JORNADA SEGUNDA.


Calle.

ESCENA PRIMERA.

DON MENDO, NUÑO.

D. Mend.

¿Quién te contó todo eso?

Nuño.

Todo esto contó Ginesa,

Su criada.

D. Mend.

¡El Capitan,

Despues de aquella pendencia

Que en su casa tuvo (fuese

Ya verdad ó ya cautela),

Ha dado en enamorar

A Isabel!

Nuño.

Y de manera,

Que tan poco humo en su casa

Él hace como en la nuestra

Nosotros. En todo el dia

Se ve apartar de la puerta:

No hay hora que no la envíe

Recados: con ellos entra

Y sale un mal soldadillo,

Confidente suyo.

D. Mend.

Cesa;

Que es mucho veneno, mucho,

Para que el alma lo beba

De una vez.

Nuño.

Y más no habiendo

En el estómago fuerzas

Con que resistirle.

D. Mend.

Hablemos

Un rato, Nuño, de véras.

Nuño.

¡Pluguiera á Dios fueran burlas!

D. Mend.

¿Y qué le responde ella?

Nuño.

Lo que á tí, porque Isabel

Es deidad hermosa y bella,

A cuyo cielo no empañan

Los vapores de la tierra.

D. Mend.

¡Buenas nuevas te dé Dios!

(Al hacer la exclamacion da una manotada á Nuño en el rostro.)

Nuño.

A tí te dé mal de muelas;

Que me has quebrado dos dientes.

Mas bien has hecho, si intentas

Reformarlos, por familia

Que no sirve ni aprovecha.—

El Capitan.

D. Mend.

¡Vive Dios,

Si por el honor no fuera

De Isabel, que le matara!

Nuño.

(Ap.) Más será por tu cabeza.

D. Mend.

Escucharé retirado.—

Aquí á esta parte te llega.

ESCENA II.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO.—DON MENDO y NUÑO, retirados.

Capitan.

Este fuego, esta pasion,

No es amor solo, que es tema,

Es ira, es rabia, es furor.

Reboll.

¡Oh! ¡nunca, señor, hubieras

Visto á la hermosa villana,

Que tantas ánsias te cuesta!

Capitan.

¿Qué te dijo la criada?

Reboll.

¿Ya no sabes sus respuestas?

D. Mend.

(Ap. á Nuño.) Esto ha de ser: pues ya tiende

La noche sus sombras negras,

Antes que se haya resuelto

A lo mejor mi prudencia,

Ven á armarme.

Nuño.

¡Pues qué! ¿tienes

Más armas, señor, que aquellas

Que están en un azulejo

Sobre el marco de la puerta?

D. Mend.

En mi guadarnes presumo

Que hay para tales empresas

Algo que ponerme.

Nuño.

Vamos

Sin que el Capitan nos sienta. (Vanse.)

ESCENA III.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO.

Capitan.

¡Que en una villana haya

Tan hidalga resistencia,

Que no me haya respondido

Una palabra siquiera

Apacible!

Sarg.

Estas, señor,

No de los hombres se prendan

Como tú: si otro villano

La festejara y sirviera,

Hiciera más caso dél:

Fuera de que son tus quejas

Sin tiempo. Si te has de ir

Mañana, ¿para qué intentas

Que una mujer en un dia

Te escuche y te favorezca?

Capitan.

En un dia el sol alumbra

Y falta; en un dia se trueca

Un reino todo; en un dia

Es edificio una peña;

En un dia una batalla

Pérdida y victoria ostenta;

En un dia tiene el mar

Tranquilidad y tormenta;

En un dia nace un hombre

Y muere: luego pudiera

En un dia ver mi amor

Sombra y luz como planeta,

Pena y dicha como imperio,

Gente y brutos como selva,

Paz y inquietud como mar,

Triunfo y ruina como guerra,

Vida y muerte como dueño

De sentidos y potencias:

Y habiendo tenido edad

En un dia su violencia

De hacerme tan desdichado,

¿Por qué, por qué no pudiera

Tener edad en un dia

De hacerme dichoso? ¿Es fuerza

Que se engendren más despacio

Las glorias que las ofensas?

Sarg.

Verla una vez solamente

¿A tanto extremo te fuerza?

Capitan.

¿Qué más causa habia de haber,

Llegando á verla, que verla?

De sola una vez á incendio

Crece una breve pavesa;

De una vez sola un abismo

Sulfúreo volcan revienta;

De una vez se enciende el rayo,

Que destruye cuanto encuentra;

De una vez escupe horror

La más reformada pieza;

¿De una vez amor, qué mucho,

Fuego de cuatro maneras,

Mina, incendio, pieza y rayo,

Postre, abrase, asombre y hiera?

Sarg.

¿No decias que villanas

Nunca tenían belleza?

Capitan.

