* * *

En el alma llevaba un pensamiento,

Una duda, un pesar,

Tan grandes como el ancho firmamento,

Tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo

Fresca brotó de súbito una rosa,

Como brota una fuente en el desierto,

Ó un lirio entre las grietas de una roca.

***

Cuando en las nubes hay tormenta

Suele también haberla en su pecho;

Mas nunca hay calma en él, aun cuando

La calma reine en tierra y cielo;

Porque es entonces cuando, torvos,

Cual nunca riñen sus pensamientos.

***

Desbórdanse los ríos si engrosan su corriente

Los múltiples arroyos que de los montes bajan,

Y cuando de las penas el caudal abundoso

Se aumenta con los males perennes y las ansias,

¿Cómo contener, cómo, en el labio la queja?

¿Cómo no desbordarse la cólera en el alma?

***

Busca y anhela el sosiego...

Mas... ¿quién le sosegará?

Con lo que sueña despierto

Dormido vuelve á soñar.

Que hoy, como ayer y mañana,

Cual hoy en su eterno afán,

De hallar el bien que ambiciona

—Cuando solo encuentra el mal—

Siempre á soñar condenado

Nunca puede sosegar.

***

¡Aturde la confusa gritería

Que se levanta entre la turba inmensa!

Ya no saben qué quieren ni qué piden;

Mas, embriagados de soberbia, buscan

Un ídolo ó una víctima á quien hieran.

Brutales son sus iras,

Y aún quizás más brutales sus amores;

No provoquéis al monstruo de cien brazos,

Como la ciega tempestad terrible,

Ya ardiente os ame ó fríamente os odie.

***

Cuando sopla el Norte duro

Y arde en el hogar el fuego,

Y ellos pasan por mi puerta

Flacos, desnudos y hambrientos,

El frío hiela mi espíritu,

Como debe helar su cuerpo,

Y mi corazón se queda,

Al verles ir sin consuelo,

Cual ellos, opreso y triste,

Desconsolado cual ellos.

Era niño y ya perdiera

La costumbre de llorar;

La miseria seca el alma

Y los ojos además:

Era niño y parecía

Por sus hechos viejo ya.

Experiencia del mendigo,

Eres precoz como el mal,

Implacable como el odio,

Dura como la verdad.

***

De la vida entre el múltiple conjunto de los seres,

No, no busquéis la imagen de la eterna belleza,

Ni en el contento y harto seno de los placeres,

Ni del dolor acerbo en la dura aspereza.

Ya es átomo impalpable ó inmensidad que asombra,

Aspiración celeste, revelación callada;

La comprende el espíritu y el labio no la nombra,

Y en sus hondos abismos la mente se anonada.