TESOROS
Informaciones:
I.—Los entierros están siempre en pailas de cobre y a los pies de un boldo o de una patagua. En la noche, entre 7 y 8, salen candelillas del punto en que está oculto el tesoro.
II.—Cuando se encuentra un entierro, se toma de él nada más que una moneda, que se guarda sin gastarla, durante un año. Transcurrido el año se puede sacar lo demás. Al hallar el entierro, se deben mandar decir cinco misas por el alma del que fué dueño del tesoro.
36. EL ENTIERRO DEL NARANJO
(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)
En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al muchacho que habría soñado y que[{260}] no hiciera juicio de leseras. Al día siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno.
En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda y despacho.
De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un año, pues, de otro modo, la habría perdido toda.
Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía.
37. LOS DOS VIAJEROS
(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)
Dos hombres habían salido a hacer una excursión a pie, y después de mucho andar se extraviaron y rendidos de fatiga se recostaron en la tierra, a la sombra de unos árboles. Uno de los excursionistas se quedó dormido casi inmediatamente, pero el otro no pudo cerrar los ojos y se sentó a fumar un cigarrillo. Mientras fumaba, miró a su compañero, que seguía durmiendo como un ángel de Dios, y se extrañó sobremanera de ver que de su boca salían unos como globitos de colores que se desvanecían en el aire, pero de repente salió uno mucho más grande que los otros que se elevó un poco y después siguió en dirección hacia el oriente, rodeado de unos cuantos jotes que lo acompañaban dando manifestaciones de alegría. Esto le llamó mucho la atención y, levantándose, siguió al globo y a sus acompañantes, los cuales no se detuvieron sino al llegar al pie de un peñasco situado en la falda de un cerro cercano, debajo del cual se introdujo el globo. El hombre dejó una señal y volvió a reunirse con su compañero, que todavía dormía. Para despertarlo, lo remeció fuertemente; pero fué menester repetir tres veces la operación para que produjera resultado. El dormilón, al[{261}] despertar, dijo a su amigo:—“Soñaba un sueño muy lindo: que iba por un camino y me encontraba con unos amigos que me recibieron muy alegremente y me dijeron que me iban a regalar un tesoro; cuando tú me despertaste, me llevaban a mostrármelo”.
El amigo escuchó la relación, y en seguida condujo a su compañero al pie del peñasco y sin contarle lo que había visto, lo invitó a que lo acompañara a cavar en el lugar en que había visto desaparecer el globo de color, y, como lo esperaba, a las pocas azadonadas, tropezaron con una gran paila llena de onzas de oro.
Sólo después de repartirse el tesoro entre los dos, contó el que había estado en vela a su amigo dormilón todo lo que había visto.
38. EL CLERIGO
(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez, en 1911.)
Hace tiempo, nadie se atrevía a pasar por unos callejones que hay cerca del río Putagán, porque de improviso, sin que supieran de dónde salía, se presentaba a los transeúntes un sacerdote y, aunque nada les hacía, se apoderaba el miedo de ellos y volvían pie atrás, huyendo despavoridos.
Una vez un hombre que tenía que ir a dejar unas cargas de trigo a un lugar vecino a donde se podía llegar por esos callejones o por otro camino, dijo que iría por los callejones y que se reía del sacerdote que contaban se aparecía y que no le importaba nada aunque le salieran todos los curas y frailes de la tierra, que para defenderse de ellos le bastaba un cuchillo que llevaba, de una media vara de largo; y aunque su mujer y sus amigos le rogaron que no hiciera tal, él partió para los callejones.
Pocas cuadras había andado por ellos, cuando se le aparece el sacerdote y se le pone por delante; pero nuestro hombre saca su cuchillo y la emprende contra la apa[{262}]rición. El cura vuelve cara y toma la fuyenda y el hombre le sigue de atrás blandiendo su arma, aunque sin lograr alcanzarlo. Improvisamente el clérigo desapareció por entre unos matorrales, sin dejar huella alguna; pero como el hombre vió el lugar por donde el sacerdote se hizo humo, se puso a cavar la tierra con el cuchillo, que de pronto tropezó con un cuerpo duro, hasta que dejó descubierta una gran tinaja que destapó y vió que estaba llena de monedas de oro y plata. Entonces fué a buscar las cargas de trigo y, vaciándolas, llenó los sacos de monedas y se volvió a su casa.
Cuando llegó era ya de noche y le dijo a su mujer que encendiera luz.
—No hay mas que un cabito de vela—le dijo ella.
—Enciéndolo—le contestó el marido.
Lo encendió ella, y él entró los sacos y los vació en medio de la pieza. La mujer, cuando vió tanta riqueza, casi se desmayó, y dijo al marido toda asustada y llorando:
—¿Qué has hecho, desgraciado? ¿Dónde has robado toda esa plata?
El marido la tranquilizó contándole cuanto le había sucedido.
Hizo aún dos viajes más y llegó a ser el hombre más rico de su tierra. Vive todavía en Chillán.
EL DIABLO
39. EL NIÑO DENTUDO
(1910.)
Yendo un inquilino tranquilamente por la orilla de una cerca, sintió unos vagidos que salían de un matorral; se acercó a él y entre las malezas vió a un hermoso niño, al parecer de pocos meses, al que tomó en sus brazos y acarició; sonrióse la criatura, y como al sonreirse entreabrie[{263}]ra la boca, alcanzó el campesino a divisar en las encías unas cosas blancas como dientes. Admirado, le dijo:—“¡Conque tiene dientes, m’hijito!”—“¡Y grandazos!”, le contestó el pequeñuelo. Y efectivamente, vió el hombre que de la boca del niño salían unos dientes descomunales. En esto conoció que lo que él había tomado por una guagua era el Diablo en persona, y asustado, lo disparó lejos, exclamando “¡Ave María Purísima!”, y el Diablo, en el mismo instante reventó, dejando en su lugar, como es de cajón, un humo denso con fuerte olor a azufre.
40. EL DIABLO BAILARIN
(1910.)
Es fama que en el siglo XVIII el Diablo era grande amigo de los mineros de Petorca, donde había sentado sus reales. En los días de pago, bajaba con ellos al pueblo, o a los lugares inmediatos, a remoler y a bailar cueca en la plazuela del Diablo, situada casi donde termina la calle de Silva, o en el cerro de la Plaza y en el del Piojo.
Una vez que bailaba en este último, lo hacía tan bien que un minero no pudo menos de exclamar:—“¡Virgen Santísima, y qué bien baila este roto!”; y el Diablo, al oir la invocación a la Virgen, reventó, dejando el lugar pasado a azufre quemado.
41. EL HIJO DEL DIABLO
No hace aún muchos años vivía en Petorca un anciano pequeñito y rechoncho, de unos setenta años de edad, conocido con el nombre de ño Vicentito Cuchucho, cuyos primeros pasos en el mundo aparecen revestidos por la imaginación popular de influencias fantásticas y misteriosas.
Se cuenta que estando la madre de este hombrecito[{264}] esperando de un momento a otro la llegada de una guagua, pidió a su marido que le diese dinero para comprarle ropas. El marido, que era un viejo de más de sesenta años y que miraba con desconfianza el embarazo de su mujer, le contestó que no le daría ni un centavo, porque la criatura que iba a dar a luz no era de él. La mujer, indignada, al oir esta respuesta, lloró y preguntó al esposo:
—Entonces ¿de quién es?
—Eso lo sabrás tú mejor que yo, replicó el marido; pero no es mío.
A lo cual repuso la mujer:
—Entonces será del Diablo, y él me dará lo que necesito.—Y nunca más volvió a pedir dinero a su marido.
Cuando llegó el momento del parto, apareció de repente en la pieza de la enferma un gran canasto completamente lleno de ropas para niño recién nacido, entre las que se veían desde el ombliguero de tela de hilo hasta las mantillas de la más suave y sedosa bayeta, sin que faltaran las gorritas de punto ni las mediecitas tejidas de lana.
¿Quién había traído ese canasto? ¿Por dónde y cuándo lo habían entrado? Nadie pudo dar razón.
Desde los primeros días del nacimiento del niño pudo comprobarse el interés que por él y la madre tomaba el Diablo, que no era otro quien había llevado la ropita. Siempre encontraba la madre cerca de ella la riquísima cazuela de ave, el excelente ulpo de harina tostada y la sabrosa mazamorra, los mejores remedios, los dos últimos, para que las que crían tengan leche buena y abundante. Al chico le hacía cariño a su modo: a veces lo encontraban encima de las vigas de la casa, otras en un sobrado, y una vez lo hallaron jugando con un muñeco, entre las ramas de un álamo.
Por supuesto que nadie veía al Diablo, pero todos le echaban a él la culpa de lo que ocurría; y la madre, justamente alarmada, hizo bautizar al niño con toda prontitud, creyendo que con hacerlo cristiano cesarían las aten[{265}]ciones y cuidados de Satanás. Pero fué inútil, porque el Diablo siguió en las mismas.
Entonces recurrió la madre a un santo cura de apellido Toledo, que tenía fama de ser el mejor exorcista del país, para que ahuyentara al demonio, lo que al fin logró, no sin haber experimentado grandes trabajos y tenido que sufrir pesadas bromas del enemigo malo.