Y áun aquesa confianza

Me mató, porque el que piensa

Que va á un peligro, ya va

Prevenido á la defensa;

Quien va á una seguridad,

Es el que más riesgo lleva,

Por la novedad que halla,

Si acaso un peligro encuentra.

Pensé hallar una villana;

Si hallé una deidad, ¿no era

Preciso que peligrase

En mi misma inadvertencia?

En toda mi vida ví

Más divina, más perfecta

Hermosura. ¡Ay, Rebolledo!

No sé qué hiciera por verla.

Reboll.

En la compañía hay soldado

Que canta por excelencia,

Y la Chispa, que es mi alcaida

Del boliche, es la primera

Mujer en jacarear.

Haya, señor, jira y fiesta

Y música á su ventana;

Que con esto podrás verla,

Y áun hablarla.

Capitan.

Como está

Don Lope allí, no quisiera

Despertarle.

Reboll.

Pues Don Lope

¿Cuándo duerme, con su pierna?

Fuera, señor, que la culpa,

Si se entiende, será nuestra,

No tuya, si de rebozo

Vas en la tropa.

Capitan.

Aunque tenga

Mayores dificultades,

Pase por todas mi pena.

Juntáos todos esta noche;

Mas de suerte que no entiendan

Que yo lo mando. ¡Ah, Isabel,

Qué de cuidados me cuestas!

(Vanse el Capitan y el Sargento.)

ESCENA IV.

LA CHISPA.—REBOLLEDO.

Chispa.

(Dentro.) Tenga esa.

Reboll.

Chispa, ¿qué es eso?

Chispa.

Ahí un pobrete, que queda

Con un rasguño en el rostro.

Reboll.

¿Pues por qué fué la pendencia?

Chispa.

Sobre hacerme alicantina

Del barato de hora y media

Que estuvo echando las bolas,

Teniéndome muy atenta

A si eran pares ó nones:

Canséme y dile con esta. (Saca la daga.)

Miéntras que con el barbero

Poniéndose en puntos queda,

Vamos al cuerpo de guardia;

Que allá te daré la cuenta.

Reboll.

¡Bueno es estar de mohina,

Cuando vengo yo de fiesta!

Chispa.

Pues ¿qué estorba el uno al otro?

Aquí está la castañeta:

¿Qué se ofrece que cantar?

Reboll.

Ha de ser cuando anochezca,

Y música más fundada.

Vamos, y no te detengas.

Anda acá al cuerpo de guardia.

Chispa.

Fama ha de quedar eterna

De mí en el mundo, que soy

Chispilla la Bolichera. (Vanse.)


Sala baja de casa de Crespo, con vistas y salida á un jardin. Ventana á un lado.

ESCENA V.

DON LOPE, CRESPO.

Crespo.

(Dentro.) En este paso, que está

Más fresco, poned la mesa

Al señor Don Lope. Aquí

Os sabrá mejor la cena;

Que al fin los dias de Agosto

No tienen más recompensa

Que sus noches.

D. Lope.

Apacible

Estancia en extremo es esta.

Crespo.

Un pedazo es de jardin,

En que mi hija se divierta.

Sentáos; que el viento suave

Que en las blandas hojas suena

Destas parras y estas copas,

Mil cláusulas lisonjeras

Hace al compas desta fuente,

Cítara de plata y perlas,

Porque son en trastes de oro

Las guijas templadas cuerdas.

Perdonad si de instrumentos

Solos la música suena,

Sin cantores que os deleiten,

Sin voces que os entretengan;

Que como músicos son

Los pájaros que gorjean,

No quieren cantar de noche,

Ni yo puedo hacerles fuerza.

Sentáos, pues, y divertid

Esa contínua dolencia.

D. Lope.

No podré; que es imposible

Que divertimiento tenga.

¡Válgame Dios!

Crespo.

Valga, amén.

D. Lope.

Los cielos me den paciencia.

Sentáos, Crespo.

Crespo.

Yo estoy bien.

D. Lope.

Sentáos.

Crespo.

Pues me dais licencia,

Digo, señor, que obedezco.

Aunque excusarlo pudierais. (Siéntase.)

D. Lope.

¿No sabeis qué he reparado?

Que ayer la cólera vuestra

Os debió de enajenar

De vos.

Crespo.

Nunca me enajena

A mí de mí nada.

D. Lope.

Pues

¿Cómo ayer, sin que os dijera

Que os sentarais, os sentasteis,

Y áun en la silla primera?

Crespo.

Porque no me lo dijisteis;

Y hoy, que lo decís, quisiera

No hacerlo: la cortesía,

Tenerla con quien la tenga.

D. Lope.

Ayer todo erais reniegos,

Porvidas, votos y pesias;

Y hoy estais más apacible.

Con más gusto y más prudencia.

Crespo.

Yo, señor, respondo siempre

En el tono y en la letra

Que me hablan: ayer vos

Así hablabais, y era fuerza

Que fueran de un mismo tono

La pregunta y la respuesta.

