JORNADA SEGUNDA

ESCENA SEXTA

Sobre la encrucijada de dos caminos aldeanos, un campo de yerba humilde salpicada de manzanilla, donde hay un retablo de animas entre cuatro cipreses. Es paraje en que hacen huelgo los caminantes, y rezan las viejas, anochecido. Don Rosendo, Don Mauro y Don Gonzalito, descansan al pie de los cipreses, con los caballos del diestro. Mas lejos un mozo aldeano deja pacer la yunta de sus vacas, y a lo largo de los caminos, que se pierden entre verdes y sonoros maizales, trotan cabalgadas de chalanes que van de feria, y cruzan graves y procesionales, viejos vestidos de estamena, con sus grandes bueyes de cobre luciente, hermosos como idolos, con verdes ramos de roble en las testas.

DON MAURO

?Donde se habra metido el clerigo?

DON ROSENDO

En casa de alguna moza.

DON MAURO

A Pedro son muchos los que le han visto pasar solo. ?Como se habran separado?

DON GONZALITO

Renirian al repartirse lo que nos robaron.

DON ROSENDO

iLastima que no se matasen!

DON MAURO

Hay que volver por alla….

DON GONZALITO

Si ellos no nos ganan la mano.

DON MAURO

iHaber olvidado la capilla!

DON ROSENDO

Cuando se tiene una pena no se esta para recordar….

DON GONZALITO

iPobre madre! Ella acudia a todos, y teniamos un amparo…. ?Pero ahora, que sera de nosotros?… Hemos amargado sus ultimos momentos con nuestras disputas. iSomos como fieras!

DON MAURO

Lo hicimos de obligados. Si no lo hacemos, los otros bandidos nos dejan sin una hilacha.

DON GONZALITO

Pero es triste.

DON MAURO

Si, lo es.

Por un momento los tres hermanos quedan silenciosos. Una tropa de chalanes llega y descabalga para descansar a la sombra de los cipreses, dejando libres los jacos en el verde y oloroso campo, que cruzan aquellos caminos aldeanos por donde se pierden huestes de mujerucas, viejas y mozas, que van al molino con maiz y con centeno. Los chalanes son siete: Manuel Tovio, Manuel Fonseca, Pedro Abuin, Sebastian de Xogas y Ramiro de Bealo con sus dos hijos. Oliveros, el mayor, tiene el noble y varonil tipo suevo de un hidalgo montanes. La barba de cobre, los ojos de esmeralda y el corvar de la nariz soberbio, algo que evoca, con un vago recuerdo, la juventud putanera de Don Juan Manuel Montenegro. Alla, en su aldea, la madre y el hijo suelen enorgullecerse de aquella honrosa semejanza con el Senor Mayorazgo. Y Ramiro de Bealo ha conseguido por ello que el viejo linajudo le diese en parceria cuatro yuntas, y en aforo las tierras de Lantanon.

LOS CHALANES

iSantos y buenos dias!

LOS SEGUNDONES

iSantos y buenos!

RAMIRO DE BEALO

?El Senor Don Mauro camina para su casa de Bealo?

DON MAURO

Para alla se camina.

RAMIRO DE BEALO

?Tornan del entierro de la senora mi ama, que goce de Gloria?… iDios les otorgue su santa conformidade!… ?Por alla verian a la parienta? Cuando salimos para la feria, dijonos que tenia determinado acudir. iPor alla la verian! Nos hubieramos cumplido como ella, de no hallarnos con un buey escordado, sin yunta para labrar la tierra…. Si Dios nos mantiene con vida y salud, el domingo bajaremos a la villa para oir una misa y saludar al Senor Don Juan Manuel.

DON MAURO

Pues yo os digo que en la casa de mi padre haceis vosotros la misma falta que los canes en la de Dios. Eso os digo.

DON GONZALITO

Harto habeis ordenado esa vaca, y no penseis que por ser muerta mi madre….

OLIVEROS

Pues alla iremos, sin contar con su venia.

RAMIRO DE BEALO

iCalla, rapaz! No muevas pleitos.

OLIVEROS

Hablo aquello que bien me parece, mi padre.

DON ROSENDO

iLo malo sera que te arranquen la lengua!

OLIVEROS

La defienden los dientes.

RAMIRO DE BEALO

Ten miramiento, rapaz.