El cura Toledo, para llegar a la casa amagada por el Diablo, tenía que atravesar una estrecha puente formada de una sola tabla, que cruzaba un cequión. Pues bien, cuando el santo varón iba por la mitad de la puente, el Diablo la volcaba y el cura caía al agua, hazaña que celebraba el Diablo con grandes carcajadas, diciendo: “¡Ya eché al agua al pato jergón!”[M]
Nada dice la leyenda qué fué del padre de ño Vicentito Cuchucho, y de éste sólo se sabe que vivió siempre de su trabajo, cultivando una pequeña heredad que le pertenecía, y que, hasta que murió, se le conoció con el apodo de Hijo del Diablo.[N]
PACTOS CON EL DIABLO
42. EL DIABLO GENEROSO
Un caballero tenía una gran hacienda que carecía de riego, por lo cual no le dejaba sino pérdidas en los años secos.
En el fundo vecino vivía otro hacendado que estaba perdidamente enamorado de la señora del primero, a la cual cortejaba a escondidas del marido y de continuo le decía que se fuera con él. Ella le contestaba que nunca[{266}] abandonaría a su esposo, porque ella era cristiana y jamás faltaría a sus deberes, y además su marido era una persona excelente y muy bondadoso con ella.
Pero el caballero la persiguió mucho tiempo, y la señora, para librarse de él, le prometió que si le daba agua abundante al fundo de su esposo y lo dotaba de molinos, en una noche, haría lo que deseaba. Entonces el caballero llamó al Diablo y le dijo que si en la noche cumplía con la condición que la señora de su vecino le había impuesto, le entregaría su alma en el plazo de un año. El Diablo le prometió que lo haría así, y picándole una vena le sacó sangre y le hizo firmar una cédula para sellar el pacto.
A media noche se sintió un ruido muy grande en la hacienda del marido, quien despertó a su mujer y le preguntó:—“¿Sientes ese ruido? ¿Qué será?”—y ella le contestó:—“No sé, ni se me ocurre qué pueda ser”—Levantóse el marido a ver cuál era la causa de ese ruído, y se encontró con que en su fundo había una instalación completa de molinos en movimiento, y con que abundante agua corría por numerosas acequias que antes no existían. Volvió al dormitorio y preguntó nuevamente a su esposa qué significaba eso, y tanto insistió en sus preguntas que al fin le sacó la verdad. Entonces la mandó que se fuera a casa del pretendiente para que el Diablo se lo llevara con razón.
La mujer llegó llorando a casa del otro y le refirió cómo su marido la mandaba a cumplir lo prometido. El caballero le contestó:
—“¿Tan honrado es tu marido? No seré yo menos que él; te respeto; vete”.
En ese momento llegó el Diablo y preguntó al hacendado si estaba contento, y éste le dijo que siendo el marido de la niña tan honrado que no había permitido que su esposa faltase a su palabra, él no se había atrevido ni a tocarla y le había ordenado que se fuera para su casa.
El Diablo dijo entonces:—“¿Con que así son las co[{267}]sas? A caballero no me la ganará ninguno de los dos. Toma tu cédula”. Y desapareció.
Todos quedaron contentos: el caballero enamorado, libre de su amor criminal; el marido, con su mujer; y la hacienda, con buen riego y con molinos.
43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS
(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor. Febrero de 1923.)
Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre trabajador y buen cristiano.
La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar.
El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo se había puesto sordo y no oía sus oraciones.
Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al llamado, y a las súplicas del negro contestó:
—Si quieres, haré que Rosita—así se llamaba la niña—se enamore de ti y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá.
—Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.—Y con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba.
Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y la niña estaban en el balcón. La niña,[{268}] al verlo, dijo a la mamá:—Mire, mamá, ahí viene Panchito.—¿Qué es eso de Panchito?—preguntó extrañada la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá, en fin, que todo era Panchito.
Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la dejaron sacar.
Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el encanto y la alegría del matrimonio.
Pero, como muy bien dice la copla,
Todo gusto es momentáneo;
sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo:
—Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...—Pancho, que ya no te quedan sino quince días para que te vengas conmigo...—Pancho, que sólo falta una semana... etc.
Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que habían de librarlo de las garras del Demonio.
Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más amaba, le dijera el motivo de sus[{269}] penas, y sólo después de reiterarle repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo.
Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su marido:
—Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron con todo fervor.
Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer, surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta. Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado—dijo—y no sabía dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba.
Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba:
—Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas?
—Sí las sé—contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz de Pancho, antes de que éste respondiera,—empieza a preguntar, que yo te iré contestando.
—Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te[{270}] diré: Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Está bien: ahora, amigo, dígame las dos.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las tres.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las cinco.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las seis.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco[{271}] llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las siete.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las ocho.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las nueve.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su[{272}] santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien, amigo, ahora dígame las diez.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
—Bien: ahora, amigo, dígame las once.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían[{273}] en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro, ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y vivió siempre pura.
—Bien, amigo; ahora dígame las doce.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus malos hechos bien lo merece.
Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los tres que se hallaban en ella.
Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la cabeza de una[{274}] aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.
Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había desaparecido.
Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de peligros.[{275}]
APÉNDICE I
BIBLIOGRAFIA
DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN
A la publicada en los Cuentos populares en Carahue, págs. 259-262, agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella.
Cavada, Francisco J.—Chiloé y los Chilotes. Estudios de folklore y lingüística de la provincia de Chiloé (Chile). Santiago, Impr. Universitaria, 1914.
Espinosa, Aurelio.—Cuentos populares españoles, recogidos de la tradición oral de España, con una introducción y notas comparativas. Stanford University, California. Published by the University, 1923-1924.
—— New Mexican Spanish Folk-Lore. VIII, Short Folk-tales and Anecdotes. Págs. 142-147 de The Journal of American Folk-Lore, Vol. XXVII, N.º CIV, April-June, 1914.
Grimm.—Cuentos escogidos de los Hermanos..., traducidos por José Muñoz Escámez. Edición ilustrada. Madrid, Saturnino Calleja, s. d.
La antigua versión castellana del Calila y Dimna. Ed. de la Real Academia Española, Madrid, Suc. de Hernando, s. d.
La Población del Valle de Teotihuacán. El medio en que se ha desarrollado su evolución étnica y social. Iniciativas para procurar su mejora[{276}]miento. Por la Dirección de Antropología, siendo Director de investigaciones Manuel Gamio. La población contemporánea. Dirección de Talleres Gráficos dependiente de la Secretaría de Educación Pública. México, MCMXXII.
Laval, Ramón A.—Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno, comparados con los que se dicen en España, Santiago, Impr. Cervantes, 1910.
Contribución al Folklore de Carahue (Chile). Primera parte. Madrid, 1916.
Lehmann-Nitsche, Roberto.—Europäische Märchen unter den Argentinischen Araukanern. La Plata, s. d.
Montiel, C.—Contes soudanais. Paris, Leroux, 1905.
Palma, Ricardo.—Tradiciones Peruanas. (Ropa vieja). Tomo IV. Barcelona, Montaner y Simón, 1896.
Paris, Gaston.—Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite. Paris, Leroux, 1907.
Poblete, Egidio. (Ronquillo).—Cuentos del Domingo. Serie IV. Valparaíso, Talleres Tipográficos de La Unión, 1916.
Rodríguez Marín, Francisco.—El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición crítica, anotada por... Tomo V. Madrid, Impr. de la “Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos”. MCMXVI.
Tchéraz, Minas.—L’Orient inédit. Légendes et traditions armeniennes, grecques et turques. Paris, Leroux, 1912.
Vicuña Cifuentes, Julio.—Mitos y Supersticiones recogidos de la tradición oral chilena, con notas comparativas a los de otros países latinos. Santiago, Impr. Universitaria, 1915.[{277}]
NOTAS COMPARATIVAS
I parte.—Cuentos maravillosos, cuentos de animales, anécdotas.
1. El Soldadillo
Cfr.: Cosquin[O].—Jean de l’Ours, Cont. pop. de Lorraine, t. I, p. 1 y notas p. 6 a 27.
Bladé.—Etienne l’habile. Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 36.
Espinosa.—Juan del Oso, en las págs. 440 y 441 de New-Mexican Spanish Folk-Lore, III, Folk-Tales.
Legers.—Long, Large et Clairvoyant, Recueil de Cont. pop. slaves, págs. 241-258.
Lenz.—El Hijo del Oso, Est. Araucanos, p. 261 y 350.
Sébillot.—Jean de l’Ours. Litt. or. de la Haute-Bret., p. 81 y notas, p. 85.
2. El Pescadito Encantado
Alvarez de Machado.—La Sirena (sólo el principio). Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 183.
Bladé.—Le Roi des Corbeaux, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 14.
Braga.—O Velho Querecas, Cont. trad. do povo port., p. 4.
Desparmet.—Aïcha, la fille du bûcheron (hay un servidor negro). Rev. Trad. pop., t. XXVIII, p. 505.
Figueiredo Pimentel.—A vida do Gigante (sólo el principio). Cont. da Carochinha, p. 385.
—— O Peixe encantado, Hist. da Avósinha, p. 138.
Hernández de Soto.—La Lavandera (varios episodios), Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p. 217.[{278}]
Hernández de Soto.—El Castillo de las puertas calás, Ib., p. 242.
Legrand.—Le Seigneur du monde souterrain, Rec. de cont. pop. grecs, p. 1.
Monnier.—Le roi Cristal, Cont. pop. en Italie, p. 44.