Demas de que yo he tomado

Por política discreta

Jurar con aquel que jura,

Rezar con aquel que reza.

A todo hago compañía;

Y es aquesto de manera,

Que en toda la noche pude

Dormir, en la pierna vuestra

Pensando, y amanecí

Con dolor en ambas piernas;

Que por no errar la que os duele,

Si es la izquierda ó la derecha,

Me dolieron á mí entrambas.

Decidme por vida vuestra

Cuál es, y sépalo yo,

Porque una sola me duela.

D. Lope.

¿No tengo mucha razon

De quejarme, si há ya treinta

Años que asistiendo en Flándes

Al servicio de la guerra,

El invierno con la escarcha,

Y el verano con la fuerza

Del sol, nunca descansé,

Y no he sabido qué sea

Estar sin dolor un hora?

Crespo.

¡Dios, señor, os dé paciencia!

D. Lope.

¿Para qué la quiero yo?

Crespo.

No os la dé.

D. Lope.

Nunca acá venga,

Sino que dos mil demonios

Carguen conmigo y con ella.

Crespo.

Amén, y si no lo hacen,

Es por no hacer cosa buena.

D. Lope.

¡Jesus mil veces, Jesus!

Crespo.

Con vos y conmigo sea.

D. Lope.

¡Vive Cristo, que me muero!

Crespo.

¡Vive Cristo, que me pesa!

ESCENA VI.

JUAN, que saca la mesa.—DON LOPE, CRESPO.

Juan.

Ya tienes la mesa aquí.

D. Lope.

¿Cómo á servirla no entran

mis criados?

Crespo.

Yo, señor,

Dije, con vuestra licencia,

Que no entraran á serviros,

Y que en mi casa no hicieran

Prevenciones; que á Dios gracias,

Pienso que no os falte en ella

Nada.

D. Lope.

Pues no entran criados,

Hacedme merced que venga

Vuestra hija aquí á cenar

Conmigo.

Crespo.

Díla que venga

A tu hermana al punto, Juan. (Vase Juan.)

D. Lope.

Mi poca salud me deja

Sin sospecha en esta parte.

Crespo.

Aunque vuestra salud fuera,

Señor, la que yo os deseo,

Me dejara sin sospecha.

Agravio haceis á mi amor;

Que nada deso me inquieta:

Pues decirla que no entrara

Aquí, fué con advertencia

De que no estuviese á oir

Ociosas impertinencias;

Que si todos los soldados

Corteses como vos fueran,

Ella habia de asistir

A servirlos la primera.

D. Lope.

(Ap.) ¡Qué ladino es el villano,

O cómo tiene prudencia!

ESCENA VII.

JUAN, INÉS, ISABEL.—DON LOPE, CRESPO.

Isabel.

¿Qué es, señor, lo que me mandas?

Crespo.

El señor Don Lope intenta

Honraros: él es quien llama.

Isabel.

Aquí está una esclava vuestra.

D. Lope.

Serviros intento yo.

(Ap. ¡Qué hermosura tan honesta!)

Que ceneis conmigo quiero.

Isabel.

Mejor es que á vuestra cena

Sirvamos las dos.

D. Lope.

Sentáos.

Crespo.

Sentáos, haced lo que ordena

El señor Don Lope.

Isabel.

Esté

El mérito en la obediencia.

(Siéntanse.—Tocan dentro guitarras.)

D. Lope.

¿Qué es aquello?

Crespo.

Por la calle

Los soldados se pasean

Tocando y cantando.

D. Lope.

Mal

Los trabajos de la guerra

Sin aquesta libertad

Se llevaran; que es estrecha

Religion la de un soldado,

Y darla ensanches es fuerza.

Juan.

Con todo eso, es linda vida.

D. Lope.

¿Fuérades con gusto á ella?

Juan.

Sí, señor, como llevara

Por amparo á Vuecelencia.

ESCENA VIII.

Soldados, REBOLLEDO.—Dichos.

Un sold.

(Dentro.) Mejor se cantará aquí.

Reboll.

(Dentro.) Vaya á Isabel una letra,

Y porque despierte, tira

A su ventana una piedra.

(Suena una piedra en una ventana.)

Crespo.

(Ap.) A ventana señalada

Va la música: paciencia.

Una voz.

(Canta dentro.)

Las flores del romero,

Niña Isabel,

Hoy son flores azules,

Y mañana serán miel.

D. Lope.

(Ap. Música, vaya; mas esto

De tirar es desvergüenza...

¡Y á la casa donde estoy

Venirse á dar cantaletas!...

Pero disimularé

Por Pedro Crespo y por ella.)

¡Qué travesuras!

Crespo.

Son mozos.

(Ap. Si por Don Lope no fuera,

Yo les hiciera...)

Juan.

(Ap.)Si yo

Una rodelilla vieja,

Que en el cuarto de Don Lope

Está colgada, pudiera

Sacar... (Hace que se va.)

Crespo.

¿Dónde vais, mancebo?

