* * *

Sedientas las arenas, en la playa

Sienten del sol los besos abrasados,

Y no lejos, las ondas siempre frescas,

Ruedan pausadamente murmurando.

Pobres arenas, de mi suerte imagen;

No sé lo que me pasa al contemplaros,

Pues como yo sufrís, secas y mudas,

El suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe?... Acaso luzca un día

En que, salvando misteriosos límites,

Avance el mar y hasta vosotras llegue

Á apagar vuestra sed inextinguible.

¡Y quién sabe también si tras de tantos

Siglos de ansias y anhelos imposibles

Saciará al fin su sed el alma ardiente

Donde beben su amor los serafines!