3. Delgadina y el Culebrón
Bladé.—En Le Drac, Cont. pop. de Gascogne, t. I., p. 227, se lee: “La Belle Jeanneton marchait sur ses quinze ans. Elle était cent fois plus belle que le jour. Quand elle se peignait, le blé tombait de ses cheveux, par boisseaux. Quand elle se lavait les mains, les doubles louis d’or et les quadruples d’Espagne tombaient de ses doigts par douzaines”.
Carnoy et Nicolaides.—La fille du roi et le garçon de bains, Trad. pop. de l’Asie Mineure, p. 107.
Figueiredo Pimentel.—A Moça encontrada no mar, Hist. da Avósinha, p. 223.
van Gennep.—Leyenda de Manú, en que figura un pececillo que fué creciendo gradualmente hasta que apenas cabía en el mar y salvó a Manú del Diluvio.—Religions, Mœurs et Légendes, t. I, p. 93.
Klimo.—La Belle Hélène, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 178.
Moore, Th.—El Culebroncito, Bibl. Trad. pop. esp., t. I, p. 137.
Pitrè.—Li dui Soru, Fiabe, Nov. e Racc. pop. siciliani, t. II, p. 85.
Sébillot.—La Sirène, Cont. des Marins, p. 197.
4. La Tenquita
Basset.—La Vieille et la Mouche, Cont. berbères, p. 95.
Baissac.—Hist. de Petit-Jean Queue-de-Bœuf, Le Folk-lore de l’Ile-Maurice, p. 34.
Bladé.—Le Père et la Fille, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 243.
—— Le Père, la Mère et la Fille, Ib., p. 246.
—— Brisquet, Ib., p. 249.
Calila y Dimna, ed. de la R. Ac. Esp., págs. 289-291.
Camps y Mercadel.—Folk-Lore Menorquín, en t. I, p. 243, se lee: “El gat caça la rata,-rata furada tapia,-tapia atura vent,-vent fa corre’s [{279}]núvul,-es núvul tapa sol,-sol fon gel,-gel talla cameta.
Carnoy.—Kiou-Cou et Kiou-Coclet, Littorale de la Picardie, p. 217.
Coelho.—A formiga e a neve, Cont. pop. portuguezes, p. 5.
—— A romanzeira do macaco, Ib., p. 9.
Espinosa.—La Hormiguita, More Folk-Tales, p. 138.
Figueiredo Pimentel.—A Formiguinha, Cont. da Carochinha, p. 393.
La Gallinita y el Pollito. Bibl. ilustrada Calleja-IX.
La población del Valle de Teotihuacán.—Cuando la rana quiere gozar..., p. 396.
Lehmann-Nitsche.—El Perro y el Ratón, cuento IV de “Europäische Märchen unter den argentinischen Araukanern”.
Lenz.—Cuento de un pajarito llamado Caminante, Est. Araucanos, p. 200 y nota, p. 320.
Mason.—El Aguila, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 175.
Monnier.—Micco y Légende de Tennioje, Cont. pop. en Italie, págs. 89 y 91.
Ortoli.—Pedilestu et Mustacina, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 237.
Pineau.—Biquette, Cont. pop. du Poitou, p. 291.
—— Le Conte du petit rat, Ib. p. 299.
Pitrè.—Pitidda, Fiabe, Nov. et Racc. pop. siciliani, t. III, p. 85.
Romero.—A formiga e a neve, Cont. pop. do Brasil, p. 208.
5. El Gallito
Bladé.—Les Deniers, (La pega final). Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 260.
6. La Tortilla o el Canarito Encantado
Cosquin.—V. notas del cuento Le Leoup blanc., t. II, págs. 225-227 y notas de Firosette, desde p. 242 del mismo tomo.
Artin Pacha.—Les quarente boucs et le bouc chevauchant sur le bouc, Cont. pop. de la Vallé du Nil, p. 87.
Braga.—O Coelho branco, Cont. trad. do povo port., p. 78.
C. A. D.—Una Rueda de Conejos, El Folklore Andaluz, p. 355.
Historia del Macho Cabrío y la Hija del Rey, Las mil noches y una noche, trad. de Blasco Ibáñez, t. XX, p. 24.[{280}]
Les Oiseaux blancs, Rev. Trad. pop., t. XXIX, p. 124.
Pitrè.—Marvizia, t. I, p. 149.
El cuento de la “Tortilla o el Canarito Encantado” es una de las muchas variantes derivadas de la fábula de Apuleyo “Cupido y Psiquis”, y aunque en él se ha perdido la prohibición de ver, dos de los trabajos que Venus impone a Psiquis están representados por los que la vieja hechicera manda ejecutar a la princesa, y que son casi los mismos: el 1.º, de llenar un frasco con lágrimas de picaflores, no es otro que el 2.º de la fábula latina: llenar una botella con agua de la fuente que alimenta la laguna Estigia: el 2.º, de llevar la caja encantada que debía producir la muerte a la princesa, corresponde al 3.º del cuento de Apuleyo: llevar a los infiernos una caja a Proserpina pidiéndole un poco de su belleza, caja que, devuelta por Proserpina a Psiquis, sólo contiene un vapor letárgico, que, sin la intervención de Cupido, habría dejado sin vida a Psiquis.
7. El Rey tiene cachito
Coelho.—O Principe con oreilhas de burro, Cont. pop. port., p. 117, y Cont. nac. p. creancas, p. 33.
Tchéraz, Minas.—L’Orient inédit. Lég. et trad. armeniennes, grecques et turques, p. 211.
Este cuento difiere apenas de la fábula de Midas, rey de Frigia. En la lucha que el sátiro Marsias sostuvo con Apolo en un concurso musical, las Musas se decidieron por Apolo, que tocaba la cítara, y sólo Midas estuvo de parte de Marsias, que tocaba la flauta. Ofendido Apolo, castigó a Midas, transformando sus orejas en orejas de burro. Midas, avergonzado, las ocultaba bajo un gorro frigio, pero, por más cuidado que puso, un esclavo se las vió. Midas le exigió silencio, mas este hombre, no pudiendo soportar el secreto, abrió un hoyo en la tierra y en él gritó: “El rey Midas tiene orejas de pollino”, y en seguida lo llenó con la tierra que había sacado. Poco después crecieron en el mismo sitio unas matas de caña, las que, cada vez que el viento las movía, murmuraban: “El rey Midas tiene orejas de pollino”.
8. El Cuerpo sin alma
Cosquin.—Les dons des trois animaux, t. I, p. 166, y notas, págs. 170 y siguientes.
Andrews.—Corps sans âme, Contes ligures, p. 213.
Apell.—Joâo Cachorro e o camponês branco, Cont. pop. Russos, p. 275.[{281}]
Baissac.—Hist. de Corps-sans-âme et de Colle-des-Coeurs, Folkl. de l’Ile-Maurice, p. 358.
Braga.—Cravo, Rosa e Jasmin, Cont. trad. do pov. port., p. 20.
Brueyre.—Le jeune Roi Easaidh Ruadh, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 71 y notas, págs. 80-83.
—— La Fille de la Mer, p. 84, y II versión, p. 95.
Carnoy.—Le Corps sans âme, ou le Lion, la Pie et la Fourmi, Lit. orale de la Picardie, p. 275.
Coelho.—A Torre de Babylonia, Cont. pop. port., p. 34.
Desparmet.—Hammed, le fils de la veuve, Rev. Trad. pop., t. XXVII, p. 241.
—— Cent-et-un-beautés, Ib., p. 193.
Dozon.—Les trois frères et les trois sœurs, Cont. albanais, p. 131.
Espinosa.—El Cabayeru e la Pluma, N. Mex. Esp. Folk-Tales, p. 398.
—— La Princesa encantada, Ctos. pop. españoles, págs. 295 y 297.
Figueiredo Pimentel.—A Vida do Gigante (la parte final solamente). Cont. da Carochinha, p. 385.
Klimo.—L’Arbre merveilleux, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 131.
—— Le Prince Ambroise, Ib. p. 239.
Luzel.—Le Corps-sans-âme, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. I, p. 427.
Macler.—Badikan et Khan Boghou, Cont. armeniens, p. 11.
Monnier.—Viola (el fin sólamente), Cont. pop. en Italie, p. 117.
Pitrè.—Lu malacunnutta, II, p. 224.
Rivière.—Moh’Amed ben Soltan, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 187. (En la p. 191, muerte del Cuerpo sin alma, que en este cuento es un Ogro; muy desfigurado).
Sébillot.—El Capitán Pedro, Ctos. Bretones, p. 130.
—— El Gigante de las siete mujeres, Ib., p. 176.
Vinson.—Malbrouc, Folkl. du Pays Basque, p. 80.
9. La Huachita Cordera
Bladé.—La Gardeuse de dindons, Cont. pop. de la Gascogne, t. I, p. 251. (Sólo la 2.ª parte).
Pineau.—L’Agneaulet, Cont. pop. du Poitou, p. 123.
La Lapine, Rev. Trad. pop., 1913, p. 207. (Ver también la nota).[{282}]
10. Las siete Ciegas
Cosquin, t. I, en la Introducción, p. XXX, extracta un cuento parecido al de Las siete Ciegas.
Guichot y Sierra.—La Reina Rosa o Tomasito, Bibl. de las Trad. pop. esp., t. I, p. 172.
