VII.
Joven suicida:
Os matasteis... ¿y qué?
Las gacetillas de Madrid hablaron pedagógicamente del asunto.
Yo he olvidado ya vuestro nombre:—lo olvidé al minuto de leerlo.
Vuestra coqueta querida se convenció de que érais un adversario indigno de ella, y sonrió con desprecio.
Vuestra madre está loca de dolor.
¡Sois un infame!
¡Sois un mezquino!
Lo segundo es peor que lo primero.
Pues tan filósofo érais; pues tanto despreciabais la vida, ¿por qué no moristeis como Eróstrato?
Así, al menos, hubierais llegado á la posteridad.
¡Qué! ¿No hay ya ningun Templo de Diana que quemar para hacerse célebre?
¿No sabíais la historia del Lagarto de Jaen?