OBLIGACIONES DE UN LIBRO CORRECTO
Como yo no rechazo la posibilidad de hacer una novela bien cortada, como un chaquet de sastre a la moda, pienso en las exigencias que tendría el género si pretendiese hacer de La nave de los locos un libro correcto, ponderado y casi parnasiano.
Lo primero que me molesta al pensar en meter mi novela en la férula estrecha de una unidad, es tener que reducir el número de personajes, el hacer una selección de los tipos vistos y pensados y no dar entrada más que a aquellos de buen aspecto.
Tendría uno que poner en su barraca un cartel parecido al que solía haber hace años en algunos bailes de Valencia:
«No se admiten caballeros con manta».
Tengo yo pocas condiciones para bastonero de baile o para señor de la burguesía que quiere reunir una tertulia de gente distinguida. Me parece que todos mis tipos, un poco irregulares y tabernarios (es la calificación que han merecido mis personajes de un reverendo padre jesuita), reclaman su puesto en mi tablado. ¡Qué se va a hacer! Entre mis muchos defectos, según un amigo, tengo yo el de ser anarquista e igualitario y no saber distinguir de jerarquías.