Desparmet, en el cuento La Princesse Hautaine IV de los Contes maures, recueillis à Blida, p. 292, se lee:—“Si este hermoso príncipe quiere llevarme, es preciso que me traiga aquí, en persona, leche de camella en un odre hecho de piel de leona”. En el cuento V, “La Tortue”, p. 303, un Rey que quiere hacer morir a su hijo menor, para apoderarse de su mujer, de quien se ha enamorado, le dice a su Consejero:—“Tu astucia no ha servido de nada; busca otra”.—“Pues bien, le dice el Consejero, pide al Príncipe que traiga la manzana que embalsama el aire y el agua que restituye el alma al hombre. Deberá tomarlas en el jardín de Preciosa...”. Y como el Príncipe consiguiera llevarle la manzana y el agua pedidas, pide el Rey nuevo consejo a su Consejero, y éste le dice:—“Haz venir a tu hijo y ordénale que traiga leche de leona en odre de piel de leoncito”. Y en el cuento VI, “Le roi Bûcheron”, p. 437: “Una vez el Sultán tuvo deseos de beber la leche de leona en odre de piel de leoncito”.—(Rev. de Trad. pop., t. XXVII.)
Donzon, en “La Loubie et la Belle de la terre”, Cont. albanais, p. 87: “Comió (la Lubia) la mitad de lo que el joven había llevado, después de lo cual salió y dijo: “Que se muestre aquel a quien debo este beneficio,—y el joven, presentándose, contestó: Heme aquí”.—En seguida, todo sucedió como el viejo lo había anunciado”.
En el vol. XXII, p. 137 de las Mil noches y una noche, “Historia contada por el 11.º Capitán de policía, al Sultán Baibars, se lee: “Y se congregaron los médicos y le recetaron, como régimen y remedio, que bebiera leche de osa contenida en un odre de piel de osa virgen”.
11. El Miñique
Cosquin.—Le Petit Poucet, t. II, p. 147, y nota de la p. 150.
Andrews.—Pequeletou, Cont. ligures, p. 132.
—— Peteoumeletou, Ib., p. 161.
Bladé.—Grain-de-Millet, Cont. de la Gascogne, t. III, p. 78.
Braga.—Manoel Feijâo, Cont. trad. do povo port., p. 191.
Carnoy.—Pouçot Litt. orale de la Picardie, p. 167.
—— Jean l’Espiègle, Ib., p. 329.
Coelho.—Hist. do Grâo de Milho, Cont. pop. portuguezes, p. 80.
Figueiredo Pimentel, O Pequenno Pollegar, Cont. da Carochinha, p. 113.
Legers.—Le Petit Poucet russe, Rec. Cont. pop. slaves, p. 29.
Vinson.—Petit Poucet y Mundu-milla-pes, Folkl. du pays Basque, págs. 110 y 111.
12. Los tres Consejos
Braga.—Os tres Conselhos, Cont. trad. do povo portuguez, p. 199.
Espinosa.—Los tres Consejos, New Mex. Sp. Folk-Tales, p. 408.
Folklore Andaluz, Nota 8 de la p. 80.
Macler.—Le Fils de la Vieille, Cont. Armeniens, p. 139.
Ortoli.—L’Ustaria di i figli di u Diauli, Cont. pop. de l’île de Corse, p. 118.
Pitrè.—Li tri Rigordi, III, p. 391 y varianti e riscontri, pág. 393.
Romero.—Os tres Conselhos, Cont. pop. do Brasil, p. 251.
13. El Loro Adivino
Cosquin.—L’Oiseau de verité, t. I, p. 186.
Andrews.—L’Oiseau qui parle, Cont. ligures, p. 193.
Apell.—A Arbore que canta e a Ave que fala. Cont. pop. russos, p. 101.
—— As tres Irmâs, Ib., p. 109 y crítica, p. 115.
Artin Pacha.—El Schater Mouhammed, Cont. pop. de la Valle du Nil, p. 265.
Bladé.—La mer qui chante, la pomme qui danse et l’oisillon qui dit tout, Cont. pop. de la Gascogne, t. I. p. 67.
Braga.—O Rei-Escuta, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 85, y notas, t. II, p. 192.
—— As Cunhadas do Rei, Ib., p. 86.
Figueiredo Pimentel.—As tres Maravilhas, Cont. da Carochinha, p. 369.
—— Os tres principes com estrellas de ouro na testa, Ib. p. 405. (Sólo el principio).[{284}]
Hernández de Soto.—El Papagayo Blanco, Bibl. Trad. pop. esp., t. X, p. 175.
Legrand.—Tzitzinœna, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 77.
Luzel.—Les deux frères et la sœur, Lég. chre. de la Basse-Bretagne, t. II, p. 274.
—— Les trois filles du Boulanger, ou l’Eau qui danse, la Pomme qui chante et l’Oiseau de Vérité, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, p. 277.
Macler.—Cheveux d’argent et Boucles d’or, Cont. armeniens, p. 71.
Mason.—Los Niños Coronados. Folk-Tales of the Tepecanos, p. 200.
Pitrè.—Li figghi di lu cavuliciddaru, t. I, p. 316 y var. y riscontri, p. 328-335.
Ramírez, José Luis.—El Agua Amarilla, El Folkl. Andaluz, p. 305.
14. El Medio-Pollo
Basset.—Moitié de Coq, Cont. pop. berbères, p. 83 y notas, p. 187.
Beauvais, Armand.—Moité de Có, Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 44.—Otro, Ib., t. XXX, p. 44.
Bladé.—Le Voyage du Coq, Cont. pop. de la Gascogne, t. III, p. 221.
—— Le Coq et ses amis, Ib., p. 225.
Carnoy.—Coquelet en voyage, Litt. orale de la Picardie, p. 211.
Coelho.—O Pinto borrachudo, Cont. pop. portuguezes, p. 20.
Figueiredo Pimentel.—Historia de un pintinho. Historias da Avósinha, p. 90.
Lehmann-Nitsche.—¿Quiere que le cuente el cuento del Gallo Pelado?, en Rev. de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires.
Orain.—La Boursée d’or, Cont. de l’Ille-et-Vilaine, p. 59.
Pinau.—Le conte de la petite moitié de geau (coq), Les Cont. pop. du Poitou, p. 169.
Pitrè.—Lu menzu-gadduzzu, t. III, p. 77.
Romero.—O. Pinto pellado, Cont. pop. do Brasil, p. 53.
Sébillot.—La Moueté de Quene (La Moitié de Cane), Cont. de provinces de France, p. 281.
—— Moitié de Coq. Les Joyeuses Hist. de Bretagne, p. 205.
The Heath Readers. Second Reader. D. C. Heath, and Company. Boston, New York-Chicago, s. d.—The Half-Chick, p. 128.[{285}]
15. El Barco de los tres hachazos
16. Hermosura del Mundo, o el Castillo de los tres azuelazos
Apell.—O Navio voador, Cont. pop. russos, p. 201 y crítica, p. 210.
Bladé.—Le Navire marchand sur terre, t. III, p. 12.
—— Etienne l’habile, Ib. p. 36.
Figueiredo Pimentel.—Os seis companheiros, Contos da Carochinha. p. 183. (Sólo las hazañas de Comín y de sus compañeros.)
Grimm.—El Pájaro Grifo, Cuentos escogidos, p. 30.
Luzel.—Le prix des belles pommes, Cont. pop. de Basse-Bretagne, t. II, p. 146.
—— Les trois fils de la veuve, Ib. II, p. 161.
—— Les compagnons qui viennent a bout de tout, Id. III, p. 296.
—— Petit-Jean et la Princesse Devineresse, Id. III, p. 326 (últ.º episodio, desde la pág. 246.)
Mason.—Los animales ayudan a Juan, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, part. I, p. 17.
—— El traje de piel de piojo (versión a.), Ib. p. 20. (Muy desfigurado.)
Pinau.—Le conte du petit Vacher, Cont. pop. du Poitou, p. 35.
En este cuento y en muchos otros figuran el episodio de los conejos que se entregan al héroe para que los lleve en la mañana fuera de palacio, los deje en libertad y regrese con todos ellos en la tarde; y el de llenar un saco de verdades.
Sébillot.—El barco que anda por mar y por tierra, Cuentos bretones, p. 233.
17. El Arbol de las tres Manzanas de Oro
Apell.—O bicho Norka, Cont. pop. russos, p. 291. (Sólo los primeros episodios.)
Carnoy.—Les trois fils du roi, Litt. orale de la Picardie, p. 89. (Sólo la primera parte).
Desparmet.—Le Ghoul du Puits, Cont. pop. sur les Ogres, t. 1, p. 397.
—— Le Ghoul bessé en maraude, Ib. p. 406. (En los dos cuentos, sólo la primera parte.)
Dozon.—La Belle de la Terre, Cont. albanais, p. 35.
Klimo.—L’Oiseau de feu, Cont. et Légendes de Hongrie, p. 265.[{286}]
Pinau, Les pommes d’or, Cont. pop. du Poitou, p. 1.
Rivière.—Les trois frères. Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 234. (Sólo el principio.)
18. Los Hijos del Pescador, o el Castillo de la Torderás
Cosquin.—Les fils du Pêcheur, t. I., p. 60.
—— La Bête a sept têtes, Ib., p. 64 y notas págs. 66-81.
—— La Reine des Poissons, t. II, p. 56.
Andrews.—Les fils du Pêcheur (2 versiones), Cont. ligures, págs. 173 y 253.
Basset.—L’Ogresse et les deux frères, Nouveaux Contes berbères, p. 103 y notas, págs. 304-326.
