JORNADA SEGUNDA.


Sala de la posada.

ESCENA PRIMERA.

DON CÁRLOS, FABIO.

D. Cárl.

¿Está todo prevenido?

Fabio.

Ya la ropa y las maletas

Tengo aparejadas; solo

Falta que las postas vengan.

D. Cárl.

Más falta.

Fabio.

¿Qué es?

D. Cárl.

Que Don Juan,

Que hoy he de partirme sepa,

Para que dél me despida.

Fabio.

Pues ¿no sabe que hoy te ausentas?

D. Cárl.

No: ni él ni Leonor lo saben;

Que anoche áun no tenía esta

Resolucion.

Fabio.

Pues yo iré

A avisarle.

D. Cárl.

Aguarda, espera;

Que él parece que ha tenido

De mi pensamiento nueva,

Pues á la posada viene

Antes casi que amanezca.

ESCENA II.

DON JUAN.—DON CÁRLOS, FABIO.

D. Cárl.

¡Tan de mañana, Don Juan!

Pues ¿qué madrugada es esta?

D. Juan.

Lo mismo puedo deciros.

¿Dónde vais con tanta priesa?

D. Cárl.

Anoche cuando volví

De vuestra casa, en aquesta

Posada supe que hay

En Vinaroz dos galeras

De Italia, y perder no quiero

La ocasion de irme con ellas,

Porque no veo la hora

De hacer de Leonor ausencia;

Que aunque yo por verla muero,

Muero tambien por no verla.

Y ya que queda segura,

Tengo por la accion más cuerda

Volver á todo la espalda;

Y así, con vuestra licencia,

Don Juan, pienso partir hoy.

D. Juan.

Si yo, Don Cárlos, pudiera,

O concederla ó negarla,

Fuera muy gran conveniencia

De mi dolor, poder ántes

Negarla que concederla.

D. Cárl.

¿Cómo?

D. Juan.

Como me importara

Deteneros en Valencia

Unos dias, alma y vida.

D. Cárl.

Fabio...

Fabio.

Señor.

D. Cárl.

Cuando vengan

Las postas, despediráslas.—

Ved, Don Juan, con cuánta priesa

Son vuestros preceptos, ántes

Que preceptos, obediencias. (Vase Fabio.)

ESCENA III.

DON CÁRLOS, DON JUAN.

D. Cárl.

¿Qué hay de nuevo?

D. Juan.

¿Estamos solos?

D. Cárl.

Sí.

D. Juan.

Pues cerrad esa puerta.

(Cierra la puerta Don Cárlos.)

D. Cárl.

Ya lo está.—¿Qué es esto?

D. Juan.

Es

Una desdicha, una pena

Tan grande, Cárlos, que sólo

Vos podeis de mí saberla,

Como mi amigo, porque

Soy mitad del alma vuestra,

Y como mi sangre, Cárlos,

Por ser en los dos la mesma.

Mirad cuánto de un dia á otro

Muda la inconstante rueda

De la fortuna las cosas.

Ayer en vuestras tragedias

Vinisteis de mí á valeros;

Y hoy en las mias es fuerza

Que yo me valga de vos.

¡Oh cuán villana, cuán necia

Es mi desdicha, pues cobra

Con tanta prisa la deuda!

D. Cárl.

¿Desde anoche acá hubo causa

Que á tan grande extremo os mueva?

D. Juan.

Despues que anoche salisteis

De mi casa, porque en ella,

Ni vos quisisteis quedaros,

Ni yo quise haceros fuerza;

Y despues que con instancias

No dejasteis que viniera

Con vos, traté recogerme;

Y recorriendo las puertas

De mi casa (que es en mí

Costumbre, y no diligencia)

En mi cuarto me entré, donde

Mil ilusiones diversas

Me desvelaron de suerte,

Que entre confusas ideas,

Apénas dormir queria,

Cuando dispertaba á penas;

Cuando oigo (¡tiemblo al decirlo!)

Que en una cuadra de afuera

Una ventana se abria.

Presumiendo que por ella

Alguna criada hablaba,

Quise averiguar quién era,

Abriendo sin hacer ruido

De mi ventana la media;

Pues oyendo una razon

O tomando alguna seña,

Sin escándalo podia

Poner en el daño enmienda.

A nadie en la calle ví:

Con que casi satisfechas

Mis dudas, se persuadieron

A que el viento hacer pudiera

El ruido; pero ¡qué poco

Dura el bien que un triste piensa!

Pues por el balcon á este

Tiempo ví que se descuelga

Un hombre. Acudí volando

A tomar una escopeta,

Y por prisa que me di,

Ya otro y él dan la vuelta

A la calle: á cuyo tiempo

Cerraron, porque áun aquella,

O tibia ó fácil ó vana

Imaginacion siquiera

De que eran ladrones, no

Me quedase, viendo que eran

Cómplices del hurto iguales

Los que huyen y el que cierra.

Quise arrojarme tras ellos;

Mas viendo con cuánta priesa

Y ventaja iban, hallé

Que era inútil diligencia.

Conocer quién era quise

La que vestida y despierta

A aquellas horas estaba;

Y abriendo (¡ay de mí!) la puerta

De mi cuarto, el de mi hermana

Cerrado hallé: de manera

Que llamar á él no era más

(Pues todas en mi presencia

Habian de alborotarse)

Que equivocando las señas,

El semblante de la culpa

Ponérsele á la inocencia,

Y advertir para adelante,

Siendo la accion ménos cuerda

Que hace un ofendido, cuando

No está en términos la ofensa,

Darla á entender con decirla,

Para no satisfacerla.

Yo no he de hacer en mi casa

Novedad: de la manera

Que hasta aquí me vieron todos,

Me han de ver, tan sin sospecha,

Que hasta mi mismo semblante

Sabré hacer que el color mienta;

Pero para este recato

Tener un amigo es fuerza

Afuera, si estoy en casa,

O en casa si estoy afuera.

Pues si he de fiarme de otro,

¿De quién con mayor certeza

Que de vos, que como dije,

Sois mitad del alma mesma,

Y como deudo y amigo

Os toca tanto mi afrenta?

Y así, para averiguarlo,

Oid lo que mi pecho intenta.

Dentro de mi cuarto yo

Tengo una cuadra pequeña

Con libros y con papeles,

Donde jamás sale ó entra

Criado alguno. Aquí escondido,

(Llaman dentro.)

Don Cárlos... Pero á la puerta

Llaman.

ESCENA IV.

