FÁBULA VII.

ALFÉO Y ARETUSA.

Tranquilizada Ceres con haber hallado en seguridad á su hija, te pregunta Aretusa la causa de tu viage,[132] y por qué estás convertida en fuente sagrada. Suspenden su murmullo las aguas, y sacando tú, Ninfa, la cabeza, la cuentas despues de haberte enxugado tu verde cabellera,[133] los antiguos amores de Alféo. „Fui una, la dices, de las Ninfas de la Grecia, y no hubo ninguna que me ganase á recorrer los bosques, ni que supiese tender las redes con mas destreza que yo; pero aunque nunca anhelé por parecer hermosa, si bien era esforzada, me tenian sin embargo por bella, mas no por eso me engreia la hermosura que tanto ensalzaban en mí; y yo como rústica me avergonzaba de lo que otras suelen alegrarse, porque tenia por un delito el llegar á agradar á alguno.

(64) ¿Á dónde huyes, hermosa Aretusa, exclama
entonces Alféo, á dónde huyes?

„Un dia, si mal no me acuerdo, volvia fatigada del bosque de Estínfalo; el calor era grande, y le habia hecho en mí mas excesivo el cansancio: encontré luego una fuente, cuyas aguas eran tan hermosas y claras que se pudieran contar todas las piedras que habia en el fondo, y caminaba tan lentamente que apenas se percibia su curso. Unos antiguos sauces y álamos frondosos, que el agua del arroyo conservaba siempre verdes, formaban sobre sus riberas una apacible sombra. Luego que llegué, mojé las plantas de los pies; despues entré hasta las rodillas, y no contenta con esto, me desnudo del todo, y poniendo mi ropa en las ramas de un sauce, me arrojo al agua. En tanto que yo nadaba, y que movia las aguas bañándome de mil modos, oí no sé qué murmullo debaxo de la corriente, y salté asustada prontamente á la ribera. ¿Á dónde vas bella Aretusa? ¿á dónde vas? me dixo dos veces Alféo desde sus raudales, pero con voz ronca. Mis vestidos estaban por desgracia al otro lado de la ribera, y mi desnudez me hizo parecerle mas hermosa, y por lo mismo mas se abrasa y me persigue: iba á mas andar, y él corria tras mí con tanto ahinco, que yo parecia á una tímida paloma acosada del azor, y él á la misma ave de rapiña que hace todos los esfuerzos por coger á la tímida paloma. Pude correr hasta las inmediaciones de la ciudad de Orcomeno: pasé cerca de Psofis: atravesé las montañas de Cileno, de Menalo y Erimanto, y llegué á la Elide, y no me excedia en velocidad; pero como mis fuerzas iban ya decayendo, no podia continuar mas tiempo la carrera; su robustez podia sostener este ímprobo trabajo. No dexé sin embargo de correr por los campos, por los montes cubiertos de árboles, y tambien por las rocas y por lugares escarpados é inaccesibles.

„Como me daba el sol de espaldas, vi ante mis pies su sombra, á no ser que fuese efecto del miedo que tenia; mas no era así, porque sentia sus pisadas, y su respiracion hacia mover mis cabellos. En fin no pudiendo pasar mas adelante, imploré la proteccion de Diana: Ó Dictina,[134] la dixe, socórreme, y no abandones en una necesidad tan grande á una Ninfa que, fiel en acompañarte, muchas veces tuvo el honor de conducir tu aljaba, flechas y arco. Oyó mi súplica la Diosa, y me cubrió al instante con una nube muy obscura; Alféo, viéndome desaparecer tan pronto, me busca en la obscuridad de la nube que me cubria, é ignorante de lo acaecido, da dos vueltas al sitio donde la Diosa me habia ocultado: Aretusa, Aretusa, decia, ¿dónde estas? ¡Con qué ánimo estaria yo, infeliz, entonces! ¿No te persuades que me pareceria á la inocente cordera, que oye aullar al carnicero lobo al rededor de su redil, ó á la tímida liebre que se oculta en los abrojos, sin osar á moverse, acosada de los solícitos galgos que pretenden su muerte? Como Alféo no vió pisadas algunas hácia otra parte que le pudieran hacer creer que yo estuviera mas lejos, se detuvo al rededor de la nube que me ocultaba.

„Entonces un sudor frio empezó á esparcirse por todo mi cuerpo, de tal modo que por todo él corrian gotas de agua; y por qualquiera parte que movia el pie salia un manantial, y aun de mis rubios cabellos caia rocío: en una palabra, me vi convertida en fuente en menos tiempo que te he referido mis desgracias. El Dios del Rio,[135] que me conoció mudada en agua pura, dexando la figura de hombre que habia tomado, se vuelve á tornar agua para mezclarse conmigo. Diana entonces abre la tierra; me facilita paso por medio de las profundas cavernas,[136] y llego á Ortigia, donde determiné quedarme, ya por lo delicioso del sitio, y ya tambien por amor á Diana.”

(65) Ceres transforma á Linco en Lince porque
iba á quitar la vida á Triptolemo.