero deseando;
No vea yo que vas de mí burlando,
Qu’en posta voy y nadi me detiene.
Corro al morir, y muerte no me quiere,
Cansado estoy, y siento gran descanso,
Quiero llorar, y voy de mí riendo.
Sé que dirá quien tal por vos se viere:
Fiero leon, amor le vuelve manso,
Que gran amor de sombras va temiendo.
SONETO INTERCALADO.
Gran bien durmiendo vengo á ensoñarme,
No sé yo en sueños qu’es lo que me crea,
Séos decir que tanto me recrea,
Que yo querria nunca despertarme.
Dicen que sueños son gran vanidad,
Y á veces vemos ser muy verdaderos,
Mas veo mal en todos mis agüeros,
Que hijos son de vuestra crueldad.
¿Amor, amor, qué tengo de creer?
Pues tú me haces reir y llorar,
Hazme dormir, pues huelgo de ensoñar.
Que vanidad á ratos da placer.
O bien ó mal de tí sepa lo cierto,
Que es en fin pena un vivir incierto.
SONETOS. 6. 6.
Cabellos principian, cabellos fenecen
Mis altos cuidados de vida y de muerte,
De tales cabellos se cuelga mi suerte,
Que matan al oro y al sol escurecen.
Mi vista se altera mirándome en ellos,
Del todo turbado ni veo ni atino,
De mucho atinaros estoy tan sin tino,
Que vengo á estar léjos estando cabellos.
Los rayos de Febo si ciegan no matan,
Mas vuestros cabellos me matan y ciegan,
Son rayos que pasan, traspasan y allegan,
Á ojos de un alma, que con ellos atan.
De cada cabello me veo colgado,
Temiendo no quiebre de muy desdichado.
Mortal dolor con quien amor tormenta,
No me tormentes, dame algun sosiego,
Pues siempre otorgo por más que reniego,
Que soy de amor perdido á mi cuenta.
Soy como aquel que tienen al tormento,
Y estando en él, del gran dolor se aduerme,
Así me sigue para sostenerme;
Pensando en vos se aduerme el sentimiento.
Cruel amor, no tal, cual es tu nombre,
Manda al dolor, que más no me tormente,
Que aquella parte en mí que más te siente,
Muere y revive por quedar más hombre,
Que buen pensar es gusto que descansa,
Y en los tormentos su dolor amansa.
Allá me voy, á dó el amor me guia,
Soy como aquel que va en su pensamiento,
Qu’está muy fuera del conoscimiento,
Sino d’aquel que está en su fantasía
¿Pensando en vos quién ha de estar en sí
Que por idea en vos no se transforme?
Estoy sin vos, y en vos tanto conforme,
Que voy conmigo, y nunca voy en mí.
Ni pié ni mano, la boca ni l’ojo,
No mandan ya, pues tal señora reina,
Reinas en mi tan absoluta reina,
Qu’en mí es placer aquello qu’es enojo
Ó bien ó mal, avenga como quiera,
Vos sola sois mi voluntad postrera.
Yo voy buscando todos los lugares,
Para miraros si podria veros,
Y en descubrirme no quereis volveros,
Y hállome vuelto para ver pesares.
No sé yo cómo pueda sostenerme,
¡Miraros siempre y vos nunca mirarme!
Bien podrá ser que amor pueda cegarme,
Mas nunca hará qu’en vos no pueda verme.
Dos ojos tengo y son para llorar,
Pues que no ven lo que ver querrian,
Dos rios son que siempre correrian,
Si dellos fuese vuestro amor la mar;
Y aunque éstos pierda, vuestra merced crea
Que tengo mil que os miran por idea.
SONETOS INTERCALADOS.
Á todo el mundo doy de mí descargo
Del bien que os quiero y mal que me quereis;
Ya veis, señora, lo que vos haceis,
Que de mi muerte tengais tanto cargo.
Dirán de vos que fuistes matadora,
Y vos diréis que yo mismo me he muerto,
Dirá el amor en tal caso lo cierto,
Qu’en vos estaba ser remediadora.
Sé que diréis que no pudo haber medio
Entre mi mal y vuestra gran bondad,
Todos dirán que en vuestra piedad
Estaba el bien de todo mi remedio;
Que siendo siempre tanto valerosa,
La piedad en vos no’s es viciosa.
Pensando en vos un no sé qué me enoja;
Sélo sentir y no dar á entender
Es un amargo en medio del placer
Qu’el mundo da por lo que se le antoja.
Muy gran mal es y cuento mucho largo,
Ser esto en todo tan naturalmente,
Que piense en vos muy mucho dulcemente,
Y un no sé qué lo vuelva todo amargo.
Soy como aquel que muestra ser mortal,
Que su accidente da señal de muerte,
Si no mudais de mal en bien mi suerte,
Dadme por muerto deste grave mal.
Y es lacidente ser desconfiado,
Señal de muerte en cualquier estado.
SONETOS. 5. 6.
Al pié d’un monte cerca de una fuente,
En un bell prado muy verde y florido,
Pasciendo estaba su triste sentido,
Cogiendo flores un pastor doliente.
De mal d’amores era su accidente,
Que sospiraba nombrando Cupido;
Yo sospirando d’él fuí conoscido,
Que amor dó reina descubre su gente.
Y platicando de nuestros amores,
Cada cual dixo que fué su venida;
Él iba en busca de sana-dolores,
Qu’es una hierba que d’amor olvida;
Yo la que nombran acuerda amadores,
Que cualquier calza segun su medida.
D’un árbol d’amor yo vi que colgaba
Una guirnalda de muy lindas flores,
Muchas pastoras y muchos pastores
Se la ensayaban y á nadi encajaba.
Y en la cabeza que muy bien entraba,
Era dichosa y amada en amores;
L’árbol nombraban manzano d’amores,
Y era malsano de quien no sanaba.
L’amor me mandó que yo me probase,
Dixo riendo que d’él no temiese,
Con grande temor probé esta aventura.
Y ántes fué seca que yo la ensayase,
Porque esperanza ninguna tuviese,
Qu’el engañoso jamas asegura.
SONETOS. 4. 7.
Linda Thamar, más bella que la rosa
Del mes de Abril, cogida en la mañana,
Saliendo el sol con su estrella Diana,
Qu’en ver á vos se vuelve envidiosa.
El sol está miránd’os tan hermosa,
Como el galan que mira su galana,
Rie de ver á su estrella tan vana,
Que competir no es bien con mayor cosa.
¿Qué haré yo mirando vuestra cara,
Sino seguir al sol que os ha mirado
Y sospirar de mi triste ventura?
Que no pensé que tanto me costára,
Que por amar me viese despreciado,
Que despreciar es contra la natura.
Supe d’amor una cosa excusada,
Su condicion cual es en desdichados,
Y díxome que los trae engañados,
Promételes y no les tiene nada.
Quise dejar la empresa comenzada,
Y en comenzar vinieron mis soldados,
Temor y amor, que estaban espantados,
Que yo de vos hiciese retirada.
Dixéronme, mejor es hacer cara
Que no dejar de ver cara tan bella,
Á bien ó mal venga lo que viniere.
Sin este mal, menor mal me matára,
Que proseguir con muy buena querella,
No muere no, que vive cuando muere.
SONETO INTERCALADO.
¡Oh quién pudiese vivir sin deseo
Por no saber qué cosa es desear!
¡Oh quién pudiese nunca sospirar
Por no mostrar l’amor qu’en vos no veo!
Son el deseo y el sospiro hermanos,
Y mi tristeza d’ellos es su madre,
Vuestro desden les es natural padre,
Y yo el seráu de tales cortesanos.
Séos decir que mil requiebros siento
Dentro de mí dó está vuestra idea,
Que nadi hay que á vos, señora, vea,
Que no esté mal d’alegre descontento;
Y es este mal como quien se sonrie,
Que dentro llora y defuera rie.
SONETO. 4. 7.
Como el dulzor de la dulce armonía
Hace acordar cualquier tiempo pasado,
Tañendo yo, lloro de enamorado
Lo que no soy, á lo que ser solia.
La suavidad de vuestra melodía,
Si vos cantais sois como aquel pescado
Que hace dormir lo que soy olvidado,
Y hace ensoñar toda la pena mia.
Despiértame teneros en memoria,
Qu’es un reloj que me está despertando,
Y en acordar me hallo como añoria,
Que agua doy, mi gran ardor regando,
Y siempre en vos hallo seca mi gloria,
Que sequedad todo lo va secando.
SONETOS. 5. 6.
Nasció cuando os vi lo que no quisiera,
Que siempre vivió de vos maltratado,
Tuvo por nombre lo que m’ha quedado
Desventurado, destraña manera.
Y es el mal hado que el cielo me diera,
Él sabe por qué yo fuí malhadado;
Que muere en nascer, cualquier desdichado,
Que en veros mostró mi estrella quién era.
Parezco la flor que muere nasciendo,
Que nasce en nascer la linda mañana
Del Mayo gentil, que el mundo recrea.
Y dándole el sol se seca muriendo,
Tal soy y seré por vuestra Diana,
Que ver y cegar verá quien os vea.
Siempre querria con vos endeudarme
Para deberos, y no estais contenta,
Que nunca poneis la cruz en mi cuenta,
Y en cruz me teneis por crucificarme.
No por rematar, mas por rematarme
Haceisme la cruz, de muy descontenta,
Yo digo que vos haceis la contenta,
y vos decis no, por no contentarme.
Yo me pagára de ser mal pagado
Para que vieran que no sois deudora,
Que buen pagador de todos es grado.
Y vos, por mostrar no ser mi señora,
Nunca mostraste que os fuese criado,
Que muy mal querer se muestra do mora.
SONETO INTERCALADO.
Sintiendo voy d’amor gran agonía,
La cara traigo de color de tierra,
Ya viene por llevarme quien entierra,
Que ya murió del todo mi alegría.
Matóla vuestra grande guerrería,
Que siempre m’habeis hecho cruel guerra,
Venciéndome en el llano y en la sierra,
Que son mi corazon y fantasía.
Vos m’habeis hecho el corazon muy llano,
Que guerra del amor lo allana todo,
Y allanará la ciencia más subida.
Ganástesme el castillo, y castellano
Mi entendimiento con mi leal modo,
Que muy alto subir da gran caida.
SONETOS. 5. 6.
Del paraxismo d’amor voy tollido,
Ya m’he venido d’aquel infernado
Para sí mismo, Cupido malvado,
Que sólo es de sí quien siempre lo ha sido.
Por vos me gané, por vos m’he perdido,
Gané por servir y soy mal pagado,
No quereis cuenta del bien que he gastado,
Por no tomalla de haberos servido.
¿Qué os costaria decirme, burlando,
Quieres ser sano, y yo que os dixese,
Ya fuese por vos, pues soy vuestro, muerto?
Que no sana mal, que va deseando,
Si no es con dotor que como vos fuese,
Que bien aplicar da luégo en lo cierto.
Tiro mi querer el mal que tirado
Lo malo de vos, que mal os hacia
Mal paresceros de noche y de dia,
Que dar mal por bien es mucho mal dado.
Vos estais sana, que y’os he sanado,
Mata venado será mi porfía,
Yo estoy malsano, morirme querria,
Por ver si de vos sería llorado.
Soy como el ámbar que tira pajuela,
Y así vuestro mal de vos á mí tiro,
Que y’os doy mi fe que más nunca os duela;
Pues siempre seréis por quien yo sospiro,
Que vos para mí sois siempre mi estrella,
Mas yo para vos no soy lo que miro.
SONETO. 4. 7.
Rosa d’Abril, cogida en la mañana,
Saliendo el sol con sus rayos dorados,
Muy gran olor sentimos los penados,
Pues huele bien lo que de vos nos sana.
El Dios d’amor os saca á la ventana,
L’aire de vos da vista á los cegados,
Milagros son que vos haceis contados,
Dejaros ver por dar salud humana.
Cobran vivir mis cinco sentimientos,
Vee mi ver en ver quien le ha cegado,
El toque más que vivo ya se toca,
Gustar y oler reviven más contentos,
Pues cobra más del que perdió el cobrado,
Vive el oir oyendo buena boca.
SONETOS. 5. 6.
Yo sentí en veros el mal no temido,
Por lo que dicen del mal de terciana
Nunca fué visto, se toca campana,
Tangan á muertos, que siempre lo he sido.
Malenconía de verme en olvido
En las entrañas de vuestra desgana,
Causaron en mí la vida malsana,
Que vivo por vos, y nunca he vivido.
Terciana d’amor es mucho más fuerte,
De frio mayor y más callentura,
Que mis contrarios de vos y mí vienen.
D’estar fria vos mi frio es de muerte,
De yo no lo estar la vida me tura,
Que mal qu’es por bien extremos sostienen.
Señala las horas el Norte su estrella,
Que Norte del cielo d’amor sois, señora,
Mas nunca señala vengais en buen hora,
Quien horas amuestra de muerte por vella.
Es muy mal agüero miralla y perdella,
Su cara me dice que vaya en malhora,
La mala ventura muestra do mora,
Que vista señala lo qu’es de creella.
Es como quien pierde, quien ha de perderos
El mar que navega de vuestra belleza,
Qu’el Norte su estrella do pierde la cobra.
Pues va navegando por no meresceros
Por Indias crueles de vuestra crueza,
Que todo bien falta do mucho mal sobra.
SONETOS INTERCALADOS.
Pensando en vos está mi pensamiento,
Alegre y triste por diversas vias,
Dase á entender no sé qué alegrías,
Que alegre error amando da contento.
¡Qué dulce rato, qué embelesamiento
Es l’amador creer sus fantasías!
Matar podrian estas niñerías,
Que peligroso es gran contentamiento.
Provee amor con vuestra gran cordura
Que en el placer se mezcle la tristeza,
Mareas son de amor que mengua y cresce;
En la creciente sube mi ventura,
En la menguante que es vuestra crueza
Baja en l’amar d’amor quien n’os merece.
Dulce cuidado y amargo deseo
Me tienen puesto en prision muy contenta,
Contento estoy de vida descontenta,
Pues fué por ver y por lo que no veo.
No sé yo cómo ni con quién peleo,
Que con mi cuenta no se traiga cuenta,
Todo lo veo mucho á mi descuenta,
Mi mucho amor y el que de vos no creo.
¡Oh dulce mal con hiel siempre á la boca
Acaba ya de darme muerte ó vida
Por ver cuál es el fin de mi ventura.
Si soy de vida, ¿cómo es ya tan poca?
Si soy de muerte, acorta mi partida,
Que mal d’amor sin fin no tiene cura.
Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de Matalinda y Matacruel, que canteis las coplas que por esto hecistes, y de palabra nos conteis la historia.
Señora, porque sepan mejor las coplas á vuestra alteza, ántes de cantar diré lo que me siguió: Yo hablaba algunas noches á una burladora que servia, y cada noche la desconocia, que todolo suele mudar el engañar. Yo le dixe: Tantas mutaciones de hablar haceis, que no sé con quién hablo: decíme ¿cómo habeis nombre? Respondióme: A mí me dicen una noche Matalinda y otra Matacruel. Díxele:
Si con tantos servidores
No poneis tela, señora,
No sois buena burladora.
Por eso Joan Fernandez jura muchas veces por vida de Matalinda, y don Francisco os dixo en una fiesta: Ios para Matacruel; que por bajo que lo dixo, mucho más bajo fué él que no se ha de descuidar el buen hablar. Bien será porque sepamos que baile de tres bailamos; que d’esto unas coplas haga, y serán reseña y paga para pagar tales fiestas, y son éstas:
Gran bien es pensar en vos,
Y gran mal tambien, señora,
Contemplaros matadora
Para dar muerte á los dos.
La vuestra quiero mostrar,
Que ya os huyen de cruel,
La mia no es de dudar,
Que Cain sois en matar,
Yo en morir un otro Abel.
¿Matalinda no bastára
Que os quedaba por renombre,
Que Matacruel por nombre
Os pregonan cara á cara?
Dejad nombre de traidor,
Que cruel sabe á traicion;
Todos os tienen temor,
Sino yo, que os tengo amor
Á razon ó sin razon.
Si lo haceis porque n’os sigan,
Siendo más para seguiros,
Es vos misma perseguiros
Que Matacruel os digan.
Como hierba os dejarán
No cogida de recelo;
Que en los berros la hallarán,
Y en veros luégo dirán
Huyamos del anapelo.
Muy mejor seréis nombrada
Matalinda de lindeza,
Que del nombre de crueza
Quedaréis desacatada.
Que si á vos os van nombrando
Matacruel de crueldad,
Quedaré por vos en bando,
Y con todos peleando
Que es mentira la verdad.
Bien sé que os enojarán,
Mas debeislo de sufrir,
Cuando vos oiréis decir:
No lo hagais, no lo dirán.
Basta que lo vengue yo
Con obras, y responder
Que si en otras amargó,
En vos dulce paresció
Lo que amor nos da á comer.
No penseis que voy tras pago,
Que bien sé con qué pagais;
De vos misma os olvidais,
Cuanto más de lo que yo hago.
Aunque más está en razon,
Que haceis del olvidado,
Para dar satisfaccion,
Que teneis por condicion
Corazon desacordado.
Vos teneis mucho por gala
Reiros á costa ajena,
Es muy mala para buena,
Y muy buena para mala.
Si al contrario paresciese,
Muy mejor paresceria,
Porque de vos se dixese:
Quien de vos, señora, fuese,
De ninguna más sería.
Mudad de costumbre ya,
Que por vuestro bien lo digo,
Y haréis de todo enemigo,
Que enemigo no será.
Si me fuesen más traidores
Que fué Júdas para Dios,
Por oir de vos loores,
Más quiero competidores
Que velles huir de vos.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, si os cansais de cantar, n’os canséis de contar más sonetos, que no son para cansar los graciosos sonsonetos.
Dixo don Diego Ladron: y decidnos la razon cómo quedará un soneto para que sea perfecto.
Item, don Francisco dixo:
Por quitar un dixo dixo
De perversos pareceres,
Que juzgan á sus placeres,
Decidnos lo que sabeis
De los sonetos que haceis.
Joan Fernandez se rió y díxoles: Aquí estoy yo que lo diré.
Ellos han de ir muy derechos,
Que no puedan coxquear,
Porque el morisco Alatar
No los vea ir contrechos.
Item, más han de mostrar,
El sol que no esté nublado;
Que no vayan á buscar
Lo presente y lo pasado
De la razon,
Que nublados muchos son.
Item, más han de tener,
Que si querrán dellos coger
Frutos para alguna dama,
Que no sean todo rama,
Que enramadas son de fiestas
De verano
Los que son pajar sin grano.
Item más no queden frios,
Que si dicen desvaríos
En los modos del hablar,
Guárdense de no topar
Con don Artal.
Dixo don Luis Milan:
Burla burlando,
El Joan dixo verdades,
Que burlas no son maldades
Avisando.
Y pues ya no he de cantar,
Sino contar los sonetos,
Bien podrémos discantar
Los sonsonetes.
Y comiencen á templar, que bien hay que discantar en mí.
SONETO. 4. 7.
No porfiar hablando descontentos,
Dos cosas son que dan bien al oido,
Sabido ser y ser muy bien sufrido,
Que la valor sufrida es en tormentos.
Dama real, vos dais merescimientos
Como da el Rey, que todo l’es debido;
Mas crueldad y desagradescido,
Parescen mal en todos estamentos.
Mi reina sois, yo soy vuestro vasallo,
Mandar podeis á tuerto ó á derecho,
El tuerto soy, pues vos me habeis cegado.
Derecho no, que cojo y manco me hallo,
Su crueldad me tiene muy deshecho,
Por bien mirar me veo mal mirado.
Dixo don Diego: Templado ó destemplado, yo quiero discantar sobre este soneto, que yo sé una glosa d’él y es: Que don Francisco y Joan Fernandez servian á dos viudas que en una casa estaban, y burlaban d’ellos en secreto, y en público no traian cuenta con ellos. Solian hablar alguna noche de una ventana, y ellos de una huerta, y de muy enamorados, algunas veces se desconcertaban, y ellas les decian: Don Joan tuerto, todo estais un desconcierto. Y él respondia: Si he hablado desconcierto, allá me teneis un concierto. La otra decia: Don Cojo Francisco, ¿quién os puso en tal arrisco? Respondió él: Si soy don Cojo Francisco, allá me teneis un pellizco. Y ellas, enojadas de alabarse de lo que no era verdad, me contaron que una noche les dejaron entrar en casa para pagarse d’ellos, y encerrólos en una cocina una criada d’ellas, diciendo que allí estaban más secretos; y las viudas de una ventana hacíanles arrojar un agua almangrentada á sus criadas, diciendo todas: Don Joan tuerto deslenguado, bien estais almangrentado; tomad, don Cojo Francisco, pues mentis con el pellisco.
Y fuéronse como merescian por el terrado de casa, que les dió salida una vecina.
¿Qué meresce quien deshonra? Que no se le haga honra.
Dixo don Luis Milan: Hagamos honra á este
SONETO. 4. 7.
Yo retraté su gesto muy hermoso,
Y téngole perfeto retratado,
Cuando no estais haciendo el desdeñado,
Que feo está mirar muy desdeñoso.
Rato me dais que no sé qu’es reposo
Cuando mirais, mirar desamorado;
Tal me parais, de vos muy mal parado,
Que muérdome las manos de rabioso;
Y en veros tal, rabiosa por matarme,
Corriendo voy á ver vuestro retrato
Por descansar mirand’os en pintura.
Y el dios d’amor, por más desengañarme,
Húrtamela por darme muy mal rato,
Que del mortal le huye su natura.
Dixo don Francisco: Señor Duque, este soneto recita la farsa que Joan Fernandez hacia, y era que en su oratorio tenía el retrato que hurtó á don Luis Milan de la dama que servian, y en ella hacerle mala cara, luégo le decia: Yo me voy á ver vuestro buen gesto, pues este que me haceis no es sino el de Marifea, vuestra favorecida; que el compañero sella como sello. Y con gran prisa iba á su casa, y algunas veces no hallaba el retrato, y él decia cantando:
¿Dónde estás, que no te veo?
