LOS CAMPOS DE MI PATRIA.
Ya en el oriente la argentada lista
Al mundo anuncia el reluciente coche
Del poderoso rey, á cuya vista
Recoge el manto la callada noche.
De ópalo y grana, y oro y amatista,
Se van las pardas nubes decorando:
Murmura el manso río,
Y en las húmedas hojas resbalando
Las gotas de rocío,
En mil cristales diminutos saltan,
Que el valle alegre en su extensión esmaltan.
Del monte oscuro en la poblada cumbre
Destácanse mil árboles gigantes,
En cuyas copas la apolínea lumbre
Finge colores vívidos, brillantes.
Los crujientes bambús y los helechos
En sus dormidas aguas silenciosas
El lago azul retrata,
Y en recamados lechos
Las fuentes bulliciosas
Quiebran sus hilos de bruñida plata.
Ya en el risueño prado
Saltan los corderillos revoltosos,
Sale el buey del cercado;
El campesino la cabaña deja,
Y estirando los miembros perezosos,
La desgastada reja
Apresta sin tardanza,
Y removiendo fértil el terreno,
Deposita en su seno
Con la rica semilla, su esperanza.
Y mientras de su frente
Abundante sudor la tierra baña,
Óyense en la cabaña,
De su fiel compañera
Los sencillos cantares
Que entona, preparando los manjares,
Con los que ufana á su amador espera.
¡Oh, quién habrá que ciego
Á los encantos viva de Natura!
Al contemplar el plácido sosiego,
La majestad sublime y la hermosura
De los alegres campos, donde ostenta
El Hacedor su inmenso poderío!
Venid, los que en la orilla
Del Támesis sombrio,
El canto no escucháis del avecilla
Que con presteza suma
Los espacios cruzando diligente,
En el cristal de solitaria fuente
Viene á empapar la matizada pluma.
Venid, los que del Sena
En la poblada margen bulliciosa,
Sólo miráis esplendidos placios
Y cúpulas soberbias, que parecen
Escalar de las nubes los espacios:
Y los que en leños débiles se mecen
Al compás de las aguas turbulentas
Del histórico Rhin, en cuya orilla,
Salvando de los tiempos el abismo,
Las ya negruzcas torres nos recuerdan
El pasado esplendor del feudalismo.
Venid todos, venid: en esta Antilla
Breve porción del mundo americano,
Donde Natura desplegó sus galas
En cielo, y mar, y cúspides y llano;
El ruiseñor, la alondra y el jilguero;
Donde crece el banano
Y el rico limonero,
De la ciudad ornato y de la granja;
Donde brota el hicaco diminuto,
Al oro imita la sin par naranja,
Y el alto cocotero
Mece en los aires su sabroso fruto;
Aquí al rayo de lumbre matutina
Que ofrece por doquier bellos celajes,
Naturaleza ostenta mil paisajes
Que envidia dan á la región alpina,
Y á los fecundos valles
Que el Ararat altísimo domina.
¡Oh, si á las obras de natura sabia
También viese yo unidas
Aquellas que pregonan
La inteligencia y el esfuerzo humano!
¡Si desde las alturas que coronan
Las lomas florecidas
Y los extensos llanos
Donde crecen la caña cimbradora,
La palmera, y el mango, y el yagrumo,
Viese cruzar con rapidez que impone,
Entre penachos de humo,
¡Si en los bosques espesos
Que forman los cocales,
Viese pasar la barca silenciosa
Por los anchos canales
Trazados por la ciencia, que orgullosa,
Parte de su caudal quitando al río,
En múltiples variadas direcciones
Va llevando riqueza y poderío
Á lejanas é incógnitas regiones....
Entonces yo diría
Lleno de orgullo y de emoción sincera,
Que tú eras, patria mía,
Entre todas las otras, la primera!