FÁBULA PRIMERA.

COMBATE DE AQUELOO.

Habiendo preguntado Teseo á Aqueloo la causa de su lamento, y de faltarle una de sus astas, el rio, que tenia ceñidas sus sienes y sus descompuestos cabellos con una guirnalda de cañas, le respondió en estos términos: „Me pides ciertamente una cosa que sirve para entristecerme; porque ¿quién habrá que habiendo sido vencido quiera acordarse y hacer relacion de la pelea? Con todo la contaré por el órden con que sucedió, puesto que no fue tan vergonzoso el ser vencido, como decoroso el haber peleado. En mi desgracia tengo el consuelo de haber sido Hércules mi vencedor. Tú sin duda habrás oido hablar de Deyanira, hermosísima doncella. Ella fue la esperanza y el motivo de envidia de muchos pretendientes. Entre ellos fuí yo á la corte de Calidonia para pedirla á su padre Oeneo. Habiéndola Hércules pedido igualmente, propusimos ambos á su padre que nos recibiese por yernos; en vista de lo cual los demas pretendientes se retiraron, cediendo todos el campo á Hércules y á mí.

(90) Aqueloo se transforma en Toro
para combatir con Hércules.

(96) Hércules, esclavo de la hermosura de Onfale,
se deja desarmar é hila con ella.

„Aquel alegaba por mérito que era hijo de Júpiter; la fama que habia adquirido por sus trabajos, y el haber concluido gloriosamente todas las empresas en que le habia empeñado Juno. Yo en contra de esto (teniendo por una cosa vergonzosa el que mi deidad se rindiese en la pretension á un mortal, pues Hércules aun no era Dios)[67] oponia mis méritos y cualidades, diciendo á Oeneo: „Mírame como á Rey y director de las aguas, y que con mucho rodeo llevo mi corriente por el medio de tu reino: no seré yo un yerno que haya venido de regiones extrangeras, sino uno de tu mismo pueblo, y que soy y compongo una parte de él. No se me puede echar en cara que Juno me tenga aborrecimiento como á Hércules,[68] ni me haya impuesto la pena de avanzar á tantos trabajos y empresas. No debes tú, Hércules, alabarte de haber nacido de Alcmena, porque en ello debes confesar ó que falsamente te atribuyes por padre á Júpiter, ó que si verdaderamente lo fue, lo consiguió por medio de un delito. Aplicándote esta distincion, marcas á tu madre con la nota de adúltera. Escoge lo que mas te acomode, ó no es verdad que Júpiter sea tu padre, ó si lo es, ha sido tu nacimiento afrentoso.” Cuando yo decia estas cosas me miraba Hércules con ojos airados, y sin poder contener el ardor de su ira me respondió en estos términos: „Yo tengo mas expeditas las manos que la lengua. Con tal que te venza peleando, nada importa que me hagas ventaja en el hablar.” Al acabar de pronunciar esto me acometió con ferocidad; y como yo habia hablado con tanta arrogancia, me pareció indecoroso el dejar de admitir el combate.[69] Arrojé mi verde vestido, opuse mis brazos, encorvé algo mis manos hácia el pecho, y preparé todos mis miembros para la pelea.

Hércules me tiró algunos puñados de polvo,[70] y yo tambien le puse amarillo con la arena que le tiré. Unas veces me acometia por la cerviz, otras por las rodillas para ver si podia asirme, y en fin me acometia por todas partes. Mi peso y mole me defendia, y en vano intentaba sujetarme. No de otro modo me defendia yo que una roca, á quien combaten las olas con grande ímpetu y ruido, y ella se está inmóvil y defendida con su propio peso. Nos separamos un poco; pero inmediatamente entramos en el combate. Estuvimos invencibles, y resueltos á no ceder. El pie del uno oprimia al del otro, el pecho al pecho, los dedos á los dedos y la frente á la frente. No de otra manera pelean los fuertes toros cuando el premio del vencedor es una pujante novilla de las que se apacientan en el bosque: quédanse mirándolos las demas reses llenas de pavor, ignorando cual será el vencedor. Hércules inútilmente pretendió tres veces desembarazarse de mí; á la cuarta lo consiguió, y al punto (confieso ingenuamente la verdad) me apartó impelido de su mano, y se cargó sobre mi espalda. Si se me cree (porque no busco gloria con narraciones falsas), me pareció que tenia encima una montaña. Apenas podia jugar mis brazos por el mucho sudor que por ellos me corria, y por mas esfuerzos que hice no pude desprenderme de él; apretábame mas y mas sin dejarme respirar ni volver á recobrar mis fuerzas, y de este modo se enseñoreó de mi cuello y cabeza. Entonces, arqueando algo el cuerpo, y afirmando las rodillas sobre la tierra, solo me faltaba levantar la cabeza, pero como el peso me oprimia, la tenia pegada al suelo, pegándose las arenas á mis labios. Viéndome inferior en fuerzas, recurro á mis astucias;[71] y transformándome en una larga culebra, me deslicé y desprendí de Hércules, el cual viendo que me enroscaba, y que esgrimiendo mi lengua de tres puntas, daba fuertes y espantosos silbidos, en lugar de intimidarse soltó la risa burlándose de mi estratagema, y dijo: „El vencer y despedazar las culebras es una hazaña que no me era desconocida cuando aun estaba en la cuna.[72]

(95) Hércules ahoga á Anteo que se oponia
á su transito para África.

Aunque tú fueses mayor que los demas dragones, ¿cómo te podrias comparar con la Hidra de Lernea?[73] Era esta fecunda, y se multiplicaba con las heridas, pues de cien cabezas que tenia ninguna le corté sin que al instante le renaciesen en su lugar otras dos. Yo domé á este monstruo, que crecia y se multiplicaba con la mutilacion, y cuyas cabezas se ramificaban con las que renacian en lugar de las cortadas, y por último la vine á dar muerte, y acabé con todas sus cabezas. En comparacion de aquel monstruo ¿qué piensas eres tú, que convertido en una aparente culebra, te vales de armas agenas, y te ocultas en una figura prestada?” Apenas dijo esto cuando me apretó con sus manos y enlazados dedos lo mas estrecho del cuello. Veíame comprimido como si me apretasen la garganta con unas tenazas, y procuraba en vano desasirla de entre sus dedos. Viéndome vencido, y que solo me quedaba el recurso de mudar tercera figura, me transformo de repente en un toro feroz, y en esta forma me pude desprender de mi enemigo. Él me echó sus brazos, y me asió por el lado izquierdo; y aunque yo huia, me seguia sin desprenderse, hasta que cogiéndome por las astas, las abatió hasta el suelo, y me tendió sobre la arena. No paró aqui mi desgracia, sino que con la fuerza que hacia me arrancó una de las astas. Las Náyades la llenaron de frutas y flores olorosas, y la dedicaron á la abundancia, significada en la cornucopia.”[74] Luego que Aqueloo acabó esta relacion se presentó una Ninfa con el cabello esparcido y el vestido arregazado como Diana, la cual traia en esta cornucopia las mas sazonadas frutas del otoño, y cubrió con ellas la mesa para que sirviesen de postres.

(91) Deyanira es robada por el Centauro Neso.