Juan.

Voy á que traigan la cena.

Crespo.

Allá hay mozos que la traigan.

Solds.

(Dentro, cantando.)

Despierta, Isabel, despierta.

Isabel.

(Ap.) ¿Qué culpa tengo yo, cielos,

Para estar á esto sujeta?

D. Lope.

Ya no se puede sufrir,

Porque es cosa muy mal hecha.

(Arroja la mesa.)

Crespo.

Pues ¡y cómo que lo es!

(Arroja la silla.)

D. Lope.

(Ap. Lléveme de mi impaciencia.)

¿No es, decidme, muy mal hecho

Que tanto una pierna duela?

Crespo.

Deso mismo hablaba yo.

D. Lope.

Pensé que otra cosa era.

Como arrojasteis la silla...

Crespo.

Como arrojasteis la mesa

Vos, no tuve que arrojar

Otra cosa yo más cerca.

(Ap. Disimulemos, honor.)

D. Lope.

(Ap. ¡Quién en la calle estuviera!)

Ahora bien, cenar no quiero.

Retiráos.

Crespo.

En hora buena.

D. Lope.

Señora, quedad con Dios.

Isabel.

El cielo os guarde.

D. Lope.

(Ap.)A la puerta

De la calle ¿no es mi cuarto?

Y en él ¿no está una rodela?

Crespo.

(Ap.) ¿No tiene puerta el corral,

Y yo una espadilla vieja?

D. Lope.

Buenas noches.

Crespo.

Buenas noches.

(Ap. Encerraré por defuera

A mis hijos.)

D. Lope.

(Ap.)Dejaré

Un poco la casa quieta.

Isabel.

(Ap.) ¡Oh qué mal, cielos, los dos

Disimulan que les pesa!

Inés.

(Ap.) Mal el uno por el otro

Van haciendo la deshecha.

Crespo.

¡Hola, mancebo!...

Juan.

Señor.

Crespo.

Acá está la cama vuestra. (Vanse.)


Calle.

ESCENA IX.

EL CAPITAN, EL SARGENTO; LA CHISPA, y REBOLLEDO, con guitarras; SOLDADOS.

Reboll.

Mejor estamos aquí.

El sitio es más oportuno:

Tome rancho cada uno.

Chispa.

¿Vuelve la música?

Reboll.

Sí.

Chispa.

Ahora estoy en mi centro.

Capitan.

¡Que no haya una ventana

Entreabierto esta villana!

Sarg.

Pues bien lo oyen allá adentro.

Chispa.

Espera.

Sarg.

Será á mi costa.

Reboll.

No es más de hasta ver quién es

Quien llega.

Chispa.

Pues qué, ¿no ves

Un jinete de la costa?

ESCENA X.

DON MENDO con adarga, NUÑO.—Dichos.

D. Mend.

(Ap. á Nuño.) ¿Ves bien lo que pasa?

Nuño.

No,

No veo bien; pero bien

Lo escucho.

D. Mend.

¿Quién, cielos, quién

Esto puede sufrir?

Nuño.

Yo.

D. Mend.

¿Abrirá acaso Isabel

La ventana?

Nuño.

Sí abrirá.

D. Mend

No hará, villano.

Nuño.

No hará.

D. Mend.

¡Ah, celos, pena cruel!

Bien supiera yo arrojar

A todos á cuchilladas

De aquí; mas disimuladas

Mis desdichas han de estar,

Hasta ver si ella ha tenido

Culpa dello.

Nuño.

Pues aquí

Nos sentemos.

D. Mend.

Bien: así

Estaré desconocido.

Reboll.

Pues ya el hombre se ha sentado,

Si ya no es que ser ordena

Alguna alma que anda en pena,

De las cañas que ha jugado,

Con su adarga á cuestas, da

Voz al aire. (A la Chispa.)

Chispa.

Ya él la lleva.

Reboll.

Va una jácara tan nueva,

Que corra sangre.

Chispa.

Sí hará.

ESCENA XI.

DON LOPE y CRESPO, á un tiempo, con broqueles, y cada uno por su lado.—Dichos.

Chispa.

(Canta.) Erase cierto Sampayo,

La flor de los andaluces,

El jaque de mayor porte

Y el rufo de mayor lustre.

Este, pues, á la Chillona

Halló un dia...

Reboll.

No le culpen

La fecha; que el asonante

Quiere que haya sido en lúnes.

Chispa.

Halló, digo, á la Chillona,

Que brindando entre dos luces,

Ocupaba con el Garlo

La casa de las azumbres.

El Garlo, que siempre fué,

En todo lo que le cumple,

Rayo de tejado abajo,

Porque era rayo sin nube,

Sacó la espada, y á un tiempo

De tajo y reves sacude.

Crespo.

Sería desta manera.

D. Lope.

Que sería así no duden.

(Acuchillan Don Lope y Crespo á los soldados y á Don Mendo y Nuño; métenlos, y vuelve Don Lope.)