FABIO.—DON CÁRLOS, DON JUAN.

D. Cárl.

Esperad. ¿Quién es?

Fabio.

(Dentro.) Yo soy, señor: abre apriesa.

D. Cárl.

Si ves que tengo cerrado,

¿Por qué llamas? (Abre, y sale Fabio.)

Fabio.

Porque sepas

Una grande novedad,

De que importa darte cuenta.

D. Cárl.

¿Qué es?

Fabio.

Estando desta casa

Esperándote á la puerta,

Llegó de camino el padre

De Leonor, á ver si en ella

Posada habia.

D. Cárl.

¿Qué dices?

Fabio.

Lo que he visto. Considera

Si es cosa para que oculta

Un instante te la tenga;

Y más habiéndole dicho

Que sí, y apeádose ahí fuera,

Donde te ha de ver, si sales.

D. Cárl.

¿Hay desdicha como esta?

Sin duda en mi seguimiento

Y de Leonor, á Valencia

Viene.

D. Juan.

¿Conóceos él?

D. Cárl.

Sí.

D. Juan.

Pues mira tú cuando pueda

Salir de aqueste aposento

Don Cárlos, sin que le vea,

Y avisa.

Fabio.

Ahora podrá,

Que él en el cuarto se entra

Que le han dado.

D. Juan.

Pues salgamos

De aquí una vez; que allá fuera

Veremos qué hemos de hacer.

D. Cárl.

Salgamos, Don Juan, apriesa.

D. Juan.

Vamos á mi casa, adonde

Ya es de los dos conveniencia

Estar en ella escondido.

D. Cárl.

¡Qué de temores me cercan!

D. Juan.

¡Qué de cuidados me afligen!

D. Cárl.

¡Ay, Leonor, lo que me cuestas! (Vanse.)


Sala en casa de Don Juan.

ESCENA V.

DOÑA BEATRIZ, INÉS.

D.ª Beat.

Inés, nada me digas;

Que á más dolor mi sentimiento obligas.

Inés.

Pues habiendo salido

Del empeño de anoche tan sin ruido,

Que sin que en casa nadie lo sintiera,

A Don Diego y Ginés echamos fuera,

¿Qué es lo que ahora te aflige?

D.ª Beat.

Tú de mi llanto mi pasion colige.

¿Qué importa que saliesen

Sin que mi hermano ni Isabel los viesen,

Si despues mis desvelos

Quedaron sin temor, mas no sin celos?

¿Viste, Inés, en tu vida

Desvergüenza mayor que la fingida

Confianza y tristeza,

Con que á significarme la fineza

Que ausente habia tenido

Llegó Don Diego, habiendo yo sabido

Cuanto le habia pasado

En Madrid, de otra dama enamorado?

Inés.

Él no nos oye ahora,

Y así por él he de volver, señora.

¿Qué querias que hiciera

En Madrid (que es el centro y es la esfera

De toda la lindura,

El aseo, la gala y la hermosura)

Un caballero mozo,

Que le apunta el dinero con el bozo,

Y está, cuando más ama,

Cincuenta y tantas leguas de su dama?

Ya pagó su pecado

Bastantemente en cas de aquella moza,

Puesto que sin venir de Zaragoza,

Vino descalabrado;

Y así, aunque amor en tu opinion le culpa,

En la mia la ausencia le disculpa.

D.ª Beat.

No son mis celos, no, tan poco sabios,

Que no sepan, Inés, que los agravios

Que tocan en el gusto y no en la fama,

Tienen perdon en quien de véras ama.

Y si verdad te digo,

Diera por verle disculpar conmigo...

No sé lo que me diera,

Loca estoy, muerta estoy.

Inés.

Aguarda, espera;

Que si ese es tu deseo,

Yo te le cumpliré, pues nada creo

Que embarazarnos puede;

Que cuando te éntre á ver, y aquí se quede,

No hay ya que hacer extremos,

Pues que la escapatoria nos sabemos.

D.ª Beat.

Sí, pero no quisiera

Que mi amor tan rendido conociera,

Inés, que imaginase

Que yo, sobre mis quejas, procurase

A sus disculpas la ocasion.

Inés.

A todo

Remedio hay.

D.ª Beat.

¿De qué modo?

Inés.

Deste modo:

Yo le diré que estás tan enojada,

Tan ofendida y tan desesperada,

Que una y doscientas veces me has mandado

No admitir papel suyo ni recado;

Mas que no obstante, sólo por hacelle

Gusto, me he de atrever...

D.ª Beat.

¿A qué?

Inés.

A ponelle

Donde te pueda hablar; con que consigo

Tres cosas: la una, que él se vea contigo,

La otra, que tú rogarle no parezca,

Y la otra, que él á mí me lo agradezca.

D.ª Beat.

Inés, yo estoy celosa, cuerda eres:

Harto he dicho, haz tú allá lo que quisieres,

Y en esta parte más no discurramos,

Porque Isabel no entienda lo que hablamos.

ESCENA VI.

LEONOR, con unos lazos en una bandeja.—DOÑA BEATRIZ, INÉS.

Leonor.

Aquestas son, señora,

Las flores que mandaste hacer.

D.ª Beat.

Ahora

Gusto, Isabel, no tengo para nada;

Yo las veré despues.

Leonor.

¡Qué poco agrada

Quien sirve sin estrella!

D.ª Beat.

(Ap.) Ménos agrada quien amó sin ella.

(Vase.)

Leonor.

¿Qué es esto, Inés? ¿Qué tiene nuestra ama?

Inés.

Esto es, amiga, reventar de dama.

Tiene una hipocondría,

Con que, de una hora á otra, cada dia

Muda mil pareceres.

Oye, ve y calla, si agradarla quieres. (Vase.)

ESCENA VII.

LEONOR.

Leonor.

Harto oigo y harto veo,

Y harto callo tambien. Loco deseo,

¿Para qué neciamente

Persuadirme procuras que aquí ausente

De mi casa, mi patria y padre, puedo

Perder ya más á mi desdicha el miedo,

Si está tan cerca el daño,

Que es locura aguardar el desengaño,

Y me pone tan léjos la esperanza,

Que es locura tener la confianza

En lo instable del tiempo? Pues decia

Uno que enfermo de mi mal estaba:

«¡Ay triste del que fía

Su cura al tiempo!» Porque examinaba

Que es remedio, aunque sabio, tan incierto,

Que ya el mal le habria muerto,

Cuando á curarle el médico llegara,

Matando mil para uno que sanara.