¿Qu’es de tí, pintura mia?
Vuelve, que verte deseo,
Si estás en la morería.
Y esto cantaba porque sospechaba que una mora hechicera, de quien él estaba hechizado d’amores, se la tenía, porque le dió á entender qu’el dios d’amor se lo traia. Y era que una criada de su mujer se lo llevaba á la mora para composar á Joan Fernandez cuando se lo volvia, partiéndose las dos la composicion.
Dixo don Luis Milan: Tan buena me ha sabido la glosa, que por oir otra diré luégo este otro
SONETO. 4. 7.
Seguir á quien ningun respeto tiene
Sino mandar y nunca ser mandado,
Es de cruel que manda su criado,
Y d’este mal alguna merced viene.
Mas yo de vos, por más y más que pene,
Por bien servir no soy galardonado,
Mas de tener por vos ser muy honrado,
Que mal qu’es bien en honra nos sostiene.
Contento estoy d’estar en vuestro puesto,
Vos no debeis del mio estar contenta,
Pues nunca estais en puesto de mi juego.
Parésceme juego de cañas esto;
Tirámosnos las cañas d’esta cuenta,
Yo juego bien, y vos haceis mal juego.
Dixo Joan Fernandez: Adargaos, don Diego, que vos recebiréis. Bien se os acuerda que una vieja de sesenta años se os hacia moza de afeites y mechuelas de cabellos rubios, dándole á entender que la servíades: Que la natural cordura en ningun tiempo asegura; y vos íbades tras una sobrina suya secretamente, y cuando ella se dió cata del engaño, matábala á pellizcos, diciendo: Toma, porque te festeja don Diego el desbocado, que á tu puesto se es pasado; y la sobrina, pellizcada por vos, en una fiesta os dixo:
No me sirvais, caballero,
Ios con Dios,
Que pellizcada voy por vos.
Dixo don Luis Milan: Si Martina bailó, tómese lo que ganó; porque baile otra Marina, quiero decir otro
SONETO. 4. 7.
Espejo sois d’amor desamorado
Para quien es á vos muy enojoso,
Mírase en vos, y no se ve hermoso,
Que feo está un rostro desdeñado.
Y el que será muy hecho á vuestro grado
Parecerá Narciso glorioso,
Que gentil es un feo venturoso,
Y no es gentil quien es desventurado.
Tal os miré, cual quedo por memoria,
Un Lucifer muy desfavorecido,
Vos un Luzbel de muy gran hermosura.
soy Luzmal, caido de la gloria,
Pues deseé ser yo con vos unido,
Que pena da lo que se desmesura.
Dixo don Diego: Juan Fernandez, este soneto os va cantando: Joan, arte, Joan, arte,
Buen caballero probado,
Acordarte se debria
D’aquel buen tiempo pasado.
De lo que pasó por vos, que diciendo muchas veces: Espejo mio, espejo mio, á una cara de luna de fuego que vos servíades, que pensando que la motejábades, se enfadó tanto desta frialdad que os dixo: No me lo digais más, que me enojais; y estando un dia enrubiándose los cabellos en su terrado, y vos escondido en un gallinero de su casa, hecistes el gallo porque se volviese á miraros, y en veros le dixistes: Espejo mio, y ella os le tiró á la cara diciendo: A quien no pensando enoja, volvelle la hoja. Pues tan bien me pagan, hé aquí un otro
SONETO. 4. 7.
Nunca pensé que mal por bien viniese,
Y mal por bien por vos me ha venido,
Vínome: el mal, y todo m’ha tollido,
Que mal frances pensé luégo que fuese.
Yo le rogué su nombre me dixese,
Y díxome: yo soy nombrado olvido,
Vengo á matar á quien bien ha servido,
Que el dios d’amor mandó que yo lo hiciese.
Doña cruel tu dama fué la parte,
Ventura el juez, yo soy verdugo della,
Dice el pregon: éste es el desdichado.
Que siempre fué d’amor un Durandarte,
Y mándanle que muera por no vella,
Que muerte dá no ver lo deseado.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, este soneto debia ir como carta nueva por Valencia cuando fuistes infamado de mal frances, que vuestra dama os dixo en una fiesta: No se llegue más á mí quien se pasa á los franceses; y una amiga suya lo declaró, que no se debe declarar lo que puede enojar, y dixo: Eso mal frances será, señor, de bajo amor. Otra dama dixo: No es ese mal por cierto, sino que su dama le ha dicho que no la vea ni oya mas, y él, por obedecerla, trae la gorra encima de los ojos por no vella, y algodones en los oidos por no oilla; que por esto sacó un ahorcado en una justa, con este mote: ahorcado amador, ni ve ni oye d’amor.
Dixo don Luis Milan: Resucite el ahorcado con este
SONETO. 4. 7.
Temor y amor, amor es verdadero,
Y de temor en veros me santigo,
Pregúntanme si veo al enemigo,
Yo digo sí, que de enemiga muero.
Y del amor queriendo como os quiero,
Vengo á temblar si alguna cosa os digo,
Por acertar errando voy conmigo
Que ce por be y’os digo en cuanto quiero.
No respondeis; si toco vuestra aldaba
Dais en callar, al son de mi sospiro,
Vengo á parar en mármol convertido.
Y para estar como primero estaba,
Despárame Cupido nuevo tiro,
Que nuevo mal recuerda amortecido.
Dixo don Diego: Yo traia una dama á vesita un dia, y salió tras canton un caballero, y en topar con nosotros se santiguó; yo díxele: Joan Cruzado, ¿de qué os santiguais? ¿veis al enemigo? respondióme: Sí, que de enemiga muero. Pareció tan galan, que no quisiera que tambien nos pareciera el señor Joan Fernandez.
Dixo don Luis Milan: A este cuento no se ha de responder agora por no estorbar este
SONETO. 4. 7.
La perramor es esta perra mia,
Que pena fué, pues me mordió rabiando,
N’os enojeis si os voy acomparando
Al animal que más veros querria.
Es muy leal á aquel que dél se fia,
Es todo amor á quien lo está halagando,
No es ella ansí, mas siempre va ladrando
Para morder lo que sanar debria.
Curar debeis la llaga que me hecistes
Con piedad que damas hermosea,
Que, vivo yo, mejor seréis servida.
No seais vos lo que no sois ni fuistes,
Que puesto que sois de hermosura dea,
Lo que no es Dios no sea mata vida.
Dixo Joan Fernandez: Con otro cuento muy mejor respondo á don Diego Apodador; y es éste, que los dos nos hallamos en una vesita de damas en casa de mi hermana doña Marquesa, y él vendió este soneto por suyo, y díxolo para decir perra á una que servia de las que estaban allí, y su dama le dixo: Don Diego Perramor, ¿de quién andais servidor? Respondió por él un otra dama, que él se lo rogó: De sí mismo se enamora, que Perramor es su señora. Dixo otra: Y cuán perro es el señor que mordiendo va d’amor. Y vos os fuistes, un pañizuelo rasgando, como perro rabiando.
Dixo don Luis Milan: Pues Joan Fernandez se ha vengado, oyan si querrán oir otro
SONETO. 5. 6.
Quien osaria por mucho que osase,
Tener tal ser de ser atrevido,
Probarse con vos á brazo partido
Si no fuese ya que desvariase,
Si mi loquear en esto parase
Pues fuese por vos su seso perdido,
Meresceria lo que es merescido,
Quien hizo al loco que le perdonase.
Á ley de razon si estoy loqueando,
Pues vos lo causais, yo soy desculpado,
Que no tiene ser quien es para poco.
Si loco con vos me viese luchando,
Debria de ser de vos perdonado,
Que no es buen amor si no es amor loco.
Dixo don Diego: Este soneto hará saber á quien no sabe unos requiebros lirianos, que en Liria dixo el señor don Joan Fernandez, y son éstos; hallóse en una vesita de una partera liriana, que le tenian hecho un liriano de amores, y díxole este soneto que habia amparado á don Luis Milan, y en haberlo dicho desampararon las mujeres la vesita, pensando que quisiese luchar con alguna de ellas, que de todas iba servidor á jornadas; y él se fué tras ellas diciendo: no le huyais al loco de amor si es buen luchador. Dixo don Luis Milan: pues se vió tan mareado el señor Joan Fernandez en Liria, oya al propósito un otro
SONETO. 4. 7.
El marear que el mar d’amor nos hace,
Es muy peor qu’el mar que se navega,
El mar d’amor muy más veces reniega
Y mueve más, pues con placer desplace.
Desplácenos con lo que más nos place,
Con el mirar que nos contenta y ciega,
Y este placer á mucha gente niega,
Y en tierra y mar amor hace y deshace.
Digámosle del mar suyo almirante,
Que es el marqués de libertad perdida,
Duque tambien de voluntad humana.
Conde de paz, sino reina levante,
Y rey del fin y reina sin medida,
Que amor es rey do voluntades gana.
Dixo Joan Fernandez: Este otro soneto hará saber cómo le fué al señor don Diego acompañando unas damas que fueron á ver las galeras de don Álvaro de Bazan, y en ser luégo en barca se mareó en tanta manera, que le pusieron nombre don Diego mareado, y volviéronlo á tierra y á su casa en una litera á la noche, y las damas le iban cantando:
Mal amar os prueba mucho,
Caballero,
Debe ser de mal parlero.
Y él respondió:
Mareado estoy d’amor,
Que dado me han competidor.
Dixo don Luis Milan: Para sanar este mareado d’amor que se conhorte con lo que dice: Solatium est miseris socios habere penates, doy este
SONETO INTERCALADO.
Soñado he lo que no fué soñado,
La triste muerte de Leandro y Hero,
Amor y muerte fué con ellos Nero,
Que amor se vuelve muerte al desdichado.
De su torre por él se ha arrojado
En ver que se ahogó su caballero,
Pasando el mar d’amor tan verdadero,
Sus vidas con sus muertes han casado.
Tal soy, como Leandro, más que muerto
Por olas d’este mal de mi enemiga,
Vos no sois Hero, sino Nero mia.
Aquél pasando el mar gozó de puerto
Los dias que vivió con su fatiga,
Yo por mejor Leandro ser querria.
Dixo don Francisco: Mejor se hallaria ahora una Nero á cada paso que media Hero en medio mundo.
Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Por no haber ya ningun Leandro no se halla Hero alguna.
Respondió Joan Fernandez: Esta casta de enamorados yo la he conservado hasta agora, que no ha mucho que estaba yo hecho un Leandro medio muerto de amores al pié de una torre, y no faltó una Hero que pensando que yo estaba muerto se quiso echar, si yo no echára de presto un sospiro que la detuvo, que no se echó de la torre abajo por mí, y dixo: A no sospirar mi Leandro, yo me desesperaba como Hero.
Dixo don Luis Milan:
Nunca fuera caballero
De damas tan bien querido,
Como fué Joan Leandro
De una Hero que no ha sido.
Y no porque no se hallen Heros y Leandros, mas no se hallará Leandro en tal Joan, que sus amores flojos van;
Pues que no osaria nadar
Por aquel brazo de mar,
Que á nado le pasaba
Leandro cuando nadaba,
Una legua por la mar,
Para á su Hero llegar.
Dixo la Reina:
Perdido se ha l’amor
En Valencia,
Aunque no en una excelencia.
Respondió el Duque:
Ni ménos perdido le han
Un alteza y un milan.
Replicó la Reina:
Para hacer que no me enojen
Sus amores,
Sácame mis burladores.
Dixo la señora doña Margarita de Peralta:
Ya no se hallarán Leandros
Amadores,
Sino landres en amores.
Respondióle Joan Fernandez:
Pues yo sé una Hero sin falta,
Qu’es una linda Peralta,
Que el galan que la sirviese,
Leandro por ella volviese.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:
Si un Leandro verdadero
Fuesen hoy dia á buscar,
Para nunca sospirar,
En don Diego Maltequiero
Este amor podrán hallar.
Respondióle don Diego Ladron:
Si una verdadera Hero
Buscan para burladora,
Osorio es esta señora,
Que se nombra doña Nero.
Dixo la señora doña Marina de Tobar:
Si un Leandro amor se hallase,
L’amor resucitaria;
Y si mucho se buscase,
En don Francisco se hallaria.
Respondióle don Francisco:
Señora doña Marina,
Si en ella un Hero viese,
Y Leandro me volviese,
No me ahogue su Marina.
Dixo don Luis Milan: Hero en latin quiere decir yo seré, si una Leonor Galan d’esto se quiere servir, la serviré.
Respondió la señora doña Leonor:
Si Leandro quereis ser,
¿Cómo puede faltar Hero
Á un amor muy verdadero?
Dixo el Duque: Ya veis cuán infamada está Valencia, que no hay amor en ella; y esto no viene sino por un gran descuido que se tiene, que no quieren ser buenos oficiales los caballeros en su oficio, que es saber á maestro en todo lo que no debe ignorar un caballero, que para ganar buen nombre críanos naturaleza, y quiere que se ayude el hombre; y exercitándose en las virtudes, el cielo da la gracia para alcanzarlas y la paga para remunerarlas, porque no hay bien sin amigo ni mal sin castigo: y así como la verdadera justicia remunera lo bueno y castiga lo malo, los príncipes para ser buenos deben galardonar á los buenos y castigar á los malos, que el galardon hace los hombres mejores y el castigo que no sean peores. Mucha culpa tienen los padres si sus hijos se pierden á culpa dellos, pues hay algunos que tienen más cuidado de hacer un buen caballo que un hombre bueno; y por esto dixo un cortesano portugues, á quien fué demandado qué le parescia de una ciudad muy nombrada que habia visto: Heu e visto muytos homos boos para cavalos e muytos cavalos boos para homes; queriendo decir lo más malo que una república podia tener y lo mejor que poseer debria, que son hombres, como hacia un filósofo viendo su ciudad de Aténas muy perdida por falta de hombres, que iba de dia con una lanterna encendida poniéndola á la cara de cuantos topaba, y decíanle qué buscaba, y él respondió: Busco hombres y no los hallo. Y por esto don Luis Milan dixo que el caballero bien aderezado sólo de cuerpo, y no de alma, le podrian decir don Pedro Mula ó don Juan Caballo; y tornando á nuestro propósito, para que el amor se cobrase en Valencia, sería menester hacer leyes para algunas damas, que no se descuidasen de hacer lo que deben, y á los caballeros que supiesen cómo las han de servir, y sería de parescer que mañana, despues de haber comido, acudiesen aquí las damas que venir querrán, para que se hiciesen á voluntad de todos estas leyes, que no reina amor ni rey sin tener ley. Paresció bien á todos, y quedaron con este concierto.
El otro dia no vieron el hora cómo acudir y acudieron muchos caballeros y damas á esta sala-córte, que se tuvo en la sala mayor del Real, donde el Duque y la Reina se pusieron sobre un teatro de quince gradas en alto, y los caballeros en un cadalso y las damas en otro, y el Duque proponiendo, dixo: Señores, Valencia está muy infamada por todo el mundo, de muy desamorada, que ningun amor hay en ella; para que se cobre el amor y la fama della, fuy de parescer que, á voluntad de todos los que aquí están, se hagan leyes para que las damas sean bien servidas, y los caballeros que lo habrán menester sepan en qué las han de servir, y diga cada uno de qué está agraviado del otro, y concertados todos haráse ley sobre ello.
Comenzó don Rodrigo de Borja, y dixo: Yo estoy agraviado d’esto que hacen las damas, no dan crédito en amores que caballero tenga amor, y hanse vuelto burladoras, y el galan más burlador, que perdido el crédito se pierde el amor.
Respondió la señora doña Ángela de Aragon y del Milan, condesa de Almenara, y dixo: Señor don Rodrigo, si las damas lo son, no han de sufrir á los caballeros que digan á la que sirven requiebros sin sospirar, que es indicio de burlar, ni ménos se requiebren sino con sus damas; que l’amor que es chocarrero, no sospira y es parlero.
Sobre esto hizo el Duque esta primera ley:
Lo que está en ley sea ley
Que sospire el servidor,
Y si no es sospirador,
Tenga con su dama ley.
Y será la que y’os digo
Que requiebro nunca diga,
Sino sólo á su amiga,
Sino, denle al enemigo.
Dixo don Diego Ladron: yo estoy muy agraviado de la mala condicion que las damas tienen, que siempre nos muestran zuño, que nublos de piedra son zuños de mala condicion, y temiendo de pedradas huimos de nuboladas.
Respondió la señora doña Mencía Manrique: Señor don Diego, merescen ser apedreados y ver zuños muy nublados los que tienen tan poco miramiento, que sin saber la condicion de su dama la sirva el caballero, pues es cierto, quien contra condicion irá, piensa servir y enojará.
El Duque rió mucho de los zuños nublados, y hizo esta segunda ley:
Deben saber la condicion
De cualquier servida dama,
Para bien servir quien l’ama,
Pues está mucho en razon.
Que contentacion no da
Sin la condicion seguir,
Que pensando bien servir,
Deservir parescerá.
Dixo don Berenguer Aguilar: Yo tengo un agravio de las damas, que son mucho descuidadas, que nunca responden á lo dicho sino, ¿qu’es eso que me habeis dicho? que nunca bien responderá quien nunca está en lo que está.
Respondió la señora doña Castellana Belvis: Señor don Berenguer, si lo que me han dicho es verdad, vuestra merced más tira á engordar que á festejar; y si es ansí, los descuidados con descuidos son pagados.
El Duque hizo sobre este caso esta tercera ley:
No deben ser descuidados
Que muestran desamorados,
Que descuido es accidente
Que muestra quien poco siente.
El que falta en aguardar
Falta muestra en el amar,
Qu’el amor muy más se muestra
En las obras que á la muestra.
Dixo Joan Fernandez: yo tengo un muy grande agravio que las damas nos hacen, y es la deslealtad que tienen, que poco há se estaban alabando en una vesita, deciendo: Pues tenemos el palomando sobre los amadores, hagamos que sientan el palo porque no tengan el mando.
Respondió la señora doña Hierónima su mujer: Tostemps feu lo Margarit, per vesites aguartant encenser que va encensant, fum de noyes vos han dit.
Dixo el Duque: Nunca mejor apodo se dixo, encensero de humo de nuevas. Señor don Luis Margarit, avisadamente dió ocasion la señora doña Hierónima que hablase, que mucho se pierde en callar un buen hablar; y escuchen, que á todos comprende esta cuarta ley.
Nadi sea desleal
En obrar, mirar, ni hablar,
Que traicion es en amar;
Vamos todos al igual.
Y para muy justa ser
Tengan libertad si quieren,
A quien ley no le tuvieren
Que no la haya de tener.
Dixo don Luis Margarit: Señora doña Hierónima, pues me hizo encensero, yo quiero encensar para humo quitar entre damas y caballeros; Cupido me aparesció esta noche pasada y díxome: Tú has de proponer mañana en la sala-córte un agravio que se hace muy grande en los amores, que da ocasion de mucho mal y es éste; que los enamorados nunca deben reñir con sus competidores, por no dar que hablar á miradores echando juicios temerarios sobre las honras de las amadas y amadores, que la causa del reñir ha de ser para alabar y no infamar. Mas no deben negarse las cortesías á la italiana; háblanse sin tener gana por quitar mal decir y mal pensar, y la estrecha amistad no la deben detener, que es muy malo de comer, en la mesa, que es traicion ó gran simpleza. Que la dama no sea fia, de simple ó falsa compañía; y es de tener por mucho mal parecer.
Respondió la señora doña Hierónima: Ab molta raó he donat occasió que vossa merce parlas. No se puede decir más donde responder es ménos.
Al Duque le paresció muy bien, haciendo sobre esto esta quinta ley:
No paresce bien que sirve
Reñir con el competidor,
Qu’es locura ó poco amor
El que sirve si desirve.
Y da mucho que hablar
De lo que no es bien decir,
Y si debe de reñir,
Sea para más honrar.
Dixo don Francisco Fenollet: Un grande agravio quiero proponer por parte de la Vénus, madre de Cupido, qu’esta noche me vino en sueños y díxome: Mañana en la sala-córte has de proclamar que no se consienta mentir mal, sino bien, en los amores; yo le dixe que me dixera cuál era mal ó bien mentir. Respondióme: Aquel es mentir bestial, qu’es causador de mucho mal, y el que mal no puede hacer es mentir para placer. Entendido que hube que hay buenas mentiras, yo desculpé á Joan Fernandez de sus cuentos, pues no son yerros, aunque lo son por ser de baja nascion, que de bajos podrian ser contrabajos de música desentonada, pues que todos son risada para bocas de reir, que se rien sin sentir, como papagayos son risueños sin intencion.
Dixo la señora doña Violante Mascó: Si supiese quién sana de mucho reir querria desto sanar, para no dar que hablar si rio de no sentir, qu’es peor que mal pensar.
Dixo el Duque: Tan bien me ha parecido lo que ha dicho la señora doña Violante como todos lo verán en esta sexta ley:
Cuando no s’ha de burlar
Nadi sea fementido,
Que no debe ser creido
Quien no puede acreditar.
Y lo que burlar se puede,
Sea para dar placer,
Mentir con tan gran saber,
Que por verdadero quede.