Huyeron, y uno ha quedado

Dellos, que es el que está aquí.

(Vuelve Crespo.)

Crespo.

(Ap.) Cierto es que el que queda allí,

Sin duda es algun soldado.

D. Lope.

(Ap.) Ni áun este se ha de escapar

Sin almagre.

Crespo.

(Ap.)Ni este quiero

Que quede sin que mi acero

La calle le haga dejar.

D. Lope.

Huid con los otros.

Crespo.

Huid vos,

Que sabreis huir más bien. (Riñen.)

D. Lope.

(Ap.) ¡Vive Dios, que riñe bien!

Crespo.

(Ap.) ¡Bien pelea, vive Dios!

ESCENA XII.

JUAN, con espada.—DON LOPE, CRESPO.

Juan.

(Ap. Quiera el cielo que le tope.)

Señor, á tu lado estoy.

D. Lope.

¿Es Pedro Crespo?

Crespo.

Yo soy.

¿Es Don Lope?

D. Lope.

Sí es Don Lope.

¿Que no habiais, no dijisteis,

De salir? ¿Qué hazaña es esta?

Crespo.

Sean disculpa y respuesta

Hacer lo que vos hicisteis.

D. Lope.

Aquesta era ofensa mia,

Vuestra no.

Crespo.

No hay que fingir;

Que yo he salido á reñir

Por haceros compañía.

ESCENA XIII.

Soldados, EL CAPITAN.—Dichos.

Solds.

(Dentro.) A dar muerte nos juntemos

A estos villanos.

Capitan.

(Dentro.)Mirad...

(Salen los soldados y el Capitan.)

D. Lope.

¿Adónde vais? Esperad.

¿De qué son estos extremos?

Capitan.

Los soldados han tenido

(Porque se estaban holgando

En esta calle, cantando

Sin alboroto y rüido)

Una pendencia, y yo soy

Quien los está deteniendo.

D. Lope.

Don Álvaro, bien entiendo

Vuestra prudencia; y pues hoy

Aqueste lugar está

En ojeriza, yo quiero

Excusar rigor más fiero;

Y pues amanece ya,

Orden doy que en todo el dia,

Para que mayor no sea

El daño, de Zalamea

Saqueis vuestra compañía:

Y estas cosas acabadas,

No vuelvan á ser, porqué

Otra vez la paz pondré,

Vive Dios, á cuchilladas.

Capitan.

Digo que por la mañana

La compañía haré marchar.

(Ap. La vida me has de costar,

Hermosísima villana.)

Crespo.

(Ap.) Caprichudo es el Don Lope;

Ya haremos migas los dos.

D. Lope.

Veníos conmigo vos,

Y solo ninguno os tope. (Vanse.)

ESCENA XIV.

DON MENDO; NUÑO, herido.

D. Mend.

¿Es algo, Nuño, la herida?

Nuño.

Aunque fuera menor, fuera

De mí muy mal recibida,

Y mucho más que quisiera.

D. Mend.

Yo no he tenido en mi vida

Mayor pena ni tristeza.

Nuño.

Yo tampoco.

D. Mend.

Que me enoje

Es justo. ¿Que su fiereza

Luego te dió en la cabeza?

Nuño.

Todo este lado me coge. (Tocan dentro.)

D. Mend.

¿Qué es esto?

Nuño.

La compañía

Que hoy se va.

D. Mend.

Y es dicha mia,

Pues con eso cesarán

Los celos del Capitan.

Nuño.

Hoy se ha de ir en todo el dia.

ESCENA XV.

EL CAPITAN y EL SARGENTO, á un lado.—DON MENDO y NUÑO, al otro.

Capitan.

Sargento, vaya marchando

Antes que decline el dia

Con toda la compañía,

Y con prevencion que cuando

Se esconda en la espuma fria

Del océano español

Ese luciente farol,

En ese monte le espero,

Porque hallar mi vida quiero

Hoy en la muerte del sol.

Sarg.

(Ap. al Capitan.) Calla, que está aquí un figura

Del lugar.

D. Mend.

(Ap. á Nuño.) Pasar procura,

Sin que entienda mi tristeza.

No muestres, Nuño, flaqueza.

Nuño.

¿Puedo yo mostrar gordura?

(Vanse Don Mendo y Nuño.)

ESCENA XVI.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

Capitan.

Yo he de volver al lugar,

Porque tengo prevenida

Una criada, á mirar

Si puedo por dicha hablar

A aquesta hermosa homicida.

Dádivas han granjeado

Que apadrine mi cuidado.

Sarg.

Pues, señor, si has de volver

Mira que habrás menester

Volver bien acompañado;

Porque al fin no hay que fiar

De villanos.

Capitan.

Ya lo sé.

Algunos puedes nombrar

Que vuelvan conmigo.

Sarg.

Haré

Cuanto me quieras mandar.

