FÁBULA PRIMERA.
JASON Y MEDEA.
Ya la nave Argos[190] habia conducido á los de Tesalia por diferentes mares; ya habian visto á Finéo,[191] aquel Príncipe desgraciado, pasando una postrada y triste vejez despues de haber perdido la vista; ya los hijos de Boreas habian ahuyentado á las Harpías,[192] que con tanta crueldad atormentaban al viejo; quando en fin, despues de haber padecido muchos trabajos en todo el discurso del viage, llegaron estos héroes con su caudillo Jason á las orillas del Faso.[193] Luego que desembarcaron se presentan al Rey, y le piden el vellocino de oro[194] en que Frixo habia sido conducido á la Cólquide.
(74) Medea recibe los juramentos de Jason, hace
que dome los toros y que robe el vellocino de oro.
Este Príncipe, con la idea de desanimarlos y echarlos de sí, les dixo lo que debian hacer para adquirir aquel rico depósito, y les hizo ver todos los riesgos á que debian exponerse. Entre tanto, Medea, su hija, se enamora de Jason. Y despues de luchar por mucho tiempo sin poder vencer con reflexîones la inclinacion que la arrastraba: „En vano, se dixo, te resistes, Medea; algun Dios se opone á tu tranquilidad; los ocultos movimientos que agitan tu corazon te son desconocidos; pero si no me engañó, esto es lo que llaman amor, ó se parece mucho á ello. Pues á no ser así, ¿cómo me habian de parecer demasiado duras las leyes que mi padre ha impuesto á este héroe? Ellas lo son en efecto. ¿Por qué temo tanto su muerte? ¿Por qué me alarma el riesgo que corre este extrangero? ¿Quál puede ser la causa de un temor tan excesivo? ¡Infeliz! apaga si puedes el fuego que has concebido en tu corazon virginal. ¡Ah! si yo pudiera seria mucho mas sabia. Pero una nueva violencia me arrebata aun contra mi voluntad; el amor me aconseja una cosa, y el entendimiento me persuade otra. Veo lo mejor; lo apruebo, y sin embargo me dexo arrastrar de lo mas malo. Insensata ¡quál es tu ceguedad! ¿Una Princesa de tu clase debe amar así á un extrangero? ¿Estoy yo destinada á seguir un marido á desconocidos paises? ¿No hallaré, pues, en el Reyno de mi padre otro amante digno de mi afecto? De cuenta de los Dioses está su vida ó muerte: viva en efecto; á lo menos bien puedo pedirles por su vida sin amarle. ¿Qué delito ha cometido para verse expuesto á tantos riesgos? ¿Á quién, sino es una fiera, no inclinará su juventud, nobleza y gallardía? Y quando le faltara todo esto, ¿quién no se moveria al ver el ayre noble y gracioso que brilla en su persona? ¡Ah! yo me siento demasiado interesada por él.
