JORNADA SEGUNDA: ESCENA II

Un soto de castaños, donde hace huelgo la caravana de mendigos, lañadores y criberos, que acuden anuales a las ferias de agosto en Viana del Prior. La Mari-Gaila, gozosa de su nueva ventura, sofocada y risueña, llega tirando del dornajo, por la carretera cegadora de luz.

MIGUELÍN

Mucho te vale el tesoro, Mari-Gaila.

MARI-GAILA

Ni un mal chavo pelón.

EL CIEGO DE GONDAR

¡Si robas la plata con la ocurrencia que sacaste de enseñar las vergüenzas del engendro!

MARI-GAILA

No son tiempos estos en que corra dinero.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

El dinero, aun cuando se deje sentir, es a corros, y siempre se duelen los de algún arte.

EL CIEGO DE GONDAR

¡Por acá nos dolemos todos!

MIGUELÍN

No hay dinero, y el que hay lo emboba el Compadre Miau.

MARI-GAILA

¡Séptimo Miau! Tengo oído, y también de su perro Coimbra. A lo que cuentan, es un tuno de mucho provecho.

MIGUELÍN

¡Un condenado!

Mari-Gaila arrima el dornajo a la sombra de los castaños y se sienta a la vera, los ojos y los labios alegres de malicias.

MARI-GAILA

Me va por la pierna una pulga con zuecos, y voy a ver si la cazo. ¡No mires, Padronés!

MIGUELÍN

¿Qué temes? ¿Que te saque tacha? Público es que las piernas tienes tuertas.

MARI-GAILA

Tuertas y encanilladas.

EL CIEGO DE GONDAR

Contigo no hay penas. Puestos los dos a correr ferias y romerías, ganáramos muy buenos machacantes. Y tú ya no dejas esta vida.

MARI-GAILA

Es el bien que me trujo la herencia renegada.

MIGUELÍN

¿Pues no abandonaste el Palacio del Rey?

MARI-GAILA

Abandoné mi casa, donde era reina.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Muy mal le irá a usted, señora, pero tiene usted unas carnes que no tenía.

LA TATULA

¡Y colores!

MARI-GAILA

Toda la vida tuve las colores de una rosa, así me achacaron lo de la bebida. ¡Cuando era la buena conducta!

Ríen los mendigos, negros y holgones, tumbados a la sombra de los árboles. Por la carretera, una niña con hábito nazareno, conduce un cordero encintado, sonriendo extática entre la pareja de sus padres, dos aldeanos viejos. Mozas vestidas de fiesta pasan cantando, entre tropas de chalanes y pálidos devotos que van ofrecidos...

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Promete estar superior la feria de Viana.

MIGUELÍN

La feria que estos tiempos suena, es la del Cristo de Bezán.

MARI-GAILA

Esas ferias distantes son buenas para vosotros, que sois cuerpos libres. ¿Pero, adónde voy yo, siete leguas tirando del carretón?

EL CIEGO DE GONDAR

Se busca una buena compañía, y se hace el camino por jornadas. Para sacar del carretón su porqué, las ferias de la montaña. Esas son ferias de mucho bien de Dios.

MARI-GAILA

A donde ese año no falto es al San Campio de la Arnoya.

EL CIEGO DE GONDAR

Y verás tu provecho, si te pones en un acuerdo conmigo.

MARI-GAILA

De acuerdo ya estamos, salvo que tú llames acuerdo al dormir juntos, y eso de mí no lo esperes.

LA TATULA

¡Amén de Dios, si el pecado no puede con vosotros!

MARI-GAILA

Con mi carne de rosas, que este cativo ya me está palpando. ¡Aparta la mano, centellón!

EL CIEGO DE GONDAR

¡No escapes, Mari-Gaila!

MARI-GAILA

Cachea si tienes un mixto.

EL CIEGO DE GONDAR

¿Quieres hacerte la calderada?

MARI-GAILA

¡Mucho penetras!

EL CIEGO DE GONDAR

Me llegaron vientos de sardinas. ¿Y si juntáramos el compango, Mari-Gaila?

MARI-GAILA

De mi banda, solamente puedo poner cuatro arenques que me dieron en una puerta. Es comida que reclama bebida.

EL CIEGO DE GONDAR

Tiéntame las alforjas, que algo bueno viene en ellas.

MARI-GAILA

¡Ay, tunante! Te das el trato de un Padre Prior.

Mari-Gaila, los brazos desnudos y las trenzas recogidas bajo el pañuelo de flores, enciende unas ramas, y se levantan cantando las lenguas de una hoguera. El humo tiende olores de laurel y sardinas, con el buen recuerdo del vino agrio y la borona aceda. Un viejo venerable, que parecía dormido, se incorpora lentamente. Tiene el pecho cubierto de rosarios y la esclavina del peregrino en los hombros.