Pero si acaso volviese

Don Lope, y te conociese

Al volver...

Capitan.

Ese temor

Quiso tambien que perdiese

En esta parte mi amor;

Que Don Lope se ha de ir

Hoy tambien á prevenir

Todo el tercio á Guadalupe;

Que todo lo dicho supe

Yéndome ahora á despedir

Dél, porque ya el Rey vendrá,

Que puesto en camino está.

Sarg.

Voy, señor, á obedecerte.

Capitan.

Que me va la vida advierte.

ESCENA XVII.

REBOLLEDO, LA CHISPA.—EL CAPITAN, EL SARGENTO.

Reboll.

Señor, albricias me da.

Capitan.

¿De qué han de ser, Rebolledo?

Reboll.

Muy bien merecerlas puedo,

Pues solamente te digo...

Capitan.

¿Qué?

Reboll.

Que ya hay un enemigo

Ménos á quien tener miedo.

Capitan.

¿Quién es? Dílo presto.

Reboll.

Aquel

Mozo, hermano de Isabel.

Don Lope se le pidió

Al padre, y él se le dió,

Y va á la guerra con él.

En la calle le he encontrado

Muy galan, muy alentado,

Mezclando á un tiempo, señor,

Rezagos de labrador

Con primicias de soldado:

De suerte que el viejo es ya

Quien pesadumbre nos da.

Capitan.

Todo nos sucede bien,

Y más si me ayuda quien

Esta esperanza me da,

De que esta noche podré

Hablarla.

Reboll.

No pongas duda.

Capitan.

Del camino volveré;

Que ahora es razon que acuda

A la gente que se ve

Ya marchar. Los dos sereis

Los que conmigo vendreis. (Vase.)

Reboll.

Pocos somos, vive Dios,

Aunque vengan otros dos,

Otros cuatro y otros seis.

Chispa.

Y yo, si tú has de volver,

Allá ¿qué tengo de hacer?

Pues no estoy segura yo,

Si da conmigo el que dió

Al barbero que coser.

Reboll.

No sé qué he de hacer de tí.

¿No tendrás ánimo, dí.

De acompañarme?

Chispa.

¿Pues no?

¿Vestido no tengo yo,

Animo y esfuerzo?

Reboll.

Sí,

Vestido no faltará;

Que ahí otro del paje está

De jineta, que se fué.

Chispa.

Pues yo plaza pasaré

Por él.

Reboll.

Vamos, que se va

La bandera.

Chispa.

Y yo veo ahora

Por qué en el mundo he cantado:

«Que el amor del soldado

No dura un hora.» (Vanse.)

ESCENA XVIII.

DON LOPE, CRESPO, JUAN.

D. Lope.

A muchas cosas os soy

En extremo agradecido;

Pero sobre todas, esta

De darme hoy á vuestro hijo

Para soldado, en el alma

Os la agradezco y estimo.

Crespo.

Yo os le doy para criado.

D. Lope.

Yo os le llevo para amigo;

Que me ha inclinado en extremo

Su desenfado y su brío,

Y la aficion á las armas.

Juan.

Siempre á vuestros piés rendido

Me tendreis, y vos vereis

De la manera que os sirvo,

Procurando obedeceros

En todo.

Crespo.

Lo que os suplico,

Es que perdoneis, señor,

Si no acertare á serviros,

Porque en el rústico estudio,

Adonde rejas y trillos,

Palas, azadas y bieldos

Son nuestros mejores libros,

No habrá podido aprender

Lo que en los palacios ricos

Enseña la urbanidad

Política de los siglos.

D. Lope.

Ya que va perdiendo el sol

La fuerza, irme determino.

Juan.

Veré si viene, señor,

La litera. (Vase.)

ESCENA XIX.

ISABEL, INÉS.—DON LOPE, CRESPO.

Isabel.

¿Y es bien iros,

Sin que os despidais de quien

Tanto desea serviros?

D. Lope.

(A Isabel) No me fuera sin besaros

Las manos y sin pediros

Que liberal perdoneis

Un atrevimiento digno

De perdon, porque no el premio

Hace el don, sino el servicio.

Esta venera, que aunque

Está de diamantes ricos

Guarnecida, llega pobre

A vuestras manos, suplico

Que la tomeis y traigais

Por patena, en nombre mio.

Isabel.

Mucho siento que penseis,

Con tan generoso indicio,

Que pagais el hospedaje,

Pues de honra que recibimos,

Somos los deudores.

D. Lope.

Esto

No es paga, sino cariño.

Isabel.

Por cariño, y no por paga,

Solamente la recibo.

A mi hermano os encomiendo,

Ya que tan dichoso ha sido

Que merece ir por criado

Vuestro.

D. Lope.

Otra vez os afirmo

Que podeis descuidar dél;

Que va, señora, conmigo.

ESCENA XX.

JUAN.—Dichos.

Juan.

Ya está la litera puesta.

D. Lope.

Con Dios os quedad.