„Sin mi auxîlio, ó será devorado por las llamas que vomitan los toros, contra quienes debe pelear, ó vencido por el número de los enemigos que han de nacer de los dientes de la serpiente que le obligarán á sembrar, despues que triunfe de ella; ó en fin será presa de aquel horrible dragon que guarda el vellocino de oro. Si yo llego á mirar tal espectáculo, ¿no me persuadiré, ó que he nacido de una tigre, ó que tengo el corazon mas duro que un bronce y que las rocas? ¿Por qué, pues, no me resuelvo á verle morir, y á hacer á mis ojos cómplices de su muerte? ¿Por qué, pues, no enciendo fuego para que muera abrasado, ó por qué no animo contra él los toros, los soldados que salgan de la tierra, y al vigilante dragon? No ¡justos Dioses! permitid que logre cosas mas lisonjeras. Pero yo no debo desearlas, puesto que puedo hacerlas.[195] ¿Mas le he de entregar el reyno de mi padre por salvar á un desconocido, que viéndose libre tal vez me abandonará, se embarcará sin llevarme consigo, é irá á entregar á otra su corazon y mano, quedando yo en un continuo tormento? ¡Ah! perezca Jason, puesto que puede cometer esta ingratitud posponiéndome á otra. Pero no demuestra tal cosa su rostro, ni la nobleza de su ánimo, ni la gracia de su belleza: no, no tengo que temer engaño ni olvido de mis beneficios: la generosidad es inseparable de las almas como la suya. Ademas yo quiero que antes comprometa su palabra, y le haré que jure por los Dioses: y en tal caso ¿qué temor tendré con tal seguridad? Vamos pues sin mas tardanza á socorrerle. Jason, que se reconocerá deudor mio, se unirá á mí con solemne matrimonio: sí, serás celebrada y aplaudida del pueblo por todas las ciudades de la Grecia, que te mirarán como á su libertadora. ¿Pero he de abandonar á mi hermana, hermano, padre, Dioses y patria? Y ¿qué he de hacer? quando mi padre es un cruel, mi hermano[196] aun niño, la tierra bárbara; y por lo que toca á mi hermana[197] obro segun sus deseos. Algun grande Dios está dentro de mí; lo que voy á dexar no es tan grande ni interesante como lo que determino seguir, que es la gloria de haber librado la juventud griega, mejorar de Reyno y de Corte, trocando la mia por otra, en que, segun la fama, florecen la cultura y las artes, y poseeré al amable Jason, que prefiero á todos los bienes del universo: si yo soy su esposa, mi felicidad igualará á la de los Dioses. No ignoro los riesgos que se corren en el mar; sé que se encuentran escollos; que la cruel Caribdis vuelve á vomitar las olas que ha sorbido; que Escila con sus perros ladradores de un modo horrible causa terror y espanto en el mar de Sicilia. Pero teniendo yo lo que amo, y asida á los brazos de Jason, atravesaré sin miedo los vastos mares; y si temiere algo, serán solo los peligros de mi esposo. ¡Infeliz! ¿con qué le llamas tu esposo? ¿con que cubres tus delitos con el nombre sagrado de Himeneo? Considera antes el horrible crímen que meditas, y evítale mientras puedas.”
Quando Medea acabó de hacer todas estas reflexîones, el pudor, la razon y la piedad se presentaron ante su agitado espíritu, y ya salia desarmado el amor. Su pasion ya no tenia la misma violencia, y se sentia animada de un valor y fuerza que no conocia un momento antes: quando habiendo salido á ofrecer un sacrificio á la Diosa Hecate,[198] cuyo templo estaba en la espesura de un opaco bosque, tuvo la desgracia de encontrar á Jason. Como una chispa casi apagada en la ceniza se enciende al menor soplo, y se hace capaz de ocasionar los mayores incendios, el amor de Medea, á quien sus reflexîones habian debilitado, volvió á tomar nueva fuerza á la vista del jóven héroe; y por fortuna, puede decirse que nunca estuvo mas hermoso que aquel dia, y aun se podria disculpar la pasion que le tenia. Luego que le descubrió, le mira con tanta atencion, teniendo clavados en él los ojos, como si fuera la primera vez que lo veia: tan ciega estaba, que le parecia divino su semblante, y no se apartaba de él un punto. Despues que la habla el extrangero, le alarga la mano, é implora rendido su auxîlio prometiéndola ser su esposo. „Bien sé, le respondió la Princesa, derramando algunas lágrimas, el partido que debiera tomar; pero si falto á mi deber, no es porque ignore sus rigurosas leyes: el amor solo puede servirme de disculpa: serás libre con mi ayuda; mas no te olvides de tus promesas.” „Sí, la dixo Jason, yo te prometo una eterna fidelidad: juro por Diana, á quien reverencian en este pais: por el sol, de quien desciendes:[199] por este Dios que nos ve, y que alumbra el universo; y por los riesgos de que me libertas, que nada será capaz de separarme de tí.” Asegurada Medea por los juramentos de Jason, le dió al momento algunas yerbas encantadas, enseñándole el uso que habia de hacer de ellas, con lo que se retiró contento á su casa.
