JORNADA PRIMERA: ESCENA III
Otro camino galgueando entre las casas de un quintero. Al borde de los tejados maduran las calabazas verdigualdas, y suenan al pie de los hórreos las cadenas de los perros. Baja el camino hasta una fuente embalsada en el recalo de una umbría de álamos. Silban los mirlos, y las mujerucas aldeanas dejan desbordar las herradas, contando los cuentos del quintero. Rosa la Tatula llega haldeando, portadora de la mala nueva.
LA TATULA
¡Alabado sea Dios, y qué callada es su divina Justicia! Ahí atrás queda privada del sentido Juana la Reina. Estuve dándola voces, y ni a pie ni a mano. Tiene la color de la muerte. Sin tanta ansia como llevo por estar en la villa, pasábame por la puerta de aquella hermana que tiene en la Cruz de Lesón. ¿Alguna de vosotras, mora por aquel ruero?
UNA MUJERUCA
Puerta con puerta tenemos las casas.
LA TATULA
Ya le podías llevar la mala razón.
UNA MUJERUCA
¿Y a tu consentimiento rindió el alma?
LA TATULA
Que tiene la color de la muerte, es cuanto digo.
OTRA MUJERUCA
Llevaba tiempo que roía en ella el mal. Ya pasó sus trabajos, soles y lluvias, siempre a tirar del carretón. ¿Qué suerte tendrá ahora el engendro? ¿Adónde rodará?
LA TATULA
Conforme al modo que ello se considere, es una carga y no la es. Juana la Reina achicaba en un día más bebida que una de nos achica en un año, y la bebida no la dan sin moneda. Por su engendro tenía mantenencia. ¡Mal sabéis lo que se gana con un carretón! No hay cosa que más compadezca los corazones. Juana la Reina sacaba un diario por riba de siete reales. ¿Y adónde vas tú, cuerpo sano, que saques ni medio de ese estipendio?
Dos mujeres, madre e hija, con los cántaros en la cabeza, bajan por el sendero a la umbría de la fuente. La madre, blanca y rubia, risueña de ojos, armónica en los ritos del cuerpo y de la voz. La hija, abobada, lechosa, redonda con algo de luna, de vaca y de pan.
UNA MUJERUCA
Cara aquí vienen las Gailas. Esas son familias.
LA TATULA
Mari-Gaila, casada con un hermano carnal de la difunta. Pedro Gailo el sacristán, en sus papeles es Pedro del Reino.
OTRA MUJERUCA
El porte que ellas traen no es de saber la nueva.
LA TATULA
Mari-Gaila corre, que a tu cuñada le acudió una alferecía, y está privada en las sombras de la vereda.
MARI-GAILA
¿Cuál de las los cuñadas?
LA TATULA
Juana la Reina.
MARI-GAILA
¡Ay, Tatula, declárate si ella es difunta, que no me falta fortaleza!
REZO DE LAS MUJERES
Más de lo que sabes aquí no sabemos.
Mari-Gaila deja caer el cántaro, desanuda el pañuelo que lleva a la cabeza, y frente a la hija que suspira apocada, abre los brazos en ritmos trágicos y antiguos. La fila de cabezas, con un murmullo casi religioso, está vuelta para la plañidera que bajo las sombras de la fuente aldeana resucita una antigua belleza histriónica. Detenida en lo alto del camino, abre la curva cadenciosa de los brazos, con las curvas sensuales de la voz.
MARI-GAILA
¡Escacha el cántaro, Simoniña! ¡Simoniña, escacha el cántaro! ¡Qué triste sino! ¡Acabar como la hija de un déspota! ¡Nunca jamás querer acogerse al abrigo de su familia! ¡Ay, cuñada, no te llamaba la sangre, y te llamó para siempre la tierra que todos pisan, de una vereda! ¡Escacha el cántaro, Simoniña!
UNA MUJERUCA
¡No hay otra para un planto!
OTRA MUJERUCA
De la cuna le viene esa gracia.
OTRA MUJERUCA
Corta castellano como una alcaldesa.
MARI-GAILA
¡Ay, cuñada, soles y lluvia, andar caminos, pasar trabajos, fueron tus romerías en este mundo! ¡Ay, cuñada, por cismas te despartistes de tus familias! ¡Y qué mala virazón tuviste para mí, cuñada! ¡Ay, cuñada, te movían lenguas anabolenas!
LA TATULA
Las familias, si no es que son padres para hijos, hay que tenerlas como ajenas.
UNA MUJERUCA
La ley de sangre siempre da su dictado.
LA TATULA
Por veces también se niega.
MARI-GAILA
¡No en mi pecho, Tatula!
LA TATULA
Así se contempla.
MARI-GAILA
Y aun cuando me quede sin pan que llevar a la boca, he de hacerme el cargo del carretón.
LA TATULA
El carretón, si no lo retiras de los caminos, trae provecho.
MARI-GAILA
¡Cativo provecho si tengo que dejar el apaño de mi casa!
LA TATULA
Lo pones en arriendo. Si llega el caso, habla conmigo.
MARI-GAILA
Lo tendré presente. Que venga a mí el cargo del carretón, tampoco lo dificulto. La difunta era hermana de mi hombre, y otra familia más allegada no tiene.
LA TATULA
El pleito será entre vosotros y tu cuñada Marica del Reino.
MARI-GAILA
¡Pleito! ¿Por qué ha de haber pleito? Yo hago esta caridad porque tengo conciencia. ¿Quién puede disputarle el cargo al hermano varón? Si van a justicias, el varón gana el pleito o no hay ley derecha.
LA TATULA
Pues si para en tu dominio, recuerda de lo que ahora tenemos hablado.
MARI-GAILA
Ya te echo el alto. Ninguna palabra hay de por medio.
LA TATULA
Cierto que no hay palabra, pero si quieres recordar alguna cosa de lo hablado...
MARI-GAILA
Aquello que no se me borre podré recordarlo.
LA TATULA
Yo me pasaré por tu puerta.
MARI-GAILA
Con bien llegues a ella.
UNA MUJERUCA
El carretón representa un horno de pan.
OTRA MUJERUCA
¡De pan trigo!
MARI-GAILA
¡Qué mala ventura tuviste, cuñada! ¡Aprendan de ti las anabolenas! ¡Morir sin confesión en un camino!
Simoniña, blanca, simplona, carillena, apretando los ojos remeda el planto de su madre, y abre los brazos ante el cántaro roto.