GRANT

El presidente Grant nació en el Ohio por el mes de abril de 1822, Á la edad de 17 años entró en la Academia de West-Point, la famosa escuela militar que ha dado siempre tan buenos oficiales al ejército de los Estados Unidos. En la escuela no se distinguió por sus talentos, pero sí mostró su inmensa perseverancia. Estudiaba con aplicación, y cuando tropezaba con un problema difícil, no dejaba el libro ni la pluma hasta encontrar la solución del problema. Exactamente como hacía más tarde al asediar una plaza ó posición enemiga: no levantaba el asedio, no retrocedía, hasta hacerse dueño de la posición. Sitiaba una vez una plaza defendida por los confederados; éstos le hicieron saber que tenían municiones, víveres, toda clase de recursos para quince meses, y él contestó que tendría paciencia para esperar treinta años. Era un hombre tenaz, seguro de sí mismo y dotado de una gran firmeza.

En 1844 salió de la Academia, siendo destinado como teniente segundo al 4.º regimiento de infantería. Tomó parte en la campaña de Méjico (1846), donde obtuvo el empleo de capitán sobre el campo de batalla.

Terminada aquella guerra fué destinado con su compañía á un destacamento situado por el gobierno en las soledades del Oregón; allí se cansó de la vida militar, pidiendo su retiro en 1854.

Dedicado completamente á la vida civil, desempeñó destinos particulares y modestísimos empleos en diferentes Estados de la Unión.

Pero llegó la hora aciaga de la guerra civil; entonces Grant se acordó de sus conocimientos militares, abandonó su empleo y se aprestó á defender la causa de la Ley, de la Patria y de la Humanidad. Elegido coronel de un regimiento de voluntarios, salió con él á campaña y sostuvo con el enemigo muchos encuentros victoriosos. Empezó por foguear su gente en escaramuzas insignificantes, haciendo conocer á los oficiales inferiores las ventajas que proporciona el conocimiento del terreno y el medio de estudiarlo. Muchos de sus subalternos llegaron á distinguirse y obtuvieron mandos importantes cuando la guerra se formalizó.

Entre tanto el ejército federal era batido repetidas veces por los confederados. Éstos defendían dos malas causas: la del separatismo y la de la esclavitud. Pero tenían soldados entusiastas y mejores oficiales. Casi todos los precedentes de West-Point eran hijos de los Estados del Sur (pues en los del Norte hay menos afición á la carrera de las armas), y se unieron á sus compatriotas organizando magníficos ejércitos.

La situación era grave, crítica, poco menos que desesperada cuando el gobierno se fijó en las condiciones que poseía el bravo coronel Ulises Grant, no sólo por sus méritos profesionales sino por el ascendiente y la popularidad que había adquirido. Entonces le nombró general en jefe del ejército, y él llevó á cabo la pacificación con lentitud, pero sin retrocesos, con una calma olímpica, pero sin vacilaciones. Lejos de ser un genio militar, fué sólo un militar de buen sentido; nada de concepciones atrevidas ni de empresas temerarias, pero sí mucho cálculo, mucha perseverancia y un valor á toda prueba.

Sus hechos militares son tan numerosos que no caben en este breve apunte; de victoria en victoria llegó á la capitulación del inteligente Lee en Appomatox, á la rendición de Richmond y á la paz.

La primera elección presidencial designó á Grant para la presidencia. Más tarde fué reelegido. En el doble período de su mando se redujo en muchísimos millones la enorme deuda de los Estados Unidos, deuda contraída para los inmensos gastos de la guerra.

Terminada su misión hizo un viaje de recreo alrededor del mundo, recibiendo muchas demostraciones de admiración y simpatía en los países que visitó, especialmente en Europa y en Australia.

Á su vuelta á los Estados Unidos fué víctima de un desastre financiero que le dejó arruinado. Pero pobre y enfermo supo crear una fortuna para su esposa y sus hijos, escribiendo sus Memorias. Las Memorias del general Grant, publicadas al otro día de su muerte, se han vendido en América y en Inglaterra en cantidad suficiente para hacer la fortuna de los herederos después de haber hecho la del editor.

Ulises Grant murió de un cáncer en 1883.

Sus funerales han sido los más suntuosos de que hay memoria en los Estados Unidos. La nación entera se ha asociado al duelo de la familia y á las manifestaciones oficiales. Sus antiguos adversarios le dedicaron coronas, como los combatientes de su mismo bando. La raza de color estuvo representada en el entierro, dando testimonio de su gratitud al que rompió con su vencedora espada las cadenas de la esclavitud.

Ulises Grant es algo más que una gloria americana: es una gloria universal. Su nombre unido al de Lincoln sobrevivirá á los tiempos, y á través de mil generaciones llegará á las remotas edades.

Sirva su nombre de ejemplo, así á los militares como á los paisanos. Grant fué soldado leal, servidor fiel de la Democracia y de la Constitución, prefiriendo el título de ciudadano al de dictador ó protector ó rey. Cuando el presidente Lincoln fué villanamente asesinado y estaba perturbada la República, Grant disponía de un formidable ejército, de un prestigio sin igual, de una ocasión propicia para satisfacer sus ambiciones si las hubiera tenido. No tuvo más que la ambición legítima y honrada de entregar su espada vencedora á la nación de quien la había recibido, la de disolver su ejército reduciéndolo á sus proporciones de épocas normales y la de confundirse como todos sus soldados en el seno de la Democracia consagrada á las fecundas labores de la paz, de la libertad y del progreso. Desempeñó las primeras funciones de Estado, en obediencia á la voluntad del Pueblo y en cumplimiento de la Constitución; pero no soñó siquiera en imponerse á la voluntad de la Nación, como lo hubiera hecho cualquier caudillo vulgar.

El invicto Grant es el más perfecto tipo del soldado de la Democracia. Es el soldado pacificador.