VII.—Comedias de capa y espada.

Son comedias de costumbres del tiempo, lozanas y vivideras, como todo lo que arranca de las entrañas de la realidad. No constituyen la porcion más trascendental de las obras de Calderon, pero sí la más amena y la que más intacta ha conservado su fama, en medio de todos los cambios de gusto. Hoy mismo son las obras suyas que con más deleite vemos en las tablas. Son tambien las escritas con más llaneza, y las más libres de culteranismo, aunque no de discreteos y sutilezas, que el autor reprodujo, porque estaban en la conversacion del tiempo, y que á veces se perdonan por lo ingeniosos y bizarros y por ser un rasgo característico de la época, hijo de condiciones nativas del ingenio español.

Respírase en todas estas obras delicado perfume de honor y galantería. Todas se parecen, y todas son diferentes, sin embargo. Dan materia á la fábula amores y celos. La casualidad enreda y rige la trama. Los personajes inexcusables son un galan jóven, valiente, discreto, pundonoroso y de noble estirpe (el cual suele haber militado en Flándes ó en Italia); una dama tan noble y discreta como él, y además portento de hermosura, casi siempre huérfana de madre, y sometida á un padre, hermano ó tutor, más altiva que enamorada, algo soberbia de condicion y no poco violenta y arrojada; otra pareja de galan y dama que tiene, con ménos brillo, las mismas condiciones; un padre ó hermano, y á veces dos, muy caballeros y muy guardadores de la honra de su casa, y á la vez coléricos, impacientes y fáciles á la ira; un criado que lo anima todo con sus chistes y aconseja ó ayuda á su amo en la arriesgada á empresa. El amor que anda en juego es siempre amor lícito y honesto, entre personas libres, y encaminado á matrimonio. Para estorbar tan feliz resultado suelen atravesarse dos géneros de obstáculos, unos casuales é imprevistos, otros morales, que generalmente nacen de los celos del otro amante ó de la otra dama. El amante sospecha de la fidelidad de la dama ó ésta de la suya: comienzan los celos y las quejas: interviene á deshora en la plática el padre, el hermano ó el otro galan: embózase nuestro héroe y los resiste á todos, alborotando la calle: huye la dama despavorida y tapada á casa de una amiga ó á la del mismo galan, que por de contado respeta escrupulosamente su honor: y así va enredándose la madeja entre escondites, cuchilladas, embozos y mantos, hasta que todo se aclara felizmente, y la doncella andante premia en santo vínculo los afanes de su caballero. Sobre todo este fondo un poco monótono añádase una portentosa variedad de invenciones secundarias, un poder para atar y conducir la intriga mayor que el que constituye la única gloria de Scribe y de tantos otros: póngase todo en versos fáciles y numerosos, con toda la gala y abundancia de la lengua castellana, y se tendrá idea de esas deliciosas comedias que se llaman Los empeños de un acaso, Mañanas de Abril y Mayo, La Dama Duende, El escondido y la tapada, Dar tiempo al tiempo, Casa con dos puertas, y tantas y tantas entre las que apénas se puede escoger, por que casi todas son oro de ley.

No ignoro los reparos que se han hecho y pueden hacerse á este género. En primer lugar, la monotonía y pobreza del fondo, aunque la variedad de incidentes la realce. Pero la vida de entónces era ménos vária y complicada que la nuestra, y además una gran parte de las relaciones sociales quedaban fuera de la jurisdiccion del poeta cómico, ya por loable respeto á la santidad del hogar, ya porque aquel arte buscaba por instinto lo que habia de noble, elevado y caballeresco en la vida real, y no lo que deshacía ó turbaba su armonía.

En segundo lugar, y con más fundamento, puede achacarse á la comedia calderoniana de enredo, escasa variedad de caracteres. Hase dicho que el don Pedro y la doña Leonor de una comedia en nada difieren del D. Juan y la doña María de otra, y que Calderon nunca vió ni acertó á reproducir más que un mundo encantado en que todos los galanes son celosos y valientes, todas las damas discretas y arriscadas, y todos los criados decidores y chistosos. No negaremos que esto sea verdad casi siempre (por la razon ántes apuntada), pero pueden traerse excepciones muy notables. Aparte de que la identidad de los graciosos (que no suelen ser lo mejor de Calderon), no es tanta como se pondera, hay variedad hasta en los tipos femeninos, en que tampoco llegó Calderon á la dulce ó apasionada ternura que acertó á poner en sus heroínas Lope de Vega. Caracteres son, ó á lo ménos esbozos de carácter, la dama culti-latini-parla de No hay burlas con el amor, la hermosa necia y la fea discreta de Cuál es mayor perfeccion, la mogigata y la coqueta de Guárdate del agua mansa, y la resuelta doña Angela de La Dama Duende, sin otras que ahora no acuden á mi memoria. Como carácter de galan trazó Calderon uno bellísimo en el D. Cárlos de No siempre lo peor es cierto, prototipo de pasion generosa, delicada y pura, como quien piensa y afirma

Que es hombre bajo, que es necio,

Es vil, es ruin, es infame

El que solamente atento

A lo irracional del gusto

Y á lo bruto del deseo,

Viendo perdido lo más

Se contenta con lo ménos.

Más grave pecado, y de este sí que no podemos absolver á Calderon, es el empleo uniforme de ciertos recursos cómodos, pero que tienen mucho de convencionales é inverosímiles. En nuestras comedias basta un embozo ó un manto para hacer que desconozcan á una persona hasta sus más familiares deudos y amigos. Las tapadas, los escondidos, las luces apagadas, las puertas falsas, las alacenas giratorias, agradan en una ó en dos comedias, pero repetidas hasta la saciedad, engendran hastío y denuncian falta de inventiva en el poeta. No merecen tanta censura los duelos y cuchilladas, que con ser tantos en sus comedias, áun eran muchos más en la vida real. Y en cuanto á las visitas de las damas en casa de sus galanes, desgracia es de nuestras actuales costumbres el que no podamos concebirlas sino como pecaminosas, pero tampoco es lícito dudar que á los contemporáneos les parecian verosímiles é inocentes.

Se parecen mucho á las comedias de capa y espada (y tanto que no vale la pena de hacer clase aparte, aunque la condicion de los protagonistas sea diversa) ciertas comedias palacianas de Calderon, como El secreto á voces, El encanto sin encanto, La banda y la flor, Con quien vengo, vengo, etc., etc., en que son príncipes y grandes señores, en vez de hidalgos de la clase media, los que andan envueltos en lances de amor y celos. Calderon no hizo nada en este género que pueda compararse con la profunda, sazonada y discreta ironía de Tirso en El vergonzoso en Palacio ó en El castigo del pensé qué.