¿Quién jamás se habrá visto

(¡Mal el dolor, mal la pasion resisto!)

En tan mísero estado,

Como yo, sin haber (¡ay de mí!) dado

Ocasion á fortuna tan tirana?

Pues nunca fué...

ESCENA VIII.

DON JUAN.—LEONOR.

D. Juan.

Isabel, ¿qué hace mi hermana?

Leonor.

En su cuarto, señor (¡oh pena fuerte!),

Está.

D. Juan.

Pues hablaréte de otra suerte,

Si sola estás. ¿Qué hacías, Leonor bella?

Leonor.

Lo que siempre, quejarme de mi estrella.

¿Has visto á Cárlos?

D. Juan.

Sí, porque no fuera

Justo...

Leonor.

¿Qué?

D. Juan.

Que sin verle se partiera.

Leonor.

¿Luego ya se ha partido?

D. Juan.

Sí, Leonor.

Leonor.

¡Sin haberse despedido

De mí! ¡Qué poco á sus finezas debo!

D. Juan.

No, Leonor, con afecto ahora nuevo

Dejes tu entendimiento

Fácilmente llevar del sentimiento.

Yo estoy en guarda tuya,

Y no sin causa tu discurso arguya

Que de mí defendida,

Por tí he de aventurar honor y vida.

Leonor.

No dudo esa fineza

De tu valor, tu sangre y tu nobleza;

Y porque sepas cuánto, Don Juan, fío

De tan hidalgo y noble ofrecimiento,

Puesto que el pecho mio

No es posible negarse al sentimiento,

Dáme, señor, licencia

Para que en tanta pena, en dolor tanto

Me retire á llorar de tu presencia;

Que no es razon que descortés mi llanto

Pierda á tus confianzas el decoro.

No llore yo, sabiendo tú que lloro. (Vase.)

ESCENA IX.

DON JUAN.

D. Juan.

¡Qué cuerdamente decia

Aquel sabio, que entre el ver

Padecer y el padecer,

Ninguna distancia habia!

Díjela que se habia ido

Cárlos, que encerrado ya

Dentro de mi cuarto está,

Porque él y yo hemos querido

Que nadie sepa este grave

Empeño, porque en efeto,

Ninguno guarda un secreto

Mejor que el que no le sabe;

Fuera de que estando aquí

Hoy el padre de Leonor,

Para todos es mejor.

(Llégase á una puerta, la abre, pasa el umbral y dice:)

Cárlos.

ESCENA X.

DON CÁRLOS.—DON JUAN.

D. Cárl.

(Dentro.) ¿Estais solo?

D. Juan.

Sí,

Que no entrara acompañado.

(Vuelve Don Juan, y sale Don Cárlos.)

D. Cárl.

¿Habeis hablado á Leonor?

D. Juan.

Sí, Cárlos, y de su amor

Y de su virtud me han dado

Bastante satisfaccion

Sus lágrimas. Ha sentido

Pensar que os habeis partido

Con tan discreta pasion,

Que he llegado á persuadirme,

Aunque el indicio la culpa,

Que ella está, Cárlos, sin culpa.

D. Cárl.

Poco teneis que decirme

En eso; pero aunque yo

El desengaño deseo,

Miéntras no le toco y veo,

¿Tengo de creerle?

D. Juan.

No.

D. Cárl.

Luego hablar dél es error,

Supuesto que en mis recelos

Han de ir borrando los celos

Cuanto pintare el amor.

¿Dijiste que habia venido

Su padre?

D. Juan.

No, que no fuera

Justo que más la afligiera

De lo que está.

D. Cárl.

Bien ha sido.

¿Y qué mandasteis á Fabio?

D. Juan.

Que en la posada esté, pues

Él conocido no es,

Para que leal y sabio

Siempre á la mira estuviese

Del padre, y que procurase

Penetrar cuanto intentase.

D. Cárl.

Medio muy frívolo es ese;

Que claro es que él no dirá

A nadie á lo que ha venido.

D. Juan.

Con todo eso... Mas ¿qué ruido

Es este? (Ruido dentro.)

(Don Cárlos mira por la cerradura de una puerta.)

D. Cárl.

Ser cierto ya,

Don Juan, el lance mayor

Que sucedernos pudiera.

Quien sube por la escalera

Es el padre de Leonor.

D. Juan.

¿Qué decís?

D. Cárl.

Que yo por esa

Llave le ví y conocí.

D. Juan.

¿El padre de Leonor?

D. Cárl.

Sí.

D. Juan.

Pues retiráos apriesa

Vos á esa escuadra; que yo

A recibirle saldré,

Y lo que intenta sabré.

D. Cárl.

Detenéos: eso no;

Que no es, adonde Leonor

Y yo estamos venir él,

Lance tan poco cruel,

Que permita mi valor

Dejaros.

D. Juan.

Pues siempre os queda

Libre el paso á accion igual,

No anticipemos el mal:

Dejémosle que suceda.

Escuchémosle primero.

Retiraos de aquí.

D. Cárl.

Sí haré;

Pero á la mira estaré.

(Escóndese Don Cárlos, y abre la puerta Don Juan.)

ESCENA XI.

DON PEDRO, vestido de camino.—DON JUAN; DON CÁRLOS, oculto.

D. Juan.

¿A quién buscais, caballero?

D. Ped.

Suplícôs que me digais,

Pues por caballero os toca

Honrarme, si Don Juan Roca

En casa está.

D. Juan.

¿Qué mandais?

Que yo Don Juan Roca soy.

D. Ped.

Que vuestros brazos me deis,

Pues que vos sólo podeis

Ser de mis fortunas hoy

Puerto, á cuya confianza

Todas mis penas entrego,

Cuando á vuestra casa llego

A lograr una esperanza,

Seguro de que ha de hallar

Mi infeliz tirana estrella

Todo cuanto busco en ella.

D. Cárl.

(Al paño.) ¿Qué más se ha de declarar?

D. Juan.

(Ap. Sin duda que ya ha sabido

Que Don Cárlos y Leonor

Están aquí.) Yo, señor,

A mi suerte agradecido

Estoy, cuando así me honrais;

Pero es fuerza padecer

Mil dudas, hasta saber

Quién sois, y qué me mandais.

D. Ped.

Sentáos, y quién soy, señor,

De aquesta sabreis primero. (Dale una carta.)

Luego sabreis lo que espero

Fiar de vuestro valor. (Siéntanse.)

D. Juan.

Del Marqués mi señor es

La carta. (Ap. Dudando estoy.)