Crespo.

El mismo

Os guarde.

D. Lope.

¡Ah buen Pedro Crespo!

Crespo.

¡Ah señor Don Lope invicto!

D. Lope.

¿Quién os dijera aquel dia

Primero que aquí nos vimos,

Que habíamos de quedar

Para siempre tan amigos?

Crespo.

Yo lo dijera, señor.

Si allí supiera, al oiros,

Que érais... (Al irse ya.)

D. Lope.

Decid por mi vida.

Crespo.

Loco de tan buen capricho.

(Vase Don Lope.)

ESCENA XXI.

CRESPO, JUAN, ISABEL, INÉS.

Crespo.

En tanto que se acomoda

El señor Don Lope, hijo,

Ante tu prima y tu hermana

Escucha lo que te digo.

Por la gracia de Dios, Juan,

Eres de linaje limpio

Más que el sol, pero villano:

Lo uno y lo otro te digo,

Aquello, porque no humilles

Tanto tu orgullo y tu brío,

Que dejes, desconfiado,

De aspirar con cuerdo arbitrio

A ser más; lo otro, porque

No vengas, desvanecido,

A ser ménos: igualmente

Usa de entrambos designios

Con humildad; porque siendo

Humilde, con recto juicio

Acordarás lo mejor;

Y como tal, en olvido

Pondrás cosas que suceden

Al reves en los altivos.

¡Cuántos, teniendo en el mundo

Algun defecto consigo,

Le han borrado por humildes!

Y ¡á cuántos, que no han tenido

Defecto, se le han hallado,

Por estar ellos mal vistos!

Sé cortés sobremanera,

Sé liberal y esparcido;

Que el sombrero y el dinero

Son los que hacen los amigos;

Y no vale tanto el oro

Que el sol engendra en el indio

Suelo y que conduce el mar,

Como ser uno bienquisto.

No hables mal de las mujeres:

La más humilde, te digo

Que es digna de estimacion,

Porque, al fin, dellas nacimos.

No riñas por cualquier cosa;

Que cuando en los pueblos miro

Muchos que á reñir enseñan,

Mil veces entre mí digo:

«Aquesta escuela no es

La que ha de ser, pues colijo

Que no ha de enseñarse á un hombre

Con destreza, gala y brío

A reñir, sino á por qué

Ha de reñir; que yo afirmo

Que si hubiera un maestro solo

Que enseñara prevenido,

No el cómo, el por qué se riña,

Todos le dieran sus hijos:»

Con esto, y con el dinero

Que llevas para el camino,

Y para hacer, en llegando

De asiento, un par de vestidos,

El amparo de Don Lope

Y mi bendicion, yo fío

En Dios que tengo de verte

En otro puesto. Adios, hijo;

Que me enternezco en hablarte.

Juan.

Hoy tus razones imprimo

En el corazon, adonde

Vivirán, miéntras yo vivo.

Dáme tu mano, y tú, hermana,

Los brazos, que ya ha partido

Don Lope, mi señor, y es

Fuerza alcanzarle.

Isabel.

Los mios

Bien quisieran detenerte.

Juan.

Prima, adios.

Inés.

Nada te digo

Con la voz, porque los ojos

Hurtan á la voz su oficio.

Adios.

Crespo.

Ea, véte presto;

Que cada vez que te miro,

Siento más el que te vayas:

Y haz por ser lo que te he dicho.

Juan.

El cielo con todos quede.

Crespo.

El cielo vaya contigo. (Vase Juan.)

ESCENA XXII.

CRESPO, ISABEL, INÉS.

Isabel.

¡Notable crueldad has hecho!

Crespo.

(Ap. Ahora que no le miro,

Hablaré más consolado.)

¿Qué habia de hacer conmigo,

Sino ser toda su vida

Un holgazan, un perdido?

Váyase á servir al Rey.

Isabel.

Que de noche haya salido,

Me pesa á mí.

Crespo.

Caminar

De noche por el estío,

Antes es comodidad

Que fatiga, y es preciso

Que á Don Lope alcance luego

Al instante. (Ap. Enternecido

Me deja, cierto, el muchacho,

Aunque en público me animo.)

Isabel.

Éntrate, señor, en casa.

Inés.

Pues sin soldados vivimos,

Estémonos otro poco

Gozando á la puerta el frio

Viento que corre; que luégo

Saldrán por ahí los vecinos.

Crespo.

(Ap. A la verdad, no entro dentro,

Porque desde aquí imagino,

Como el camino blanquea,

Que veo á Juan en el camino.)

Inés, sácame á esta puerta

Asiento.

Inés.

Aquí está un banquillo.

Isabel.

Esta tarde diz que ha hecho

La villa eleccion de oficios.

Crespo.

Siempre aquí por el Agosto

Se hace. (Siéntanse.)

ESCENA XXIII.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO, LA CHISPA Y SOLDADOS, embozados.—CRESPO, ISABEL, INÉS.

