ITURBIDE
En 1783 nació en Valladolid, hoy Morelia, un niño que fué bautizado con el nombre de Agustín. Los padres de la tierna criatura se hubieran horrorizado si hubiesen leído su horóscopo. Nació con mala estrella; presidió su destino la negra fatalidad. El que pudo ser libertador de un pueblo, fundador de una República, hijo predilecto de su patria, sólo tiene en la historia dos páginas tristes y apenas vive en la memoria del pueblo. Sus actos más notorios, los hechos culminantes de su vida, no responden en manera alguna á la conciencia nacional, no se ajustan al noble ideal americano, están fuera de la realidad histórica de Méjico.
Agustín Iturbide nació predestinado á las dos más afrentosas desdichas: á ser emperador y á morir á manos de los suyos; á convertirse en tirano de sus compatriotas y á que éstos le arrancaran violentamente la vida. Cuando él se decidió, demasiado tarde para su prestigio, por la causa de la Independencia, ésta se convirtió rápidamente en hecho consumado. Su concurso no pudo ser más eficaz y sus partidarios le llamaron «el Libertador». Pero el pueblo, que penetra con sagaz instinto en las intenciones de los hombres públicos, descifró el pensamiento de Iturbide y no creyó nunca en su sinceridad.
Las desconfianzas del pueblo se vieron confirmadas. Iturbide se movía por impulsos de interés, no por móviles patrióticos ni liberales.
Haremos, sin embargo, una breve reseña de su vida y un conciso relato de su muerte, para que sirvan de enseñanza al mundo y de escarmiento á caudillos ambiciosos.
Ingresó Iturbide en el ejército de la colonia ó del virreinato mejicano, como subteniente, cuando sólo contaba quince años. Fué favorecido en su carrera por la protección de sus deudos y de sus amigos, y ya era teniente del ejército español cuando el cura Hidalgo dió el grito de Independencia.
En la acción de las Cruces recibió el bautismo militar, el bautismo de sangre, pues allí se batió por la primera vez entrando en fuego con las tropas de Trujillo. Se portó bizarramente, mereciendo plácemes de sus compañeros los jefes y oficiales españoles. Su comportamiento le valió el ascenso á capitán.
Desde entonces no cesó de batirse por el rey, obteniendo grados y condecoraciones en los campos de batalla. Al poco tiempo fué nombrado coronel, pasando previamente por todos los grados inferiores. Sus mismos compañeros aplaudían los ascensos que se le otorgaban, reconociendo que los merecía por su serenidad en los combates y por la tenacidad con que perseguía á sus compatriotas insurgentes. Solamente el obispo Abad y Queipo censuraba los ascensos y los elogios que se prodigaban á Iturbide, anunciando que sería traidor.
Las ejecuciones sucesivas de Hidalgo, Morelos, Matamoros, Mina y otros muchos, no consiguieron domar la insurrección. Por todas partes brotaban guerrilleros, y la lucha continuaba entre mejicanos y españoles sin que le pusieran término los fusilamientos, los cadalsos, las victorias de Calleja ni las de Iturbide. Éste fué quien capturó al indómito republicano Albino García, que no le daba tratamiento ni al mismo Hidalgo, porque él «no reconocía más alteza que la de los cerros».
Así llegó el año de 1820. Se supo en Méjico la revolución de España contra el malvado, pérfido, ingrato Fernando VII, ese monstruo de tiranía, de corrupción y de perversidad. Riego, al frente de sus tropas (que debían embarcarse para América) dió el grito de libertad y acabó por el momento con el absolutismo. Ciertos mejicanos, sometidos hasta entonces al poder absoluto de los reyes, empezaron á considerar que el triunfo de Riego y de la libertad en la Península era una amenaza para sus títulos, propiedades, fueros, pragmáticas y preeminencias. Temían que los gobiernos liberales, entrando por la vía de las reformas, acabaran con sus privilegios y con otras injusticias. «Para conservar, decían, los derechos de la religión, de la aristocracia y de las leyes, es necesario romper con el liberalismo.»