Dixo don Luis Vique: Esta mañana, cuando amanescia, entre durmiendo y velando, sentí una voz de mujer que mostraba ir en pena como la que sintió Julio César, estando para pasar el rio Rubicon, cuando se determinó hacer guerra contra los romanos sus enemigos, que por lo que le dixo esta vision, vino en conocimiento ser la ciudad de Roma, que le contó las grandes fatigas que sintió por las crueles guerras y mala voluntad que entre sus ciudadanos habia; por donde yo tambien he venido á conoscer quién es ésta que me aparesció. Y es la ciudad de Valencia, diciendo que yo hiciese una figura que la representase delante vuestra excelencia para que la desagraviase de los agravios que está agraviada; y dejóme en un papel escrito todo lo que por parte suya se habia de suplicar. Ya la veo entrar, desagráviela vuestra excelencia para que torne á ser Valencia. Hecha la entrada y acato debido al Duque, dixo:
Excelentísimo señor, yo estoy agraviada de las damas que están hechas tan á su placer, que todos los servicios que les hacen sus servidores los toman á burlas; que no es de burlar lo que no se debe olvidar; y aunque todo se les debe, debrian quedar deudoras para mostrarse agradecidas y no desconocidas. Yo me veo muy mal pagada dellas, que siendo mis hijas me hacen obras de enemigas; pues con los menosprecios que hacen se retiran los que las sirven de servirlas, que bien dice este dicho: Por do se piensa ganar se pierde el desengañar. Piensan ganar mucho con despreciar algunos que no son para servirlas ni para ser sus criados, y ellos quedan sin oirlas ni verlas de maltratados. Que no es bien dar ocasion perderse la reputacion, pues la dellas y dellos se pierde en perderse la crianza, que cada uno dellos podria decir al otro, viendo la vuestra se pierde la mia. Suplico á vuestra excelencia, pues ha hecho leyes para los caballeros, se haga para las damas; y todos haciendo lo que deben yo seré Valencia, que agora no soy sino Desvalencia.
Luego salió con un agravio don Joan de Cardona y dixo: Señor, yo estoy maravillado de las damas, que por haber la primera dellas sojuzgado al primer hombre, quieren tener el mando sobre nosotros, que nunca mejor cosa se dixo, que decille palomando, haciendo al hombre palo, y á la mujer mando. Y no lo digo por los casados que no están desto agraviados, sino de los por casar, que mejor paresceria no fuesen maltratados los que no pueden llegar con quien aman á ser casados, que si no son para maridos en más deben ser tenidos, en servir sin esperar galardon por bien amar; y por esta razon las damas se debrian dejar servir de todos los caballeros, porque no se pierda lo que tanto se gana.
Respondió la señora doña Margarita de Peralta, y dixo: Mucho se ha maravillado el señor don Juan de Cardona, y ha quedado una flor de maravillas, que huele bien lo que ha dicho y parece mal, pues no se usa; temiendo estoy que se han de secar sus flores á la salida del sol de mi razon, que ya sale y digo: Que del palomando que ha dicho, lo mejor d’este nombre es que el hombre sea palo para sostener el cuerpo de los trabajos que tiene el deseo del amor, y la mujer ha de ser el mando para moderar su mal desear de los apetitos desmesurados que vuestro Cupido tiene; y si á vuestra excelencia le parece que yo he ganado este palomando, qu’es tener nosotras el mando para que no se desmanden los malos deseos de los que nos sirven, póngalo en la ley que se ha de hacer.
Dixo el Duque: En razon está todo cuanto ha dicho la señora doña Margarita de Peralta, que su nombre dice: Per alta piace, como dirá esta séptima ley:
Por alta place la dama
Que bien mandando manda,
Pues que no se desmanda,
Mande la buena fama.
Quiero decir, señores,
Que el mando esté en mujeres,
Por moderar placeres
Que gastan los amores.
Don Joan de Cardona salió con otro agravio, y dixo: Los caballeros estamos muy agraviados de las damas que no se quieren tener á ley, mostrando la poca que tienen en dejarse servir de muchos caballeros; y si dicen que nadi puede forzar á no ser bien quisto es muy gran verdad, mas puédense mostrar con demostraciones las intinciones, que en la cara pueden ver lo que siente de pesar ó de placer. Responderán las damas que si no se puede atajar de ser amadas, ménos se podrá excusar si l’amor les hace fuerza para amar, y páguenme de procurador por haber respondido lo que nunca respondieran; porque jamas han otorgado, que mujeres han amado.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:
No hay don Joan más avisado
Que sólo en él paresce bueno,
Si habla el suyo y l’ajeno.
Una cosa me paresce decir que se ha olvidado, que aquello que no toca, suélelo callar la boca, y es que si la dama muestra estar descontenta del que la sirve, sea desculpada quien no consiente ser amada.
Dixo el Duque: Muy poco trabajo hay de hacer leyes entre los muy bien hablados, que hablando hablan leyes avisados. Y pues ya está platicada diréla más abreviada, esta muy importante octava ley:
Las damas que con ley van,
Nunca deben consentir
Que las haya de servir
Sino sólo su galan.
Si no se puede atajar,
Muestre con demostracion
Que no está en su corazon
Lo que no puede excusar.
El almirante de Aragon salió con luto por la muerte de don Berenguer Mercader, que murió d’amores por una crueldad que las damas usan, y dixo: Grande agravio nos hacen las damas, que siendo gasta hombres, no quieren dalles adobo, que á ser guantes los adobarian No sé qué sufrimiento basta, que una dama de nuestra tierra la haya puesto sobre los ojos al muerto qu’he nombrado, porque le vino cuerdo para servirla, y ella le volvió insensible de mucho sentir lo que le despreció. Razon sería que al servidor, que le trastornan el seso, diesen adobo con ámbar de bien tratar, y almizque le compasion y que dixesen: Cuerdo es bien amador que pierde el seso de amor, y si no pudiera hablar, diga yo le haga callar y diga, si locuras dice, no me enoja lo que dice, y si dice necedades, conténtense de haber traido al hombre fuera de sentido.
Respondió la señora doña Marina de Tovar: Muy bien ha pintado el señor Almirante á su placer y á nuestro pesar, si él fuera dama peor le sabria sufrir locuras y necedades en amores que ganarle sus competidores; yo quiero ser de su parte, pues es el todo de la razon, que en ley está, quien hizo el loco que lo sufra, como dice este cantar: Quien gasta debe adobar.
Dixo el Duque: No se debe responder donde todo es aprender, y doy por respuesta la vuestra plática, que es esta novena ley:
La dama que su hermosura
Hace al hombre enloquecer,
Quien hace el seso perder,
Súfralo como cordura.
Que de ser bien avisado,
Se pierde el seso por amar;
Adóbelo para adobar
Lo que muy bien ha gastado.
Don Miguel Fernandez dixo: Si no fuese gastar el dia llorando, demandaria justicia d’esto. Las damas ayudan á mal morir á sus servidores, que riendo se mueren de amores, y el hacer morir riendo es matarnos halagando. Yo creo que les dan á comer de la hierba de Cerdeña, que se dice matariendo, que riendo d’él se muere, quien do no le quieren quiere; y ésta es la hierba de Cerdeña que le dan, que por ser de mal querer, qu’es mala tierra, con la vida nos entierra. Yo, señor, suplico por vos á vuestra excelencia, y por todos los enamorados, que por esto ley se haga, que no den reseña y paga en amores burlar de los servidores á cada rincon, qu’es matar á gran traicion, como muestra este dicho: La autoridad de matar no la tiene de burlar.
Dixo la Reina: Don Miguel, vos habeis puesto en el baile del amor á quien más que todos baila, que es el Duque, mi señor. Yo quiero responder por las damas, que las hecistes hechiceras con la hierba de Cerdeña, que vos le pusistes nombre matarriendo, y la vuestra se dice mátalascallando, que vuestra mujer lo dice, que sois desencamina casados. No sé por qué habeis demandado lo que no habeis menester, que negar se le puede á quien pide lo que no debe. Vos nunca sois estado en la cama por amor, y temeisos de morir, y más será del desamor que teneis, que todos mueren éticos d’ese mal; yo sería de parescer que no se haga ley, para que las damas dejen de burlar de burladores, que sería desigual en los amores.
Dixo el Duque: Santiguar me quiero para esta ley, pues no puedo sino hacer justicia, y temo de ser justiciado de la Reina, mi señora, que ya sin esto es matadora, cuanto más haciendo esta ley, que todas cantarán contra mí:
Enemiga le soy, madre,
Aquel caballero yo,
Mal enemiga le só.
Yo sé que les pasará el enojo cuando se verán mejor servidas con esta última decena ley:
No burlen más de galanes,
So pena de ser burladas,
Que seguir malas pisadas,
Se pierden los capitanes;
Y tambien las capitanas,
Que si más se burlarán,
Lo que d’esto ganarán,
Correrán carreras vanas.
Dixo el Duque: Señores, yo les quiero convidar á lo que soy convidado. Bajemos á la huerta, que mis cantores quieren hacer la fiesta del Mayo que hacen en Italia, y con razon meresce ser tan celebrado este mes; sino, dígalo mastre Zapater para que sepamos lo mejor d’esta fiesta en qué está, y lo que más le parescerá decirnos, que será un buen dejo d’esta sala-córte que aquí se ha tuvido.
Mastre Zapater, como lo era de crianza y saber, dió el obrar por respuesta, y dixo: El saber y poder del Criador de todo lo criado es tal y tan grande, que fué cosa conveniente no dejarse comprender, que de no saber perfectamente lo que su Majestad es, venimos á saber claramente qué cosa es Dios; por donde se viene á considerar que aquello qu’es más saber y poder que todas las criaturas, es el Criador, á quien debemos adorar y creer. Grande engaño recibieron en este mundo los que dieron crédito á Lucifer, como fueron los idólatras y mahométicos que le creyeron y adoraron, pues siendo criatura, no podia ser él creador, sino quien á él habia creado; y pues esto no tiene contradicion, ménos la tiene para creer qu’es Dios, considerar la gran providencia y gobierno que en todo tiene, y contemplando su casa y oficios d’ella, se ve quién es Su Majestad, como en los criados se conoce cuál es el señor d’ellos; pues lo conoscerémos por el sér y dignidad y operaciones de los ángeles, que el espiritual ser d’ellos nos dice que nadi lo supo ni pudo crear sino el Creador; y asimismo que siendo de mayor dignidad que los hombres, ha sabido y podido hacer que nos sirvan por custodios y medianeros, alcanzándonos gracias para ir al cielo, que son las operaciones d’ellos.
Tambien es de considerar en los otros cuerpos celestiales, que son el sol y la luna para alumbrar la tierra, y los signos y planetas y estrellas, los efectos que hacen por sus influencias y las inclinaciones que dan á en debajo su curso nasce, por ser cuerpos superiores, y nosotros inferiores á ellos, y tanto, que si por menosprecio tenemos osar de hablar y entrar donde algun mal espíritu está de los que sentimos por el mundo, nos asombran y matan, sino los que tienen mando sobre ellos, que son sacerdotes y seculares por divina virtud; por donde se concluye que la primera causa sólo es Dios, de quien proceden todas las segundas causas, que son las criaturas. Y por esto, respondiendo á lo que vuestra excelencia me ha mandado, digo que sólo al mes de Mayo dan las estrellas influencias para engendrar todos los metales, que por mineros de la tierra se engendran, como el oro y plata y los otros, y tambien todo género de piedras preciosas, y tienen más virtud las hierbas en este mes que en todo el año por el rucío que cae del cielo sobre la tierra, que es manná cogido en muchas partes para medicinar los cuerpos humanos; y vistas las grandes excelencias y provechos que se alcanzan en este mes de Mayo, vinieron los romanos y muchas naciones á celebrar esta fiesta, por la que el cielo nos hace en darnos tan grandes tesoros como nos da, y para ser católicas estas alegrías, han de ser dando gracias á quien las da, que es nuestro Señor Dios, de quien todas las criaturas proceden y son hechas.
En acabar mastre Zapater abajaron á la huerta del Real, donde hallaron un aparato de la manera que oirán.
Estaba un cielo de tela, pintado tan natural que no parescia artificial, con un sol de vidro como vidriera, que los rayos del otro verdadero daban en él, y le hacian dar luz, no faltando estrellas que por sutil arte resplandecieron á la noche. Debajo dél habia una bellísima arboleda, con unos paseaderos de obra de cañas, cubiertas de arrayan, y entre ellos unas estancias en cuadro, hechas de lo mesmo; y en medio de este edificio estaba una plaza redonda, arbolada al entorno de cipreses con asentaderos, donde estaba una fuente de plata, que sobre una columna tenía la figura de Cupido, que la representaba un mochacho muy hermoso con el arco sin cuerda, asegurando con este mote que en una guirnalda traia: sin cuerda por no acordar. En el remate de la columna estaba este letrero: Soy la fuente del deseo, que su deseo alcanzará quien d’esta agua beberá.
Tenia en la mano izquierda un ramo de flores, y en la mano derecha un guion real con una plancha de oro por bandera, con estos versos en ella, que muestran, moralizando á Cupido, quién es:
El muy grande niño de muchos señor,
Desnudo con alas y nunca cansadas,
Con arco y saetas de plomo y doradas,
en yerra le llama el gran dios d’amor.
¿Sabeis quién es este de tanto valor?
Cupido se dice, y es nuestro deseo
Que cuando codicia d’amor lo más feo,
Pierde lo bueno y es todo dolor.
Entónces desnudo, muy desvergonzado,
Razon le contempla, y muchos le pintan,
Sin ver, pues no ve qu’es mal deseado
Volar con dos alas de vicio malvado,
Y voluntad mala que el bueno despintan.
El arco su fuerza primero nos tira,
Saeta dorada que toma de grado,
Las otras de plomo despues que ha tomado,
Penando las siente quien ama en su ira.
Los que se probaban en esta aventura habian de beber del agua, y al que no se queria dar secábase la fuente, y ántes de gustar della habian de publicar lo que deseaban. Estando en este deleite sintieron que venian los del Mayo con gran música de todo género de instrumentos, que tañeron en esta fiesta, y subieron á las ventanas para ver la entrada dellos. Venía delante de todos un Confaloner, con un caballo blanco cubierto de una red de oro guarnecida de muchas flores, y el vestido de lo mismo con un estandarte de seda verde, broslado todo de flores, y una guirnalda en la cabeza, de lo mesmo, sobre una cabellera, y él era rubio y dispuesto, hermoso y desbarbado. Venian en torno dél, vestidos en figura de ninfas, los cantores de su excelencia cantando:
Bien venga el magio
El Confaloner selvagio.
Con este triunfo entraron en la huerta del Real, y en ser delante el Duque y la Reina, el Confaloner selvagio dixo: Yo soy el Mayo, hijo de naturaleza humana, representador del placer con flores y frutos, para recreacion de las criaturas, que debilitadas salen de la frialdad del invierno, enemigo de la vida humana, y renovador de la virtud, pues conmigo renueva lo que el invierno envejece. Proveedor de la salud, con hierbas de maravillosas virtudes, conservador del contento, porque el deleite no se pierda; traia este mote en la guirnalda de su cabeza: Quien es Mayo pasa el año.
Habló luégo una de las que le acompañaban, que venía vestida de una ropa montesina, toda broslada de montes con un mote que decia: Por montes se debe andar, por no abaxar, y dixo: Yo soy la ninfa de los montes, que habito en el monte Olimpo, que está en la Grecia, de quien muchas naciones contaron el tiempo, porque los griegos hacian unos juegos en él de cuatro en cuatro años, que principiaron el año cccc. y vj. despues de la destruccion de Troya. Y los romanos de cien en cien años hacian sacrificios en él, que por ser más alto que las nubes y los vientos, siempre hallaban la ceniza de los cienaños pasados como las dejaban.
Habló un otra que venía vestida con una ropa toda broslada de ondas de aguas del mar, y el mote decia: los que mejor triunfaron mis aguas ensangrentaron, y dixo: Yo soy la ninfa de las aguas, que lo más habito en la profundidad della, entre las gentes que habitan en lo interior del medio de la tierra, que son nombradas gente de agua, que estando lo más dentro della no los mata.
Habló un otra que venía vestida de una ropa toda broslada de muy lindas arboledas, y el mote decia: por mis florestas no matan calorosas fiestas. Y dixo: Yo soy la ninfa de las florestas que lo más habito por Flándes y Alemania, donde las gentes dejan las poblaciones y viven en las florestas, que son muy arboladas, para que la furia del sol, cuando está en Leon, no pueda entrar en ellas.
Cada una d’estas ninfas traian muchas vestidas como ellas venian, que fué cosa de ver, y oirles tañer la diversidad de instrumentos que tañeron.
Levantóse Joan Fernandez diciendo: Yo quiero ser el primero que me probaré en esta aventura, y dixo: Yo tengo deseo de alcanzar que mi mujer en los dias caniculares no tenga celos de mí, que peor es que cigarra, que en todo el dia no calla, y temo que no reviente; y en allegarse á beber el agua se le secó, y él echó un
Reniego de mí
Porque me casé,
Que si no me casára
No me encativára
Por una Beneita
Que nunca lo fué.
Su mujer se llegó á probarse, y dixo: Yo tinch un desig, que bon profit me faza, que estigues en la caza, tostems mon marit y nom cazas en casa, que mi posa brasa. Quiso beber del agua y no salió; y su marido le dixo: ¿qué haré yo, que el agua huye de vos?
Don Diego Ladron llegó á beber del agua, y dixo: Yo tengo un deseo, que las damas perdiesen los deseos, que peores son que de preñadas, que no les podeis negar lo que piden, porque no muevan, y no dejan de mover, que no están firmes en querer. La fuente se le secó, y él dixo: Las damas le habrán hecho del ojo que no saliese, que cuando sus ojos tiran por la mira del enojo, tan blanco el ojo.
Llegó á probarse la señora doña María de Robles su mujer, y dixo: Yo tengo un deseo, que mi señor don Diego tuviese deseos de preñada de bien parir, que si no pareciese mal no le faltarian comadres y compadres para batizar, y sé que le pornian por nombre don Diego Git y Calla, que no hallo qué es saber galan y hacerse mal querer.
Respondió su marido: Si me hago mal querer es por sanar una celosa, que sois vos: que mucho se debe hacer para conservar á la mujer.
Dixo ella: Verdad es, mas nadi debe ser bueno con mal ajeno.
Al Duque les paresció tan bien está plática, que dixo á la Reina: Señora, probarme quiero en esta aventura, pues hace tanbien hablar, que Julio César fué en Asia por aprender retórica de Apolonio, astrólogo. Que todo se debe probar por saber muy bien hablar.
Tomó de la mano á la Reina, y en ser delante la fuente, dixo: Yo deseo ser deseado de vuestra alteza y no aborrecido; y en querer beber del agua no salió.
Rióse mucho la Reina, y dixo: Todo se le hace mal á mal pensar, yo me quiero probar por ver cómo me irá. Tal voy al agua, como cierva herida, y no soy creida, porque tengo por marido un descreido. Yo digo que tengo un deseo de preñada, y es de no ser olvidada del Duque, mi señor, que cualquier que no se quiere es muy gran olvidador; allegar quiero al agua, ya la veo seca, pues todo se me deseca, que mucho daña si ventura desengaña.
El Duque se rió, y dixo: Señora, cabales estamos de risas y deseos, vuestra alteza de mal pensar perdió; que sin tocar nunca es bien determinar.
La Reina dixo: ¿Amigo sois de tocar? Respondió, no, sino de destocar, d’eso pues reniego yo. Señora, no me ha entendido, que de no tocar ha sido mi destocar. A otro perro con ese hueso.
Dixo Joan Fernandez: Señora, si perra dixera por mi mujer lo entendiera; puix sou gos, seré yo gosa, per ser vos un Barbarosa ab cent mullers. Hágolo por haber hijos, para mostrar que en vos se toma no engendrar, y no en mí. Mes val que estigam axí, que si fill tingues de vos sería masa graciós.
Dixo don Luis Margarit: Departir quiero estos amores d’estos señores; probarme quiero que de un gran deseo muero.
La señora, su mujer, dixo: Los deseos de maridos no merescen ser cumplidos, porque son parientes de la traicion.
Respondió su marido: Vuestra merced lo verá, qu’el agua no me faltará por mostrar que os soy leal á bien y á mal. Y digo que mi deseo, que ninguna me mirase porque en vos no idolatrase. Que al parangon se muestra más la perficion, y en llegarse á la fuente se le secó.
Su mujer se le rió cara á cara, y dixo: Cuán cierto está que no engaña la ventura, vuestro deseo fué engañarme, queriendo darme á entender desear no ser mirado por no idolatrar en mí, y todo vais falsificado, pues huis siempre de mí; y no fuig qui á casa torna.
Dixo la señora doña Joana Pallas: Señora doña Violante, amagau lo valenciá, que castellans van per la terra, que per burlar de nostra llengua nos furten les peraules, y pórtenles á Castella pera fer farses ab ella, que mones son de Valencia, parlant ab reverencia.
Dixo Joan Fernandez: D’esas monerías don Diego se ha burlado con cuentos valencianos de castellanos, y hánselo muy bien pagado, que burlar del burlador es de avisado.
Dixo don Francisco: Yo quiero probar en qué parará un deseo que tengo, y es, si he de comer un higo que me hacen en una relogía; y queriendo beber del agua se le secó.
Dixo la señora doña Francisca, su mujer: Yo conozco la higuera de ese higo, que por esto vos sacastes en las cañas papahigo y no le paparéis; por eso no subais á la higuera que sabeis, que dicho me ha que no deja cogerse, que bajar es el subir que ha de perderse. Yo tambien quiero probar un buen deseo en qué tiene de parar, y es que nunca os mirasen otros ojos sino los mios, porque estaria al seguro que no seríades burlado, pues los más hombres que se enamoran, son de ojos burladores, que los miran, y por ellos no sospiran, ántes hacen sospirar. Que el mirar de la mujer, lo más es para burlar. El agua se me ha secado, vos ternéis, señor marido, muchos higos y burlado.
Don Pedro Mascó y la señora doña Castellana, su mujer, llegaron á probarse, y dixo el marido: Yo deseo nunca ser olvidado de una valenciana y castellana, que cuando más y más las miro más sospiro; y probó á beber del agua y secóse.
Dixo la señora, su mujer: Pues me tengo de probar, deseo no desear á un Pedro más contento de sí mesmo que de mí, que no está léjos de aquí; y queriendo beber del agua se le secó.
Dixo el marido: Señora mujer, decidme quién es el Pedro más contento que habeis deseado, que todo estoy demudado, mas no mudado en desamor, que no se muda un buen amor.
