V.

Apreciable camarada, estimado sido, querido ex-ser:

No sientas haber dejado este mundo. En los tres años que faltas de él, nada ha ocurrido que pueda darte dentera por no haberlo presenciado.

Todo sigue lo mismo: sólo las mangas de las levitas han cambiado: ahora se llevan un poco más estrechas.

La Eleuteria se casó.

Cómoda tropezó al fín, realizando tus pronósticos.

Dámasa se ha hecho mujer, y gusta mucho.

Nuestro terrible Canuto cayó al fín en las redes del matrimonio.

Ninguna novia tuya se acuerda de tí.

Nosotros vamos al café á las mismas mesas que cuando tú vivías, y se nos pasan semanas enteras sin recordarte ni por casualidad.

Tu hermano hace conquistas luciendo tu reloj y tu paraguas.

La política lo mismo: la dificultad en pié.

No hay actrices nuevas.

Seguimos despreciados por toda Europa y por toda América.

Los marroquíes y los mejicanos nos siguen insultando impunemente.

Ni Portugal ni Gibraltar han sido reincorporados á la madre España.

Las zarzuelas no han desaparecido todavía, ni han enjendrado la ópera española.

Ya habrás visto ahí á alguno de nuestros amigos. Hablé á Cárlos en sus últimos momentos y le encargué expresiones para tí.

Supongo que estarás en el Infierno, y que por lo tanto no habrás visto á un angel que he perdido y que morará en la Gloria.

Dime si Satanás se parece á la pintura que de él hizo Milton.

Yo espero ir al Purgatorio, ó, por mejor decir, ya estoy en él.

Tu drama sigue muy aplaudido.—¿Te sirve de algo la gloria póstuma?