FÁBULA VII.
ECO TRANSFORMADA EN VOZ.
Vió á Narciso, obligando á los ciervos á dar en las opuestas redes, Eco, Ninfa vocinglera, que ni podia callar, quando otro hablaba, ni hablar la primera. Todavía era cuerpo Eco y no solo voz:[192] aunque capaz de hablar, no tenia otro uso su voz que el que ahora tiene, y es repetir las últimas silabas de las palabras. De este modo la habia castigado Juno, porque quando esta Diosa queria sorprehender á Júpiter en los montes con alguna de las Ninfas, Eco la detenia con agradables discursos hasta que estas se retiraban. Conociendo la hija de Saturno el engaño: „yo haré, dice, que tenga corta potestad esa lengua de que abusas para engañarme, y el uso de tu voz sea muy limitado.” Siguióse la execucion á la amenaza; y Eco, desde este tiempo, no podia articular sino los últimos acentos de las palabras que oía. Luego, pues, vuelvo á decir, que vió por las inaccesibles selvas á Narciso, y se vió cautiva de su hermosura, rastrea ocultamente sus pasos, y quanto mas le sigue, tanto mas se acrecienta la llama en que se abrasa, del mismo modo que arden las extremidades de las teas untadas con azufre activo. ¡Ó quantas veces quiso llegarse á él con cariñosas palabras, manifestarle su amor, y aun rogarle! pero lo repugna su naturaleza, no la concede empezar, y solo le permite que se disponga á repetir las últimas palabras que escucha. Separado por ventura el jóven de la muchedumbre de sus fieles compañeros, ¿quién está aquí? dixo; y está aquí, respondió Eco. Se pasma, y mirando á todas partes, llégate, clama con el mayor esfuerzo: y ella llama á quien la llama:[193] vuelve á mirar con mas atencion, y como no se acercaba nadie, ¿por qué huyes de mí, dice? y oye repetir las mismas palabras. Se para, y engañado de aquella voz articulada alternativamente: juntémonos aquí, dice, y como á nada podia responder Eco mas gustosa, juntémonos, le responde. Comprueba con los hechos sus palabras; y saliendo de las selvas con la ansia de echar los brazos al deseado cuello, huye él impidiendo así los brazos, diciéndola: apártate de mí, que estoy dispuesto á morir ántes de reducirme á ser tuyo: nada le responde ella, sino ser tuya. Se oculta vergonzosa entre las selvas, y desde entónces, cubriendo su ruboroso rostro de hojas, habita solo en las cavernas, conservando sin embargo su amor, que se aumenta con el sentimiento de verse repudiada. Los vigilantes cuidados tienen extenuado su cuerpo miserable, la flaqueza arruga su piel, y toda la sangre de su cuerpo se convierte en ayre; no quedó de ella otra cosa sino la voz y los huesos; pero solo la voz se conserva, porque los huesos fuéron trocados en piedras. Desde este tiempo se esconde entre las selvas; pero no se dexa ver en monte alguno: todos la oyen, porque solo el sonido vive en ella.
Se burló Narciso de aquella infeliz, del mismo modo que se habia burlado de otras Ninfas, ya de los rios, ya de los montes, é igual befa habia hecho de muchos hombres quando era muchacho. Hubo alguno, que resentido de los desprecios y arrogancia de este jóven, ¡oxalá, dice, levantando las manos al cielo, que él ame sin ser correspondido de su amada! Oyó su justa peticion la Diosa Nemesis.[194] En un apacible valle habia una fuente, á cuyas aguas, tan claras como la plata, jamas habian tocado los pastores ni ganados. Ninguna ave, ninguna fiera, ningun ramo caido de los árboles la habian enturbiado. Estaba revestido de yerba, á la que conservaba fresca el agua inmediata, y la densidad de la selva no permitia que el Sol calentara con sus rayos aquel sitio.
(46) Narciso se ve en una Fuente
y se enamora de sí mismo.