JASON ROBA EL VELLOCINO DE ORO.
En el dia siguiente, quando la roxa aurora hacia retirar á las estrellas, concurria el pueblo en gran tropel al campo de Marte, colocándose sobre las eminencias y colinas que le cercaban. Sentóse en medio de la asamblea el Rey vestido de púrpura, y con el brillante cetro de marfil en la mano. Luego que se colocaron todos, sacan los toros con pies de metal, echando fuego por las narices diamantinas, con el que hacian arder las yerbas de alrededor. El fuego salia de sus narices con un ruido semejante al de un horno encendido, ó de la cal quando se la echa agua. Jason sin embargo se presenta ante estos brutos. Los toros que le ven acercarse, le presentan sus cuernos calzados de hierro, le miran con furor, escarban la tierra con sus pies hendidos, llenan el ayre de polvo y humo, y le hacen resonar con sus espantosos bramidos. Los Argonautas se pasman de miedo; pero el intrépido Jason embiste á los dos monstruos sin sentir el fuego que respiraban: tal era el poder de los encantos de Medea. Este heroyco jóven, despues de halagarlos algun tiempo con la mano, los amansó de tal modo, que les obligó á llevar el yugo, y á arar un campo que jamas se habia cultivado. Llénase de pasmo todo el concurso, y los Argonautas animaban á su caudillo con sus vítores repetidos.
Arado ya el campo, Jason tomó en un morrion los viperinos dientes, y los sembró en los surcos. Como antes habia tenido cuidado de untarlos con las yerbas encantadas que Medea le habia dado, se ablandaron en poco tiempo, y de ellos nacieron y crecieron nuevos cuerpos. Pero así como el infante no sale del útero materno hasta que está formado, y con la debida perfeccion en todos sus miembros, así aquellos hijos de la tierra no aparecieron hasta ser hombres perfectos; y lo que es mas de admirar, salieron enteramente armados. Los capitanes griegos, que vieron que enristraban las lanzas contra Jason, se asustaron en extremo; y aun la misma Medea, que le habia asegurado de este ataque, se amedrentó á la vista de tantos enemigos que combatian contra uno solo; una palidez mortal apareció en su rostro, y la sangre se heló en sus venas. Como temia que los encantos que habia empleado para sacarle de aquel riesgo no fuesen bastante poderosos, pronunció algunas palabras mágicas, y se valió de todos los secretos de su arte. Entre tanto Jason, arrojando una pesada piedra en medio de los enemigos, se vuelven inmediatamente unos contra otros; y estos hijos de la tierra caen heridos mutuamente, y mueren en una guerra social. Los Griegos al punto dan el parabien á su caudillo, y no se cansan de abrazarle. Bien hubieras querido, Medea, ostentar con iguales caricias el gozo que te causaba una victoria tan inesperada, pero te detienen el pudor y la modestia; y le hubieras abrazado, á no perder tu opinion; pero bien siente tu corazon esta alegría, dando gracias á tus encantos y á los Dioses autores de ellos.
Para salir victorioso de tantos riesgos, solo le quedaba á Jason vencer al dragon que guardaba el vellocino de oro. Este monstruo, singular por la cresta que tenia en la cabeza, y por sus tres lenguas; temible por los agudos dientes de que estaba armado, velaba noche y dia en guarda del vellocino de oro. Despues que este héroe derramó sobre él el xugo de algunas yerbas, y pronunció tres veces unas palabras que tenian la virtud de adormecer, y aun de calmar las olas irritadas, y detener los impetuosos rios en medio de su curso, el sueño se enseñoreó por la primera vez de sus ojos; y aprovechando Jason tan feliz momento, se apoderó del vellocino de oro. Soberbio con este rico despojo, y aun mas con la conquista de Medea, con cuyo socorro habia salido de tantos riesgos, se embarcó con ella, y llegó con felicidad á Yolcos.[200]