Y en efecto, conspiraron por la Independencia los mismos que habían aplaudido las ejecuciones y persecuciones contra los independientes. Sedujeron á Iturbide haciéndole entrever una corona. Acordaron separarse de la metrópoli, constituyendo aparte una monarquía absoluta, católica y militar. En lo que no se hallaban todos de acuerdo era en la persona del monarca, pues unos pensaban seriamente en Iturbide y otros querían que fuese un príncipe de sangre real. Pensaron algunos hasta en Fernando VII para hacerlo emperador.
Iturbide no dudó; sus ideas realistas y su ambición personal le inclinaron á ceder á las sugestiones de sus deudos y de sus amigos, ofreciendo hacer él mismo la revolución. Pero antes consideraba preciso acabar con los republicanos, con los insurgentes, como él los llamaba todavía.
El caudillo más importante que continuaba en pie sosteniendo en el sur la bandera de la revolución, era sin duda Guerrero. Iturbide consiguió que el virrey le confiara las fuerzas necesarias para combatirlo, prometiéndose acabar con él y sublevarse á su vez en ocasión oportuna. Sus bastardas miras no pudieron realizarse enteramente á su gusto, pues Guerrero no se dejó batir con tanta facilidad.
Entonces Iturbide prefirió entenderse con el caudillo revolucionario, proponiéndole tres bases para un acuerdo: unión, religión, independencia.
Guerrero aceptó las bases, y con gran desprendimiento se puso á las órdenes de Iturbide. Éste proclamó públicamente el famoso plan de Iguala ó de las tres garantías, que era el programa de los conservadores.
El 24 de febrero de 1821 comunicó Iturbide desde Iguala su famoso plan, no solamente á sus amigos, sino á todos los jefes militares y al virrey. Contaba Iturbide con unos 6,000 soldados y se le agregaron otros muchos. No pocos de sus compañeros de armas secundaron el pronunciamiento. La campaña de Iturbide no fué otra cosa que un paseo militar: guarniciones enteras se rendían sin un mal simulacro de defensa y apenas si se batió con denuedo algún destacamento poco numeroso.
Al frente de 16,000 hombres hizo Iturbide su entrada en la capital de Méjico el 27 de septiembre de 1821.
Los españoles no conservaban más que el castillo de San Juan de Ulúa, situado en un islote del puerto de Veracruz, donde se resistieron con tenacidad. ¡Era el último baluarte de su dominación!
Iturbide permitió que un motín militar le hiciera emperador; el sargento Pío Marcha le puso una corona, que debió causarle una impresión penosa como el frío de la muerte. Aceptó el manto imperial, que había de ser su mortaja, y celebró con salvas su propia coronación. Todo esto pasaba en la fatídica fecha del 18 de mayo de 1822.
El emperador incorporó la República de Guatemala á su imperio no reconocido, enviando allí un ejército mandado por Filisola. Creó cuatro capitanías generales, fundó la orden de Guadalupe y repartió condecoraciones militares y civiles á los individuos de uno y otro sexo de su Corte imperial.
En desacuerdo bien pronto con el Congreso nacional, lo disolvió. El usurpador de la soberanía marchaba directamente al absolutismo degradante. Pero el 8.º regimiento de infantería de línea que tenía por coronel á Santa Ana (el mismo que fué más tarde, presidente de la República), se sublevó contra el imperio, que no pasaba de ser una mascarada, una caricatura de las ridículas cortes asiáticas y europeas. Guerrero también se sublevó en el sur en compañía de Bravo. La insurrección se propagó por todos los ámbitos de Méjico; Iturbide se vió obligado á renunciar la corona; el Congreso declaró que tal renuncia no era necesaria, pues su elección era nula. En efecto, el mal aconsejado Iturbide no había sido más que emperador de hecho, vulgar usurpador.
Fué desterrado Iturbide, señalándosele un sueldo anual de 25,000 pesos con la expresa condición de residir en Italia.
Pero después de una corta permanencia regresó de Europa, desembarcando en Soto la Marina con algunos compañeros. Un sargento mejicano le reconoció; fué preso inmediatamente, juzgado por el Congreso constituído en tribunal y fusilado en Padilla á fines del mes de julio de 1824.
Murió con tranquilidad, después de arengar á los soldados que habían de hacerle fuego y de repartirles algunas onzas de oro.