Bladé.—Les deux Jumeaux, t. I, p. 277.
Braga.—A. Torre de Babylonia, Cont. trad. do pov. port., p. 117.
Brueyre.—La Fille de la Mer, Cont. pop. de la Gr. Bretagne, p. 84 y II versión, p. 95.
Coelho.—S. Jorje, Cont. pop. portuguezes, p. 120.
Espinosa.—El Castillo de Irás y no Volverás, Ctos. pop. españoles, p. 289.
Figueiredo Pimentel.—A Velha Feiticeira, Hist. da Avósinha, p. 314 (parecido remoto).
Legrand.—Le petit rouget sorcier, Rec. de Cont. pop. grecs, p. 161.
Monnier.—Le Magicien a sept têtes, Cont. pop. en Italie, p. 287.
Pinaud.—Le Pêcheur, Cont. pop. du Poitou, p. 27.
Rivière.—Les deux frères, Rec. de Cont. pop. de la Kabylie, p. 193.
19. El Compadrito León, potito quemado
Baissac.—Le Lièvre et la Tortue au bord du bassin du roi, Le Folkl, de l’Ile-Maurice, p. 2. (Episodio del mono que juega al naipe con el mono de greda y que después, cuando lo golpea, se va pegando sucesivamente de las manos, de los pies y de la cabeza.)
Espinosa.—El Conejo y el Coyote, New Mexican Spanish Folk-Tales, págs. 419.[{287}]
Figueiredo Pimentel.—O Macaco e o Moleque (La escena del mono de greda), Hist. de Avósinha, p. 217.
—— A Onça e a Raposa (Escena en que el Mono pregunta: “Agüita ¿te beberé?), Hist. da Avósinha, p. 324.
Lenz.—Cuento de un Zorro y un Tigre, Est. Araucanos, p. 189 y notas p. 315.
Lira, Carmen.—Tío Conejo y tío Coyote, Los Ctos, de mi tía Panchita, p. 152.
Mason.—El Muñeco de brea, Porto-Rican Folk-Lore. Folk-Tales, p. 164.
Romero.—O Macaco e o Moleque de cera, Cont. pop. do Brasil, p. 317.
21. Chilindrín y Chilindrón
Basset.—L’adroit voleur, Nouveaux Cont. berbères, p. 149 y notas, p. 351.
Espinosa.—Pedro di Urdemales, V, More Folk-Tales, p. 132.
—— Los dos Ladrones, New Mexican Sp. Folk-Tales, p. 423. (Primer episodio.)
Huet.—Le conte du trésor pillé. (Le “Trésor du roi Rhampsinite”) dans le Roman de Berinus. Rev. de Trad. pop., t. XXXI, p. 208.
Legrand.—Voleurs, par nature, Rec. Cont. pop. grecs, p. 205. Les deux voleurs, Rev. de Trad. pop. t. XXVII, p. 323.
Luzel.—Le Voleur avisé, Cont. pop. de Bass.-Bretagne, t. III, p. 351.—Variante, p. 367.
Padilha.—Vicente o ladrão, Hist. do Arco da Velha, p. 393.
Paris.—Le conte du Trésor du Roi Rhampsinite.
Pitrè.—Lu latru di Sicilia e lu latru di Napuli, t. III, p. 157. (Sólo el episodio con que comienza el cuento chileno.)
—— Mbroglia e Sbroglia, III, p. 205.
—— Lu Muratori e sò figghin, III, p. 210.
Rivière.—Les deux frères, Rec. de Cont. de la Kabylie, p. 13.
Sébillot.—El Rata de París y el de Madrid, Ctos. Bretones, p. 222.
22. Juan Valiente, el de la Vaquilla
Artin Pacha.—Souheim-el-Leyl, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 201.[{288}]
Gulchot y Sierra.—Mariquilla la Ministra, en Bibl. de las Trad. pop. esp., t. I, p. 149 (Algunos episodios solamente.)
Mason.—Juan y los bandidos, Porto-Rican Folk-Lore, Folk-Tales, p. 201.
Pinau.—Louis Bernard, Les Cont. pop. du Poitou, p. 49.
23. La Sapita Encantada
Artin Pacha.—Les trois fils du Sultan, Cont. pop. de la Vallée du Nil, p. 103.
Carnoy.—Les trois chars, Contes français, p. 83.
—— L’Aiguille, le Chien et la Princesse, Ib., p. 101.
El Ranchero y sus tres hijos, Poblac. del Valle de Teotihuacán, p. 309.
Espinosa.—La Princesa mona, Ctos pop. esp., p. 306.
Figueiredo Pimentel.—A Gatinha branca, Hist. da Avósinha, p. 247.
—— A Sapa casada, Ib. p. 320.
Lira, Carmen.—La Mica, Los Ctos. de mi tía Panchita, p. 46.
Luzel.—Le Bossu et ses deux frères, t. II, p. 123.
—— La Princesse métamorphosée en souris, Ib., p. 134.
Pinau.—La Chatte blanche, Les Cont. pop. du Poiton, p. 111.
Pitrè.—La Jimmuruta, t. I, p. 396 y Variante e riscontri, p. 399.
Mason.—Pedro y San Pablo, Folk-Tales of the Tepecanos, p. 166.
24. Gallarín y el Gigante
Cosquin.—Le roi d’Angleterre et son filleul, t. I, p. 32 y notas, particularmente págs. 46 a 48.
—— La Belle aux cheveux d’or, t. II, p. 290.
Carnoy.—Les trois frères et le Géant, Litt, or. de la Picardie, p. 241.
Luzel.—La Princesse de Tronkolaine, t. I, p. 66.
—— Le Perroquet Sorcier, t. II, p. 231.
—— Le Capitaine Lixur ou le Satyre, t. II, p. 314.
Montiel.—Marandénboné. Cont. soudanais, p. 115.
Pitre.—Tridicini, t. I, p. 290 y Varianti e riscontri, págs. 295-297.
—— Lu cuntu di na Riggina, t. I, p. 395.
Rivière.—Amor Enneíç, Rec. de Cont. pop. de la Kabyle, p. 225.
Vinson.—Malbrouc, Le Folkl. du Pays Basque, p. 80. (Parte de este cuento corresponde al cuento chileno “El Cuerpo sin alma” y parte a “Gallarrín”.)
25. Salir con su Domingo siete[P]
Una versión de este cuento se publicó en Santiago en 1880 u 81, en las columnas de El Nuevo Ferrocarril por el conocido escritor Pedro A. Pérez, que suscribía sus trabajos con el seudónimo de Kefas; otra, en la Lira Chilena, año II, Núm. 26, de 25 de Junio de 1899, con el título de Yuzfen y Mulet, o la Leyenda del Domingo Siete, por el escritor ecuatoriano Arias Sánchez; otra, en 1891, en el diario La Nación, si mal no recuerdo, por Justo Abel Rosales; una cuarta, el 2 de Noviembre de 1892, en El Colono de Angol, por Clemente Barahona Vega; una quinta, por el mismo Barahona Vega, en el Sur de Concepción, Núm. de 7 de Julio de 1895; y por fin, una sexta, recogida en Provenza por la señora Sperata Revillo de Saunière, en el Núm. 310, de 26 de Octubre de 1914, de El Peneca, de Santiago.—Cfr. además:
Brueyre.—Légende de Knockgrafton, Cont. pop. de la Gr.-Bretagne, p. 206.
Carnoy.—Les Lutins et les deux Bossus, Litt. or. de la Picardie, p. 18 y notas p. 37.
Frison.—Le Bossu et les Korrigans, Cont. et Lég. du Morbihan, Rev. des Trad. pop., t. XVII, p. 343.
Les Djinns et les deux Bossus, Ib. p. 610.
Harou.—Les Bossus et les Nains (conte du Luxenbourg belge), Rev. des Trad. pop., t. IX, p. 285.
—— Les deux Bossus (conte du Grand Duché de Luxenbourg), Rev. des Trad. pop., t. XXXI, p. 128.
Luzel.—Les deux Bossus et les Nains, Cont. pop. de la B.-Bretagne, t. II, p. 251.
—— Les Danseurs de nuit (dos versiones), Ib., t. III, págs. 103 y 115.
Palma.—Salir con un Domingo siete, Trad. peruanas, t. IV, p. 34.[{290}]
Pitrè.—Lu Scarparu e lu Diavuli, t. II, p. 94.
Rodríguez Marín.—Nota 21, p. 318 del t. V del Quijote (ed. de 1916).
Sébillot.—Les Sorciers de Kuéa, Cont. des paysans et des pêcheurs, p. 305.
—— Les Chats sorciers, Ib. p. 311.
—— Los dos Gibosos, Ctos. Bretones, p. 252.
Seré.—Les deux Bossus et l’Enchanteurese de Bourret, Rev. de Trad. pop., t. VIII, p. 549.
Vinson.—Les deux Bossus, Le Folkl. du pays Basque, p. 14.
