IV
donde se ve que para todo aquiles hay un homero
Inmenso era el gentío que ocupaba la Plaza mayor de Lima en la mañana del 13 de octubre de 1815.
Todos querían conocer a un bandido que robaba por amor al arte, repartiendo entre los pobres aquello de que despojaba a los ricos.
El Rey del Monte y tres de sus compañeros estaban condenados a muerte de horca.
La ene de palo se alzaba fatídica en el sitio de costumbre, frente al callejón de Petateros.
El virrey Abascal, que había recibido varios avisos de que grupos del pueblo se preparaban a armar un motín para libertar al sentenciado, rodeó la plaza con tropas reales y milicias cívicas.
La excitación no pasó de oleadas y refunfuños, y el verdugo Pancho Sales llenó tranquilamente sus funciones.
Al día siguiente se vendía al precio de un real de plata un chabacano romance, en que se relataban con exageración gongorina las proezas del ahorcado. Del mérito del romance encomiástico bastará a dar una idea este fragmento:
Más que Rey, Cid de los montes
fué por su arrojo tremendo,
por fortunado en la lidia,
por generoso y mañero;
Roldan de tez africana,
desafiador de mil riesgos,
no le rindieron bravuras,
sino a dides le rindieron.
Por supuesto, que el poeta agotó la edición y pescó buenos cuartos.
[TRES CUESTIONES HISTORICAS SOBRE PIZARRO]
¿supo o no supo escribir? ¿fué o no fué marqués de los atavillos? ¿cuál fué y dónde está su gonfalón de guerra?