Y ella respondió: Y’os lo diré, si vos me decis quién son las dos que deseais no ser olvidado dellas.
Él se rió, y dixo: Mirad cuánto ciegan los celos, que os habeis desconocido; pues nombránd’os yo Valenciana y Castellana, que sois vos, os habeis hecho celosa pensando que fuesen dos; picado habeis, no lo negueis.
Ella se rió, y dixo:
Tambien habeis vos picado
Del Pedro que os he nombrado,
Más contento de sí mesmo
Que de mí;
Pues sois vos si estais aquí.
Don Baltasar Mercader llegó á probarse en la aventura, y dixo: Yo tengo un deseo que pocos le tienen, de morir primero que mi mujer, porque yo me desesperaria si ella me faltase, y de otra parte no lo querria, porque de celos yo iria al infierno si otro la gozase; alargó la mano para beber del agua y secóse la fuente.
Y la señora doña Isabel, su mujer, dixo: Yo tambien quiero probarme con el mismo deseo que mi señor don Baltasar tiene, y de las dos cosas que él ha deseado, la que ménos querria quiero, y es, que su merced se muriese primero porque nadi d’él gozase si por ventura se casase, que por ventura habria de ser segun me suele querer; y el agua se le secó y sospiró.
Don Luis Vich tomó de la mano á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo: Señora, vamos á probarnos en esa aventura, que mostrar quiero cuanto os quiero, y es mi deseo que vuestra merced creyese de mí que despues que la miré he cegado para cuantas he mirado, que topándolas voy como á ciego, y perdon les pido luégo diciéndoles: Hag’os saber que mis ojos dejo en casa mirando siempre á mi mujer.
Dixo la señora doña Mencía: Tan casados son nuestros deseos como nosotros, pues deseo lo mismo de vuestra merced, que si deja los ojos en casa para siempre mirarme, no quedan los mios en la posada por irse tras él; que si en ella tengo de ver, con los ojos de mi hija ha de ser, que no veo sino con los de Doñana. Llegaron estos dos tan casados en su voluntad á beber del agua y no se les dió, que Cupido que la daba la quitó porque no muriesen de placer de verse favorecer más que todos del amor, que fuera hacer gran sinsabor.
Don Berenguer Aguilar llegó á probarse, y dixo: Yo deseo que la señora doña Leonor, mi mujer, me tuviese por tan buen casado que no dejase cantar por casa á su criada Marinsueña: Mal casada, no te enojes; que cantando le va esta cancion por meternos en quistion, que en ser en Valencia estas castellanas, son revuelve-casados y descasa-maridos.
Dixo la señora doña Leonor: Quien se da mal á entender, se va á perder.
Respondió su marido: Quien se da á mal sospechar, va á mal andar, como hace Marinsueña, que debe ensoñar que yo soy mal marido, y serlo he, porque ella vaya á cantar á otra casa; y queriendo beber del agua, se le secó, y á su mujer le rogó que no se probase en ella, que enojado estuvo d’ella.
Don Miguel Fernandez tuvo por cierto que se cumpliria un deseo que tenía, y llegó á la fuente á probarse, y dixo: Yo tengo un deseo de ser muy leal en amores si me guardasen lealtad, mas no se usa, que mal uso descubre quien es confuso, bien sé que hablo contra mí, mas yo sé quién obra contra nosotros en seguir y perseguir las damas á sus amadores, con este diabólico uso, nombrado deslealtad, que tantos quieren cuantos ven de servidores, y á todos hacen disfavores; y queriendo beber del agua, se le secó, y dixo: Desculpado so si no tengo lealtad, que no quiere esta bondad, Cupido, nuestro deseo, por seguir l’amor más feo en los amores, que nascen de mal amor desamores.
Dixo la señora doña Ana, su mujer:
Buen pintor es mi marido,
Á su placer ha pintado,
Falsas nos ha retratado,
Guárdeos Dios de arrepentido.
Todas l’han amenazado
Que será bien combatido.
Y’os prometo de no ayudaros, que bien dicen: Quien mal busca, presto le halla. Yo quiero tambien probarme en esta aventura, y es mi deseo que no viese lo que veo cuando me enoja, que ver mal, males antoja; y en llegar á beber del agua se le secó, y dixo: Ya me temia que jamas alcanzaria dejar de ver en amores refalsados amadores. Señoras, demos mala postre á mi marido, que esta plática ha movido.
Vinieron dos disfrazados á probarse en esta aventura, y el uno venía armado de cuerpo con unas muy ricas armas, llenas de flores esmaltadas sobre planchas de oro de martillo y en un chapeu que traia una red de oro colgaba, que su rostro le atapaba, y este mote en él traia, Miraflor de Milan.
Y el otro venía en cuerpo muy bien vestido, como á soldado, de terciopelo carmesí, con unos ojos en blanco mirando al cielo, broslados entre muchas alas de oro de martillo, esmaltadas, y en un sombrerete de lo mismo traia este mote que decia: El deseo siempre vela, mira y vuela.
Y en ser delante la fuente para decir sus deseos, el uno que en su mote representaba ser el deseo, quiso comenzar á decir lo que deseaba, y el otro, que venía armado, le dixo razonando á modo de diálogo lo que oiréis en este razonamiento:
Miraflor.
Paso, paso, mi Deseo,
N’os pongais á desear
Lo que n’os puede matar
De la muerte que ya veo.
Deseo.
¿Y que muerte podeis ver,
Que no sea más placer
El morir por gentil dama,
Que despues de muerto ser?
Más se vive por la fama.
Ya yo sé
Lo que de Leriano fué,
Que murió por Laureola;
Mártir con tal laureola,
Que laurel d’amores fué.
Mir.
Deseo, n’os engañeis,
N’os perdais de confiado,
Que do vos habeis entrado,
Nunca pienso que saldréis.
Des.
¿Y qué mal puede venir,
Que no sea más vivir
Morir bien enamorado?
Que si envida fué nombrado,
Mucho más es en morir.
Ya sé yo
Que por lo que deseó
Leandro, su linda Hero
Murió de lo que yo espero,
Que en l’amar se ahogó.
Mir.
Deseo, dejad razones,
No paseis más adelante,
Vos pornéis á vuestro amante
Por mil bocas de leones.
Des.
¿Y qué afrenta le verná?
Pues que más leon será
En cualquier inconviniente,
Que el cobarde es más valiente
Cuando enamorado está.
Ya está visto,
Que por desear Calisto
A su linda Melibea,
Murió del que yo me vea,
Pues no fué d’ella malquisto.
Mir.
Deseo porfiador,
No salgais de la barrera,
Hablemos de talanquera,
Que mata el toro d’amor.
Des.
¿Y qué muerte darnos puede,
Que muy más muerto no quede
El que por temor olvida?
Que amor mata y da la vida
Cuando todo lo procede.
Yo bien veo
Que Sanson y su deseo
Por su Dalida murió,
Cuando el templo derribó
Con el pueblo filistéo.
Mir.
Deseo, creedme, pues,
Desear es gran fatiga,
Mate da cualquier amiga,
Si amor juega al ajedres.
Des.
¿Y qué mate nos dará?
Pues su mano matará,
Que muy más es ganador
El que pierde por amor,
Cuando bien perdido está.
Ya contemplo
Que Achíles murió en el templo
Deseando á Policena,
Que si desear da pena,
Troya queda por ejemplo.
Mir.
Deseo, no me enojeis,
Que tambien ternéis vos parte,
Recelad de cada parte,
Que enemigos hallaréis.
Des.
¿Y de qué parte vernán?
Sé que no nos matarán
Si de nuestra dama vienen,
Que de muertos que nos tienen,
Poco que matar hallarán.
Bien sé que avino
Que por desear Tarquino
Á Lucrecia su romana,
Él quedó muerto en Toscana,
Que de Roma huyendo vino.
Mir.
Deseo, ya podeis ver
Lo que nos puede seguir,
Si vos n’os dejais regir,
Yo no me podré valer.
Des.
¿Y qué seso bastará?
Quien tal dama mirará,
Que se pueda regir más,
Pues que tú mirado la has,
Quien la vió la deseará.
Calla, pues,
Que amor pasa todo arnes,
Si con esta dama mata,
Nombrada Margarimata,
Que en su nombre está quien es.
Pues nombraste la dama que has nombrado, no se puede excusar el desear que hasta agora t’he rogado; hícelo porque mostrases la razon que tengo yo de siempre ser de quien yo so; y así deseo lo que tú deseas, nunca estar en libertad, que pueda tener deseos sino de servir á la señora que serle su servidor hace ser muy gran señor. Alargó la mano, y el agua se le dió, y Cupido le habló desta manera: Miraflor de Milan, si yo te he dejado beber del agua desta fuente del Deseo, ha sido porque el Cupido que yo represento me aparesció esta mañana, y me dixo que no te negase el agua del Deseo, pues deseas en los amores para merescer favores, y que no te niegue cuanto me pedirás, pues tan bien deseado has. Toma esta carta que me dió para tí, y mira lo que mandas de mí. Con lacato que se toma una carta real la tomé y le sopliqué me dixese por qué habia negado el agua en dia que nos mostró con su invincion que á ninguno enojaria; respondióme: Por probar de paciencia, que mucho se contenta amor de bien sufrido amador. Agora yo la daré, que á buen sufrir se le debe sin pedir.
Todos bebieron con gran placer desta agua que tan buen sabor tenía, como el efecto que hacia; el Duque y la Reina quisieron saber quién yo era, yo respondí: Mi nombre traigo por mote; dixéronme: ¿Luego vos debeis ser aquel Miraflor de Milan que nos hizo publicar con el rey darmas el cartel de la aventura del monte Ida, donde vos os hallasteis muy favorecido de Cupido? quitéme el disfraz y dixe: Yo soy quien siempre fué muy gran servidor de vuestra alteza y su excelencia. Rieron mucho de mi arreboz tan disimulado, que buen engañar no enoja al engañado; mandáronme que leyese la carta, yo dixe: Quien me la dió debe saber si en público se ha de leer, dársela quiero, y él la tomó, y á todos la carta leyó, que ansí decia:
Buen amador con quien amor recrea,
No l’amador por quien fuí ahorcado,
Deten la fiesta, que yo te he mandado,
Del monte Ida, porque yo la vea.
Mandamos esta carta que se lea
Para mostrar lo que he determinado,
Que por mi mano seas muy honrado,
Porque mejor de tus manos lo sea.
Yo llevaré mi madre en compañía,
Y ella dará jornada d’este dia.
Las damas que tenian amenazado á don Miguel Fernandez vinieron todas juntas contra él, y dixéronle que se pusiese en punto de guerra, que le querian dar la batalla que tenía aplazada, y fué de mujeres á maridos, porque fueron valederos d’él, y ellas de la señora doña Ana, su mujer, y por excusar prolijidad en esta escaramuza, serán señalados los caballeros, cuando hablan, con una C., y las damas con una D., y comenzó la señora doña Ana Mercader:
Dama.
Señor don Miguel, Olvido.
Caballero.
Señora Doña Ana, Acuerdo,
Para tener desacuerdo,
Siempre os vi contra el marido.
D.
Dígame, señora hermana,
¿No está muy bien apodado?
Dichli pájaro pintado,
Vestit de vert y de grana.
C.
Decid, señora mujer,
¿Qué os ha hecho don Miguel?
D.
Perque vos sou tal com ell,
Pensi dar en lo terrer.
C.
Señora doña Leonor,
¿Com li va de mal marit?
D.
Mejor era servidor;
Respondre vull al envit,
Doña Juana Pallas so,
També cante exa cansó.
Don Diego mal querer,
¿Porque no entrais en batalla?
C.
Don Diego git y calla
Me ha puesto mi mujer,
Con un mote de Milan
Os respondré muy conforme:
Non despertar el can que dorme.
D.
Muy mejor está durmiendo
Que vellando, mal marido.
C.
Porque no tenga sentido,
¿Quereis que no esté sintiendo,
Señora doña Isabel?
¿De qué visten los maridos?
D.
De raposos van vestidos,
Que huelen á mala piel.
C.
Señora mujer, ¿qué es eso,
Que raposo me decis?
D.
Un poco dello vestis,
Que en amores sois travieso.
C.
Señora doña Violante,
Mi mujer,
¿Amazona quereis ser?
D.
No soy sino Bradamante
De bien querer,
Aunque vos no sois Rugier.
C.
Señora doña Mencía,
¿A franceses os pasais?
Quien os hizo en este dia
Lo que nunca me mostrais.
D.
Perdone, señor don Luis,
Que no puedo paz tener;
engarme quiero por ver
Si es placer cuando reñis.
C.
Doña brava Castellana,
¿Armastes hoy la ballesta
Contra mí?
D.
Don Pedro, mala semana
Y peor dia de fiesta,
Veisla aquí.
C.
Bravas andan las señoras,
Que Doñana, mi mujer,
Las saca al corro.
D.
Don Miguel, poco enamoras,
Salidnos vos á correr
Que no me corro.
C.
Don Miguel, teneos bien,
N’os derribe de la silla
Vuestra mujer.
D.
Joan Fernandez Desden,
Corregidor de Castilla,
Debeis ser.
C.
Diga, señora Doñana,
¿Hale entrado por la boca
Mi mujer?
D.
Fet habeu carrera vana,
Caball sou que mol se toca
De llauger.
El Duque se rió mucho d’este palacio, y dixo d’esta manera: Señores, nunca fué mejor batalla, que los muertos son de risa, y los vivos d’amores quedan cativos. Las mesas están paradas para cenar, váyanse luégo á sentar, porque miéntras cenarémos, alabanzas oirémos de las damas de Valencia, que serán en un toma vivo te lo do, que cantarán todos mis cantores, y dirá Olivarte sólo la copla de cada dama tañendo y cantando; y porque será tarde cuando de aquí saldrémos, yo hago franco á don Luis Milan para agora de la aventura del monte Parnaso que nos ofresció de contar, con que nos quede deudor della para cuando se la demandarémos, que buena deuda, pedir se debe, y comience la música á darnos por principio d’esta dulce cena el
TOMA VIVO TE LO DO.
Para quien falta mi pluma,
Aunque sea de Milan;
Que las garzas altas van,
Pues de damas son la suma.
Son las cuatro de Aragon,
Que en Doñana os mostraré
Un noli me tangere,
Que de César diz que son.
Toma vivo te lo do.
Para una Perellosa,
En muy buen oro engastada,
Que cuando será tocada
La hallarán muy más preciosa.
Es de tal quilate bella,
Qu’es para dorar su oro,
Que á mí me ha vuelto moro
Y no he renegado della.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Francisca
De Mascó y Castellví,
Por amores me perdí,
Cantará quien se le arrisca.
Aunque no se olvidará,
Y si me cobrase hoy dia,
Otra vez me perderia
Quien tambien perdido está.
Toma vivo te lo do.
Para doña Gracía Ladron,
Que de sí retrato está,
Pues en ella se verá
Su nombre por condicion.
Lo que en todos es desgracia,
Es muy grande gracia en vos
Tener tales nombres dos,
Ladron puesto en tanta gracia.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Desprecia,
Que desprecia toda hermosa,
Sino mi linda preciosa,
Y es en todo otra Lucrecia.
Y aunque trae luto agora,
Luégo le podrá vestir
Quien la mire por servir,
Pues en todo es matadora.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Ventura,
De la hermosura Marquesa,
Pues nasció para deesa
De la mesma hermosura.
Hable un marqués, dígalo
Quien es esta Madalena,
Pues que lo sacó de pena
La pena que ella le dió.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Leonor,
Qu’es en todo tanta dama,
Y Gualvez, qu’es en la fama
Con las de mayor valor.
Es de tanta perficion,
Como en ella se verá,
Si viene otra reina Sabba
Para ver su Salomon.
Toma vivo te lo do.
Para doña Ana Mercader,
Pues con su mercadería
A todos abatiria,
Y no para abatidos ser.
Todos s’abaten en vella,
Nadi deja de servilla,
Aunque perderá la silla
Quien irá encontrado d’ella.
Toma vivo te lo do.
Para tres puertas al cielo
Que harán perder de vista,
Si no es águila la vista
Que las mire d’este suelo.
Adevínelas, señor,
Que la segunda es muy linda,
Mariángel, Cathalinda,
Joanamor.
Toma vivo te lo do.
Para una matadora,
Qu’es en todo mucho bella,
Quien dirá quien fuere d’ella,
Sano era, mas no agora.
Aunque cierto yo diria
Qu’es contraria á su nombre,
Que María sana al hombre
Y en ella no sanaria.
Toma vivo te lo do.
Para doña Theodora
De Carroz y de Artes,
Que de tan gran arte es,
Que á las damas enamora.
Porque no es poco saber
No matar envidiosas,
Que son las ménos hermosas
Delante su parescer.
Toma vivo te lo do.
Para una aragonesa
D’Aragon y de Casada,
Doña Francisca nombrada,
Que era toda gentileza.
Dígalo quien lo dirá,
Qu’es su don Juan Valterra,
Que no está debajo tierra
Quien bien enterrado está.
Toma vivo te lo do.
Para dos de gran blason,
Doña Mencía doña Ana,
Quien d’ellas muere no sana,
Madre y hija entrambas son.
Son de hermosura tan bella,
Como no tiene respuesta,
Que no paresce ser fiesta
Si las dos no son en ella.
Toma vivo te lo do.
Para las tres saboyanas
De la casa de Saboya,
Que quien ménos vea y oya
Las dará por muy galanas.
Todas son tan angeles,
De hermosura valenciana,
Doña Beatriz y Doñana,
Con doña Francisca tres.
Toma vivo te lo do.
Para una Doñana Blanes,
Qu’es de muy alta casada,
Que si no fuese casada,
Casaria mil galanas.
Casados con su parescer,
Irian ciegos tras ella,
Pues nasció debajo estrella
Para siempre estrella ser.
Toma vivo te lo do.
Para una su cuñada,
Mujer de Blanes, su hermano,
Que no le darán de mano
De graciosa y avisada.
Pues que tiene tal aviso,
Qu’el espejo en que se mira,
Tras su marido sospira,
Pues en él ve un Narciso.
Toma vivo te lo do.
Para quien nada le falta
Que pueda tener, señora,
Que un Milan voló en buen hora,
Por volar garza tan alta.
Sepan, pues, qu’es esta dama
Doña Joana de Cardona,
Que muy caro da persona
Que tiene mucho de fama.
Toma vivo te lo do.
Para una linda Pallas,
Con un Margarit casada,
Que por servir no da nada,
Que servirla es por demas.
Porqu’es escupir al cielo,
Que se volverá á la cara,
Pues es cosa mucho cara
Lo sin precio en este suelo.
Toma vivo te lo do.
Para una d’este són,
Que sin honra á nadi da,
Que no es como Dalidá,
Aunque es mujer de Sanson.
Adevinénmela, pues,
Que entre todas damas cabe
Que don Pedro Sans lo sabe,
Pues que su medalla es.
Toma vivo te lo do.
Para doña Beatriz Vique,
Pues es dama tan de ver,
Que de quien no debe ser
Por demas es que repique.
Tiene pacto con ventura,
Que terná della contento,
Que muy gran merescimiento
Tarde para en desventura.
Toma vivo te lo do.
Para dos lindas Violantes,
Madre y hija son las dos,
Que mucho deben á Dios,
Pues que son muy importantes.
Pallas serán y Pujadas,
Pues que suben á tal alto,
Que daria mortal salto
Quien siguiese sus pisadas.
Toma vivo te lo do.
Para tres de muy gran vuelo,
Garzas son estas Garcías,
Que si viviera Macías,
Muriera tras este vuelo.
Doña Joana lo dirá,
Villarasa, linda dama,
Que si tal señuelo llama,
Qualquier ave le verná.
Toma vivo te lo do.
Para una qu’es el norte
De hermosura en el amar.
Estrella del navegar,
Guia del galan de córte.
Doña Joana Jofre es ésta,
De los cortesanos guía,
Que estrellas á mediodia
Hace ver á quien le cuesta.
Toma vivo te lo do.
Para tres lindas cometas
Que sacan rayos de fuego,
Quien los mira queda ciego
D’estas lindas Fenolletas.
Cuando se muestran en fiesta,
Señalan caso de muerte,
Para el de muy mala suerte,
Que con ellas no hará fiesta.
Toma vivo te lo do.
Para dos que están vecinas,
Que la una es milanesa,
Y la otra es ferraresa,
Muy hermosas clavellinas;
Pues que son d’ellas claveles,
Dos que con mucho de ver,
Un Milan con un Ferrer,
Que parescen dos joyeles.
Toma vivo te lo do.
Para una Sanoguera,
Señora de Catarroja,
Que prometo que no acoja
En este lugar quinquisera.
Dícese doña María
Sanoguera mucho bella,
Que cualquier dirá por ella,
Por María yo amaría.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Joana
Que la gracia está en su nombre,
Vida y muerte dará al hombre
De Vilanova y galana.
Es de muy gran hermosura,
Hija del Rey del amor,
Pues da vida al amador
Que le da la sepoltura.
Toma vivo te lo do.
Para dos cuñadas bellas
Doña Esperanza Despes,
Qu’el oro y ruchicler es,
Con doña Joana Centellas.
Son la más bella cadena
Que s’ha visto en los nascidos,
Pues que tienen sus maridos
Libertados y en cadena.
Toma vivo te lo do.
Para una Castellví
Que nombran doña Rafela,
Quien tras su castillo vela,
Mejor vellador no vi.
Fortaleza tanto bella
Nunca se podrá ganar,
Porque no llega el amar
A tomar almena della.
Toma vivo te lo do.
Para quien valen por ciento
Que siempre serán nombradas,
Ejemplo y paz de cuñadas
Por su gran avisamiento.
Doña Castellana es una,
Y el otra doña Violante,
Que de poniente á levante
Como ellas fué ninguna.
Toma vivo te lo do.
Para doña Dorotea
Pellicer y de Scribá,
Que bien para mal le va,
Pues no es matadora fea.