D. Ped.

Lêd: sabreis della quién soy,

Y mi pretension despues.

(Abre Don Juan la carta, y lee.)

El señor Don Pedro de Lara, mi pariente y amigo, va á esa ciudad en seguimiento de un hombre, de quien importa á su honor satisfacerse: mi poca salud no me da lugar á acompañarle; pero fío que donde vos estais, no le hará falta mi persona; y así os digo que su ofensa es mia, y su satisfaccion corre por mi cuenta.—Dios os guarde.—El Marqués de Denia.

D. Juan.

Lo que me escribe el Marqués

Mi señor, habeis oido:

Lo que yo respondo á esto

Es, que aquí para serviros

Me teneis á todo trance.

D. Ped.

Guárdeos Dios; que así lo fío

De las noticias que traigo,

Y de las partes que miro

En vos: con cuyo resguardo,

Solo y secreto he venido,

En confianza no más

Desa carta, porque dijo

El Marqués, que en vos tendria

Mi honor valedor y amigo,

Por muchas obligaciones

Que á su casa habeis tenido.

D. Juan.

Todas las confieso, y todas

Veréis en vuestro servicio

Empleadas igualmente;

Pero para esto es preciso

Saber, señor, la ocasion,

Que á Valencia os ha traido.

(Ap. Apuremos de una vez

Todo el veneno al peligro.)

D. Ped.

Yo lo diré, si es que yo

Puedo acabarlo conmigo.

Noble soy, Don Juan, y sobre

Ser noble, estoy ofendido:

Mi enemigo está en Valencia,

Tras él vengo: harto os he dicho.

D. Juan.

Y yo lo he entendido todo,

Tan bien ya como vos mismo.

D. Ped.

Discreto sois; y así, sólo

Quiero que esteis prevenido

Para cuando yo os avise

De que de vos necesito. (Levántase.)

D. Juan.

Esperad, que falta más.

D. Ped.

Decid, ¿qué falta?

D. Juan.

Advertiros

De que yo tengo en Valencia

Deudos, parientes y amigos;

Y así, sin saber quién es,

Don Pedro, vuestro enemigo,

Ni el Marqués puede mandarme

Cosa contra el valor mio,

Ni yo ofrecer favor que

Resulte contra mí mismo.

D. Ped.

De vuestra sangre y cordura

Ha sido reparo digno;

Y aunque sea contra mí,

Os lo agradezco y estimo.

Y para que no dejemos

El escrúpulo indeciso,

¿Qué teneis con un Don Diego

Centellas?

D. Juan.

Ser conocido

Mio no más.

D. Cárl.

(Al paño.)Este es

Aquel competidor mio.

D. Ped.

Segun eso, ¿ya el reparo

Es ninguno?

D. Juan.

Así lo afirmo.

D. Ped.

Pues este una noche (¡ay triste!

¡Con qué dolor lo repito!)

Quedó por muerto en mi casa:

Con que no pudo mi brío

Satisfacerse; que fuera

Villano rencor, indigno

De mi valor, emplear

En un cadáver los filos

De mi vengativo acero,

Pero no tan vengativo,

Que vida no diera muerto

A quien diera muerte vivo.

Llegó justicia, y yo alcé

La mano al instante mismo

A venganzas y querellas;

Porque no fuera bien visto

Que hombre como yo tratara

De vengarse por escrito.

Entre el alboroto huyó

Una hija mia... Al decirlo

Me embaraza la vergüenza.

¡Mal haya el primero que hizo

Ley tan rigurosa, pacto

Tan vil, duelo tan impío,

Y entre el hombre y la mujer

Un tan desigual partido,

Como que esté el propio honor

Sujeto al ajeno arbitrio!

Huyó, digo, de mi casa;

Y aunque de aqueste delito

Fueron dos los agresores,

A éste con dos causas sigo.

La primera, que no sé

Del otro; y así, es preciso

Que aquel de quien sé primero,

Pruebe primero el castigo.

La segunda, que viniendo

Ahora por el camino,

Que un caballero venía

Recatado y prevenido

Con un criado y una dama,

En mil posadas me han dicho;

Y por las señas es ella;

Que habiendo él convalecido

Y ella faltado, es muy fácil

Presumir que se ha valido

Dél en su fuga. Y así,

Con este segundo indicio,

Más irritado le busco,

Y más osado le sigo,

O para que se reparen

Las ruinas del edificio

De mi honor, que está por tierra,

O para que vengativo

Haga que áun éstas no queden,

Sin que los incendios vivos

De mi pecho les abrasen.

Y pues mi agravio os he dicho,

Y ya no hay inconveniente

En ayudar mis designios,

Despues volveré á buscaros:

Que ahora de vos me retiro

A hacer otra diligencia,

De que os vendré á dar aviso,

Como á quien ya desde aquí

Mi amparo ha de ser y asilo,

No tanto porque á ello os mueva

La carta que os he traido,

Cuanto por la obligacion

En que os pone haberme visto

Dar lágrimas á la tierra,

Y dar al cielo suspiros.

(Vase Don Pedro y sale Don Cárlos.)

ESCENA XII.

DON CÁRLOS.—DON JUAN.

D. Cárl.

¿Quién en el mundo se vió

En las dudas que me miro?

D. Juan.

Vamos recorriendo, Cárlos,

Lo que nos ha sucedido.

D. Cárl.

Vos teneis en vuestra casa

A la dama de un amigo...

D. Juan.

Hija de un hombre, que hoy

A valer de mí se vino.

D. Cárl.

El amigo está tambien

En vuestra casa escondido.

D. Juan.

Y á efecto de que me ayude

A vengar agravios mios.

D. Cárl.

El enemigo que aquél

Busca es tambien mi enemigo.

D. Juan.

Y yo de todos prendado,

No sé á qué me determino:

De Leonor, porque es mujer;

De vos, porque sois mi primo;

Por el Marqués, de Don Pedro;

Y de mi honor, por mí mismo.

¿Qué puedo hacer?

D. Cárl.

Resolveros

A que el tiempo ha de decirlo,

Obrando en los lances, como

Se vinieren sucedidos.

D. Juan.

Pues si habemos de esperarlos,

Cárlos, no hay que prevenirlos;

Que ellos vendrán: y hasta entónces,

Vos en mi cuarto escondido,

Sed de mi honor centinela,

En tanto que yo advertido

Hago la deshecha fuera

De que sin cuidado vivo.

D. Cárl.

Pues adios. ¡Piadosos cielos...

