ESTRECHAR EL HORIZONTE
Al mismo tiempo que expongo mis reparos a las teorías de mi compañero, pienso yo qué configuración podría dar a mi nuevo libro de seguir las pragmáticas preconizadas por el ensayista. Imagino nuevas soluciones novelescas, pero todas me parecen pobres. Al pensar en estrechar el horizonte de mi futura obra, esta no sale ganando nada y la idea de la limitación me ahoga de antemano. Es una especie de poda que me produce disgusto.
Aun pudiéndolo hacer, ¿para qué producir una obra lamida y manoseada como el que tiene la esperanza de llevar un cuadrito a la escalera de un museo o una página estudiada para una antología? Ya antes de emplear el procedimiento el resultado me parece tan miserable y tan precario, que voy comprendiendo que una disciplina así no me sirve para nada.
En bueno o en malo yo me figuro tener algo de ese goticismo del autor medieval que necesita para sus obras un horizonte abierto, muchas figuras y mucha libertad para satisfacer su aspiración vaga hacia lo limitado.
Yo supongo que hay una técnica en la novela; pero no una sola, sino muchas: una para la novela erótica, otra para la dramática, otra para la humorística. Supongo también que habrá una técnica para la novela que a mí me gusta y que quizá con el tiempo yo la llegue a encontrar.