26. La Lorita encantada
Esta conseja tiene estrecha relación con los numerosos cuentos, comunes a todas las literaturas populares, en que figuran tres animales agradecidos, generalmente un león, una hormiga y un ave, que se disputan una presa, casi siempre un animal muerto, y que dan al que los pone de acuerdo, un pelo o una uña, una pata y una pluma respectivamente, que le permiten hacerse invisible, volar y desempeñar otras empresas maravillosas, o tres hombres poseedores de talismanes que tienen el mismo poder, de los cuales, por engaño, logra el héroe apoderarse. No recuerdo haber encontrado en mis lecturas un cuento en que figuren tres niñas en lugar de los tres animales o de los tres hombres; pero, en cambio, son numerosísimos aquellos que terminan con el tema en que el héroe o la heroína refieren que tenían un cofre cuya llave de oro se les ha perdido y mandaron hacer una de plata, y no tan preciosa como la otra, y que después han encontrado la primera, y preguntan cuál de las dos deben preferir, etc. A los cuentos tan conocidos y numerosos en que se encuentra este episodio, agregaré solamente los que siguen, publicados en la interesante colección intitulada “Cuentos populares españoles recogidos de la tradición oral en España... por Aurelio M. Espinosa:
Núm. 127, Cabeza de burro, p. 258; Núm. 128, El Castillo de Oropé, p. 260; y Núm. 130, El Lagarto de las siete camisas, p. 267.
Y además:
Cosquin.—Les dons des trois animaux, t. I, p. 166.
——Fortuné, t. II, p. 128.
Luzel.—L’Hiver et le Rotelet, Cont. pop. de B.-Bretagne, t. III, en las págs. 245-246.
27. El Diablo y el Campesino
Bladè.—La Chèvre et le Loup, t. III, p. 159.[{291}]
Braga.—O Compadre diabo, Cont. pop. do povo portuguez, p. 75.
Carnoy.—Saint Crépin et le Diable, Litt. orale de la Picardie, p. 62.
28. El León y el Hombre
Bladè.—Le Lion et Notre-Seigneur, Cont. pop. de la Gascogne, t. II, p. 163.
Poblete, (Ronquillo).—La Palabra del Hombre, Cuentos del Domingo, IV serie, p. 163.
29. Los tres hermanos que salieron a aprender a hablar
Carnoy.—Les trois hommes à la barbe rousse, Litt. orale de la Picardie, p. 264.
Klimo.—Le Diable et les trois garçons slaves, Cont. et Lég. de Hongrie, p. 277.
Sébillot.—C’est nous autres, Messieurs, Litt. orale de la H.-Bretagne, p. 110.
—— Le sot seigneur et ses fils sots, Les joyeuses hist. de Bretagne, p. 165.
30. Las tres Gangosas
Braga.—As irmâs gagas, Cont. trad. do povo portuguez, t. I, p. 179.
Espinosa.—Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 34, p. 144.
31. El Capón asado
Espinosa.—Juan sin miedo, New Mexican Folk-Lore, III, Folk-Tales, p. 429.
32. El Vendedor de coquitos, y 33. El Vendedor de pequenes.
Espinosa.—Short Folk-Tales and Anecdotes, N.º 36, p. 144.[{292}]
II parte.—Mitos, Tradiciones, Casos
3. La Calchona
Vicuña Cifuentes.—La Calchona, Mitos y Superst., págs. 21 y 334.
6. La Viuda
Cavada.—La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.
Vicuña Cifuentes.—La Viuda, Mitos y Superst., p. 92.
7. La Mujer larga
Cavada.—La Viuda, Chiloé y los Chilotes, p. 100.
8. El Piguchén
Cavada.—El Piuchén o Piguchén, Chiloé y los Chilotes, p. 102.
Vicuña Cifuentes.—El Piguchén, Mitos y Superst., págs. 80 y 339.
13, 14, 15. Las Sirenas
Cavada.—La Pincoya, Chiloé y los Chilotes, p. 102.
Vicuña Cifuentes.—Las Sirenas, Mitos y Superst., p. 85.
17. La Laguna de Pudahuel (Nota sobre el Cuero, p. 239.)
Cavada.—La Manta, Chiloé y los Chilotes, p. 104.
Vicuña Cifuentes.—El Cuero, Mitos y Superst. págs. 38 y 335.
19 A 31. Historias de brujos
Vicuña Cifuentes.—Los brujos. Mitos y Superst., págs. 5 a 20.
23. El Hombre que quiso volar
Espinosa.—La bruja de Granada, Ctos. pop. españoles, p. 345.
—— La bruja de Córdoba, Ib., p. 346.
36. Tesoros
Vicuña Cifuentes.—Para descubrir y sacar los tesoros, Mitos y Superst., p. 206.
39 A 43. El Diablo. Pactos con el Diablo
Vicuña Cifuentes.—El Diablo, Mitos y Superst., págs. 47 a 52 y 196.
43. Las doce palabras redobladas
Laval.—Las doce palabras redobladas, Orac., ens. y conj., p. 98.
—— Contr. al Folk. de Carahue, 1.ª parte, p. 31.
Vicuña Cifuentes.—Mitos y Superst., págs. 133 a 156, Núm. 36.
Vinson.—Les douze Mistères, Le Folkl. du Pays Basque, p. 11.
De las obras extranjeras en que se trata de las doce palabras redobladas, sólo mencionaré la de Vinson, porque el cuento vasco, en el fondo, es el mismo chileno que me refirieron en Peñaflor. Las demás están citadas en las notas comparativas que figuran en los libros citados de Vicuña Cifuentes y Laval.[{294}]
Apéndice II
Vocabulario de las palabras y frases que figuran en este libro con acepción distinta de las que trae el Diccionario académico, o que no se encuentran en él.
Acuerdo.—Ponerse en acuerdo. Vulg. Pensar.
Acholado.—Corrido, avergonzado.
Agarrar.—Tomar, asir, coger, aunque sea suavemente.
Agua.—Ver uno debajo del agua. Ser muy astuto, habilidoso.
Alcayota.—Cidra cayote.
Alelado.—Asustado, admirado, embobado, extasiado.
Alfiler.—Alfiler de gancho. Imperdible.
Altazo.—aum., vulg. de alto. Muy alto.
Amarra.—Lazo corto, de cuero.
Animar.—Azuzar.
Aperos.—Aparejo, 2.ª acep.
Apretar a correr.—Echar a correr.
Atingido.—Afligido.
Atracar.—Vulg. Arrimar, allegar, encender, prender.
Aújero.—Vulg. Agujero.
Azuelazo.—Golpe dado con la azuela.
Barra.—Cepo, 3.ª acepc.
Barrote.—Barra de hierro, aunque no sea gruesa.
Bastante.—Mucho.
Botar.—Tirar, arrojar, tumbar.
Boya.—Estar en la pura boya. Estar de buena suerte; irle bien en todo.
Buen dar.—Buen dar con lo tonto que soy. ¡Vaya que soy tonto!
¡Bueno en!... Qué!... ¡Bueno en el hombre forzudo! ¡Qué hombre tan forzudo!
Cacho.—Asta, cuerno.
Calzones.—Vulg. Pantalones.
Campañista.—El que cuida de los animales vacunos y caballares en los fundos grandes que tienen campaña.
Cáñamo.—Bramante, guita.[{295}]
Capachito.—Planta muy común, del género Calceolárea, que crece a orillas de los arroyos.
Capitán.—Donde manda capitán no manda marinero. Refr. que aconseja respeto, obediencia y sumisión a los superiores.
Cara.—Cara o sello. Cara o cruz.
Caráfita.—Interj. Cáspita. (De cáspita, caráspita).
Carretón.—Carro grande que sirve para el transporte de materiales.
Casas.—Dieces. (Del rosario.)
Causeo.—Comida ligera compuesta generalmente de carnes fiambres, emparedados, vino, etc.
Cazuela.—Guiso nacional muy estimado. La receta para hacerla se encuentra en cualquiera de las numerosas ediciones de libros de cocina impresos en el país.
Cebar (el mate).—Prepararlo, poniendo en la vasija en que se toma, la yerba y el azúcar necesarios y demás ingredientes que suelen echársele, como hojas de cedrón, cáscaras de limón o de naranja, etc. En Chile el mate se toma con azúcar.
Cequión.—Aum. de cequia=acequia. Acequia ancha que arrastra gran caudal.
Cierto.—Alguno.
Cigarro.—Cigarrillo.
Cinco.—Moneda de plata (últimamente las hacen de níquel), que vale cinco centavos de peso. El peso tiene cien centavos.
Clara.—Claras del día. La hora de amanecer. Con las claras. Al amanecer.
Cobija.—Vulg. Frazada, manta de la cama.
Cogollo.—La copa de los árboles.
Cola.—Ir, salir, arrancar con la cola entre las piernas. Es la fr. española Ir, salir, rabo entre piernas.
Condenado.—Malvado. Como un condenado. Mucho, en abundancia.
Contesta.—Vulg. Contestación.
Contimás.—Vulg. Cuantimás; tanto más cuanto.
Contra.—Dar la contra. Contradecir, molestar, llevar la contraria.
Cordillera.—La Cordillera es, por antonomasia, la de los Andes.
Correntoso.—Dícese del río o acequia que tiene mucha corriente.
Corretear.—Vulg. Correr.
Cosa.—Las cosas de usted. Qué cosas tiene usted. ¡Buena cosa! Exclamación con que se expresa admiración, sentimiento o desagrado.
Costalearse.—Golpearse, cayéndose al suelo.
Cristo.—Sin cristo. Sin dinero; sin un centavo.
Cuaira.—Vulg. Cuadra.
Cueca.—Zamacueca, baile popular chileno, pero no el que describe el[{296}] Diccionario de la Academia, pues no tiene nada de ridículo, ni lo bailan los indios, ni los zambos, ni los chuchumecos.