D. Juan.

Adios pues. ¡Cielos divinos...

D. Cárl.

Sacadme de tantas penas!

D. Juan.

Negadme á tantos peligros!

(Vase cada uno por su puerta, y Don Cárlos se cierra por dentro.)


Calle.

ESCENA XIII.

DON DIEGO; GINÉS, cojeando.

D. Dieg.

Tú has de ir.

Ginés.

Yo no he de ir.

D. Dieg.

¿Por qué?

Ginés.

Porque la más singular

Razon que hay para no andar,

Es tener quebrado un pié.

D. Dieg.

¡Válgate Dios! ¡qué notable

Estás!

Ginés.

Para entre los dos,

Me acuerda el «válgate Dios»

Cierto cuento razonable.

En un pozo un portugues

Cayó: al verlo dijo un hombre:

«¡Válgate Dios!» y el de abajo

Le respondió: «já naom pode.»

Fácil es la aplicacion,

Y á propósito ha venido,

Si es lo mismo haber caido

A un pozo que de un balcon.

D. Dieg.

¿Yo tambien no salté, y no

Me hice daño?

Ginés.

Pues ¿qué quieres,

Si tú quebradizo no eres,

Y soy quebradizo yo?

D. Dieg.

Tu poca maña condeno.

Ginés.

Estreno, señor, de piés:

Malo para uno es

Lo que para otro es bueno.

Con hambre y cansancio un dia

A una posada llegó

Cierto fraile, y preguntó

A la huéspeda qué habia

Que comer. «Si una gallina

No mato (le dijo ella),

Nada hay.—¿Quién podrá comella

(Respondió con gran mohina),

Acabada de matar?

—Tierna estará (replicó

La huéspeda), porque yo

Sé un secreto singular

Con que se ablande.» Y cogiendo

La polla, que viva estaba,

Vió que los piés la quemaba:

Con que á nuestro reverendo

Muy blanda le pareció;

Y aunque el hambre pudo hacello,

Atribuyéndolo á aquello,

En la cama se acostó.

Estaba la cama dura,

Tanto que le tenía inquieto;

Y él, cayendo en el secreto,

Pegarla á los piés procura

La luz. Dijo, al ver la llama

La huéspeda: «Padre, ¿qué es

Eso?» Y él dijo: «Nuestra ama,

Porque se ablande la cama,

Quemo á la cama los piés.»—

Así, no te dé mohina,

Que en los dos no haga el secreto

Su efecto, porque en efeto

Tú eres cama, y yo gallina.

D. Dieg.

Por más que tu voz me diga,

No has de escaparte, Ginés,

De ir á ver á Inés.

Ginés.

Inés,

¿No es una fiera enemiga,

Que anoche con mil rigores,

Tras tenernos á un rincon,

Nos vació por un balcon,

Al fin, como servidores,

Yo suyo, y tú de su ama?

Pues vive Dios, de no vella

En mi vida.

D. Dieg.

Antes por ella

Se aseguró vida y fama

De Beatriz, y agradecido

Debo á la fineza ser.

Ginés.

Yo no: que áun agradecer

No puede un hombre caido.

D. Dieg.

Ya es notable tu extrañeza.

Ginés.

Pues ¿no quieres que me enoje,

Señor, si á los dos nos coge

Tu amor de piés á cabeza?

D. Dieg.

Por mí has de ir allá.

Ginés.

Yo iré;

Pero por partido tomo

Traerte mal despacho.

D. Dieg.

¿Cómo?

Ginés.

Como voy con muy mal pié.

D. Dieg.

En esta esquina te espero.

Ginés.

Poco tendrás que esperar,

Si sólo á Inés has de hablar.

D. Dieg.

¿Por qué?

Ginés.

Porque, á lo que infiero

Del traje, el brío y el talle,

Es ella la que salió

De su casa.

D. Dieg.

Ella es, y no

Quisiera hablarla en la calle.

Díla que en este portal

Estoy, que se llegue aquí.

(Retírase á un portal.)

ESCENA XIV.

INÉS, con manto.—GINÉS; DON DIEGO, retirado.

Inés.

(Para sí.) Desde la ventana ví

A Don Diego; y aunque es tal

Mi temor, le hablaré, pues

Fiada en la industria mia,

Mi ama echadiza me envía.

Ginés.

¿Qué importa, traidora Inés,

Lo tapadillo, si el brío

Va diciendo á voces que eres

Coliflor de las mujeres?

Inés.

¿Qué es aqueso, Ginés mio?

Ginés.

Esto es cojear.

Inés.

Ya lo veo.

Pero ¿de qué achaque es?

Ginés.

De un achaque tuyo, Inés.

Inés.

Mientes como un cojifeo.

Ginés.

Mi achaque fué tu balcon,

Luego claramente arguyo

Que es mi achaque achaque tuyo.

Inés.

Negara la conclusion,

A no ir en cas de Violante

A un recado; y no quisiera

Que contigo hablar me viera

Nadie de casa.

Ginés.

Al instante

Que te hable mi señor

En esta parte no más

Que una palabra, te irás.

Inés.

Aquesto fuera peor;

Que si mi ama supiera

Que le hablaba, me matara. (Llega D. Diego.)

D. Dieg.

¿Por qué, Inés?

Inés.

Porque es tan rara

Su cólera, y es tan fiera

La ira que tiene contigo,

Que no tomar me ha mandado

Papel tuyo, ni recado.

D. Diego.

Pues, Inés, ¡tanto castigo

Para quien la adora!

Inés.

Darte

Quisiera ahora...

D. Dieg.

¿Por qué? dí.

Inés.

Porque no adores aquí,

Y ofrezcas en otra parte.

Ginés.

Si cesa la indignacion

Con decir los enojados:

«Mandaré á cuatro criados

Que os echen por un balcon»;

Y ella, con mandarlo á una

Sola criada, nos echó

Tan á la letra, que yo

Voy cojeando mi fortuna,

¿Qué más quiere?

D. Dieg.

¿Tú tambien

Eres, Inés, contra mí?

Inés.

Esto que te digo aquí,

Sé allá disfrazar más bien;

Que sabe Dios si me cuesta

Más de dos pesares ya

Disculparte.

D. Dieg.

Pues si está

Tanto en mi favor dispuesta

Tu voluntad, haz, Inés,

Que sólo un instante vella

Pueda yo.

Inés.

¡En eso está ella!

D. Dieg.

Y fía de mí, despues

Desto que ahora te da

Mi amor, la satisfaccion. (Dala un bolsillo.)

