FÁBULA XVII.
MERCURIO CORTA LA CABEZA Á ARGOS.
Al ir á referir todo esto Mercurio, observó que todos los ojos de Argos se habian quedado vencidos del sueño: al momento calla; y tocando suavemente los ojos con la vara inficionada, les adormece mas, y sin detenerse divide de su cuello con una corva espada la titubante cabeza, que arrojó bañada en sangre sobre un alto peñasco, contaminándole con la misma sangre. ¡De esta manera yaces Argos! ¡Así se extinguió toda la luz que en tantos ojos tenias! ¡Una sola noche[72] envuelve entre sus sombras tus cien ojos! Entónces Juno, condolida de la muerte de Argos, recoge todas aquellas lumbreras, y las coloca en las alas del Pavo real, ave que le era consagrada, esmaltando su soberbia cola con tan resplandecientes piedras preciosas.
(22) Argos guarda de lo adormecido por
Mercurio que le corta la cabeza.
(23) Júpiter ruega á Juno mude la suerte de Iö.