UNOS A OTROS
Yo creo, quizá con malicia, que cuando contemplamos la obra ajena y vemos el espacio en que se mueve el compañero, nos parece siempre este desmesurado y excesivo. El crítico tiende a limitar el campo del artista. El artista limitaría, si pudiera, el campo del crítico y no le dejaría más especialidad que la de dar bombos.
No hace mucho, un crítico, al hablar de los pintores de naturalezas muertas, exponía como ideal de ellas los bodegones asépticos, es decir, una pintura de objetos inertes de la Naturaleza que no encerrara poesía, ni romanticismo, ni evocación, ni nada exterior a la pintura como oficio.
Nuestro ensayista quiere también que la novela sea aséptica, es decir, que no tenga nada transcendental, nada excepcional, ni nada extraordinario.
Si el novelista tuviera que dar una pragmática al filósofo, le diría: Nada de metáforas, que en filosofía tienen aire de abalorios. Bastante cantidad de ringorrangos y de floripondios tiene el idioma de por sí, para añadirle deliberadamente otros. Nada de orientalismos, ni de color. Hay que tener en el estilo la austeridad de un Kant.
—¿Por qué hay que tomar a Kant como modelo? —podría preguntar el ensayista.
—Con el mismo derecho que se toma como modelo de novelista a Stendhal o a otro cualquiera.
El ensayista quiere una novela aséptica, el novelista, a su vez, exigiría una filosofía aséptica.
Siempre está uno inclinado a pedir la asepsia para el vecino.