VI

El tabaco ha sido desde la antigüedad, planta muy apreciada por los brujos. Usaban sus hojas en inhalaciones y zahumerios, aspirando el humo por las fosas nasales y la boca y cuando caían en un estado de éxtasis y arrobamiento, hacían sus predicciones o se adormecían, y después de volver en sí, contaban cuanto suponían haber visto en ese estado.

Al presente, usan los laykas, al principio de sus operaciones, y los thaliris, para simular su estado cataléptico.

El tabaco convertido en cigarro se emplea, con objeto de preparar al cliente, o como amuleto, fumando los viernes y martes en la noche. El humo del cigarro en tales noches, destruye o enerva los efectos de cualquier brujerío.

Al supaya conceptúan los laykas gran vicioso a la coca y al cigarro, por cuyo motivo, en sus operaciones piden siempre esas dos cosas al que va a consultarles, para ofrecer a aquél.

El cigarro que se apaga en medio uso, lo tienen de mal agüero y repiten la siguiente estrofa:

Cigarro que se apagó,

no lo vuelvas a encender.

Mujer que te olvidó,

No la vuelvas a querer.

La insistencia en estos casos, creen que trae más males que bienes. «Insistir en el vicio, cuando el destino se opone», dicen, «es buscar su ruina».


Capítulo IV
En las faenas agrícolas y otros actos

I.—Lo que se hace en los barbechos.—Días aciagos, fases de la luna y estaciones.—II.—Ceremonias para sembrar. Prácticas para evitar las heladas y sequías.—Los eclipses y presagios malos.—III.—Formalidades para recoger las cosechas.—La cosecha y desgrane del maíz.—IV.—Ceremonias en la delimitación y toma de posesión de los terrenos.—V.—La cchalla.—VI.—Efectos del cambio de traje en el indio.