Es de tal arte sabida,
Que no se puede atinar,
Que sabe tambien matar,
Qu’en la muerte da la vida.
Toma vivo te lo do.
Para una linda Cardona,
Paloma del alto cielo,
Que siempre la veis al cielo,
Pues del cielo es su persona.
Un Milan, gran volador,
Por ser alto su volar,
Se vinieron á cazar,
Que no fué caza mejor.
Toma vivo te lo do.
Para tres Borjas Joanas,
Que Joanas son y Borjas,
Sayas traen con alforjas
De mil gracias y ademanes.
De sobrinas tienen talle
Del gran Honorat Joan,
Qu’es el más gentil galan
Que se vió de sala y calle.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Luisa
Penarroja y de Pujadas,
Que no terná malas hadas
Quien por ella tenga risa.
Guay de quien hará llorar,
Porqu’es dama tan en todo,
Que en servirla de mal modo,
Luégo puede comulgar.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Mencía
Margarit y de Mascó,
Quien á tí no te buscó
Todo bien desmerescia.
Más linda que Cleopatra,
De las más lindas que vi,
Por idolatrar en tí,
Muerta estás por idolatra.
Toma vivo te lo do.
A doña Agraida Parda,
Y á su hermana la Rubina,
Que con su doña Agustina
Danzarán alta y gallarda,
Porque son tan altas tres,
Y de tanta gallardía,
Que baja no danzaria
Quien danzase con sus piés.
Toma vivo te lo do.
A las lindas escribanas
Que están siempre bajo velo,
Como imágines del cielo,
Aunque estén á sus ventanas.
Ellas y Vilaragudas
Gustan de cualquier que pasa,
Pues el gusto más traspasa
De las más bellas y agudas.
Toma vivo te lo do.
Para doña Madalena
Sanoguera y de Pujadas,
Que en seguille las pisadas,
Será gloria toda pena
Es de tal contentacion
Todo lo que veis en ella,
Que lo que no fuere della
Todo es descontentacion.
Toma vivo te lo do.
Para una gentileza,
Que en su cruz no morirá,
Á quien crucificará
Si es Andres de tal Andresa.
Cuando se nos mostrará
Veréis si digo verdad,
Que ciega va en claridad,
Voluntad que ciega está.
Toma vivo te lo do.
Para aquella muy galana,
De don Diego Ladron hija,
Qu’en la gala poco aguija
Quien no va tras doña Joana.
Qu’ella tiene por legado
Que su padre le dejó,
Qu’el galan que la sirvió,
Quede por galan marcado.
Toma vivo te lo do.
Para otra Doñana Vique,
Que de Betera es señora,
Que de todo se enseñora
Quien no halla le replique.
Que yo le consejaría
No viese á Margarimata,
Qu’es Margarita que mata,
Que tambien la mataria.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Marquesa,
Qu’es Condesa d’Almenara,
Que le huirán la cara,
Si no es mi gran milanesa.
De la cerda de do viene,
Cuelga luégo al que la mira,
Que por mucho que sospira,
Mucho ménos vida tiene.
Toma vivo te lo do.
Para tres lindas Vidalas,
Que la una es Aguilar,
Águilas son en volar,
Que muy altas van sus galas.
Guárdeme Dios el Milan,
Aunque ya guardado está,
Que la garza muerto le ha,
Que mata todo galan.
Toma vivo te lo do.
Para un Ángel y Angelá,
Devinen quién puede ser,
Que sin ver se puede ver
Qu’en ser Ángel se verá.
Y es el Ángel su marido,
Adevinénmela pues,
Esa dama Borja es,
Que á los dos he conoscido.
Toma vivo te lo do.
Para un otra su hermana,
Que bien la conoscerán,
Que en su gracia la verán
Castellana en valenciana.
Es de Borja y gran saber,
Y en todo gobernadora,
Pues gobierna esta señora
Un gobernador Ferrer.
Toma vivo te lo do.
Para una Alponta y Parda
De mi parte tú irás,
Y en llegando le dirás
Fuera, fuera, guarda, guarda;
Aquí traigo un motecillo,
Miren bien lo que diré,
Y es esto que cantaré:
Moriana en el castillo.
Toma vivo te lo do.
Para dos lindas que vi,
Que son para más que tres,
Que la una Parda es,
Y la otra es Castellví.
Adevinen la cancion,
Pues no son desconoscidos
Los nombres de los maridos,
Que ellas Vilanovas son.
Toma vivo te lo do.
A doña Laudomia irás,
Que un galan dixo por ella,
Ésta es cierto la más bella
Qu’en mi gala vi jamas.
Ésta remontó mi córte,
Por ella sé qu’es amor,
Laudo mia sorte amor,
Laudo mia sorte.
Toma vivo te lo do.
A una que fué y será
Doña Marquesa de Heredia,
Que su gala fué comedia
Que jamas enfadará.
Porque puso ley en gala
Para hacer un servidor,
Que en servirla fué señor
Y galan de calle y sala.
Toma vivo te lo do.
Para una doña María
De Robles, que robles son
Que colgaron un ladron,
Que ella sola lo podia.
El mayor ladron ha sido
Don Diego Ladron d’ella;
Pues quedó colgado en vella,
Y ella d’él para marido.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Raphela,
Que de Almunia fué mujer,
Que paresce que fué ayer,
Que siempre se nos revela.
Nunca en gala puso cisma,
Que si quieren batizar
Una dama singular
De su gala toman crisma.
Toma vivo te lo do.
A Doñana Mompalau,
Que si el Petrarcha la viera,
Su madona Laura fuera,
Pues de gala fué un serau.
Dama de sala y ventana
Mejor qu’ella no se vió,
Pues por ella se acertó
Sacar la contramesana.
Toma vivo te lo do.
A dos hijas de esta dama,
Que en la gala las verés,
Las columnas de Hercules,
Que d’ella dejan gran fama.
Doña Ines, doña Merina,
Son los nombres d’estas bellas,
Pues dirán d’estas estrellas
Su virtud á bien inclina.
Toma vivo te lo do.
Para una Borja y Aguilar
Que nombran doña Angela,
Que en todo es tal aguila,
Que otro Joan puede mostrar.
Un buey en sus armas tiene
Que d’ellas es su defendedor,
Que luégo mata al servidor,
Que servilla no conviene.
Toma vivo te lo do.
Para dos lindas estrellas
Que inclinan á sus maridos,
Que ni ojos ni oidos
Tienen sino es para ellas.
Adevinen quién serán
El de Borja y Granullés,
Que en ellos conoscerés
Por otras no trocarán.
Toma vivo te lo do.
Para una Ángela condesa
Que ninguna le aventaja,
Porque á la natura ataja
Cuando salle esta deesa.
Dícele, tu sér y modo
Mucho mal te lo pagára
Quien te dió una almenára
Meresciendo un mundo todo.
Toma vivo te lo do.
Véte al otro mundo, vé
Á doña Isabel Ferrer,
Mujer de Joan Mercader,
Que por ella rico fué.
Pues ganó ciento por uno
Y jamas fué logrería;
Pues con tal mercadería
Fué más rico que ninguno.
Toma vivo te lo do.
Para doña Violante
De Pallas y de Artes,
Que de un Ximen Perez es
Que no es mejor en Levante.
No hay perro que aquí le ladre,
Que madre y hija son joyel,
Y en la hija veis Rachel,
Y á Lucrecia en su madre.
Toma vivo te lo do.
Para una gobernadora
De Borja y de Cabanillas,
Que sallen las siete cabrillas
Cuando salle esta señora.
Las cabrillas son estrellas
Que sallen con su gran norte,
Cuando salle con su córte
Para ser guion de vellas.
Toma vivo te lo do.
Para la la estrella Diana,
Doña Hierónima Exarque,
Que no hay quien no se embarque
En su nave capitana.
Señora fué de Callosa,
Y era para hacer callar
A quien la oyera hablar,
Y dar habla á toda cosa.
Toma vivo te lo do.
Para una doña María
Valterra, mas no enterrada,
Que sobre ella es levantada
En muy gran altanería.
Un valenciano justador
Por ella sacó en cimera
Un palmito, y el mote era:
Devall terra es lo millor.
Toma vivo te lo do.
Para doña María Flos,
Que fué flor de aquesta tierra,
Plantada en esta Valterra,
Que un jardin fueron las dos.
Dígalo el Comendador
Montagut que la sirvió,
Que á gato de algalia olió
Quien fué della servidor.
Toma vivo te lo do.
Para una de gran norte
Vilanova y Catalá,
Que en vella cualquier dirá
Cata la dama de Córte.
Que Joan Fernandez quiso
Hacer una cortesana
Del córte d’esta galana,
Y perdióse en su aviso.
Toma vivo te lo do.
A doña Esperanza Despes,
Que mujer fué de Sanctángel,
Que por ella tuvo el Ángel,
Pues en todo un ángel es.
Y ella su Despes por él,
Pues tuvo gran esperanza,
Que temia una esperanza
Que parió como un pincel.
Toma vivo te lo do.
Para su suegra Centellas,
Que fué del Conde d’Oliva,
De su boca la saliva,
Que sal fué para las bellas.
Provision fueron sus minas
De sal, pues fué tan salada
Que mejor fuera nombrada
Doña Francisca Salinas.
Toma vivo te lo do.
Para quien fué tal mujer
Como fué su embajador,
Vique fué muy gran señor
Por tal dama poseer.
Doña Violante fué
De Ferrer y Castellví,
Que castillo tal no vi,
Ni tal castellan veré.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Luisa,
La mujer de don Ramon
Peromaza y de Ladron,
Pues rey fué con ella en Frisa.
Y á su doña Violante,
Qu’es hermana d’esta dama,
Que las dos van en la fama
Con un plus ultra adelante.
Toma vivo te lo do.
Para una dama de talle,
Que señora fué de Heriza,
Que presto será ceniza
Lo que de Valencia salle.
El contento que no tura
Nos mostró esta doña Joana,
Que pasa carrera vana
Quien para en mala ventura.
Toma vivo te lo do.
Para un otra doña Joana
Cañavate y Corverán,
Que jamas la picarán
Cuervos á tal corverana.
Cuervos son los maldicientes,
Pues tal viuda no se vió,
Que ninguno la picó,
Haciendo picar á las gentes.
Toma vivo te lo do.
Para doña Margarita
Corverán y de Cruilles,
Que no sé sino decilles
Que este nombre nunca ahita.
Este nombre es de virtud,
Que hermosea á quien le tiene,
Porque siempre les sostiene
Hermosura y joventud.
Toma vivo te lo do.
Para tres de admiracion
Margaritas preciosas,
Borjas son estas tres diosas,
Juno, Pallas, Vénus son.
Que si yo les fuese el juez,
La manzana les daria
Á las tres, pues que veria
Que una Vénus son las tres.
Toma vivo te lo do.
Para una doña Francisca,
Qu’es señora de la Daya,
Que mata como azagaya,
Qu’es una lanza morisca.
Pasará de parte á parte
Al galan que irá tras ella,
Porque mata la que es bella
Sobre honestidad sin arte.
Toma vivo te lo do.
Para quien no se desmanda,
Y manda á un gobernador
Que fué siempre mandador
Sino desta que le manda.
Ésta que n’os he nombrado,
Boyl es, castiza casa,
Manda á don Juan Vilarrasa,
Por ser d’ella bien mandado.
Toma vivo te lo do.
Para una Villarrasa,
Que no es villa, mas ciudad,
Que ladrona voluntad
No le verán por su casa.
Su nombre es doña Rafela,
Llena de propiedades,
Que robando voluntades,
Nunca robarán las della.
Toma vivo te lo do.
Para doña Joana Aguilon,
Que de peste se murió,
Pues á quien ella hirió
Nunca tuvo defension.
Que la peor landre es ésta,
Ser herido de la dama,
Cuando amando nos desama,
Defendiéndose de honesta.
Toma vivo te lo do.
Para dos de grande primor,
Joan Fernandez, cantad vos,
De las dos hermanas dos,
A mi mátame la mayor.
Y diréis muy gran verdad
Sinos asis á dos ramas,
Que Beneitas son las damas
Isabel, Hieronima.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, no paseis más adelante, pues habeis parado tan bien, que hecistes parar muy colorado al que estaba sin color de vuestro «toma vivo te lo do» que por Joan Fernandez se pudiera decir: toma muerto te lo do; pues lo estaba tanto, que si fuera envidioso como es envidiado, creyera que lo estaba de vos.
Dixo don Francisco: Acertado ha vuestra excelencia, que Joan Fernandez me ha dicho que no ha oido mejor toma vivo te lo do, ni ha visto tal toma muerto te lo do, como estaba don Diego de envidia de no haberlo hecho él.
Dixo don Diego: Don Francisco, pareceisme sacabuche, pues del buche de Joan Fernandez habeis sacado lo que habeis dicho contra mí por vuestra boca; y vos, Joan Fernandez, me pareceis ventosa, que por vos ha salido el humor malencólico de don Francisco, que vuestra malicia le ha engendrado para dañarme, diciendo que yo estaba un toma muerto te lo do, de envidia de don Luis Milan de su toma vivo te lo do; y decis verdad, que no puede haber cosa buena que no sea envidiada, ni cosa mala que no sea reprendida.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, pues nos habeis apodado, á don Francisco á sacabuche, y á mí á ventosa, y’os apodo á vos á cinfoynero de perro bailador, que nunca tañe la cinfoyna sino para sacar dineros; y es el perro vuestro pensamiento, que siempre va rondando, como á bailador, para embaucar á quien de vos se deja; sino, dígalo la córte á cuántos habeis embaucado, para sacarles presentes, tañendo las cuerdas de vuestra armonía; pues lo son tanto que saben sacar joyas burlando de vuestros valencianos en Castilla, como vuestro padre don Luis Ladron de Castellanos en Portugal, que es oficio de lisonjeros, que por él vos podrian decir don Diego lisonjero.
Dixo don Francisco: Joan Fernandez, pues vos os habeis vengado de don Diego en apodarle á cinfoynero, yo le apodo á melcochero, que se hace pagar mala miel por buena á los que no tienen gusto, como se siguió en Portugal en este cuento que oiréis: Un castellano melcochero iba vendiendo melcocha en Portugal diciendo «á la buena melcocha, á la buena melcocha», y un portugues díxole: Melcochero castelau, nan dezis ben, que sendo os castelaos suzios, muito mejor direis, «á la boa merda cocha, á la boa merda cocha».
Dixo don Diego: Don Francisco, á vuestro cuento sucio y al de Joan Fernandez frio, quiero responder con un cuento que oiréis: Dos volteadores allegaron en tiempo de Julio César á Roma, y prometieron hacer espantar y reir á cuantos les mirasen, fuéles mandado que volteasen en el Coliseo, porque todos los que quisiesen los pudiesen ver, y voltearon vestidos de la cintura arriba, y de la cintura abajo desnudos; y hacian tales vueltas que de muy peligrosas espantaban, y de muy desvergonzadas hacian reir, porque mostraban todas sus desvergüenzas volteando. Acabado que hubieron, fueron á los senadores y á Julio César que les miraban, á pedir por paga lo que mandasen, y fué mandado que se les diese de lo que ellos habian dado para hacer reir, y ansí fueron puestos en sendos asnos á caballo, de la misma manera que habian volteado, mostrando sus desvergüenzas, y mandáronles dar cien azotes por paga á cada uno, y el pregon decia: A los desvergonzados sean en sus desvergüenzas azotados. Por donde se puede entender que á todos los que hacen, ó dicen, ó piden con desvergüenza, es bien pagalles con la misma moneda d’esta manera; á los que hacen algun placer desvergonzadamente, sean pagados con desvergüenza como éstos fueron, y á los que dicen desvergüenzas para hacer reir, desvergonzarse para hacelles llorar; y á los que piden con desvergüenza lo que no deben, no dalles nada, y decilles lo que yo diré á vosotros, y es esto: Viendo la vuestra se pierde la mia, que con la poca vergüenza que me habeis motejado, os he respondido.
Dixo el Duque: Qué os parece, mastre Zapater, qué buenas lanzas han corrido estos caballeros cortesanos, y cuán poco se han corrido de los apodos que se han hecho, mostrando la severidad que los avisados han de tener para mostrar que ni en las burlas ni en las véras deben salir de seso, sino estar siempre en consideracion, para bien responder y obrar en todo lo que conviene, como mostró Julio César en su primera edad, que siendo de la parte de Mario, fué preso de los contrarios, y traido delante Sila. Y rogándole todos que lo soltase por ser muy mancebo, respondióles: ¡Oh caballeros! ¿para qué rogais que yo dé libertad y vida á quien muestra su presencia, qu’es para dar y quitar libertades y vidas? ¿No veis vosotros que en él hay muchos Marios? Yo haré lo que me rogais, sólo por mostrar que tengo tan poco miedo de Mario como él muestra tener de Sila. Véte, Julio César, y dirás á tu Mario que si te he dado la vida, es por tener muy poco miedo á los que le parescen á él. Palabras fueron como de tal varon, mostrando lo que debe hacer el hombre sabio para mostrar ser fuerte; que en ninguna ocasion contraria, ni en burlas ni en véras, muestre ser vencido.
Mastre Zapater: Señor, parésceme que no se puede decir por vuestra excelencia lo que dice nuestro valenciano: Qui la esplana la gasta, pues ha declarado tan bien las burlas d’estos caballeros cortesanos, que ha mostrado el fruto que se debe coger de los que echan flores por la boca; y si los que leen y oyen razones avisadas, no gustan de lo que vuestra excelencia ha gustado, no muestran entender lo que leen y oyen, que si lo entendiesen, ó trabajasen de entendello, haríanse avisados, que muchos lo serian si quisiesen; diránme algunos que no hay quien no quisiese ser avisado, mas como sea dón de Dios, él lo da á donde quiere. A esto les respondo con lo que dice el Papa á los judíos que le están esperando con sus cerimonias, cuando vuelve á Roma de la coronacion que le hacen en San Joan de Letran, y son estas palabras: Lex vestra est bona, sed est male intellecta. Diciéndoles, vuestra ley es buena, mas es mal entendida de vosotros. Así se puede decir á los que dicen que nuestro Señor Dios da la gracia adonde quiere, verdad decis, mas entendeislo mal si creeis que si á unos da gracia especial de sabiduría por nacer debajo la estrella que nascen, ó por lo que á su Majestad le place, que á los otros no la dará. Esto es muy gran error, porque Dios tiene prometido, dicho por su boca, que á ninguno dejará de dar gracia y gloria, que trabajará de alcanzarla haciendo buenas obras, con que nadi se confie que por sus propios merescimientos meresce el Paraíso, sino por virtud de la muerte y pasion de Jesu-Christo, nuestro redentor.
Gilot: Señor mestre Sabater, puix axí es com vos dieu, yo bem puch salvar vivint ab ma amiga Beatriz si fas bones obres.
El canonge Ster: Demonium habet; y es lo dimoni la sua Beatriz, que li deu preicar esta taulegia, que vivint amigat pot anar á Parays ab lo diable al cos.
Gilot: Blasfemavit, que ma dit que yo tinch lo diable al cos tenintlo ell en la gepa, que si per Beatriz ho diu, no te tall de diablesa com la mare del seu corbinet Ster, que cascunani la lloguen pera ballar ab los diables de la roca de intern.
El Canonge: ¿Nos pijor que cada nit es llogue la tua Beatriz, ó farsatriz pera ballar vestida con á home en la farsa de Lope de Rueda, y tornát á casa ab lo porró plé de oli per paga, com á beata almoynera?
Gilot: Senyor Duch, ¿pera que teniu aquest tartugot? nous entraré mes en casa, si nol llansau á la gola del vall, ó donaulo al bachiller Molina que vaja á Castella ab ell, que per los hostals del camí guanyará á diner, mostrantlo; dient que es lo diable de Viterbo, y fará millor guany que ab les medalles que amostra.
Molina: Gilot, nunca creí tanto como agora que un loco hiciese ciento, que sacado me has de donde estaba escondido para escuchar lo que en mi vida he oido ni visto como agora, que en banquete tan bien banqueteado, todos estén tan firmes, que ninguno ha perdido los estribos ni la silla, sino el canónigo, que te los ha hecho perder en tocarte á Beatriz; y tú en tocalle á la madre de su hijo Corbinet Ster le has hecho perder su silla giba, que no se la veo á cuestas, segun anda derecho en disparates.
El Canonge: Gilot, ara tens sabata de ton peu, lo diable te ha fet tocar esta cigala que pera tots ni haurá, que per ser tan gran charrador, en casa de mestre Sabater li han posat nom lo bachiller Cigala.
Gilot: Canonge, armeuvos los dos contra ell, posauvos de espatles, y servirnos ha per rodella la vostra gepa á vos y á mí, y yo tirarvos he per lleu, y restarme ab la gepa enrodellat, y ab les vostres lleuhades farem un corro de bous, y lo bou será Malfarás, patge del mal recaudo.
Molina: Señor Duque, grandes humores se son movidos aquí con mi venida; vuestra excelencia calle y mire, y póngase en talanquera porque no le dé algun liviano d’estos que Gilot quiere tirar al canonge Ester.
Canonge: Bachiller Cigala, rebeume está lleuhada.
Molina: ¿Qué bellaquería es ésta? ¿Al bachiller Molina se habia de hacer este desacato, tirarme un liviano de véras?
Gilot: Canonge, molt me pesa del que habeu fet, baix sou anat un poch.
Molina: ¿Qué te parece, Gilot, cuán bajo ha ido?
Gilot: Senyor bachiller, es anat tan baix que á mim pesa, que si ell me creguera, vosa merced en les galtes la rebera.
