FÁBULA V.

LA EDAD DE BRONCE Y DE HIERRO.

Á las edades de oro y plata sucedió la de bronce, mas áspera que aquellas por la crueldad de los vivientes, y pronta para las horribles armas; pero no del todo viciada. La última edad fué la de hierro; é inmediatamente se originó de ella toda maldad con un siglo de peor vena.[24] Desapareciéron el pudor, la verdad y la lealtad; y en su lugar se entrometiéron el engaño, la traycion, la violencia, y la insaciable codicia. El piloto se entregaba á los vientos sin conocerlos; y las naves, que por tanto tiempo habian sido el decoro de los encumbrados montes, fuéron abandonadas á la furia de las olas no tratadas: ya se hizo indispensable que el diestro agrimensor señalase límites á la tierra, comun ántes á todos, como lo eran la luz y el ayre; y no contentos con las abundantes cosechas que producia, iban á extraer de sus entrañas las riquezas[25] que escondia, y habia depositado en el infierno,[26] y que despues fuéron el orígen de innumerables males.

(10) La edad de bronce y la de hierro en las
que se manifestó la ferocidad del género humano.

Ya estaba descubierto el nocivo hierro[27] y el oro aun mas perjudicial,[28] quando se apercibe la guerra á lidiar con ámbos,[29] y hace resonar por todas partes el estruendo de las armas con mano[30] sanguinaria. Vivíase del hurto, y el huésped arriesgaba su seguridad. El suegro no estaba seguro del yerno, y apénas los hermanos vivian en paz. Velaba el marido por quitar á su muger la vida, y esta al marido: la desapiadada madrastra hacia uso del veneno, y los hijos ántes de la muerte de sus padres averiguaban los años que podian vivir. La piedad estaba en el olvido, y la doncella Astrea[31] abandonó la última de los Dioses la tierra, contaminada ya con la sangre de los malos.