Inés.

Para mí excusadas son

Estas cosas.

Ginés.

Claro está.

Inés.

Y porque veas que tengo

Gana de servirte, haré

Una cosa. Yo diré

Que ya del recado vengo;

Y pues ya empieza á cerrar

La noche, y mi amo está fuera,

Tú á solo que yo éntre espera;

Que dejándome al entrar

La puerta abierta...

D. Dieg.

¡Ay, Inés!

Hoy nueva vida me das.

Inés.

Entrarte tras mí podrás...

Y obre fortuna despues.

D. Dieg.

Dices bien, y yo te sigo.

Ginés.

¡Ay, Inés, lo que te quiero!

Inés.

¿Habla vusted, caballero,

Con el bolsillo, ó conmigo?

Ginés.

Con quien quisieres que sea;

Mas ponle á mi parte nombre.

Inés.

Quita, que no hablo yo á hombre

Que sé de qué pié cojea. (Vase.)

ESCENA XV.

DON DIEGO, GINÉS.

D. Dieg.

Sígueme, Ginés.

Ginés.

¿Yo?

D. Dieg.

Sí.

Ginés.

¿Adónde?

D. Dieg.

Conmigo ven.

Ginés.

El diablo me lleve, amén,

Si yo pasare de aquí.

¿Qué me quieres encerrado?

Si es por saltar uno más,

En la calle me hallarás,

Y haz cuenta que ya he saltado.

D. Dieg.

Ese temor me ha advertido

Que irme sólo es lo mejor.

Ginés.

Es muy cuerdo ese temor,

Y haz cuenta que ya he partido. (Vanse.)


Sala en casa de Don Juan.

ESCENA XVI.

DOÑA BEATRIZ, LEONOR.

D.ª Beat.

Haz que pongan unas luces,

Isabel, en esa cuadra,

Y espera, en tanto que yo,

De la labor enfadada,

Me divierto en esta reja

Un rato.

Leonor.

Haré lo que mandas.

(Ap. Malo es servir, y peor

Servir con desconfianza.

Recatándose de mí

Siempre Beatriz é Inés andan.

Una salió fuera, y otra

Aquí debe de esperarla.

Quiero dar lugar, pues sé

En qué estos secretos paran,

A que hablen. Yo me acuerdo

Cuando solia en mi casa

Tener el mismo recato,

Y la misma confianza,

De unas y de otras, que entónces

Me servian. Basta, basta,

Memoria; y pues ahora sirves,

Leonor, oye, mira y calla.) (Vase.)

ESCENA XVII.

INÉS.—DOÑA BEATRIZ.

Inés.

No dirás que me he tardado.

D.ª Beat.

Por saber lo que te pasa

Con Don Diego, estoy, Inés,

Esperando en esta sala.

¿Qué ha habido?

Inés.

Que mi papel

No ha echado á perder la traza.

Tras mí viene, sin que entienda

Que tú, señora, le llamas.

No hay sino hacer ahora el tuyo,

Mostrándote muy airada,

Y conmigo la primera.

D.ª Beat.

(Alzando la voz.) Inés, mira quién andaba

Ahí fuera.

Inés.

¡Ay, señora! Un hombre.

D.ª Beat.

¿Quién así?...

ESCENA XVIII.

DON DIEGO.—DOÑA BEATRIZ.

D. Dieg.

Quien á tus plantas,

Hermosa Beatriz, ofrece

Una y mil veces el alma.

D.ª Beat.

¿Qué es esto, Inés?

Inés.

Yo, señora,

La puerta dejé cerrada.

D.ª Beat.

Mientes, que esta es traicion tuya.

No has de estar una hora en casa.

D. Dieg.

¿Para qué riñes á Inés,

Beatriz, si yo soy la causa

De tu enojo? En mí tus iras

Se rompan y se deshagan;

Que yo no quiero más premio,

Que solo darte venganzas.

D.ª Beat.

Señor Don Diego, bien estas

Demasías excusadas

Pudieran estar, sabiendo

Cuánto es hoy vuestra esperanza

Para conmigo imposible.

D. Dieg.

Siempre lo fué; que mis ánsias

Nunca, Beatriz, presumieron

Que mereciesen lograrla.

D.ª Beat.

Sí, mas nunca ménos que hoy.

D. Dieg.

¿Por qué?

D.ª Beat.

Porque es muy contraria

Política del amor,

Que merezca quien agravia.

D. Dieg.

Disculpar esa sospecha

Pretendo.

D.ª Beat.

Mal disculparla

Podreis.

D. Dieg.

Quizá bien.

D.ª Beat.

Don Diego,

La hora es muy aventurada.

Aquesa puerta está abierta,

Muy dispuesta mi desgracia:

Idos, no querais perderme

De dos suertes.

D. Dieg.

Ya que alcanza

Esta ocasion mi deseo,

No tengo de despreciarla.

En oyéndome, me iré.

D.ª Beat.

Inés, esa puerta guarda,

Ya que es fuerza que le oiga,

A precio de que se vaya.

(Va Inés hácia la puerta.)

D. Dieg.

Yo salí, Beatriz hermosa,

De Valencia... (Vuelve Inés, muy asustada.)

Inés.

¡Ay desdichada!

D.ª Beat.

¿Qué es eso?

Inés.

Mi señor viene.

D.ª Beat.

¡Triste de mí!

Inés.

Ea, ¿qué aguardas?

Del aposento de anoche

Hoy el sagrado nos valga.

D. Dieg.

¡Qué desdichado que ha sido

Siempre mi amor! (Escóndese.)

D.ª Beat.

¡Qué tirana

Ha sido siempre mi estrella!

Inés.

¿Qué te turbas y desmayas?

No temas, que mi señor

No trae recelo de nada,

Pues entra en su cuarto ántes

Que en el tuyo.

D.ª Beat.

¡Ay, Inés, cuánta

Es mi pena!

ESCENA XIX.

DON JUAN, DON CÁRLOS.—DOÑA BEATRIZ, INÉS; DON DIEGO, al paño.

D. Juan.

(Ap. á Cárlos.) Yo venía,

Cárlos, como digo, á casa.

Cuando ví que un hombre en ella

Entró: en la calle me aguarda,

Y por ventana ni puerta

Dejes que ninguno salga.

D. Cárl.

Entra y fía, que seguras

Tienes, Don Juan, las espaldas. (Vase.)

D. Juan.

Beatriz...

D.ª Beat.

Hermano.

D. Juan.

¿Qué hacias?

