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Viendo que, semejantes á las flores

Que el huracán en su furor deshace,

Éstos, después de aquéllos,

Llenos de vida y de esperanzas caen

Al entrar en la lid donde con gloria

Por la patria combaten,

Tal como el pobre abuelo que contempla

Del nietezuelo amado los despojos,

Exclamó alzando la mirada al cielo

De angustia lleno y doloroso asombro:

—¡Pero es verdad, Dios mío, que ellos mueren

Y quedamos nosotros!

En la Corona fúnebre de Andrés Muruais, 1883.