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Aún otra amarga gota en el mar sin orillas,

Donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño

Desaparece ó se hunde, como piedra arrojada

De las aguas profundas del estancado légamo.

Vicio, pasión, ó acaso enfermedad del alma,

Débil á caer vuelve siempre en la tentación.

Y escribe como escriben las olas en la arena,

El viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine ó cante el ave,

Ni que eterna repita sus murmullos el agua;

Canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos

Que el ave y el arroyo que en ondas se desata.

***

En incesante encarnizada lucha,

En pugilato eterno,

Unos tras otros al palenque vienen

Para luchar, seguidos del estruendo

De los aplausos prodigados siempre

De un modo igual á todos.

Todos genios

Sublimes é inmortales se proclaman

Sin rubor; mas bien presto

Al ruido de la efímera victoria

Se sucede el silencio

Sepulcral del olvido, y juntos todos,

Los grandes, los medianos, los pequeños,

Cual en tumba común, perdidos quedan

Sin que nadie se acuerde que existieron.

***

Glorias hay que deslumbran, cual deslumbra

El vivo resplandor de los relámpagos,

Y que como él se apagan en la sombra,

Sin dejar de su luz huella ni rastro.

Yo prefiero de ese brillo de un instante

La triste soledad donde batallo,

Y adonde nunca á perturbar mi espíritu

Llega el vano rumor de los aplausos.

***

¡Oh gloria!, deidad vana cual todas las deidades,

Que en el orgullo humano tienen altar y asiento,

Jamás te rendí culto, jamás mi frente altiva

Se inclinó de tu trono ante el dosel soberbio.

En el dintel obscuro de mi pobre morada,

No espero que detengas el breve alado pie;

Porque jamás mi alma te persiguió en sus sueños,

Ni de tu amor voluble quiso gustar la miel.

¡Cuántos te han alcanzado que no te merecían!

Y ¡cuántos cuyo nombre debiste hacer eterno,

En brazos del olvido más triste y más profundo

Perdidos para siempre duermen el postrer sueño!