JORNADA TERCERA
ESCENA FINAL
La cocina de la casona. En el hogar arde una gran fogata y las lenguas de la llama ponen reflejos de sangre en los rostros. Los cuatro segundones aparecen sobre el fondo oscuro de una puerta, cuando la cocina es invadida por la hueste clamorosa que sigue al Caballero.
EL CABALLERO
iSoy un muerto que deja la sepultura para maldeciros!
DON FARRUQUINO
iPadre, tengamos paz!
DON ROSENDO
iFuera de aqui toda esa gente!
EL CABALLERO
iSon mis verdaderos hijos! iPara ellos os pedi una limosna y halle cerrada la puerta!
DON MAURO
iYa la tiene franca!
EL CABALLERO
iLlego para hacer una gran justicia, porque vosotros no sois mis hijos!… iSois hijos de Satanas!
DON FARRUQUINO
Entonces somos bien hijos de Don Juan Manuel Montenegro.
EL CABALLERO
iAy, yo he sido un gran pecador, y mi vida una noche negra de rayos y de truenos!… iPor eso a mi vejez me veo tan castigado!… iDios, para humillar mi soberbia, quiso que en aquel vientre de mujer santa engendrase monstruos Satanas!… iSiento que mis horas estan contadas; pero aun tendre tiempo para hacer una gran justicia. Vuelvo aqui para despojaros, como a ladrones, de los bienes que disfrutais por mi! iDios me alarga la vida para que pueda arrancarlos de vuestras manos infames y repartirlos entre mis verdaderos hijos! iSalid de esta casa, hijos de Satanas!
A las palabras del viejo linajudo, los cuatro segundones responden con una carcajada, y la hueste que le sigue calla suspensa y religiosa. El Caballero adelanta algunos pasos, y los cuatro mancebos le rodean con barbaro y cruel vocerio, y le cubren de lodo con sus mofas.
DON MAURO
iHay que dormirla, Senor Don Juan Manuel!
DON ROSENDO
?Donde la hemos cogido, padre?
DON GONZALITO
iBuen sermon para Cuaresma!
DON FARRUQUINO
iNo mezclemos en estas burlas las cosas sagradas!
DON ROSENDO
?Donde hay una cama?
DON MAURO
Vosotros, los verdaderos hijos, salid, si no quereis que os eche los perros. iPronto! iFuera de aqui! iA pedir por los caminos! iA robar en las cercas! iA espiojarse al sol!
El segundon atropella por los mendigos y los estruja contra la puerta con un impulso violento y fiero, que acompanan voces de gigante. La hueste se arrecauda con una queja humilde: Pegada a los quicios inicia la retirada, se dispersa con un murmullo de cobardes oraciones. El Caballero interpone su figura resplandeciente de nobleza: Los ojos llenos de furias y demencias, y en el rostro la altivez de un rey y la palidez de un Cristo. Su mano abofetea la faz del segundon. Las llamas del hogar ponen su reflejo sangriento, y el segundon, con un aullido, hunde la maza de su puno sobre la frente del viejo vinculero, que cae con el rostro contra la tierra. La hueste de siervos se yergue con un gemido y con el se abate, mientras los ojos se hacen mas sombrios en el grupo palido de los mancebos. Y de pronto se ve crecer la sombra del leproso, poner sus manos sobre la garganta del segundon, luchar abrazados, y los albos dientes de lobo y la boca llagada, morderse, y escupirse. Abrazados caen entre las llamas del hogar. Transfigurado, envuelto en ellas, hermoso como un haz de fuego, se levanta el Pobre de San Lazaro.
EL POBRE DE SAN LAZARO
iEra nuestro padre!
LA VOZ DE TODOS
iEra nuestro padre! iEra nuestro padre!….
LA VOZ DE LOS HIJOS
iMalditos estamos! iY metidos en un pleito para veinte anos!
[Ilustracion]