FÁBULA IX.

LAS FIESTAS DE BACO.

La noticia de este suceso hizo memorable á Tiresias en toda la Acaya, y fué causa de que cobrase mucha fama. Á pesar de esto le despreció Pentéo, hijo de Equion, el mayor despreciador de los Dioses, riyéndose de los pronósticos del viejo, y echándole en cara las tinieblas y su ceguedad: mas Tiresias, moviendo su cabeza ya llena de canas: „qué feliz fueras, le dice, si tú tambien te vieses privado de la vista, y no pudieses ver las fiestas de Baco. Llegará, pues, el dia (y sé que no está muy léjos) que anuncio, y en que un nuevo Baco,[202] hijo de Semele, se presentará aquí; y si no le honrares en los templos, te verás destrozado en mil parages, y contaminarás con tu sangre á las selvas, á tu madre y sus hermanas.[203] Vendrá; no le honrarás, y sentirás que haya yo visto tanto, sin embargo de estar cercado de tinieblas.” El hijo de Equion impide al buen viejo proseguir su discurso. Él corresponde á sus palabras, y tienen efecto los pronósticos del agorero. Preséntase Baco, y los campos resuenan con los alegres aullidos.[204] Corre la turba, y las madres y nueras mezcladas entre los varones, corren á unas fiestas desacostumbradas. „¿Qué furor, hijos de serpiente, descendientes de Marte, qué furor, dixo Pentéo, os hace dar en tantas locuras? ¿Qué? ¿tanto poder tienen los metales tocados con el metal? ¿Tanto la trompeta de cuerno corvo? ¿Tanto las artes mágicas? ¿Qué? ¿á quienes no ha intimidado la belígera espada, ni la trompeta, ni los esquadrones con relumbrantes armas puedan conmover unas voces afeminadas, el furor causado por el vino, una tropa de hombres llenos de torpeza, y unos inútiles tambores? Me admiraré de vosotros, ancianos, que venidos por largos mares desde Tiro fundasteis aquí vuestra ciudad, y colocasteis vuestros prófugos Dioses en esta tierra, al veros ahora dexaros sorprehender sin entrar en batalla.[205] ¡Ó de vosotros, jóvenes, á cuya edad mas robusta y próxîma á la mia convenia mas tomar las armas que los Tirsos,[206] cubrirse del morrion, y no de hojas! Recordad, por vida vuestra, qual es vuestra prosapia. Revestíos del aliento de aquella serpiente, que sola quitó á tantos hombres la vida.[207] Ella murió defendiendo su fuente y lago. Triunfad vosotros por vuestra fama: ella quitó la vida á unos hombres esforzados: venced vosotros á unos hombres entregados á la molicie. Conservad el honor que habeis adquirido de vuestros padres; y si los hados decretan el exterminio de Tebas, ¡no os tuviera mas cuenta que arruinasen nuestras murallas las militares máquinas y hombres aguerridos, y resonase el fuego y hierro por todas partes! pereceríamos infelices sin delito, y nuestra suerte seria digna de lástima, pero no de ocultarse: y podrian correr en tal caso nuestras lágrimas sin vergüenza. ¡Y que ahora se apodere de Tebas un jóven sin armas, que no se precia de guerras, ni de dardos, ni del manejo de caballos, sin otras insignias que el pelo rociado de mirra, coronas afeminadas, la púrpura y el oro entretexido en sus vestidos de varios colores! Pero yo le obligaré al instante, con tal que vosotros no estorbeis mis designios, á confesar qual es su verdadero padre, y por que ha instituido estas fiestas. ¿No tuvo bastante ánimo Acrisio para despreciar á una Deidad vana, y cerrarle la entrada en Argos? ¿y podrá aterrar un extrangero á Pentéo y á todos los Tebanos? Id próntos, dice á sus criados, id y traed atado á este Capitan; no os detengais.” Reprehéndenle su abuelo Cadmo, Atamante, y la demas multitud de los suyos; y en vano trabajan por detenerle. Se endurece mas con los consejos; se irrita y crece su rabia represada, y los esfuerzos de los ancianos eran mas perjudiciales: así como corre con mas suavidad y moderado estrépito un rio que no encuentra impedimento; pero si le sirven de embarazo en algun sitio las maderas ó las piedras amontonadas le irrita y ensoberbece mas este obstáculo, llenándole de espuma y ardor. Vuelven descalabrados sus criados; y preguntándoles si habian visto á Baco: no le hemos visto, dixéron; pero hemos preso á un Tirreno, que es su compañero y fámulo, y ha celebrado en otro tiempo los sacrificios de este Dios, presentándosele maniatado; y luego que