Capitan.

(Ap. á los suyos.) Pisad sin ruido.

Llega, Rebolledo, tú,

Y da á la criada aviso

De que ya estoy en la calle.

Reboll.

Yo voy. Mas ¡qué es lo que miro!

A su puerta hay gente.

Sarg.

Y yo

En los reflejos y visos

Que la luna hace en el rostro,

Que es Isabel, imagino,

Esta.

Capitan.

Ella es: más que la luna,

El corazon me lo ha dicho.

A buena ocasion llegamos.

Si ya, una vez que venimos,

Nos atrevemos á todo,

Buena venida habrá sido.

Sarg.

¿Estás para oir un consejo?

Capitan.

No.

Sarg.

Pues ya no te le digo.

Intenta lo que quisieres.

Capitan.

Yo he de llegar, y atrevido

Quitar á Isabel de allí.

Vosotros á un tiempo mismo

Impedid á cuchilladas

El que me sigan.

Sarg.

Contigo

Venimos, y á tu órden hemos

De estar.

Capitan.

Advertid que el sitio

Donde habemos de juntarnos

Es ese monte vecino,

Que está á la mano derecha,

Como salen del camino.

Reboll.

Chispa.

Chispa.

¿Qué?

Reboll.

Ten esas capas.

Chispa.

Que es del reñir, imagino,

La gala el guardar la ropa,

Aunque del nadar se dijo.

Capitan.

Yo he de llegar el primero.

Crespo.

Harto hemos gozado el sitio.

Entrémonos allá dentro.

Capitan.

(Ap. á los suyos.) Ya es tiempo, llegad amigos.

(Lléganse á los tres los soldados, detienen á Crespo y á Inés, y se apoderan de Isabel.)

Isabel.

¡Ah traidor! Señor, ¿qué es esto?

Capitan.

Es una furia, un delirio

De amor. (Llévala y vase.)

Isabel.

(Dentro.) ¡Ah traidor!—¡Señor!

Crespo.

¡Ah cobardes!

Isabel.

(Dentro.)¡Padre mio!

Inés.

(Ap.) Yo quiero aquí retirarme. (Vase.)

Crespo.

¡Cómo echais de ver (¡ah impíos!)

Que estoy sin espada, aleves,

Falsos y traidores!

Reboll.

Idos,

Si no quereis que la muerte

Sea el último castigo.

(Vanse los robadores.)

Crespo.

¿Qué importará, si está muerto

Mi honor, el quedar yo vivo?

¡Ah! ¡quién tuviera una espada!

Porque sin armas seguirlos

Es en vano; y si brioso

A ir por ella me aplico,

Los he de perder de vista.

¿Qué he de hacer, hados esquivos;

Que de cualquiera manera

Es uno solo el peligro?

ESCENA XXIV.

INÉS, con una espada.—CRESPO.

Inés.

Ya tienes aquí la espada.

Crespo.

A buen tiempo la has traido.

Ya tengo honra, pues tengo

Espada con que seguiros (Vanse.)


Campo.

ESCENA XXV.

CRESPO, riñendo con EL SARGENTO, REBOLLEDO y los SOLDADOS; despues ISABEL.

Crespo.

Soltad la presa, traidores

Cobardes, que habeis cogido;

Que he de cobrarla, ó la vida

He de perder.

Sarg.

Vano ha sido

Tu intento, que somos muchos.

Crespo.

Mis males son infinitos,

Y riñen todos por mí... (Cae.)

—Pero la tierra que piso,

Me ha faltado.

Reboll.

Dadle muerte.

Sarg.

Mirad que es rigor impío

Quitarle vida y honor.

Mejor es en lo escondido

Del monte dejarle atado,

Porque no lleve el aviso.

Isabel.

(Dentro.) ¡Padre y señor!

Crespo.

¡Hija mia!

Reboll.

Retírale como has dicho.

Crespo.

Hija, solamente puedo

Seguirte con mis suspiros. (Llévanle.)

ESCENA XXVI.

ISABEL y CRESPO, dentro; despues JUAN.

Isabel.

(Dentro.) ¡Ay de mí!

Juan.

(Saliendo.)¡Qué triste voz!

Crespo.

(Dentro.) ¡Ay de mí!

Juan.

¡Mortal gemido!

A la entrada dese monte

Cayó mi rocin conmigo,

Veloz corriendo, y yo ciego

Por la maleza le sigo.

Tristes voces á una parte,

Y á otra míseros gemidos

Escucho, que no conozco,

Porque llegan mal distintos.

Dos necesidades son

Las que apellidan á gritos

Mi valor; y pues iguales

A mi parecer han sido,

Y uno es hombre, otro mujer,

A seguir ésta me animo;

Que así obedezco á mi padre

En dos cosas que me dijo:

«Reñir con buena ocasion,

Y honrar la mujer,» pues miro

Que así honro las mujeres,

Y con buena ocasion riño.