DON ROSENDO

Defensa de mujer.

OLIVEROS

Y de lobo.

DON MAURO

iNo te los haga yo dejar clavados en la tierra!

OLIVEROS

iMucho hablar es!…

DON GONZALITO

Si los quieres bien, no los saques al aire.

OLIVEROS

iMirenlos!

Oliveros muestra los dientes albos, jovenes, fuertes, con un gesto lleno de violencia, que recoge los labios y los estremece con sanguinaria y primitiva fiereza.

DON MAURO

iDientes de hambre, no asustan!

OLIVEROS

iHambre de morder!

DON GONZAITO

Un mendrugo.

DON ROSENDO

iCadelo sarnoso!

OLIVEROS

De su sangre me vendra la sarna.

RAMIRO DE BEALO

Rapaz, ten miramiento, que son mas que tu.

OLIVEROS

A ustede, tocale callar, mi padre.

RAMIRO DE BEALO

Que ellos son caballeros, rapaz.

OLIVEROS

De la nobleza que vengan, vengo yo.

DON ROSENDO

Por detras de la iglesia no hay nobleza, sino hijos de puta.

DON MAURO

Tu siempre seras el hijo de un cuerno de Ramiro de Bealo.

OLIVEROS

Ni de puta ni de cabron soy nacido, ni nunca dos veces me lo dijeron.

El Mozo chalan adelanta hacia los segundones blandiendo la luenga pica con que acucia y guia su vacada por llanos y veredas. Los otros chalanes, en banderia, se ponen a su lado, y la tropa de villanos cerca a los segundones.

DON MAURO

iPara mi, tres!

SEBASTIAN DE XOGAS

iAlla va uno con quien sera bastante!

DON ROSENDO

iNo cejes, Gonzalo!

OLIVEROS

iMiren estos dientes!….

RAMIRO DE BEALO

iRapaz, que me matan!… iAcude aqui!….

DON MAURO

iPara mi, tres!

El segundon lanza su grito en medio del campo, como un gigante antiguo, desnudo y vencedor. A sus pies, con la cabeza abierta, muerden la yerba Sebastian de Xogas y Pedro Abuin. Los otros segundones casi sucumben bajo la acometida de todos los chalanes unidos.

DON GONZALITO

iSiete contra tres!… iMiserables!

DON ROSENDO

iComo si fuesen setenta!

OLIVEROS

iYo para uno solo!

El mozo, siempre blandiendo su pica, va sobre Don Mauro. El bastardo y el segundon se miran frente a frente: Oliveros palido por el ansia de la pelea, estremecido con el deseo del vencimiento, y el segundon fuerte, soberbio, con la cabeza desnuda y las manos rojas de sangre, como el heroe de un combate primitivo en un viejo romance de Castilla.

OLIVEROS

iAhora veras si son buenos los hijos de puta!

DON MAURO

iPara mis galgos ha de ser tu lengua!

Se acometen los dos: El chalan blande su pica, y el segundon, con arrogante brio, sigue clavandole los ojos, puestas en alto las manos ensangrentadas, para guarnecer su cabeza desnuda. Restalla el golpe. Entre las manos del segundon queda la pica, que vuela por los aires, luego, partida en dos. La lucha continua brava, bella, rugiente. Los caballos, asustados, huyen arrastrando las riendas, y alla lejos, en medio de los caminos, relinchan. Manuel Tovio, Manuel Fonseca, Ramiro de Bealo y el menor de sus hijos acosan en cerco a Don Gonzalo y Don Rosendo. De pronto, entre el restallar de las picas sobre los craneos y el concavo tundir de los punos contra los pechos, se levanta, como el claro canto de un gallo el grito de Don Manro.

DON MAURO

iPara mi, tres!

DON ROSENDO

iAnimo, hermanos!

DON GONZALITO

iAnimo!

Como una rafaga, la hueste de chalanes siente el triunfo de los segundones. En un tacito acuerdo comienzan a cejar, sin vergueenza de ser vencidos por aquellos tres hidalgos.—iQue para eso son hidalgos y senores de torre!—Oliveros, en tierra, de cara contra la yerba, ruge, sofocado por las manos del herculeo segundon. El grito de Don Mauro es un claro clarin.

DON MAURO

iPara mi, tres!

[Ilustracion]