le miró Pentéo con aquellos ojos iracundos, aunque difiere con repugnancia el tiempo del castigo: „Tú que has de morir pronto, le dice, y servir á otros de escarmiento con tu muerte, dime tu nombre, el de tus padres y tu patria, y la causa por qué freqüentas estos nuevos sacrificios.” Él, sin temor alguno, „mi nombre es Acetes, le responde, Meonia mi patria, y mis padres de humilde descendencia. No me dexó mi padre campos que cultivasen los robustos bueyes, ni ganado mayor ni menor. Fué tambien pobre, y pasó su vida pescando: esta era la industria que le mantenia; y enseñándome este oficio, recibe, me dixo, las riquezas que tengo, mi sucesor y heredero; y no me dexó al morir mas patrimonio que las aguas: esto solo puedo llamar herencia de mi padre. Yo luego, no contentándome con ser pescador entre peñascos, aprendí á gobernar la nave con mi diestra, y observé con mis ojos la lluviosa estrella de la Cabra Olenia,[208] á Taigete,[209] las Hiadas,[210] y Arctos,[211] las moradas[212] de los vientos, y los puertos acomodados para las naves. Caminando á Delos, fui llevado por casualidad á las costas de la isla de Naxos; y tendiendo los remos me acerqué á la playa, y con toda felicidad salté en tierra. Pasada ya la noche, empezó á rayar la aurora; me levanto, y exhorto á mis compañeros á que vayan á buscar agua dulce, enseñándoles el camino que guia á las fuentes: yo mismo exâmino desde una altura los vientos que soplaban: llamo á mis compañeros, y me vuelvo á la nave. Aquí estamos, dice Ofeltes, el primero de ellos: y como si hubiera conseguido una presa en aquel despoblado, trae un jóven tan hermoso como una doncella. Parecia que él titubeaba, como quien está poseido del vino y del sueño, y que con dificultad podia seguirlos. Observo su compostura, semblante y pasos, y no veia cosa que pudiese considerarse mortal: lo conocí, y dixe á mis compañeros: No sé qué Deidad habite en este cuerpo; pero en la realidad él es un Dios: y tú, quien quiera que seas, favorece y protege nuestros desvelos, otorgando primero á estos[213] el perdon. Dexa de rogar por nosotros, le dice Dictis, hombre el mas ligero de ellos para subir á las antenas, y para dexarse caer asido de un cable: lo mismo dicen Libio, y el roxo Melanto, que gobernaba la proa. Esto aprueban Alcimedon, y el incitador de los ánimos Epopéo, quien gobernaba y arreglaba con su voz á los remeros. Esto en fin aprueban todos. Tal era la codicia que producia aquella presa. No permitiré, les dixe entónces, que esta nave sea violada con un peso sagrado; tengo aquí mucho derecho: en la misma entrada de la nave me pongo á impedirlo. Se llena de furor Licabas, el mas atrevido de todos, quien, desterrado de la ciudad de Tusco, pagaba con el destierro el castigo que merecia por un homicidio cruel. Este, al ver mi resistencia, rompe con fuerte golpe mi garganta, y me hubiera precipitado al mar á no haberme asido, aunque sin sentido, á una cuerda. Aprueba el hecho la multitud impía: entónces, pues, Baco (el Dios Baco era efectivamente) como quien despierta del sueño con la gritería, y despues de una embriaguez vuelve á recobrar sus sentidos: ¿Qué haceis? les dice: ¿qué gritería es esta? ¿con qué socorro me he hallado aquí, marineros? ¿adonde intentais llevarme? Depon el miedo, responde el que dirigia la proa, y di á qué puerto quieres arribar, que yo te pondré en la tierra á que te dirijas. Llevadme á Naxos, dixo Baco: ella es mi patria, y allí tendreis una tierra favorable. Juran aquellos embusteros por el mar y todos los Dioses hacerlo así, y me encargan dirija las velas de la pintada nave. Estaba á la derecha Naxos, y hácia esta parte en efecto me dirigia: ¿qué haces insensato? ¿qué locura te agita? me dixo Ofeltes y todos los demas: unos me dicen por señas que camine á la izquierda, otros me significan al oido sus deseos. Me llené de pasmo, y no queriendo ser instrumento de una traycion y un delito; tome el que quiera, dixe, la direccion de la nave. Todos me reprehenden: la multitud murmura; y Etalion, ¿te parece, me dixo, que en tí solo se cifra nuestro remedio? Sube, ocupa mi oficio, y dexando á Naxos, camina á un pais contrario.

(48) Penteo despedazado por su madre
y demas Bacantes.