Molina: Cuán cierto está, que palabra á dos sentimientos en boca de bellaco ha de parar en ser bellaca. Yo pensé que Gilot decia á mosen Ester que habia hecho gran bajedad en tirar buetago á tal hombre como yo, que pienso que en mi cuerpo no le tengo, por no quererme dar naturaleza cosa tan baja. Y no lo dixo el bellaco sino porque habia hecho el golpe bajo, pues no me habia dado en el rostro como él quisiera. Yo quiero responder á este botegazo lo que respondió el duque de Cardona pasado, que entrando por un corro de toros, que por él se hacia en Valencia, vino un buetago volando de los que suelen volar en tales fiestas valencianas, y dióle en el rostro, y dixo: Per altri me ha pres lo lleu. Así puedo yo decir; lo que más d’esto siento es que su excelencia se haya reido de lo que habia de castigar por holgarse más con Gilot que conmigo, por parecelle mejor sus letras que las mias, y á esto respondo con este cuento que diré: Un señor de Italia de casa de Colunna holgábase mucho de tener truhanes y locos en su casa, y tenía uno como Gilot muy desvergonzado y atrevido, y reprendiéndole un filósofo por ver que todo era de locos y muy poco de sabios, trabajó mucho de tener en su servicio al Dante; y por no ser este Colunnes dantista, sino truhanista, el truhan era muy favorescido y el Dante muy olvidado, y estando muy arrinconado y siempre mudo al rincon de una sala donde aquel dia se hacia gran fiesta, el truhan diciendo y haciendo muchas locuras para hacer reir, traia una ropa muy rica á cuestas que su señor le habia dado, y pasando por donde estaba el Dante, díxole burlando dél: Qui sa far el bufone e rico garzone. Respondióle el Dante: Quando io troverò un signore simile à me, como tu hai trovato simile à te, sarò rico.
Gilot: Senior Duch, bona lans ha pegada aquest Bachiller Cigala.
Duque: Gilot, á tí te lo pegó, que á mí poco me tocó, que por divertir locos se pueden sufrir, qu’es muy grande enfermedad estar siempre en gravedad; si no, dígalo Molina cuando muere su harina; a donaires y razones mostrando por los mesones las medallas que ha llevado; y en habelles acabado de preicar, él se convida á cenar con el más embaucado, y queda bien aposentado de mesa y cama. En cada lugar ó villa hasta llegar á Castilla. Y es muy gran sabiduría la buena truhanería; pues mejora al decidor, y da placer al señor, si no queda por refran que el señor es el truhan, y el truhan es el señor.
Gilot: No he oit cosa que millor me donas á les orelles que lo que vostra excellencia á dit pera que tot hom vixca, lo albarda pera que no muira de fam, y lo señor del mal de gravetat. Mas ab tot azó en son seni esta algunes hores lo canonge Ster.
El Canonge: Mas no cuant toca lo teu relonge.
Gilot: Habieu de dir ab lo vostre batall.
Malfaras: Señor Canónigo: Razon tiene Gilot; pues no le dejastes acabar la razon que comenzado habia. Parescístesme gato zarpador, que con la zarpa quita la carne de la boca del perro, como el otro dia nos hizo reir á todos los pajes estando á la mesa, que yo llamé al perro del cocinero que estaba emprisionado en la cámara de su señor dos dias habia, por haberle comido su comida, y soltéle porque moria de hambre, y díxele: Sírveme de paje, y darte he á cenar; y estándome delante rabeando de placer, como el Canónigo está con el rabo de su loba delante la señora doña Hierónima, trujéronme un buen pedazo de carnero sin cortar, y ántes que yo le tomase ya le vi en la boca del perro, y un gatazo como el Canónigo que le estaba detras, tiróle un zarpazo y quitóle la meitad de la boca, y dame á mí con el otra zarpa en las narices porque no cobrase mi carne, y fuéronse huyendo hasta la cámara donde cenaba el secretario Sis, y yo tras ellos diciendo «á los ladrones del gato Ester y perro Gilot», que me han hurtado la cena; y tomámoslos, y el secretario dió la sentencia que cortase la nariz al perro Gilot y el rabo al gato Ester. Lo uno está por hacer, porque el perro es amigo mio, y lo otro está hecho, que no sé quién ha cortado el rabo de la loba del canónigo Ester.
El Canonge. Habit de Sempere, ¿cóm se poden comportar aquestes tacanyeries; que vajen per ací taya rabos? Als potreros de mules se comporta azó, que nos faria sino davant vostra excellentia, que tot so riu.
El Duque. Canónigo, n’os enojeis, que yo os daré otra loba mejor, y será la señora doña Hierónima, pues ha sido loba en escoger á vos por servidor.
El Canonge. Vostra excellencia per pabil de ciri de morts me deu tenir, que espabilant me van ací, ab les ullades que contra mí li veig fer. Nom tinga ningu per pabil, que nou so, niu vull ser, com alguns ques dexen espabilar.
Gilot. Señor Duch, bom remey, si no vol ser pa bil, fiavil pa, que pijor es que de centeno.
Joan Fernandez. Señor Canónigo, Gilot dice bien, que porque no os digan pabil, os debeis dexar decir vil pa.
El Canonge. Yo so content, si vos acabau ab la señora doña Hierónima, vostra muller, que menje de mí. Que los caballers que fan lo donos, ab cobles y cuentos y gistes de tan poca vergonya com vos feu, tots parent en ser alcabots de sa muller; si no digau lo cuento del porch espí, y lo del armat, que molt á costa vostra y della feren.
Juan Fernandez. Mira qué tacha, que teniendo bandos mi mujer conmigo me armase yo; y estando tras una puerta de una cámara armado y desnudo, entró en busca mia diciendo: Adónde es este traidor de mi marido. Yo díxele, héle aquí cómo os espera; y ella dió voces diciendo: Dones, correu, que mont marit es tornat orat. Yo díxele mira cuán endiablada y brava sois, que tengo de ir por casa siempre armado para valerme con vos; y ella tornóse á reir y díxome: Axous val, que yous aguera mort, sius trobara desarmat, y hicimos paz.
El Canonge. Lo mal no está en fero, sino en diro, que be sé yo que les dones braves, lo marit ben armat les amansa, y á voltes noi basta quien ha menester algun companyo, que si me portaba mí, yous posare tanta pau en vostra casa, que li poran dir lo templum pacis com lo dels Romans.
Joan Fernandez. No entraréis vos en este templum pacis que decis, sino como salió un truhan que habia entrado en achaque de hacer oracion á la diosa de aquel templo, y halláronle con una moza, y mandaron que anduviesen ella y él desnudos por Roma azotando el uno al otro; y él, cuando le daba, le decia: Toma, vivo te lo do, y ella á él: Toma, porque se cansó. Y si quereis veros en esto, yo tengo en casa una mozuela de Logroño, que por mucho que le digais toma vivo te lo do, ella os responderá toma porque se cansó.
El Duque. No riamos más, que pienso reventar; las doce dan agora; vámonos á reposar, y no falte nadi de los que estamos aquí, que la máscara de Malfarás, de los griegos y troyanos, es cierto mañana á la noche.
Acudieron todos el otro dia en el mismo lugar, y el Canónigo Ester estaba en una ventana aguardando á la máscara para dar aviso al Duque, y dixo: Senyor Duch, puix me habe fet Monjuhí lo de Barcelona, ja he descubert los cuatro galeons galans ab la conserva que tostemps porten de les quatre galeres, que per la capitana, que es la señora doña Hierónima, he dit galeres, que vol dir galan eres.
El Duque. Canónigo, por vos se puede decir, no con quien nasces, sino con quien pasces. Nacistes catalan y habeisos hecho galan sirviendo la señora doña Hierónima, que de aquí en adelante os haré nombrar mosen Hierónimo Ester.
El Canonge. Señor, á la darrería yo exiré de vostra casa orat y plé de noms; vostra excellencia no fia huy contra mí, que yo vull pagarme á mots destos cortesans per les burles que en ses cases me feren lo dia quels allargui la máscara pera huy; que á senyors que á sos criats dexan ser amos, be será tenirlos á ells per criats. Yo vaig á rebrels al apear, que allí vull comensar la escaramusa.
¡Ah, senyor Joan Fernandez! á la trocada me par que dansau huy la baxa; vos portau á la senyora doña Isabeth, vostra cunyada, y altri us porta la muller; millor sou pera porta homes que pera porta mullers.
Joan Fernandez. Señor Canónigo, ni con la señora doña Isabel se puede danzar baja ni con vos alta.
Doña Isabeth. Senyor Canonge, dexeu burlas á part, ¿trobaria en son poder un poch de tortugat? ¿que volen los metges, quem prenga una novena?
El Canonge. Senyora doña Isabeth, ¿trovaria yo en poder de vosa merce un poch de codonyat pera guarit de unas cambres que man vengut del mals mots de vostre portador?
Doña Hierónima. Senyor Canonge, yo he sabut del vostre mal, que son cambres de cels que teniu de la vostra Corbina, mare del vostre fill Corbinet Ster. Yous enviaré mel rosada alexandrine, qu’es millor que lo codonyat que demanau.
Joan Fernandez. Señor Canónigo, tiznado os sois parado en nombraros á vuestra negra Corbina, que de tal molino, tal harina.
El Canónigo. Senyora doña Gracia, encara que vosa merce sia filla de la senyora doña Isabeth y nevoda de la senyora doña Hierónima, responga per mí á estos mots quem ha pegat. Que en son cas y lloch, ab una filla es bó vengarse de una mare, y ab una neboda de una tia.
Doña Gracia. En verdad que no teneis razon de quejaros, que motes de damas favores son. Si no dígalo don Diego Ladron.
Don Diego. Señora doña Gracia, el Canónigo me parece que ha venido á trasquilar y queda trasquilado, como carnero sardo de cuatro cuernos, que de la tisera queda bravo, que no hay rodela que lo espere; si me empresta la que trae á cuestas, yo le esperaré.
El Canonge. Don Diego, Esperaume ab lo broquer de roble queus ha portat vostra muller, y sil vos pase, restar vos han los corns del meu moltó per llesió, y á Deu siau, que allá en la sala tindré camp á vostra gala.
Don Diego. Dalde grita, pajes; dalde grita: Al lobo, al lobo, gibalgaba, mandafiestas, tartugote, carnero sardo, gurrion pelado.
El Duque. ¿Qué es esto, Canónigo? ¿Qué grita es la que siento? ¿Cómo venis mudado de color?
El Canonge. Senyor, yo ya estich com á roba pelada al coll de corredor, que tot hom me corre y fa menyspreu de mí, per conoxer en vostra excellencia quey pren plaer, puix sen riu. Lo diable me ha fet moure la escaramusa vaix, que tots me han perdut la vergonya, hanme avisat los patges com á gosos, que si non fora devot de senta Quiteria, me haguerent rosegat. Yo’m vull retraure en la mia cambra y exiré desfresat com á frare ab la máscara que vostra excellencia me ha donat, y nom descobra, que vull aguaytar á la senyora doña Hierónima y á mon competidor com li va ab ella, y será fugir de orats en lloch estret, que nos pochs saber.
Joan Fernandez. Vuestra excellencia sabrá que el Canónigo Ester nos ha salido á recibir al descabalgar, y ha hecho entrada en nosotros como á lobo que acomete ganado, que si no le resistiéramos, queria hacer presa, segun venía hambriento de carne, y desvergonzado carnicero con los motes que á nuestras damas ha dado; y como ha visto tan gran resistencia, púsose á huir, y los pajes como á perros tras él dándole grita: Al lobo, al lobo, con una de nombres que le han sacado, que ha sido la mejor fiesta que aquí se hará hoy.
El Duque. Yo he visto cuanto habeis pasado por donde nadi me podia ver, porque de mí se partió con una modorra para recibiros, que yo quedára con ella si dejára de gustar cosa tan de ver; y cuando volvió para mí, venía como lobo acosado y peor; pues le acosaban pajes, que son peores que perros: Díxome que se iba á retraer á su cámara y salir como á fraile en máscara para acechar á la señora doña Hierónima, vuestra mujer, y á un competidor que tiene para ver cómo le va.
Joan Fernandez. Señor Duque, don Luis Vich hizo lo mismo cuando servia á doña Violante Almunia, su mujer. Disfrazóse como armado de Juéves Santo para ver cómo le iba á un competidor suyo que ella le daba á entender que no hacia caso d’él; y como él le hallase en una iglesia aguardándola, allegóse á ella armado y alzó la ventanilla del helmete, y díxole: Dona Violant, preneu esta figa y una alta pijor pera tal competidor.
Don Luis Milan. No tuvo mal parescer don Luis Vich de acechar y probar lo que se debe, porque de dos cosas me paresce que es bien hacer prueba ántes de fiar de ellas, y son del amigo y del amiga d’esta manera; amprar á vuestro amigo en todas aquellas cosas que vos haríades por él para saber qué teneis en él, que no es justo tenga más en vos de lo que teneis en él; y la otra prueba es á la amiga, ora sea para casar con ella ó no, porque si no la hallais tal que sea buena para mujer y casais con ella, quejaos de vos, que los descontentos son muy malos de digerir cuando es la culpa del que siente la pena.
Don Diego. No he visto de una burla salir mejor cosa de véras, que de la burla de don Luis Vich sacar tan gran verdad don Luis Milan. Bien se puede decir, el hombre que es muy de hecho, de burlas saca provecho.
Don Francisco. Pues la boca de don Luis Milan nunca da pesar sino á pesar suyo, y siempre toma placer para dalle, no nos daria mal rato con un soneto, pues tiene tal dejo, que nunca los deja de memoria de quien los oye, como este dicho dice: Lo que es mucho de acordar, tarde se puede olvidar.
El Duque. Si nos ha de aprovechar, dése por mí rogado.
Don Luis Milan.
Yo me doy por su mandado,
Pues sabe tan bien mandar.
SONETO INTERCALADO.
Un hijo sé que nasce de ignorancia,
Y es tal que siempre va enojando á todos,
Y nómbrase por nombre Error de modos,
Que nunca de enojar salió ganancia.
De vos, señora, á él hay gran distancia;
Mas yo osaré decir en mis apodos
Que en crueldad sois un rey de los godos,
Que conquistais Italia, España y Francia.
Italia, en mí de vos muy sojuzgada,
Es donde estais, que es mi memoria vuestra,
Y España es mi razon por vos nombrada.
Que más reinais en ella que se muestra,
Y es Francia en mí de vos muy guerreada,
Mi voluntad que nunca os fué siniestra.
El Duque. Pues tal hijo nos ha engendrado este soneto tan natural, adevinemos en quién le hallarémos á él y á su madre; y comience mastre Zapater, y no se excuse, que me enojará.
Mastre Zapater. Señor, no hay cosa que hacer se deba que yo no la haga por no enojar á vuestra excelencia, aunque más querria deservir-le callando que enojarle hablando.
El Duque. Haciendo vuestro oficio nunca me enojaré; pues tan bien sabeis hablar como callar lo que se debe.
Mastre Zapater. Usando de mi oficio, que es decir las verdades, y vuestra excelencia del suyo, que es ser amigo de ellas, digo: Que este hijo nombrado Error de modos, que este soneto, tan acertadamente, dice que su madre es la ignorancia, en ningunas personas lo hallo yo mejor que en los privados que mandan para mal hacer á los príncipes, porque si ellos me dicen que no pueden tener Error de modos, los que no pueden ser privados sino con avisados modos. A esto respondo: Que aunque la privanza sea para bien hacer, no debe ser para mandar al príncipe, sino para ser mandado de él, como dice este dicho: Mal hay en aquel bien que mal del bien se sigue. Pues la potestad Real que Dios da, tal se ha de conservar como de quien viene; mostrando que no proceden las esecuciones sino de quien tiene el poder, que es el Rey, y no de quien lo quiere tener, que es el privado; y esto porque no se siga ser malquisto el príncipe mandado; pues el bien no debe dar por su criado, y así, bien considerado, no puede tener sabios modos el que los tiene tan errados, que quiera mandar á uno para ser aborrecido de muchos; pues al fin es ignorancia el saber que con él se han de perder.
Molina. Señor mastre Zapater, ya sé por quién preguntais; vos habeis calzado, como á buen zapatero, á un pié que sabeis de qué coxquea; y oya un cuento de un muy notable príncipe que jamas se dejó mandar de manera que pareciese ser mandado. Julio César, como nació para príncipe, siempre lo fué, y rogándole los senadores y cónsules de Roma muy mucho que cobrase á su mujer, que él habia repudiado, diciéndole que le hacia gran sinrazon por no parescer en ella causa alguna para ser repudiada y dejada d’él. Respondió Julio César: Quien no calza el zapato no sabe dónde le duele, yo que lo calzo sé dónde me toca.
Gilot. Trompetes y clarins sent, la máscara deu venir, yo vull anar á la finestra per veure si venen. Senyor Duch, cert es la máscara espant posa de veurela; tots venen armats, y son tan grans, que par que fien pagans.
El Duque. Calla, Gilot, que más dices de lo que piensas, y estemos atentos y gocemos de las invinciones y motes, y del combatir, que será cosa de ver.
Malfarás. Porque vuestra excellencia mejor goce de ver las invinciones que traen los de la máscara, está ordenado que al pasar cada uno d’ellos l’estará delante hasta que señale que pase; yo voy á guiallos, que cerca están. Señor, este que delante está vuestra excellencia es el rey Priamo de Troya. Mire qué lindas armas doradas trae, con el juego del ajedres de diamantes y rubis, que por invincion sobre ellas lleva, y el mote en la celada que dice: Yo di el jaque, y fortuna me dió el mate.
Pues mire vuestra excelencia este otro que viene, que ya delante tiene. El muy valeroso y nombrado Héctor troyano, que lindas armas verdes que trae, cubiertas de hiedra de esmeraldas, qu’es es el árbol que más tura, y jamas pierde la hoja si no le roe gusano. Y el mote dice: Mi hiedra no morirá, que en su muerte vivirá.
Y este que agora viene, que ya delante su excelencia está, si le viese desarmado diria por su hermosura lo que yo diré: Este es Páris Alexandre el troyano, que juzgó las res deesas y robó á la reina Elena, y porque él fué más robado de su gran hermosura, mire cómo la trae retratada sobre sus armas, que tan hermosas son por ella como desdichadas por él. Y el mote decia: Retrato de la hermosura y desventura.
Y este otro que delante tiene, es el fuerte Trohilo, troyano, hermano del gran Héctor, á quien él paresció tanto en las armas, que por esto las ha sacado verdes como las d’él, con muchas manos de oro de martillo sobre ellas. Y el mote dice: Poco valen muchas manos contra casos inhumanos.
Y este postrero del puesto de los troyanos, que aquí está, es Enéas, troyano, sobrino del rey Priamo. Mire cuán bien proporcionado y grande era, y qué bien invincionadas armas que trae, llenas de medallas de emperadores romanos que representan los que d’él vinieron. Y el mote dice: Al que guia la ventura en peligros asegura.
Tras estos verná el puesto de los griegos, ya entran. Mire vuestra excelencia este primero que viene, que ya delante tiene, cómo muestra su presencia que es Agamenon, griego, rey de Micena, capitan de todo el exército de los griegos contra los troyanos, en la guerra de Troya. ¡Oh, cuán espantosas armas trae! de color de fuego y sangre son. Y el mote dice: Do no es bien que valga ruego, á sangre y fuego.
Este otro que viene es Menalao, griego, rey de Lacedemonia, marido de Helena, la que robó Páris, troyano, hermano de Héctor, en recompensa del robo de Hesiona, hermana de Priamo, rey de Troya, que Hércules Griego robó á los troyanos. Qué bien invincionadas y ricas armas que trae, con relieves de oro de martillo, que hacen unos corazones abrasados sobre brasas de fuego de esmalte de ruchicler. Y el mote dice: Corazones abrasados arden hasta ser vengados.
Agora entra el muy fuerte Achílles, griego, hijo de Peleo, rey de Tesalia, que mató á Héctor y Trohilo en la guerra de Troya; envidiado de Alexandro Magno por la pluma de Homero, que muy altamente de sus hazañas escribió. Mire las más fuertes y ricas armas que se han hecho fabricadas de Vulcano. Y el mote dice: Las mejores que se halláran si á Policena armáran.
Este que agora viene es Ajaz Telamon, griego, hijo de Hesiona, hermana del rey Priamo, y la que Hércules Griego robó de Troya. Fué tan fortísimo en armas, que puso espanto á Héctor cuando los dos combatieron y se vinieron á conocer por primos hermanos; de quien Héctor, siguiendo el costumbre antiguo, tomó el Baltheo, que es el militar, y él le dió un cuchillo que Ajaz se mató con él, porque los griegos, demandando Ulíxes y él las armas de Achíles, despues de muerto, las dieron al tímido Ulíxes y las negaron al muy temido Ajaz. No sin gran propósito debe traer sobre las armas aquellos animales que la hembra mata al macho al engendrar, y los hijos matan la madre al nacer, que son víboras. Oya el letrero lo que dice: Víbora es mal parescer; lo que muere al engendrar, mata al nascer.
Diomedes, el muy valeroso y sabio griego, hijo de Thideo es este que ve, que despues de muerto Achíles y Ajaz era el más valiente y osado de los griegos. Mire qué ricas y bien invincionadas armas que trae, con muchos ojos cerrados por todas ellas. Y el mote que dice: A ojos cerrados se han de mirar cuidados.
Ya que todos fueron entrados, estando donde hablan de combatir, hecha que fué la señal, vinieron con muy gran saña uno para el otro, el rey Priamo, troyano, y el rey Agamenon, griego, y en haber rompido sus picas pusieron mano á las espadas, que gran espanto ponian los golpes que se daban, y el Duque mandó señalar al trompeta porque las damas habian perdido la color de sus caras de la ferocidad dellos, y cesaron de combatir.
Luégo tras éstos vino al palenque el invincible Héctor, troyano, con muy gran braveza contra el ferocísimo Achíles, griego, y diéronse tan grandes encuentros de picas, que la tierra que pisaban temblaba; y poniendo mano á sus espadas, salian tan grandes centellas de fuego de los espantosos golpes que se daban, que las damas, de temor de ser abrasadas, señalaron al Duque, y el trompeta señaló y cesaron de combatir.