D.ª Beat.

Aquí con Inés estaba.

D. Juan.

Está bien.

D.ª Beat.

¿Adónde vas?

D. Juan.

¿Es novedad que en mi casa

Éntre yo donde quisiere?

D.ª Beat.

No lo es; pero extraño...

D. Juan.

Aparta.

D.ª Beat.

El modo de hablarme.

D. Juan.

Quita

De delante.

D.ª Beat.

(Ap.)¡Pena extraña!

D. Dieg.

(Ap. al paño.) Hácia este aposento viene;

Salida tiene á otra cuadra:

Quiero ver si más seguro

Lugar mis recelos hallan. (Vase.)

D. Juan.

Desta suerte he de salir

De una vez de dudas tantas. (Saca la espada.)

D.ª Beat.

(Ap.) Para entrar al aposento

(¡Ay de mí!) la espada saca.

(Entra Don Juan en el cuarto donde estaba Don Diego.)

Inés.

Muertes de hombres ha de haber.

D.ª Beat.

Inés, la suerte está echada.

Inés.

Y echada á perder, señora.

D.ª Beat.

Sin vida estoy y sin alma.

Inés.

Pues cualquiera dellas es

Importantísima alhaja.

Huyamos.

D.ª Beat.

Aun para huir

Aliento y valor me falta.

Inés.

Don Diego del aposento

Salió, pues que no le halla

En él.

ESCENA XX.

LEONOR, y luego DON DIEGO.—DOÑA BEATRIZ, INÉS.

Leonor.

(Dentro.) ¡Ay de mí infelice!

D.ª Beat.

Pasando de cuadra en cuadra,

Dió adonde estaba Isabel.

Ella de verle se espanta,

Y huyendo dél, hasta aquí

Viene... A este lado te aparta.

(Retíranse las dos, y sale Leonor con luz, y tras ella Don Diego.)

Leonor.

Hombre, que más me pareces

Sombra, ilusion ó fantasma,

¿Qué me quieres? ¿No bastó

El echarme de mi casa,

Sino tambien de la ajena?

D. Dieg.

Mujer, que más me retratas

Fantasma, ilusion ó sombra,

¿Mis desdichas no me bastan,

Sin las que tú ahora me añades,

Pues segunda vez me matas?

Pero no, pues hoy...

ESCENA XXI.

DON JUAN.—LEONOR, DON DIEGO; DOÑA BEATRIZ é INÉS, retiradas.

D. Juan.

En vano

Aunque el centro en sus entrañas

Te esconda, podrás, Don Diego.

D. Dieg.

Detened, Don Juan, la espada;

Que aunque vuestra casa está

En esta parte agraviada,

No vuestro honor; y si puedo

Satisfacer con palabras

Al empeño, mejor es;

Pues es cosa averiguada

Que es la venganza mejor

No haber menester venganza.

D. Juan.

(Ap.) Don Diego Centellas es.

Con Leonor está: aquí hallan

Mis sospechas el mejor

Desengaño. Albricias, alma;

Que aunque esta es desgracia, es

Más tolerable desgracia.

D.ª Beat.

(Ap. á Inés.) Suspenso el acero, al verle,

Se quedó. Oye lo que hablan.

D. Dieg.

Yo, Don Juan, amé en la corte

A Leonor, que es esta dama,

En cuya casa una noche

Me sucedió una desgracia.

Viene á Valencia, y teniendo

Noticia que en vuestra casa

Estaba...

Leonor.

(Ap.)¡Ay de mí!

D. Dieg.

Esta noche

Me atreví á entrar aquí á hablarla.

D.ª Beat.

(Ap. á Inés.) ¡Qué buena disculpa, Inés,

Si ahora Isabel conformara

Con ella! Haz señas que diga

Que sí, que es ella la dama.

(Hace Inés señas á Leonor.)

Leonor.

Don Juan, cuanto aquí has oido,

Es verdad; Don Diego es causa

De mi fortuna, y por quien

Desterrada de mi patria,

De mi padre aborrecida,

De mi esposo despreciada,

En este estado, este traje

Vivo, sirviendo á tu hermana.

Inés.

(Ap. á su ama.)

La seña entendió.

D.ª Beat.

Y lo finge

Tan bien, que áun á mí me engaña.

Leonor.

Pero diga él si yo aquí

Ni allá le di...

D. Juan.

Calla, calla.

Leonor.

Ocasion...

D. Juan.

No te disculpes.

(Ap. ¿Hay mujer más desgraciada?)

Inés.

(Ap. á Beatriz.) Mucho la debes, señora,

Pues se culpa por tu causa.

D.ª Beat.

Sólo que lo haya creido

Mi hermano, es lo que nos falta.

D. Juan.

(Ap.) ¿Qué haré? que aunque esté seguro

Yo, que lo esté Cárlos falta.

ESCENA XXII.

DON CÁRLOS.—Dichos.

D. Cárl.

(Ap. desde la puerta.)

Habiendo en la calle oido

Ruido acá dentro de espadas,

Dejo la puerta, y á hallar

Vengo á Don Juan... Mas las armas

Tienen suspensas los dos.

Desde aquí oiré lo que tratan;

Que quizás será su honor

Conveniencia á la desgracia.

D. Dieg.

Esta es vuestra ofensa, y pues

A ser agravio no pasa,

Mirad si os estará bien,

O remitirla ó vengarla.

D. Juan.

Don Diego, vuestras disculpas

Convienen con señas várias

Que yo tengo de Leonor.

D. Cárl.

¿Qué escucho? ¡Pena tirana!

A Leonor nombró, y Don Diego...

D. Juan.

Pero una pregunta falta.

¿Es esta la primer noche

Que aquí habeis entrado á hablarla?

D. Dieg.

(Ap. Malicia trae la pregunta.

Por sí ó por no he de salvarla.)

No, que anoche entré por esa

Puerta, y por esa ventana

Salí: sabida la culpa,

¿Qué importa la circunstancia?

D. Juan.

Importa más que pensais.

D. Cárl.

(Ap.) Contra mí es contra quien paran

Los celos de Don Juan, ¡cielos!

D.ª Beat.

(Ap. Ya que lo ha creido, salga

Yo ahora.) Pues, ten de mí, (Sale.)

Don Juan, la desconfianza,

Y mira lo que me envía,

Para servirme, tu dama.

(Aparte á Leonor.)

Perdona, amiga, y prosigue.

Leonor.

(Ap. á Doña Beatriz.)

No entiendo lo que me mandas.

