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Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros;

Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso

De mí murmuran y exclaman:

—Ahí va la loca, soñando

Con la eterna primavera de la vida y de los campos,

Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza; hay en los prados escarcha;

Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

Con la eterna primavera de la vida que se apaga

Y la perenne frescura de los campos y las almas,

Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;

Sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?

***

Cada vez que recuerda tanto oprobio,

Cada vez digo ¡y lo recuerda siempre!...

Avergonzada su alma

Quisiera en el no ser desvanecerse,

Como la blanca nube

En el espacio azul se desvanece.

Recuerdo... lo que halaga hasta el delirio

Ó da dolor hasta causar la muerte...

No, no es sólo recuerdo,

Sino que es juntamente

El pasado, el presente, el infinito,

Lo que fué, lo que es y ha de ser siempre.

***

Recuerda el trinar del ave

Y el chasquido de los besos,

Los rumores de la selva,

Cuando en ella gime el viento,

Y del mar las tempestades,

Y la bronca voz del trueno;

Todo halla un eco en las cuerdas

Del arpa que pulsa el genio.

Pero aquel sordo latido

Del corazón que está enfermo

De muerte, y que de amor muere

Y que resuena en el pecho

Como un bordón que se rompe

Dentro de un sepulcro hueco,

Es tan triste y melancólico,

Tan terrible y tan supremo,

Que jamás el genio pudo

Repetirlo con sus ecos.

***

Del mar azul las transparentes olas

Mientras blandas murmuran

Sobre la arena, hasta mis pies rodando,

Tentadoras me besan y me buscan.

Inquietas lamen de mi planta el borde,

Lánzanme airosas su nevada espuma,

Y pienso que me llaman, que me atraen

Hacia sus salas húmedas.

Mas cuando ansiosa quiero

Seguirlas por la líquida llanura,

Se hunde mi pie en la linfa transparente

Y ellas de mí se burlan.

Y huyen abandonándome en la playa

Á la terrena, inacabable lucha,

Como en las tristes playas de la vida

Me abandonó inconstante la fortuna.

***

Si medito en tu eterna grandeza,

Buen Dios, á quien nunca veo,

Y levanto asombrada los ojos,

Hacia el alto firmamento,

Que llenaste de mundos y mundos...

Toda conturbada, pienso

Que soy menos que un átomo leve

Perdido en el universo;

Nada, en fin..., y que al cabo en la nada

Han de perderse mis restos.

Mas si cuando el dolor y la duda

Me atormentan, corro al templo,

Y á los pies de la Cruz un refugio

Busco ansiosa implorando remedio,

De Jesús el cruento martirio

Tanto conmueve mi pecho,

Y adivino tan dulces promesas

En sus dolores acerbos,

Que cual niño que reposa

En el regazo materno,

Después de llorar, tranquila

Tras la expiación, espero

Que allá donde Dios habita

He de proseguir viviendo.