Vino como un bravísimo toro agalochado al palenque el rey Menalao, griego, marido de Helena, contra el muy fuerte Páris, troyano, que lo esperó con más ferocidad que ira, por tenerle su mujer, que el agraviador debe ser defendedor. Rompió Menalao las tres picas, que bien mostró estar picado, y daba tan fuertes golpes, que Páris se desapiadó; y viniendo á las espadas, hicieron tales cosas, que si el uno mostró ser hermano de Héctor, el otro peleó como Achíles; pues la mayor parte de las lumbres se mataron del aire que movian los grandes golpes que se daban. Señaló el trompeta, y el combate dellos cesó.
Vinieron dos tan furiosos al palenque, que bien mostró la honra no tener respeto á parentesco, y era Trohilo, troyano, y Ajaz Telamon, griego; diéronse tan grandes golpes de pica, que Gilot, de gran miedo, se echó á los piés del Duque, y dixo: Señor, llansau diables de vostra casa, que axó no son homes. Y el canónigo Ester se puso en las espaldas de la señora doña Hierónima, y díxole: Señora, nos troba al cor sino aun lo te l’amor; y viniendo á las espadas, tan grandes fueron los golpes que se dieron, que Héctor dixo: No pelean como primos aunque son primos hermanos; y el trompeta señaló y dejaron de combatir.
Los postreros fueron Enéas, troyano, y Diómedes, griego, que del golpe de la primera pica dió con la rodilla en el suelo, y á la segunda que rompieron, Enéas perdió un paso de tierra, y á la tercera pensaron caer. Pusieron mano á las espadas, y los golpes fueron tales, que de temblar todo aquello, algunas gorras, que damas traian en las cabezas, cayeron. El Duque mandó señalar al trompeta y dejaron de combatir uno á uno, y arremetieron cinco á cinco, unos contra otros al palenque, y de la gran furia dieron con él en tierra, que temblando estaban las hojas de los árboles. El grande aire que levantaron del combatir, la mayor parte de las lumbres mataron; las damas se pusieron detras sus caballeros; el Real pensaron que cayera del terremoto que sintieron, que paresce que el mundo se hundia de la cruel batalla y grandes golpes que se daban, que jamas sintieron el trompeta que señalaba que cesasen; y estando en esto se pararon como encantados, porque entró Apolo tañendo con su cítara, que compuso para representar á la dulce armonía que los siete cielos de las planetas hacen. Este fué un gran sabio de Grecia, y el primero que halló el arte de la medicina; tuvo un hijo que se decia Astrolapio, que amplió mucho esta ciencia; murió herido de rayo celestial, y la gente bárbara quemó todos sus libros, y de allí adelante no quisieron más medicinarse, creyendo que Dios le habia muerto porque daba veneno mezclado con la medicina, y por esto no la usaron por tiempo de cien años, hasta que Athanases, rey de Persia, que fué docto en ella, la resucitó. Este Apolo fué aplicado al cuarto planeta, qu’es el sol, despues de muerto Entró en esta fiesta con la ninfa nombrada Syringa, que tan dulcemente cantaba, como él con la cítara tañia. Fué de tan gran suavidad esta música por lo que representaba y los efectos que hace, que hizo cesar la gran batalla de los troyanos y griegos. Representaron á Syringa y Apolo muy al natural dos grandes músicos, que cantaron los romances que oiréis, y el primero es del rey Priamo de Troya, que es este presente
ROMANCE.
¡Oh buen Priamo troyano,
Rey de los fuertes troyanos,
Héctor muestra y sus hermanos,
Tales hijos de tal padre.
Tu mujer, y d’ellos madre,
Se volvió perra ladrando,
La noche que vió quemando
Troya con todo tu estado.
Cuando te vió degollado
De manos de Pirro el griego,
Que bien era griego fuego,
Pues con agua más ardia.
Lágrimas todo lo vía
De tus hijas y troyanas,
¡Oh entrañas inhumanas
De Pirro, perro cruel!
Llevarate en Grecia con él
Para más honrado ser,
Que no triunfa el vencer,
Vencido de crueldad.
Reinó tu prosperidad
Cincuenta dos años vida,
Hasta ser Troya perdida
Con tu corona real.
De dolor que das señal,
Que no hay persona alguna,
Que no llore tu fortuna,
Y á tu Héctor sin igual.
Del gran Héctor, troyano, es este otro
ROMANCE.
Héctor, príncipe troyano,
¿Quién terná sabiduría,
Que no falten las palabras
Cantando tu valentía?
La mujer del griego Ulixes
A su marido escribia
Que por Grecia el nombre de Héctor
Muy gran espanto ponia.
Y ella, cuando le nombraban,
Su rostro el color perdia,
Temiendo que su marido
A sus manos moriria.
Fué de griegos tan temido,
Que nadi se le atrevia
A esperalle uno á uno,
Sino con gran compañía.
Los griegos por temor dél
Dejáran su guerrería,
Sino que Eritrea dixo
Que Troya se perderia.
El más fuerte de los griegos
A la fin desflaquecia,
Que tu muy gran fortaleza
A todos siempre vencia.
Llegó el dia de tu muerte,
Que fortuna lo queria,
Achíles y la traicion
Se juntaron aquel dia.
No te vino cara á cara
Porque mucho la temia,
Que si por traicion no fuera
Nadi matar te podia.
De Páris Alexandre, troyano, es este otro
ROMANCE.
Páris Alexandre hermoso,
Hijo del buen rey de Troya,
Caro te costó la joya
De los griegos que llevastes.
Al rey Menalao robastes
Su linda mujer Helena,
Cual la culpa tal la pena
A tu Troya le fué dada.
A traicion le fué robada
Á Menalao su mujer,
Y á traicion se vió perder
Troya y su gran Illion.
Tú mataste con razon
Achíles que lo mereció,
Que si á traicion Héctor mató,
Con lo mismo te vengaste.
A la fin tambien pagaste,
Siguiendo tu mala suerte,
Que Pirro te dió la muerte,
Hijo de quien tú mataste.
Del fuerte Trohilo, troyano, es este otro
ROMANCE.
Trohilo, fuerte troyano,
Si fortuna lo quisiera,
Héctor nunca muerto fuera,
Pues en tí vivo se vía.
Tu muy grande valentía
A los griegos espantaba,
Que cualquier griego pensaba
No volver más á su tierra.
Tú dieras fin á la guerra
Cuando vino el Amazona
Á socorrer en persona
Á tu Héctor, que halló muerto.
Puso gran fuego en el puerto
Y quemó la griega armada,
Porque estaba confiada
Vencer con tu corazon.
Todos dirán con razon
Achíles no te mató,
Sino aquel que te crió,
Que secretos de Dios son.
Del valeroso troyano Enéas es este otro
ROMANCE.
La noche que Troya ardia
Partióse Enéas troyano,
Navegando por las mares,
Á Cartago es allegado,
Ciudad de la reina Dido,
Do fué bien aposentado,
Él y todos sus troyanos
Por su puerto s’han entrado.
En llegar delante d’ella,
A sus piés s’ha arrodillado;
Apiádate, señora,
D’este Enéas desdichado.
Esta Reina piadosa
Dixo: Bien seas llegado;
Cuéntame, troyano Enéas,
De Troya lo que ha pasado.
Reina Dido, pues que mandas
Renovar dolor llorado,
Yo te contaré llorando
Troya cómo ha quedado.
Diez años tuvieron griegos
Guerra sobre nuestro estado,
Y á la fin de los diez años
Su real fué levantado;
Fingiendo volverse á Grecia,
En sus naves s’han entrado,
Dejaron un hombre en tierra,
Que Sinon era nombrado.
Dixo que en la griega armada
Ya se habian embarcado,
Yo huí la noche ántes
Y escondíme en este prado,
Porque me cupo la suerte
Que fuese sacrificado,
Por placar al dios Neptuno
Y el mar no estuviese irado.
Dejaron este caballo
De manera bien labrado,
Por el Paladion de Pallas
Que de Troya os han hurtado.
Creimos Sinon el griego,
De sus griegos consejado,
Para darnos á entender
Todo lo por él contado.
Yo les dixe que quemasen
El caballo, que era engaño,
Por su mal no me creyeron
Y á la ciudad fué llevado.
Haciendo fiestas de Baco,
Los troyanos se han turbado,
Y quedáronse durmiendo,
Que el placer es descuidado.
Y pasada media noche,
Salieron los del caballo;
Los griegos desembarcaron,
Y por Troya s’han entrado.
Dieron fuego á toda Troya,
Nuestro Rey fué degollado,
Y delante dél sus hijos,
Sólo yo soy acampado.
Entre tanto fuego y sangre,
De Héctor fuí aconsejado,
Que volvió del otro mundo,
De los dioses enviado.
Díxome, véte, Enéas,
A buscar nuevo reinado;
Lleva los dioses de Troya,
Que por esto te han guardado.
Lleva tu padre y tu hijo,
Y entra en mar aconsolado,
Que los dioses te dirán
Que serás bien fortunado.
Que si el cielo no quisiera
Derribar á nuestro estado,
A traicion no me matára
Achíles falsificado,
Por la muerte de Patroclo,
Su amigo muy amado,
Que maté delante Troya
Con las armas d’él armado.
Pensando que fuese Achíles,
Derribéle del caballo,
Y cortéle la cabeza
Y enviéle muy honrado.
Lo que yo no fuí de griegos,
Que muerto fuí deshonrado,
Fuera los muros de Troya
Siete veces arrastrado.
Abracémonos, Enéas,
En lugar tan desdichado,
Donde yo perdí mi reino,
Y tú te vas desterrado.
Del rey Agamenon, griego, capitan de todos los griegos, es este otro
ROMANCE.
El griego Rey de Micena,
Agamenon, puso mano,
Para vengar su hermano
De quien le robó su Helena.
Como alma que va en pena
Por la Grecia discurriendo,
Arma, arma, va diciendo,
Venguémonos de troyanos.
Todos con armas en manos,
Mil naves juntado han;
Haciéndole capitan,
De troyanos se vengaron.
A su Troya les quemaron,
No dexando rosa á vida;
Mas si Troya fué perdida,
Fué porque su Héctor murió.
Agamenon se volvió
Vencedor para su tierra,
Y halló en su casa guerra,
Pues que fué muerto de Egisto.
Nunca tal guerra s’ha visto,
Que los más d’ellos murieron;
Vencidos y quien vencieron,
Que mal fin en mal acaba.
De Menalao, griego, rey de Lacedemonia, es este otro
ROMANCE.
El rey de Lacedemonia,
Menalao, de sí salió,
Su real ropa rasgó
Y echó su corona en tierra.
Toda Grecia estaba en guerra
Por el robo de su Helena,
Lo que más le daba pena
Verse menospreciado.
Venir Páris tan osado
A su tierra á ser traidor,
De su padre embajador,
Para robar su mujer.
Juntóse muy gran poder
Por la tierra y por la mar,
Para Troya conquistar,
Y en diez años la tomaron.
Cien mil vidas les costaron,
Y muy más ántes que ménos,
Murieron tantos de buenos,
Que gran valor se perdió.
Si el rey Priamo murió,
Con sus hijos tan nombrados,
Muchos griegos señalados
Sobre Troya se quedaron.
Las manos de Héctor mataron
Tantos, que si él no muriera,
Menalao nunca se viera
Cobrar más su reina Helena.
Del fuerte Ajaz Thelamon es este otro
ROMANCE.
Aquel fuerte caballero
De sangre, griego y troyano,
Del gran Héctor primo hermano,
Ajaz Thelamon nombrado,
A Héctor tuvo espantado
Cuando los dos pelearon,
Y á la fin se abrazaron
Despues que se conoscieron.
Dos presentes se hicieron,
Héctor dél quiso tomar,
El Baltheo militar,
Y un cuchillo á él le dió.
Ajaz con él se mató
Por la ingratitud que hicieron
Los griegos, que no le dieron
Lo que mucho merescia.
Las armas de Achíles pedia,
Y á Ulíses fueron dadas,
Por sentencia juzgadas
Con pasion y ceguedad.
Danlas á la flojedad,
y al valor se las quitaron,
Que jueces que tal juzgaron
Dejan gran enemistad.
Del fuerte Achíles, griego, es este otro
ROMANCE.
Achíles el fuerte griego
Á Héctor ha amenazado,
Porque le mató á Patroclo,
Su amigo muy amado.
A buscarle fué por Troya,
Y en un templo le ha hallado,
Con la reina Helena hablando,
Que Páris habia robado.
En mirarse el uno al otro
Los dos se han demudado,
Achíles con grande enojo
D’esta suerte le ha hablado.
Ya no veo el hora, Héctor,
Las treguas hayan pasado,
Para mostrarte en el campo
Cuánto estoy de tí enojado.
Yo espero vengar la muerte
Que á Patroclo le has dado,
Malamente le mataste,
Tú serás dello pagado.
Héctor le dixo, Achíles,
Falsamente has hablado,
Que yo no maté á Patroclo
Como hombre acobardado.
Que jamas temí las armas,
Como tú lo has mostrado,
Cuando te halló Ulíses
Como mujer disfrazado.
Del rey Peleo, tu padre,
Y de tí fué ordenado,
Por no verte en esta guerra,
Que te habia amedrentado.
Mas si tú tanto deseas
Ver tu Patroclo vengado,
Combatámonos los dos
Mañana en campo aplazado.
Y será con un concierto
Por nuestros campos jurado,
Que si tú vences á mí,
Harémos vuestro mandado.
Y si yo te venzo á tí,
Todos esteis á mi grado.
Pláceme dixo Achíles,
Y su guante le ha dado.
Los griegos no lo quisieron,
Por haberse ya probado
Héctor más fuerte que Achíles,
Aunque no más esforzado.
Del muy sabio y esforzado Diomedes, griego, es este otro
ROMANCE.
Diomedes el buen griego,
Tan fuerte como avisado,
Muertos Achíles y Ajaz,
A los griegos ha emparado.
Él hizo venir á Pirro,
Hijo de Achíles, nombrado
Porque vengase la muerte
Que á su padre habian dado.
Diómedes le traia
En batallas á su lado,
Que con al les parescia
Achíles haber cobrado.
Esforzó al griego poder
Que estaba desanimado,
Que Diómedes tomó Troya,
De muy sabio y esforzado.
No volvió más á su casa,
Porque se vió mal casado,
De Troya se fué por mar,
Y en Pulla fué bien llegado.
Parte del reino de Dauno,
De fortuna le fué dado,
Cerca del monte Gargano
Ciudades ha edificado.
Los suyos edificaron
Nápoles por su mandado,
Y en la isla Diomedea
Otros suyos han poblado.
De su nombre la nombraron
Por ser nombre tan nombrado,
Donde está su cuerpo hoy dia,
Honradamente enterrado.
En ser acabados los romances se fueron tras Apolo y la ninfa los del torneo, y movióse una conversacion que turó hasta el dia, con mucha diversidad de pláticas graves y jocosas. Y por excusar prolixidad, donde veréis C. hablará caballero, y con la D. dama. Comenzó el Duque y dixo: Platiquemos de condiciones, que son menester muchos pareceres para dejarse bien entender, y pues yo he movido esta plática, haré las preguntas para sacar respuestas de tales cortesanos, que no serán menester réplicas. Díganme, pues, ¿de qué viene una condicion que no se deja acabar de entender?
C. Señor, yo diria que de sabio ó de loco le viene á quien tal condicion tiene, que muy gran locura es no dejarse entender para bien hacer; y gran saber es no descubrir la intincion que sea para perdicion, como se sigue entre enemigos, que saben proveer contra quien se deja comprender; no lo digo por las mujeres, aunque algunas dellas tienen esta condicion, que en habelle entendido se rien de su marido; y éstas son las que no quieren bien á sí ni á otri, y no sé de qué viene, querríalo saber para aprender.
D. A las que sabes mueras, aunque no tengo que responder por mí, sino por vos, que modorra me paresce que teneis en esto que hablado habeis.
C. Señora, no es modorra, sino modo razonable, que bien es que no sepa la mujer, si no es leal su marido, que encubrir esto es de sabido.
D. A otro perro con ese hueso.
C. Por mi mujer lo debe decir, que perra y perro es en roer, que nada le puedo esconder, que más sabe que el diablo, pues entiende lo que callo y cuanto hablo.
D. Diable so pera entendreu, perque us llanci la diablesa pintada, quem portas á casa plena de afeyts.
C. Señora doña Hierónima: Non in die festo.
D. Don Luis Milá, feu del resto, que com aguant lom adobau, que no put á mal marit, quant los dos vos coblejau.
C. Señora mujer, el latin que don Luis Milan os ha dicho, se nombra adoba lenguas; una tiene adobada de ternera, ¡ojalá la vuestra fuera!
D. Si tan malos fuesen los lenguados como son los deslenguados, no los nombrarian los franceses perdigones de mar.
Dixo el Duque: Buenas lanzas se han corrido, que bocas bien enfrenadas no hacen embarreradas, y volvamos la hoja. Decíme de que viene la muy mala condicion de celosos.
C. Los celos, señor, son hijos del amor, los buenos son legítimos, que son los avisados, y los malos son bastardos, que son los necios; los locos son alborotadores, como los de Gilot; los necios son rebuznadores como los del canónigo Ster; los sabios son falsirisueños, como los de don Luis Milan, que los tiene risueños sobre tristes, mostrando con una falsa risa que siente lo que de palabra no se debe dar á sentir.
Dixo el Duque: Por mejor tengo no mostrar celoso sino receloso secreto, apartando todo lo que puede mal hacer con sabio modo, que, aunque sea poco el fuego, descuido lo enciende todo.
D. Si justicia se hiciese de celos, cuántos hombres veriamos á la casa de locos.
C. No quedarian las mujeres en la posada, que un casado poco há envió á su perrochia para que tocasen la campana, diciendo que tenía fuego en su casa, y los que fueron á socorrelle dixéronle: ¿A dó está el fuego, que no le vemos? y él respondió: En los celos de mi mujer lo hallaréis, que peor son que fuego celos de mujer, que no se puede socorrer.
Dixo el Duque: Tan buenas son estas lanzas como las pasadas, pasemos adelante. Mucho querria saber qué os paresce de una condicion demasiadamente dulce.
D. Señor, la bona condicion ha de ser agredolsa com á magrana de Xativa, que lo dols de les mullers fa bon agre en los marits, y esta es bona mixtura pera conservar la honra deis casats.
Dixo el Canónigo: Veritat es, sino que á voltes si mescla algun gasta honres.
Respondió Gilot: Almenys no les gastará un tartugot gasta pa tal com vos, espanta pardals, aborrit de cuants hostals es anat per festejador orat.
D. Gil, may te vist tan grasiós com ab lo meu servidor mosen Coster, que may entra en lo terrer mosen Ster.
C. Paso, señora doña Hierónima, que el Canónigo no’s quien quiera, que hijo es de una panadera, y quedó pan lisiado al enhornar.
Dixo Gilot: Be dieu señor Joan, que al enfornar se fan los pans geperuts.
Dixo el Duque: ¿Pues tan gran mar ha levantado el gasta honras del canónigo Ster? sepamos qué cosa es honra, y dígalo mastre Zapater, que lo sabrá mejor; y rogado de todos, dixo: Yo diria, no apartándome de la ley de Dios, que la honra es el valor de cualquier persona, mas ha de ser la que á Dios place, y no la que Lucifer quiere; y así es mucho de notar que con sola su palabra, diciendo fiat, fueron hechas todas las criaturas, y pudiendo con lo mismo echar á Lucifer del cielo, no quiso su Majestad que fuese echado, sino resistiendo á modo de batalla sus ministros los buenos ángeles, mostrando que justamente se puede resistir y pelear por la verdadera honra, que es conservar justicia y verdad, como ellos hicieron á voluntad de Dios, resistiendo y peleando contra la injusticia y la mentira, que es el diablo; por donde nos debemos mirar siempre en Cristo, nuestro señor inmaculado, espejo de cristal, siguiendo aquellas letras que dicen en torno d’él: Omnis vita Christi actio nostra est. Diciendo que toda la vida de Cristo debemos imitar, peleando por la justa honra, conservando lo que Dios nos da; y es de entender por su ley, como mandó á los judíos, que siempre fueron vencedores peleando por la honra de Dios, y así no osó Alexandre conquistarlos, porque le dixo un filósofo que si estaban en gracia de su Dios, no lo emprendiese, que se perderia. Tambien es lícito pelear por el natural rey con justa guerra, y por el bien comun, y asimismo defendiendo cada uno su vivienda cuando con injusticia se la quieren quitar, y ésta es la verdadera honra; la falsa es la que Lucifer ha introducido en el mundo usando las armas contra caridad y justicia, siguiendo la voluntad, y no la razon, en perjuicio del prójimo para perdicion de quien tal hiciese.
C. Señor Duque, yo hallo á mi cuenta, tratando de la honra, que los más injuriados los unos lo son á culpa suya, y otros por falta de buenos juzgadores. Los hombres, para vivir honradamente, debrian guardarse mucho de todas las ocasiones por donde les puede venir deshonra, y si no dan ocasion y se ven en ella, nunca debrian satisfacer á las injurias con obras donde se puede con palabras, que es falta de razon ó gran soberbia que las más veces hace perder. Otros hay que son tenidos por deshonrados sin culpa, de quien no saben juzgar de honras, que debrian, para ser buenos jueces, saber los casos que obligan á satisfaccion, y hallarán que son muy pocos; y para muy bien gobernarse, débese tomar consejo de quien tiene calidades para darle bueno, y son éstas: Que sea experimentado y no apasionado, ni interesado, ni sospechoso, y sabido en lo que aconseja, que los más consejos están lisiados por falta de buenos consejeros, por quien se siguen grandes deshonras y pérdidas; y en deshonra venida por mujeres, no obliga sino aquella que por descuido ó consentimiento del deshonrado le viene, como es descuidarse no proveyendo á las deshonras que seguir se pueden, ó consintiendo á las que ven venir ó tienen en su casa; y si á quien toca ha proveido en todo lo que debe, no puede tener deshonra por la de otro quien por sí no la tiene.