D. Juan.

No es tiempo deso, Beatriz,

Pues aunque con señas tantas

Me satisfaga Don Diego,

Estar Leonor en mi casa

Por órden de quien á ella

La envió, á mí no me saca

De la obligacion en que

Me pone mi sangre hidalga;

Y así, aunque por ella venga,

Y no por tí, eso me basta

Para que el atrevimiento

Castigue yo. (Sale Don Cárlos.)

D. Cárl.

Aquesa instancia

Pues me toca á mí el sentirla,

Tambien me toca el vengarla.

Leonor.

(Ap.) ¡Qué miro! ¿Cárlos aquí?

Esto sólo me faltaba.

D. Dieg.

Pues ¿quién sois vos, que quereis

Tomar ahora la demanda?

D. Cárl.

Bien pudierais conocerme;

Que razones teneis hartas.

Yo soy aquel que por muerto

Os dejó; y ahora trata

Acabar lo que empezado

Dejó entónces.

Leonor.

¡Pena extraña!

D. Dieg.

Antes pienso que venís

A que yo tome venganza

Hoy de todo.

D. Juan.

A vuestro lado,

Cárlos, estoy.

D. Dieg.

No me espanta

La ventaja de los dos. (Riñen.)

ESCENA XXIII.

GINÉS, gente.—Dichos.

Ginés.

(Dentro.) Aquí son las cuchilladas.

Entrad todos. (Salen Ginés y gente.)

Gin. y gente.

¿Qué es aquesto?

D.ª Beat.

(Ap. á Inés.) Inés, esas luces mata,

Por si podemos así

Excusar desdichas tantas.

(Apaga la luz, y riñen.)

Ginés.

Nadie tire, estando á oscuras.

D. Juan.

Ved todos que esta es mi casa.

Ginés.

Encienda usted una luz,

Y lo verán.

Leonor.

¡Qué desgracia!

D. Dieg.

(Ap.) La puerta hallé: esto no es

Volver al riesgo la cara,

Sino fiar á mejor

Ocasion mis esperanzas. (Vase.)

D.ª Beat.

(Ap.) A mi cuarto me retiro

Llena de confusas ánsias. (Vase.)

Inés.

(Ap.) Tan buena hacienda hemos hecho,

Que de puro buena, es mala. (Vase.)

Ginés.

Señor, ¿dónde estás, que ya

El cirujano te aguarda?

D. Cárl.

¡Muere, traidor!

Ginés.

Muerto soy,

Que mandarlo vusted basta.

(Ap. El diablo que más espere,

A que de véras lo hagan.) (Vase.)

Uno.

Muerto está uno: por si viene

Justicia, de aquesta casa

Salgamos. Huyamos todos. (Vase la gente.)

D. Juan.

¡Hola! Aquí unas luces saca...

Mas yo por ellas iré. (Vase.)

Leonor.

(Ap.) De confusa y de turbada,

Tropezando en mis desdichas

De aquí no muevo las plantas.

D. Cárl.

El puesto he de sustentar;

Que aunque siento que se vayan

Todos, no he de faltar yo

De donde saqué la espada.

ESCENA XXIV.

DON JUAN, con luz.—LEONOR, DON CÁRLOS.

D. Juan.

Ya hay luz aquí.

Leonor.

Cárlos, tente.

D. Juan.

¿Solos los dos?

D. Cárl.

¿Qué te espantas?

Porque si yo á mi enemigo

No puedo volver la espalda,

Hallándome con Leonor,

Con mi enemigo me hallas;

Pero enemigo de quien

La victoria es huir.

(Quiere irse, y detiénele Don Juan.)

D. Juan.

Aguarda.

D. Cárl.

Déjame, que en seguimiento

De esotro, huyendo á este, salga.

D. Juan.

Ya no hay tras quien.

Leonor.

¡Quién pudiera

Rasgarse el pecho, y que hablara

El corazon con acciones,

Y no la voz con palabras!

D. Cárl.

Fuera el corazon tambien

Traidor; que ser tuyo basta.

Leonor.

Fuera leal, por ser mio.

D. Cárl.

¡Bien el lance lo declara,

Que acabo de ver! ¡Ay fiera!

Cuando no consideraras

Las finezas que me debes,

Consideraras que estabas

En casa de Don Juan.

Leonor.

Pues

¿Qué culpa contra mí hallas

En las locuras de un hombre?

D. Cárl.

Ninguna. Ahorremos demandas

Y respuestas.—Primo, amigo,

Pues tan felizmente acaba

Para tí aquella ocasion,

Que detuvo mi jornada,

Cuanto infeliz para mí,

Adios; que aunque con infamia

Salga de Valencia, es fuerza

Que della esta noche salga.

Diga mi enemigo que huyo;

Que no quiero honor ni fama.

A esa mujer, porque en fin

La quise bien, te la encarga

Mi amistad, no para que

La tengas más en tu casa,

Sino para que la dejes

Que en cas de Don Diego vaya.

Logre él felice su amor;

Y ella gustosa... Mas nada

Digo. Adios, Don Juan.

Leonor.

¡Ay, cielos!

Espera, Cárlos.

D. Cárl.

¿Que áun hablas?

Leonor.

Si yo supe...

D. Cárl.

No prosigas.

Leonor.

Que aquí...

D. Cárl.

No me digas nada.

Leonor.

¿No? Pues yo... sí... Hablar no puedo.

Vista y aliento me faltan.

¡Jesus mil veces! (Desmáyase.)

D. Juan.

Cayó

En mis brazos desmayada.

D. Cárl.

Tenla, Don Juan. ¡Ay, Leonor!

Que te adoro, aunque me matas,

Y es muy distinto sentir

Tu traicion que tu desgracia.

D. Juan.

En lágrimas y gemidos

Se le han vuelto las palabras.

Esperad, Cárlos, á que

Entre al cuarto de mi hermana

Con ella.

D. Cárl.

Sí, Don Juan, id.

Algun remedio se le haga...

Mas dejadla que se muera,

Pues para otro amor se guarda.

D. Juan.

Despues veremos los dos

Lo que hemos de hacer. (Éntrala Don Juan.)

D. Cárl.

¡Mal haya

Rendimiento tan postrado,

Pasion tan avasallada,

Afecto tan abatido,

Y voluntad tan postrada,

A más quejas, más amor,

A más agravios, más ánsias,

A más traicion, más firmeza!

Mas ¿qué me admira y espanta?

Que quien no ama los defectos,

No puede decir que ama.