EL PEREGRINO

A fe que siento, cristianos, no tener cosa que ofreceros para ser parte.

MARI-GAILA

Pues la alforja rumbo mete.

EL PEREGRINO

No guarda otra cosa que mi penitencia.

EL CIEGO DE GONDAR

¡Algún pernil!

EL PEREGRINO

La piedra donde descanso la cabeza cuando duermo.

Abre la alforja y enseña un canto del río con un gran alvéolo redondo y pulido, la huella de largos sueños penitentes. Mari-Gaila, ante aquel prodigio, siente una gozosa ternura.

MARI-GAILA

Llegue acá venturoso, y haremos entre los tres reparto.

EL PEREGRINO

¡Alabado sea Dios!

MARI-GAILA

¡Alabado siempre sea!

Mari-Gaila aparta las sardinas de la lumbre y las pone en una escudilla de peltre. Luego saca el pan y la bota de las alforjas del ciego, y hace un lugar al peregrino en torno de la capa remendada, que sirve de mantel. Mientras come la compañía, el ciego, con risa socarrona, huele su sardina puesta sobre una tajada de pan, y alarga la oreja.

EL CIEGO DE GONDAR

El cabezal lo tiene de piedra, pero las muelas aún le ganan. La penitencia es para el mal dormir, que para el mal comer... ¡Contro con el santo!

EL PEREGRINO

Tres días llevaba sin tocar sustento.

EL CIEGO DE GONDAR

¿Indigestado?

EL PEREGRINO

¡Penitente!

EL CIEGO DE GONDAR

Somos viejos en esos engaños, amigo.

El Peregrino acoge tales palabras con gesto seráfico, y el ciego, tras de refrescar la boca con el trago, torna a reír. Miguelín el Padronés, que en las mismas sombras remienda un paraguas, hace un guiño maleante y silba un aire. La pareja de tricornios, negra y polvorienta, penetra en las sombras del soto donde sestea la taifa de hampones. Viéndola llegar, todos callan, y la pareja, inquiridora, cruza entre unos y otros.

UN GUARDIA

¿No estuvo aquí uno que hasta hace poco corría las ferias con una mujer de la vida? El Conde Polaco.

EL CIEGO DE GONDAR

Aquí no tratamos con gente tan política.

EL OTRO GUARDIA

Es el nombre con que viene reclamado.

EL CIEGO DE GONDAR

El nombre se cambia más pronto que la pelleja.

MIGUELÍN

¿En qué oficio se emplea ese sujeto, Señores Guardias?

UN GUARDIA

En los más peores, y se me representa extraño que os sea desconocido.

EL CIEGO DE GONDAR

Unos corremos el mundo con honradez, y otros sin ella.

MARI-GAILA

Ya se les alcanza a los Señores Guardias.

EL OTRO GUARDIA

Yo, para no equivocarme, os ponía a todos a la sombra. ¡Cuidado con lo que se hace, que andamos vigilantes!

MARI-GAILA

Nuestras obras están a la luz del sol, Señores Guardias.

UN GUARDIA

¡Pues mucho ojo!

Los señores Guardias, adustos, partida la jeta cetrina por el barboquejo de hule, se alejan bajo miradas de burla y temor. El correaje, los fusiles, los tricornios, destellan en la carretera cegadora de luz.

EL CIEGO DE GONDAR

¡No hay prenda como la vista! Estos son más ciegos que los que andamos a las escuras.

MIGUELÍN

Pudiera suceder.

EL CIEGO DE GONDAR

Me parece que señalamos al mismo santo.

MIGUELÍN

Yo nada aventuro.

EL CIEGO DE GONDAR

Pues mi boca está sellada.

MARI-GAILA

¡Qué hablar por cifra!

EL CIEGO DE GONDAR

Acá nos entendemos.

MIGUELÍN

¡Miau!

El taimado mozuelo, recostado en el tronco de un árbol, abre el paraguas por juzgar del arte con que puso el remiendo, y silba un nuevo aire. Mari-Gaila, procurando tomarle al oído, escucha con una sonrisa quieta y los ojos entornados.

MARI-GAILA

¡Linda tocata! Parece habanera.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

El Compadre Miau vino con ella del fin del mundo.

MARI-GAILA

Será de reír la primera vez que nos encontremos. No le conozco, y llevo tres noches que sueño con él y con su perro.

MIGUELÍN

Falta que el hombre de tu sueño tenga la cara del Compadre.

MARI-GAILA

Padronés, si tal acontece, también te digo que tiene pacto.