Cuerpo.—Sacar el cuerpo. Desviarlo.
Cundidor.—Ligero, rápido.
Curado.—Ebrio, embriagado.
Chamiza.—Chamarasca, támaras.
Chancha.—Hacer la chancha. Hacer novillos.
Chapa.—Cerradura.
Chape.—Vulg. Trenza.
Charqui.—Tasajo; carne cortada en grandes trozos delgados, salada y secada al sol.
Charquiar.—Cortar la carne en grandes trozos muy delgados para secarla al sol y hacer charqui.
Chaucha.—Voz con que vulgarmente se nombra a la moneda de veinte centavos de peso.
Chepa.—Josefa, Josefina.
Chiquitito.—Dim. de chiquito.
Choclo.—La mazorca del maíz.
Chichoca.—Vulg. Chuchoca. Maíz cocido y después secado al sol. En la cazuela se pone molida.
Chueca.—Sacarla chueca. Irle mal a uno en cualquier asunto.
Chupetada.—Vulg. Chupada.
D. En el lenguaje vulgar no se pronuncia sino raramente al principio de palabra (icir = decir). No suena en las terminaciones ado, ada, edo, eda, ido, ida, odo, oda, udo, uda (pescao, ca o caa, mieo, alamea, perdío, salía, to o too, moa, embúo, pelúa); en medio de dicción, entre dos vocales (aonde = aonde); ni al fin de palabra (majestá, mercé). Se pronuncia antes de diptongo y después de la concurrencia de dos vocales de las cuales la segunda es débil (Dios, deuda, Aída, Adelaida = Aelaida, cadáuno = cada uno). Hay algunas excepciones.
Debajujo.—Por debajujo. En voz baja.
Dedo.—Dejarse uno meter el dedo en la boca. Hacer disparates, tonterías; dejarse engañar.
Dejar.—Te has dejado decir. Te has atrevido a decir.
De lo que.—Vulg. Porque. De lo que no había comido. Porque no había comido.
Desengraso.—Vulg. Postre.
Despacito.—Dim. de despacio. En voz baja.
Despachero.—Dueño o administrador de un despacho, o sea tienda de comestibles.
Diablo.—Así paga el diablo a quien bien le sirve. Fr. muy usada que se emplea para quejarse de los ingratos.[{297}]
Diantre.—Como un diantre. Como un diablo.
Diez.—Moneda de plata que vale diez centavos de peso.
Diminutivos.—En Chile se abusa de los diminutivos. Una señora que se llama Mercedes es Merceditas, aunque tenga 60 años o más. Un niño chico es chico, chiquito, chiquitito, chiquitín, chiquirritín, chiquirritito, chicoco, chicoquito, rechico, requetechico, etc. Un mendigo pide de limosna un cinquito, un diececito, una chauchita, que, diminutivos o no diminutivos, siempre son cinco centavos, diez centavos, veinte centavos.
Dios.—Dios, sin ser vaquero, todo lo rodea. Enseña que Dios dispone las cosas de modo que resulten bien.
Donde.—A casa de... En casa de... Con lo que...
Echarlas.—Partir, salir.
Empastado.—Que tiene pasto.
Endenantes, DENANTES y ENENANTES.—Antes, hace poco.
Endilgar.—Vulg. Dar, dirigir, ir, andar.
Ensimismamiento.—Abstracción.
En una de éstas.—En esto.
Envelarlas.—Huir, correr.
Escondidas (A las).—Al escondite, juego de muchachos.
Espanto.—Estar uno curado de espantos. No asustarse ni de nadie ni de nada.
Esperma.—Estearina.—Vela de esperma. Vela de estearina.
Es que.—Muletilla que puede suprimirse sin menoscabar el sentido de la frase en que se encuentra. Es que le dijo = le dijo.
Estantino.—Vulg. Intestino.
Facha.—Ponerse en facha. Prepararse para hacer una cosa.
Falte.—Buhonero.
Fierro.—Hierro. En Chile sólo se usa la voz hierro cuando se habla de productos químicos o farmacéuticos: Carbonato de hierro, sesquibromuro de hierro, jarabe de hierro y quinina, hierro yodatánico; sin que falten personas que en estos casos también digan fierro.
Fiesta.—Estar la fiesta que se arde. Estar muy buena, haber en ella mucha alegría, y comida y bebida en abundancia.
Flacuchento.—dim. desp. de flacucho.
Fondo.—Caldera grande.
Fregar.—Molestar.
Frito.—Jorobado, molido, desazonado, arruinado, perdido.
Fuego.—Hacer el fuego. Encender carbón o leña.
Fuerte.—Fuerte y feo. Mucho y con fuerza.
Futre.—Salirle el futre a uno. Dar con la horma de su zapato.[{298}]
Ganársela a uno.—Vencerlo.
Garrotero.—El que ataca a otro a garrotazos.
Guachito.—V. Huachito.
Guacho.—V. Huacho.
Guairao.—Ave nocturna de la familia de las zancudas. Ardea naevia.
Guargüero.—Garguero.
Guata.—Estómago, barriga.
Guía.—Guía de la mañana. El lucero del alba.
Habiloso.—Habilidoso.
Hablar.—Ser bien hablado. Ser atento, bien educado; hablar correctamente.
Hartazo.—Aum. de harto. Mucho.
Hebra.—Por la hebra se saca el ovillo. Es el refr. español Por el hilo se saca el ovillo.
Ho.—Vocativo vulgar de hombre.
Hombre.—El hombre prepara y Dios dispara se dice por donaire en vez de El hombre propone y Dios dispone.
Huachito.—Dim. de huacho. Mansito.
Huacho.—Hijo ilegítimo; hijo que ha perdido a sus padres; animal que se aquerencia en una casa y anda libremente por toda ella.
Huerta.—Huerto.
Indino.—Vulg. Indigno.
Inquilino.—Trabajador que vive en un fundo rústico, en que se le da habitación y un pedazo de terreno, en pago de lo cual se le exige trabajo en beneficio del patrón.
Jazmín.—Vengan esos cinco jazmines. Fr. fam. con que se solicita la mano de una persona para saludarla o felicitarla.
Jote.—Especie de buitre, que se alimenta de animales muertos. Cathartes aura, vultur aura.
Juar.—Vulg. Jugar.—Por juar. En broma.
Junta (puerta junta).—Entornada.
Lacillo.—Lazo de cuero con que se asegura la carga a los animales.
Lechar.—Ordeñar.
Lesera.—Tontería, inocentada.
Loro, RA.—Vulg. Lora. Ave muy común, de plumaje verde que repite fácilmente las palabras o frases que se le enseñan. Psittacus cyanolysos.
Luche.—Alga marina comestible.—Ulva luche.
Luz.—No haber luces de una cosa. No verse, no distinguirse.[{299}]
Machote.—A machote. Muy bien cerrado.
Majestad.—Su Sacarrial Majestad. Su Sacra y Real Majestad.
Mamita.—Vulg. Madre; abuela. También se da este tratamiento, por cariño, a cualquiera anciana.
Mandar.—Dar.
Manito.—Dim. de mano. Manita, manecita.
Manjar blanco.—Dulce que se hace con leche, azúcar y vainilla o alguna otra especia.
Mano.—El que manda manda y mano a la cartuchera. Refr. que aconseja obediencia al superior.
Maravilla.—Planta compuesta, de las Cinanterías. Heliantus annus.
Mas.—Otro, en frases como ésta: No tuvo mas remedio que...
Medio.—Grande.
Mejor.—Ser el mejor. Ser el más hermoso, el más bueno, entre varios.
Miéchica.—Vulg. Mierda.
Miñique.—Meñique.
Métale.—Expr. vulg. que se emplea para asentir: bien, está bien.
Meterse.—Mezclarse.
Moledera.—Vulg. Porquería, mierda.
Montón.—Mucho.
Na.—Nada.
No.—En la de no. Sino, si no, de lo contrario.
No más.—Locución que puede suprimirse generalmente sin que la frase en que se encuentra pierda su sentido, aunque a veces se emplea para dar más fuerza a una afirmación.
Nunquitita.—Dim. de nunquita, que a su vez lo es de nunca.
Ñato.—Chato.
Ño, Ñor.—Vulg. Señor.
Orejón.—Rebanada de membrillo secada al sol.
Ortiga caballuna.—Ortiga común en el país, cuyos pelos urticarios son largos y muy punzadores. Urtica magellanica.
Ortiga cuyana.—Ortiga caballuna.
Orujo.—Sacarle el orujo a uno. Molestarlo, castigarlo, maltratarlo a golpes.
Pararse.—Levantarse uno de su asiento; ponerse en pie.
Pared.—Las paredes tienen oídos y los matorrales ojos. Encarece el cuidado que debe tenerse al hablar o al ejecutar cualquiera acción, pues suele suceder que haya testigos, sin que uno se dé cuenta. La Academia trae las expresiones: Las paredes oyen, Las paredes tienen ojos.[{300}]
Parte.—Echar a uno a buena parte. Eufemismo, por decirle que se vaya a la m...
Pata.—Vulg. Pierna, pie.
Patifrío.—Sorprendido, admirado, asustado.
Pavo.—Tonto.
Peíto.—Dim. de peo, nombre que en Chile se da vulg. al pedo.
Peladero.—Sitio llano, sin vegetación.
Pelado.—Sin nada.
