XIII.
—¡Quién se opondrá ahora á nuestro amor! dijo Betsabé ocultando el pomo en su seno y rodeando sus brazos al cuello de Juzef; ven, amado mio, esposo mio. Te llevaré á mi alcázar, y te daré un arnés duro como el diamante y un caballo hijo del aire. Tú serás hoy el mejor caballero de Granada; los más fuertes caerán en el polvo al tocarlos tú, y las más hermosas quedarán cautivas en tu amor, que yo sola gozaré. ¡Qué hermoso dia va á ser este que ya alumbra el alba, y qué resplandeciente el sol que la sigue! Tú serás el rey entre ellos; yo la sultana entre ellas.
Y extasiada, delirante, abarcaba entre sus manos la cabeza de Juzef, y le bañaba en una mirada saturada de amor.
De repente la sangre subió á sus mejillas, apartóse bruscamente del príncipe, y envolviéndose en su velo, exclamó:
—¡No estamos solos!