Dixo el Duque: Muy bien se ha tratado de la honra, y mal se trata d’ella cuanto más va, y en cosa que tanto importa calzar se debrian con este zapatero y armarse de tal caballero, pues se puede decir por ellos: Quien las sabe las tañe, y no como algunos, que primero las tañen que las saben. Decidme, pues, qué os parece de una condicion descuidada.
Respondió el bachiller Molina: Señor, á esa condicion la nombran cuerpo de buen tiempo; yo puse por nombre á un nuestro caballero castellano don Pedro Melacha, por ser tan descuidado y dulzacho, que más cuidado tenía de hacer perros de caza que de sus hijos, que por haberlos mal criado, todos murieron á mala muerte; y por la gran culpa que tuvo, un dia le aparecieron como á galgos en una caza, y á bocados le mataron diciendo que venian por él para llevarle al infierno, adonde los habia hecho ir. Todas las repúblicas que están perdidas es por ser perdidos sus caballeros, que debrian los padres d’ellos apartarlos de sí en la primera edad para que se hiciesen hombres por casas de reyes y señores; que la propria tierra ni la cara del padre nunca hacen perfecto hombre al hijo; y así, porque no desasosegasen á su tierra ni á los suyos, solian los romanos echar fuera de Roma á los mancebos en la edad desasosegada de quince hasta veinte años, ó en la guerra, ó para saber letras por casas ajenas, porque volviesen más hombres para regir y conservar su tierra. Y si por necesidad algun romano pedia á los senadores que le dejasen su hijo, habia de entrar fianza por las innocencias d’él para pagar cualquier pena que le fuese dada por justicia; y si no tenía posibilidad el padre, á costa del público tesoro criaban á su hijo para que no se perdiese, y así quedaban hombres bien mandados para saber mandar. Hay una costumbre mala, que se nombra gasta criados, y es que los señores no debrian tomar criado ni vasallo de otro, y si esto se usase, ninguno se despidiria si no hallase quien los recogiese, y sería gran bien, pues no habria gasta buenos, sino adoba malos.
D. Nos pot dir per vos aquel cantar que diu: Que no puede ser, señor bachiller, que no puede ser, puix noy falta algun don Pedro Melacha que de fats á molts fan tornar orats, que tot home fa lo galan enfastijan, y la mor es de natura que fa parer be la oradura com he llegit en uns tercetes de don Luis Milá, que en los darrers versos diu: Ved amor en qué nos trae, y haga parescer bien la locura.
Don Luis Milan tomó una vihuela, qu’esta señora le dió para que cantase este diálogo de amores, que es razonamiento de un galan y una dama en los presentes
TERCETOS.
G.
Cuando más miro más estoy mirando,
Si podré ver en vuestros lindos ojos
Lo que de vos, señora, voy buscando.
D.
Tú buscas, amador, muchos enojos,
Que yo no puedo dar sino tristeza;
Quien busca mal, coger quiere abrojos.
G.
No puede ser de vuestra gran belleza
Puedan coger sino gran alegría,
Que no puede mentir naturaleza.
D.
Mentir suelen señales cadal dia,
Que muchas veces corre gran fortuna
Quien de la mar bonanza se confia.
G.
Bien sé que no hallarán firmeza alguna,
Por más que vuestra mar muestre bonanza,
Que no tiene mujer amor ninguna.
No tengo yo, señora, confianza
Que s’ha de ver en puerto mi navío,
Qu’el aire me es contrario de esperanza.
Si veis alguna vez que yo me rio,
Doyme á entender que no soy desdichado,
Pues me tienen por vuestro más que mio.
Con mal me tengo por muy bien pagado,
Yo me pagué de lo que me enamora,
Verme de tal señora enamorado.
Un loco fué d’amor de su señora,
Gracioso, que la amor muda natura,
Que á velle iban muchos de hora en hora.
Por ver y oir locuras de cordura,
Decia, ved amor en qué nos trae,
Que haga parescer bien la locura.
Fin.
Dixo una dama: No he oido mejores tercetos, por decir en poco mucho, y ser tan mesurados, que si tales fuesen los que se desmesuran en festejos, no dixera la señora doña Juana Pallas lo que quiso decir de los que se desigualan en servir donde no debrian. Decidnos, ¿qué mesura se debe usar al que no iguala, que allegue á festejar?
C. Al que se desmesura hacelle poca mesura, y esto se ha de entender por los festejos hormigueros, que son como las hormigas, que yendo por tierra van más seguras, y en hallarse con alas quieren volar para en mal parar.
Dixo el Duque: No creo que mejor se haya tratado de condiciones que agora; pues se trata del adobo que pueden tomar los que se querrán adobar: decíme, ¿qué os parece de la condicion miserable?
Dixo mastre Zapater: Señor, el avaro para la verdadera gloria es mísero, y para la vana es liberal, que no hay mal que no haga quien con el bien no la hace; que cierto está que hará muchos males quien no puede hacer bien con los bienes temporales; pues el cativo del oro es peor que del moro, porque éste trabaja de salir de cativerio, y el otro cuanto más va más lo quiere ser, por lo que dice el poeta: Crescit amor numi quantum ipsa pecunia crescit. Él no tiene el amor que á todos debe: pues no da de lo que Dios dado lo há, para poder remediar aquel mal de la pobreza, que la dió para probar la paciencia, que sana cualquier dolencia causada del pecador; que médico es el Criador, que en la piscina se vió la llaga y medicina.
Dixo el Duque: Lo que se pierde, de mastre Zapater no se cobrará por ningun bachiller, aunque fuese Molina.
Respondió mastre Zapater:
Nunca vi mejor Molina,
Que tan bueno es su salvado,
Que se salva por harina.
Dixo el Bachiller:
Vos y Juvenal
Con el bien decis del mal.
El Duque atajó este satírico palacio, y dixo: Decíme, ¿qué os parece de una condicion perezosa, que se descuida de lo que deberia tener cuidado para no verse juzgado; y decid los dos primero, el Zapater y Molina: pues dará tan buena harina, que el Zapater avisado no la terná por salvado.
Respondió Molina: Dixo Aníbal cuando Quinto Fabio Máximo Romano se honró dél con sus mañas: Et romani suum Anibalem habent. Esto se puede decir por vuestra excelencia d’esta manera: Et Valentini suum Juvenalem habent.
D. Vaja fora lo llatí, que mon marit noy entra aci, qu’es tan verbos que si no parla está rabios, que yol sent ja rosegant lo llatí que estant parlant.
C. Mujer, quid mihi aut tibi? Eso que decis de mí debeis vos hacer aquí, que roeis de rabiosa toda cosa.
D. Señor marit, ¿de cuán enzá parlau llatí? don Anton lous fa parlar, qu’es lo vostre familiar.
Dixo mastre Zapater al Duque: Señor, en la condicion perezosa que vuestra excelencia manda que yo hable, nadi se debe enojar de lo qu’es de aprovechar. En los príncipes hallo yo que la condicion perezosa es muy dañosa, y para bien gobernar á sus pueblos debrian mandar tener siempre en su córte un embajador por parte de su república, y un Juez de residencia contínuo dél en ella, para que del embajador supiese mejor lo que ha menester su tierra si está mal gobernada, y del juez de residencia fuese remediada, informando á su príncipe para que diese la pena condigna á quien la meresce, porque no se la den á él de perezoso en el otro mundo, que Jesucristo nuestro redentor no rehusó cualquier trabajo para redimirnos.
Dixo el Duque: No he oido mejor licion para bien gobernarse los príncipes, que si esto se hiciese como debe, muchos se salvarian que se pierden: decíme, ¿qué os parece de la condicion parlera?
Dixo don Luis Milan: Señor, la condicion parlera se dice ventera, por ser llena de viento, que la verbosidad es enemiga del buen hablar, y para ser uno bien hablado, si á vuestra excelencia le paresce, debe tener estas partes: Estar siempre en su pensamiento para pensar ántes que hable si es bueno ó malo lo que quiere hablar, que despues de mal hablado, si se ha de remediar, se verá ser remendado, y para guardarse de errar, sólo en lo que sabe debe hablar, sopena de ser tenido por nescio ó loco ó atrevido.
Tambien debe considerar cada uno para lo que es bueno en la conversacion, porque hay unos que son buenos sólo para recitar, y quien no fuese para más, recite lo que habrá oido ó visto ó leido, por no ser tenido en ménos si habla más de lo debido. Otros hay que saben inventar razones, y quien tal gracia tuviere no lo deben atajar, pues desobliga á quien lo oyera de hablar. En ningun tiempo ni lugar deben estorbar á la persona que habla si es para dejarle hablar, que es una licencia que descubre muy licenciado á quien se la toma, que la mala crianza es gasta buenos, y la buena adoba malos. Dícese una razon de don Hernando de Abajos, marqués de Pescara, que fué tan excelente cortesano como guerrero, pues tanto venció con avisadas palabras como por armas. Fué tenido por tan sabio y valeroso, que con su fama venció el gran Antonio de Leiva al rey de Francia una jornada que los franceses le tenian banderas dentro Pavía, y valióse con una estafeta que hizo entrar corriendo por Pavía diciendo: Victoria, victoria, que el Marqués de Pescara ha vencido á Lanzon, y viene en vuestro socorro; que puso tanto temor en los enemigos como esfuerzo en los españoles, pues vencieron á los franceses. Solia decir este invencible capitan cortesano que la obligacion de hablar es una pesada carga, y cuando alguno hablando bien desobligaba de hablar, no sólo debrian callar y escucharle, mas hacerle gracias, como hizo un portugués á un castellano competidor suyo, que no le daba lugar que hablase delante la dama que servian, y dixo: Portugués, ¿por qué no hablais? y él le respondió: Castelau, heu vos faço gracias que falais por los dos, e vos agradesceime que amo por mí e por vos.
D. Mejor estoy con el portugués, que el callado amor muy mejor es.
C. Y si algo quieren demandar, ¿han de callar?
D. A quien pide lo qu’es malo, dalle del palo.
C. Y si meresce del pan, ¿qué le darán?
D. Si ha de ser para casar, d’este pan le pueden dar.
C. ¿Y si no es casamentero?
D. Ame, sirva y sospire, que un amor muy verdadero, un no, suele volver sí, que diciéndoles de no, á muchos casados ví que la ventura los casó.
C. Señora, nombrarse debria doña Esperanza, pues que la da.
D. Y vos don desesperado, de mal hablado.
C. ¿De no dar nada estais enojada?
D. Jugador de pasa pasa debeis ser.
C. Eso mismo soy, señora, pues me decis pasa pasa en mal hora.
D. A Dalmau me semejais, que figura por punto mostrais.
C. Mas ántes he mostrado el punto, pues en tal punto he venido, que la tengo retratada en mi posada.
D. ¿Quién os ha dado licencia de retratarme?
C. El que á vos os dió poder para matarme, qu’es vuestra gran hermosura, que en vella vi su pintura en mí pintada por idea aposentada.
D. Hablad alto, que n’os oigo lo que hablais.
C. Alto hablo, pues no es bajo sino lo que me abajais.
D. Altibajo debeis ser, y no brocado, pues andais desvariado.
C. Alto es todo el amador cuando no es bajo su amor.
D. Callad un poco, que dirán si hablar os oyen que sois loco, que por no dar á entender que os atreveis, disimulo lo que haceis, que un buen disimular vale más que mal hablar.
Dixo el Duque: Mal estoy con la parlería inconsiderada, que bestia es desenfrenada. Nasce desta mala madre una peor hija nombrada Verbosidad, y los que la tienen para no ser enojosos de verbosos debrian tener en su memoria una recámara de muchas diversidades de razones, tomadas de lo mejor que leen y oyen y ven, que sin leer, oir ni ver no se puede bien saber; y haciéndose avisados desta manera la lengua verbosa se convertiria ensabrosa, y será muy bien oida hablando como sabida; pues sea la conclusion, que la parlería inconsiderada no debe ser creida ni escuchada si con arte no se hiciere avisada, que tanto cansa un verboso alocado como descansa un hablador avisado.
D. Mala estoy de unos requiebros largos, que ribetes viejos son.
C. Serán de mi competidor, que viejo muestra ser su amor.
D. Guardad que no sean vuestros, que á ropavejeros han apodado vuestros amores, que de viejos amadores tomais cuentos, pues de largos paran siempre en descontentos.
Dixo el bachiller Molina: Señor Duque, á jaraves apodo á los malos amores, que mueven malos humores, si se dicen fuera tiempo y lugar que á veces suelen matar de frialdad, purgallos luégo es sanidad, y la purga debria ser despedilles con este cantar:
No me sirvais, caballeros,
Ios con Dios,
Que purgada estoy por vos.
C. Señor Bachiller, á vos habemos menester; sarnoso sois en amores, que rascando sacais sangre con humores. Mejor sería que preicásedes las leyes que se han hecho en la Salacorte para que no se pierda el amor, que no haceros purgador con tales purgas y jaraves, que sea despedido el amador de su amada. Guardaos de aquel refran que dice: El que hace cudolete le meresce en su posada.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, ¿en qué punto teneis el Cortesano que las damas os mandaron hacer?
C. Señor, ya está hecho y heme visto en una gran batalla por defendelle de quien vuestra excelencia oirá: La noche pasada, ántes del dia, salí al campo para ver en el curso de las estrellas si ternía contrarios mi libro, y buscando mi estrella, que es el planeta Març, vi que muchos cometas estaban encarados contra él con unas colas de fuego, y él echaba tan gran resplandor que en un cuarto de hora desaparecieron sus contrarios por tener dominio sobre las batallas. Este curso señalaba que los cometas eran invidiosos, que siempre señalan mal, y si no se ha de seguir en la persona que ha nascido debaxo el planeta Març, él se oposa delante d’ellos y queda vencedor. Este planeta, por ser mi estrella, señaló ser mi libro, que será vencedor de sus envidiosos, pues señala el cielo quien bien ó mal terná en el suelo. Y trasportado todo en este curso, vine á parar en unos campos solitarios al pié de un monte tan alto que parescia que llegaba al cielo, arbolado de maravillosos y odoríferos árboles, donde vi una hermosa ninfa extrañamente vestida, con una ropa de color de cielo, y por guarnicion al entorno traia el arco Iri con unas letras de oro por toda ella que decian: El arco Iri y la verdad salen por seguridad. Admirado de ver tan extraña belleza, la saludé y dixe: Señora, pues fuí venturoso para veros, séalo para conoceros, que ya lo querria, pues asegurais de tristura, como hace el arco Iri, que asegura. Respondióme: Yo soy hija de la Razon, la ninfa de la verdad, y somos del alto Dios, á quien servimos las dos; sígueme, que para tu bien he venido. Tomóme de la mano y subimos á lo más alto de este monte, donde vi una muy hermosa plaza con una cerca torreada de extraña y muy fuerte fina piedra, grabadas unas letras por ella, que decian: In ratione fortitudo, in fortitudine ratio.
En medio d’esta plaza estaba una casa-fuerza real, toda labrada de la misma piedra de la cerca. Las cubiertas eran de oro de martillo, y los suelos de plata, labrado todo de maravillosos esmaltes y figuras de notables varones que en este mundo tuvieron gran verdad y fe. Tenian debaxo sus piés muchos envidiosos en figura de perros, que son los animales que más envidia tienen. El nombre d’esta maravillosa casa estaba en la puerta del entrada intitulado con este letrero: Domus rationis, ubi residentiadatur.
La ninfa de la verdad me entró en una sala donde la Razon estaba sobre un trono real, que por estar donde reinaba, tenía debajo sus piés á la Voluntad, su enemiga, en figura de una cortesana mundanal, vestida de tornasol, con este letrero en sus manos, que decia: Sine ratione voluntas sub pedibus ejus.
En vella me arrodillé á sus piés y pedíle la mano para que me la diese de correction, si mi Cortesano la merescia en la residencia que tomar me queria, que la Ninfa me dixo haberlo procurado contra envidia y su pasion, porque en mí no se perdiese, si la tengo, la razon. Y esta Reina que la representaba me dixo estas palabras: Yo te hice venir para tomarte la residencia que te conviene dar, porque no te la tome quien no la puede tomar, que de razon sólo juzga la Razon. Mucho holgaré que me digas la intincion y obra de tu Cortesano, pues sé la de los que te van á la mano, que son el Invidioso y el Ignorante y el Loco, que ya entran á contradecirte, que es el oficio d’ellos; ten paciencia y reposo, que mejor es envidiado que envidioso. El primero que entró fué el Invidioso en figura de un viejo muy arrugado, de color de alacran, mirando de cola de ojo como á traidor, con una ropa toda de lenguas de fuego, y unas letras al entorno por guarnicion, que decian: Ponam solium meum super astra cœli, et similis ero altissimo.
Luégo despues entró el Ignorante en figura de un sordo que no gusta de lo que no siente, con una ropa de muy grosero paño, y un mote en un sombrero, que decia: Nescio vos.
El postrero que entró fué el Loco en figura de un hombre desnudo desvergonzado, con un letrero en sus manos, diciendo: Quod habeo vobis do.
Mandóme la Razon que yo hablase primero, y dixe: Envidioso, dime, ¿qué ha de tener un libro para ser cual debe? Respondióme: Ser bueno. Yo le dixe: Más pensé que ser malo; tanto se dixeran el Nescio y el Loco, tus hermanos. Respondieron: ¿De qué te maravillas? ¿de haberte dicho la verdad nuestro hermano? y levantaron una gran risa, que bien parescia de quién era; y díxeles: Y’os respondo con lo que dixo un filósofo á un amigo suyo, que le decia que entrasen en una casa; respondióle el filósofo: Yo no entro en casa que se sienten las risas del cabo de la calle. Y volviendo á tí las razones, Envidioso, sabrás que para bien juzgar ha de saber el que juzga las partes que debe tener lo juzgado para ser bueno, y si tú las supieras, respondieras á mi pregunta, que cuatro cosas habia menester un libro para ser bueno. La primera que ha de tener, ser útil, porque todo lo que hay en el libro pueda aprovechar para lo que es hecho, como hallarán en este tu envidiado, que tiene muchas sentencias de filosofía y muchas jocosidades y cuentos para aprobacion de razones; tiene estilos para saber hablar y escribir á modo de córte, á quien yo he querido tanto imitar, que por la brevedad de palabras y la verbosidad que no tiene, será menester leerle á espacio y con atencion para mejor gustar lo que no se gusta sin pensar.
La segunda que debe tener, ser delectable, prosiguiendo de bien en mejor todo lo que tratáre, porque no enfade y ponga gana de leerle muchas veces, para que mejor quede lo bueno d’él en la memoria del lector; y por esto he tratado con diversos lenguajes que á tí, Envidioso, te han hecho deslenguado, no mirando que muchos autores extranjeros lo han hecho, que no dices mal sino por decille de tu natural.
La tercera que ha de tener, ser inventivo, para que no sea aborrescido por ladron si le hallan con el hurto en las manos, porque las tuyas no le azoten como á verdugo, que por el mal uso no tiene piedad, y ésta es gran desvergüenza del que hace con obras ajenas libro suyo; que por huir de tus envidiosos azotes me guardé de ser ladron de la primera hasta la postrera letra d’este libro, qu’está libre, si no de tu envidia, que no le hallará la razon ni la verdad, fuera de la historia, que no es hurto, para que tú le puedas ahorcar.
La cuarta que ha de tener es arte, servando las partes de la retórica: tratar cada cosa en su lugar, principio, medio y fin, con sus preparaciones y colores retóricos para autorizar lo que propone y acaba, poniendo gran fuerza en las palabras atractivas para traer los ánimos á lo que el autor quiere. Esto es lo que ha de tener un buen libro y un buen orador en el hablar y escribir, que si tú la tuvieses, no ternias de qué tener envidia, que el envidioso muéstrase defectuoso, y á su envidiado hace más aventajado.
La intincion mia en este Cortesano ha sido representar todo lo que en córtes de príncipes se trata: diversidad de lenguas, por las diversas naciones que suele tener; uso de todos los estilos, usando del altiloco en las cosas altas, que son consejos y pareceres para gobernar nuestra vida y estados; sirviéndome del mediocre para las conversaciones jocosas de graves cortesanos, exercitando el ínfimo para las pláticas risueñas de donosos y truhanes, que por secretos y públicos lugares de señores, alivian de las pesadumbres de los negocios y gravedades. Yo pido de merced á quien leyere este libro, que mire la intincion de cada cosa para lo que fué hecha, que no hay bajedad mal dicha si está como debe, ó para alegrar y divertir d’aquello que turando mucho enfada, ó para hacer preparaciones, que de las burlas se saquen provechosas véras; y si no saben juzgar, pidan lo que ignoran á quien lo entiende, porque les pueda aprovechar para no dexar de leer y más saber.
Mandó la Razon al Envidioso que hablase, y él queria y no sabía, que contra razon no podia ni acertaba, que era señal que hablaba contra verdad; quia fortior est veritas. Y visto la Razon el efecto que hace la Verdad, que turba los sentidos á sus contrarios delante d’ella, hizo parte por sí misma para que la Razon juzgase quién la tenía, que tratando della, la Verdad está agraviada si van contra la Razon, que madre y hija entrambas son. Y el juicio que la Razon hizo, fué avisar á todos que aprovechasen con estos presentes versos:
CARMINA CONSONANTIA DUODECIM SYLLABARUM,
IN OCTAVA RIMA.
Si de longe vides et profundus eris,
Respice per librum eius horizontem
Utilem suavem, gustabis hunc fontem
Si liber in libro, teipsum videris;
Synon si non eris, agam tibi gratias,
Ulysses ne fias, in forma fallace;
Crede mihi, lector, audi, vide et tace;
Quod tibi non velis alteri non facias.
Fué impresa la presente obra en la insigne
ciudad de Valencia, en casa de Joan
de Arcos, corregida á voluntad
y contentamiento del autor.
Año MDLXI.
Vt. Blasius Navarro.