Pelotearse una cosa.—Vulg. Peleársela, arrebatársela de las manos.
Pensión.—Tristeza, pena.
Pepa.—Josefa, Josefina.
Pequén.—Ave carnívora, Strix cunicularia.—Especie de empanada, con un poco de cebolla, grasa y ají, en el interior.
Pequenero.—Vendedor de pequenes.
Pescado.—Sólo por excepción se emplea en Chile la voz pez, que jamás usa el vulgo.
Picana.—Aguijada.
Picanear.—Aguijonear.
Pie.—Echar pie atrás.—Afirmarse, prepararse para pelear.
Pie de cabra.—Artificio compuesto de tres palos fuertemente atados en la parte superior y que descansan en el suelo formando trípode; el espacio entre los tres palos se llena de grandes piedras o de sacos de arena. Varios de estos aparatos colocados uno al lado de otro, forman una especie de tajamar que se emplea para desviar la corriente de los riachuelos, arroyos, cequiones (acequia ancha que arrastra gran caudal).
Pieira.—Vulg. Piedra, guijarro.
Pillarse (Al).—Juego en que un muchacho persigue a otros que huyen de él, hasta que logra coger a uno.
Pimeo.—Vulg. Pigmeo.
Pisada.—Sin perder pisada. Seguirle los pasos a uno.
Plantado.—Bien plantado. Elegante.
Pollera.—Saya, falda.
Poto.—Trasero, culo.
Prendedor.—Alfiler de corbata.
Pus.—Vulg. Pues.
Quiltro.—Perrillo ordinario, gozquejo.
Quite.—Hacer un quite. Desviar el cuerpo.
Quizás.—Conforme con su etimología, es como si se dijera Quién sabe.
Ratón.—Rata.
Re.—(Refuerte etc.). La partícula re antepuesta a un adjetivo y acompa[{301}]ñada de bien, tan, tan bien, muy, sirve al vulgo para expresar el grado superlativo.
Reinato.—Vulg. Reino.
Remoler.—Jaranear. Divertirse bebiendo con exceso y bailando cueca al son de arpa y guitarra.
Repelarse.—Sentir pesar, con rabia.
Repente.—De un de repente. Vulg. De repente.
Requete.—Desempeña el mismo oficio que la partícula re. V. Re.
Resuello.—De un resuello. De una vez, sin descansar, sin hacer ninguna pausa.
Roto.—Nunca falta un roto para un descosido. Que fácilmente encuentra uno su pareja.
Saltiaor.—Vulg. Salteador.
Sapo arriero.—(No he encontrado quien me explique qué clase de sapo es éste).
Sazonar.—Poner a los guisos la sal necesaria para que queden con buen sabor.
Semillero.—Gran cantidad, multitud.
Señor.—Muy sí, señor. Muy campante.
Serón de cuero.—Ant. Mitad del cuero desecado de un animal vacuno, que conserva su forma convexa.
Suma.—Cantidad.
Suspiro.—En un suspiro. En un momento, en breve tiempo.
Susto padre.—Susto muy grande.
Taita.—Vulg. Padre. También se da este tratamiento, por cariño, a cualquier anciano.
Tamañazo.—Aum. de tamaño. Tan grande.
Tamién.—Vulg. También.
Tenca.—Avecita cantora muy común. Mimus thenca.
Tierra.—Rodar tierras. Viajar, salir a buscar aventuras.
Tincar.—Presentir.
Tiro.—Al tiro; al tirito. Al punto, inmediatamente.
Toíto; TOITITO.—Todito, dim. de todo.
Tomar.—Beber vino u otro licor alcohólico.
Tortilla.—Pan sin levadura cocido al rescoldo.
Tranquear.—Vulg. Andar de prisa y a pasos largos.
Tuto.—Vulg. Pierna de ave.
Ulpo.—Bebida hecha con harina de trigo tostado, agua fresca y azúcar.
Ultimo.—Hasta el último. Por fin.[{302}]
Uno.—Donde hay uno hay otro. Expr. fam. con que se denota que fácilmente se encuentra una persona con las mismas cualidades de saber, valor etc., que otra.
Vámolos.—Vulg. Vámonos.
Varilla, VARILLITA.—Dim. de vara, voz esta última que no se usa sino cuando se trata de la medida de longitud que tiene m. 0.836.
Verbos en EAR. El vulgo cambia esta terminación en IAR: apiarse, me apié, apiémonos.
Verso.—Vulg. Estrofa.
Vida.—Pasar la gran vida. Vivir rodeado de toda clase de comodidades.—Tener uno la vida de los gatos. Es el refr. español Tener siete vidas como los gatos.
Viejancón.—Vulg. Vejancón.
Vos.—Vulg. Tú.
Vuelta.—A la vuelta de la esquina, vulg. Muy cerca.
Yerba, YERBAMATE.—Mate.
Zarzamora.—Es la zarza española. Al fruto le llamamos mora.
Zumbarle a uno una cosa.—Vulg. Disparársela.[{303}]
INDICE
NOTAS:
[A] El vocabulario de los chilenismos que se encuentran en estos cuentos y las notas comparativas, irá al fin de la colección.
[B] Aquí se nombra a cualquiera de las personas que escuchan el cuento. Esta es una de las muchas fórmulas que se usan para comenzar estas narraciones y pertenece a las con chacharachas o matutines, nombres que se dan a la retahila de palabras y expresiones sin sentido, que contienen. Véase el anexo II de mis cuentos de Carahue.
[C] Es de regla decir de una sola tirada, sin descansar ni tomar aliento, las quejas de la Tenquita.
[D] En este cuento se han transcrito las mismas palabras empleadas por la González al narrarlo, pero no como las pronunciaba. Quien quiera imponerse de la pronunciación de la narradora, vea el número de Abril de 1909, T. XXXII, F. 526 a 538, de la Revista de Derecho, Historia y Letras, de Buenos Aires, en que se publicó con grafía fonética, y comentarios.
[E] ¿El Meñique?
[F] Quedó muerto, hecho una bolsa de huesos, informe.
[G] Lo que se presuma de literario en esta versión, seguramente que no es adorno superior a las descripciones, reflexiones y formas pintorescas que daba Liberona a la narración. Pueda ser que algunas haya yo cambiado, por olvido de los originales; pero no son invenciones mías, sino reflejos borrosos ya, por los cuarenta años transcurridos, pero fieles representantes de la impresión causada por el cuento en un niño de 13 años.—R. Rengifo
[H] El maestro Tránsito, que sazonaba sus cuentos con comentarios más o menos sabrosos, agregó lo que sigue:
“Una ocasión estaban varios trabajadores reunidos después del trabajo y entre ellos había uno que era calvo y lampiño; y otro que se las daba de poeta le dijo:
“Al amigo Pedro Antonio
le ha pasado lo que al Jote:
por comer la mejor presa,
perdió toda la cabeza
y se le peló el cogote.
“Lo que ha quedado por refrán y se les dice a los que son faltos de pelo”.
[I] El Cuero o Manta es una especie de piel o tela gruesa extendida en el fondo de los ríos y lagunas, que atrae a las personas, animales y pequeñas embarcaciones tripuladas que pasan a su alcance. La simple vecindad de cualquier ser viviente le irrita y se levanta y se recoge asiendo entre los pliegues que forma con sus movimientos al que ha tenido la desgracia de acercársele y que irremisiblemente perece ahogado. El Cuero o Manta se alimenta de sus víctimas. (R. F.)
[J] Huelga la explicación de haber muerto reventado nuestro carpintero, pues seguramente acostumbraría él gastar su paga semanal divirtiéndose en casa de algunas familias pobres de esos lugares, en que se prodigaría el licor, como acostumbra hacerlo nuestro pueblo en reuniones de esa especie. El que se sobrepasara atrevidamente en alguna de esas remoliendas: el que perdiera la vida y le pasara casual o intencionalmente una carreta por encima, es cosa nada extraña en tiempos y en campos como aquellos.
Este cuento de brujos y muchos otros, ciertamente habrán servido para encubrir o disculpar un asesinato ante los campesinos o gentes crédulas.—R. Rengifo.
[K] Pueblecito del departamento de Victoria, provincia de Santiago, en el cual es fama que ha habido muchos brujos, y, según algunas personas, todavía los hay.
[L] Véase pág. 234, Núm. 6.
[M] Nombre vulgar del Dafila spinacauda.
[N] Esta leyenda me fué referida en 1910, pero no tomé nota del nombre de la persona que me la contó. Igual observación debo hacer respecto de las que no tienen noticias sobre los informantes y aquellas en que simplemente indico el año en que me fueron contadas.
[O] Como en los Cuentos populares de Carahue, y por las razones que ahí se expresan, comienzo por citar primeramente a Cosquin, siempre que en sus Contes populaires de Lorraine haya cuentos que tengan relación con los que se publican en este volumen.
[P] De este cuento procede la frase fam., tan común en Chile y en otros países hispanoamericanos, salir con su Domingo siete, que se aplica a los que dicen o hacen cosas fuera de razón, Membreño (Hondureñismos, 3.ª ed., p. 70) atribuye este dicho a que «el domingo nunca ha sido el séptimo día de la semana», y, por tanto es lógico decir que DOMINGO SIETE significa «despropósito, disparate». «El Diccionario de la Academia y con él los demás Diccionarios, cuando afirman que el domingo es el primer día de la semana, no hacen más que consignar un hecho reconocido desde hace siglos.»